Humo
Escrito el 28-06-2007 por dosmanzanas

Sobre las puertas del infierno, Dante colocó, en su Divina Comedia, la siguiente inscripción: Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate. Abandonad toda esperanza, los que por aquà entráis. Sobre las puertas del infierno construido por el ser humano no se leÃa nada parecido: allà la inscripción era mucho menos dura, pero también mucho menos honesta, pues al parecer en este caso los verdugos no se conformaban con ser sólo verdugos; algo en ellos les pedÃa, además, burlarse de sus vÃctimas con un cruel sarcasmo. AllÃ, sobre la puerta enrejada de Auschwitz, quien entraba al infierno podÃa leer: Arbeit macht frei. El trabajo os hará libres.
El camino que conducÃa a la puerta de Auschwitz no estaba pavimentado –a diferencia de lo que ocurrÃa en otros campos de exterminio cercanos, como el de Plaszów (el que aparece en la pelÃcula La lista de Schindler)– con lápidas centenarias arrancadas de los cementerios judÃos. Según el historiador británico Ian Kershaw, “El camino que llevó a Auschwitz se construyó con el odio, pero se pavimentó con la indiferencia”: con la indiferencia de la gran mayorÃa hacia el destino que pudiera aguardar a una minorÃa.
Y es que el camino que llevó a Auschwitz y a los demás campos de exterminio se habÃa iniciado años atrás en el terreno del discurso polÃtico: un discurso, el de los nazis, que, por cierto, nunca habló abiertamente de exterminar a los judÃos; en lugar de eso, se esforzó por ir inoculando poco a poco a la sociedad su virulento odio hacia ellos. Poco a poco se fue señalando a los judÃos como una amenaza para la raza aria y para el pueblo alemán; una amenaza, se añadÃa, particularmente insidiosa para la juventud, para esa juventud que era el futuro de Alemania. Era necesario impedir, por cualquier medio, que los judÃos siguieran contaminando a la juventud aria alemana con su “carácter degenerado”, habÃa que proteger a los niños y jóvenes de la propaganda judÃa que intentaba pervertir y confundir sus mentes aún en pleno desarrollo. En mayo de 1933, pocos meses después de que Hitler llegara (por la vÃa constitucional de la República democrática) a la CancillerÃa, los nazis decidieron asestar un golpe espectacular a dicha “propaganda”: decenas de millares de libros escritos por judÃos y otros “traidores y degenerados” (incluyendo homosexuales como Marcel Proust) fueron quemados públicamente en las principales ciudades del Reich por estudiantes universitarios vestidos con el uniforme pardo de las SA. En BerlÃn la quema de libros tuvo lugar en la elegante plaza donde se encuentra la Universidad Humboldt; en ese mismo lugar, una placa en el suelo recuerda hoy la profecÃa que el poeta alemán y judÃo Heinrich Heine hiciera a principios del siglo XIX: Dort, wo man Bücher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen. Donde se queman libros, al final se acaba quemando también seres humanos.
Pero en 1933 la inmensa mayorÃa de la gente, judÃos incluidos, estaba muy lejos de reconocer, en el humo de aquellos libros de “propaganda degenerada”, el presagio del que habÃan de expulsar no muchos años más tarde las chimeneas de los hornos crematorios de Auschwitz y los demás campos de exterminio. Desde BerlÃn, Betty Scholem, judÃa y madre del historiador y filósofo Gershom Scholem, escribÃa a su hijo, que residÃa en Palestina desde hacÃa diez años, que en realidad eran los socialdemócratas, y no los judÃos, quienes tenÃan más motivos para estar preocupados por la llegada al gobierno de los nazis, y se quejaba además de que el 99% de lo que se publicaba sobre Alemania en la prensa extranjera no era más que propaganda basada en cuentos de terror y en mentiras. Según el historiador Amos Elon, “Una exagerada fe en la Kultur [la avanzada civilización alemana] bloqueó la conciencia del peligro y produjo un sentido de la realidad altamente selectivo” incluso entre muchos de los judÃos más brillantes de la época. La ceguera más o menos voluntaria y la inacción de muchos judÃos correspondÃa, pues, a la misma ceguera y a la indiferencia generalizadas de la opinión pública mayoritaria alemana y europea. El camino hacia los campos, construido por el odio, se iba pavimentando.
Sin embargo, las medidas tomadas por el gobierno de Hitler para dar cobertura legal a su persecución de los judÃos podÃan parecer, en los primeros años, relativamente moderadas, por lo menos si se las comparaba con lo virulento del discurso antisemita en que dichas medidas hallaban su justificación: habÃa que ir acostumbrando a la opinión pública a las nuevas realidades, procurando no escandalizar demasiado, en los primeros momentos, a los espÃritus sensibles y moderados de Alemania y el extranjero. En abril de 1933 se aprobó una ley que excluÃa a los judÃos de la función pública (administración, enseñanza, judicatura, etc.), y poco después se les expulsó también por ley de determinadas profesiones liberales como la abogacÃa o la medicina. Se hicieron, sin embargo, una serie de excepciones, en las que encontró amparo legal un gran número de judÃos; en 1934 dichas excepciones fueron eliminadas, y el amparo suprimido. Hasta mayo de 1935, con todo, no se prohibió a los judÃos ingresar en la Wehrmacht, el ejército.
Poco a poco se habÃa ido acostumbrando a la sociedad a aceptar que los judÃos fuesen tratados por el Estado como una especie de ciudadanos de segunda clase. En setiembre de 1935 se dio un nuevo e importante paso: las leyes de Núremberg, además de prohibir los matrimonios entre “alemanes” y judÃos, introdujeron y oficializaron la distinción entre Reichsbürger (ciudadanos del Reich) y Staatsangehöriger (miembros del Estado), dejando claro que sólo los primeros podÃan disfrutar de plenos derechos civiles. Los segundos eran los judÃos, que quedaban, mediante esta distinción terminológica y legal, desposeÃdos de la ciudadanÃa alemana y de los derechos que ésta comportaba. La pensadora alemana y judÃa Hannah Arendt subrayó, en su libro Los orÃgenes del totalitarismo, que privar a los judÃos de la ciudadanÃa era el paso que se requerÃa para poder despojarlos más adelante de su humanidad misma –y con ella, de sus derechos humanos más básicos–. Asà pues, a finales del verano de 1935 el camino que habrÃa de llevar hasta Auschwitz habÃa quedado finalmente libre de obstáculos legales.
Cuando, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, los horrores de Auschwitz y los demás campos quedaron al descubierto ante el mundo, el shock fue considerable. Mucha gente, incluso en los mismos paÃses aliados contra Hitler, se habÃa negado hasta ese momento a creer que tales monstruosidades pudieran tener lugar en un paÃs europeo y civilizado como Alemania, a mediados del siglo XX: “Eso no son más que mentiras y exageraciones de los propagandistas judÃos”, decÃan –algunos, ciegos vocacionales o manipuladores abyectos, han seguido diciéndolo hasta nuestros dÃas–. La evidencia, sin embargo, estaba allÃ, la insoportable realidad estaba allÃ.
La Europa de los años 30 y primeros 40, arrastrada por un vendaval de demencia y de odio sin sentido, habÃa quedado devastada, sepultada bajo incontables toneladas de escombros y de cadáveres. Sobre sus ruinas se quiso levantar una nueva Europa que no se pareciese ni remotamente, y que no pudiera volver a parecerse jamás, a aquella Europa de pesadilla. Una Europa construida sobre cimentos sólidamente democráticos y liberales: nuestra Europa, la Unión Europea, la Europa en la que vivimos… O en la que creÃamos vivir, hasta que hace poco tuvimos que contemplar con sorpresa y estupor cómo de nuevo el gobierno de un paÃs europeo (miembro además de la UE) se empeñaba en difundir un discurso de odio hacia una minorÃa, la de las personas homosexuales, marcando a sus miembros ante la sociedad como “pederastas asquerosos” e identificando sus “comportamientos” con “manifestaciones de depravación”; una depravación de la cual, se añade, “es preciso proteger a niños y jóvenes”. Este discurso homófobo es el fundamento ideológico de la ley que prepara actualmente dicho gobierno para defender a los miembros más jóvenes –y por ello, más vulnerables– de la sociedad de “los contenidos que amenazan su normal desarrollo psÃquico y moral”, entre los cuales el texto del proyecto de ley cita expresamente “la propaganda de la homosexualidad”. Eso sÃ, para perseguir a los profesores homosexuales, se aclara, éstos tendrán antes que haber sido acusados de hacer “propaganda homosexual”; un concepto, obviamente, lo bastante amplio para que en él pueda incluirse sin grandes problemas la afirmación –o hasta la mera insinuación– de que, contrariamente a la ideologÃa que pretende imponer el gobierno, la homosexualidad no es ninguna depravación, ni constituye amenaza alguna para la sociedad.
Que se haga objeto a la minorÃa homosexual de un discurso de odio y una actuación persecutoria por parte del Estado no es, por supuesto, nada nuevo; el mismo régimen hitleriano consideró también a los homosexuales como seres degenerados y depravados de los que habÃa que proteger a la sociedad y, en particular, a la sana juventud aria alemana, y por ello encarceló a decenas de millares de homosexuales e internó a algunos miles en sus campos de exterminio, de donde relativamente pocos lograron salir con vida. Pero los avances conseguidos por la lucha por los derechos LGTB en los paÃses occidentales en las últimas décadas habÃan provocado que llegásemos a creer que el regreso del odio oficial abierto y sin tapujos y de la persecución legalizada era tan improbable en nuestro caso como en el de la minorÃa judÃa de Europa. Y sin embargo…
El paÃs donde se vive en nuestros dÃas este alucinante retorno al pasado es precisamente Polonia, el paÃs donde los nazis construyeron Auschwitz y otros muchos campos similares. ¿Es que no han aprendido nada los polacos de las lecciones de la historia? ¿No hemos aprendido nada el resto de los europeos? Si dejamos que de nuevo se construya en Polonia, en nuestra nueva Europa, un camino basado en el odio hacia una minorÃa y pavimentado con la indiferencia de la mayorÃa, ¿hacia dónde nos conducirá dicho camino? Quizá no hacia nuevas cámaras de gas para “depravados” homosexuales; ciertamente hoy eso no parece demasiado probable… aunque tampoco a mediados de los años 30 parecÃa probable que un dÃa existiese un Auschwitz. En todo caso, no hace falta que sea probable que la historia se repita literalmente y a corto plazo para que cualquier persona razonable y demócrata tema las consecuencias de lo que está sucediendo hoy en Polonia, y de lo que puede suceder mañana. Lo prudente y democrático es no permitir que el odio y la indiferencia sigan con su trabajo.
Después de las durÃsimas lecciones que hemos recibido de la historia del siglo pasado, serÃa tan insensato como cobarde que los europeos de hoy –homosexuales o no– nos limitásemos a asistir pasivamente al vergonzoso espectáculo de un gobierno de la UE que vuelve a poner en marcha la vieja e infame dinámica de la estigmatización de una minorÃa, marcándola ante la sociedad como una grave amenaza –sobre todo para los más jóvenes e indefensos– y preparándose para promulgar leyes que den cobertura legal a sus prejuicios sin fundamento racional y amenacen la plenitud de derechos civiles de los miembros de la minorÃa perseguida. El discurso y los proyectos del gobierno polaco respecto de la minorÃa homosexual son, sencillamente, inaceptables, incompatibles con la Europa democrática de nuestro tiempo. Si los europeos no somos capaces de dejar eso meridianamente claro, y más pronto que tarde, correremos el riesgo de ver cómo aquellos valores democráticos y liberales que creÃamos que eran los sólidos cimientos en los que se basaba nuestra nueva Europa se convierten poco a poco, ante nuestros propios ojos, en humo… y nada más que humo. Sobrarán entonces los motivos para temer que el futuro que nos aguarde será tan oscuro e irrespirable como ese mismo humo metafórico; o como aquel otro humo del pasado –un humo real, a pesar de estar hecho de palabras y de ideas– de los millares de libros quemados en las plazas, premonición del que habÃa de salir, años después, de las chimeneas del infierno que para el ser humano construyó el ser humano.
Nemo
Enhorabuena Nemo, como siempre.
Lo que está pasando en Polonia es inquietante. No porque seahumanamente más grave que lo que pasa en Arabia SaudÃ, Irán, Yemén o Nigeria, que no lo es, sino porque ocurre en el centro mismo de la Europa comunitaria, ese ámbito de relativa paz, libertad y respeto a los derechos humanos que tanto trabajo ha costado levantar después de siglos de guerras y exterminios.
Polonia somos nosotros mismos.
Creo que en cada una de nuestras ciudades tenemos unos pequeños gemelos intolerantes, a los que debemos combatir. Y combatirlos a ellos significa combatir cualquier tipo de discriminacion, la lgtb y otras
Enhorabuena por este texto tan inspirador, little nemo
Un gran texto, sà señor. Mi enhorabuena. No hay que callarse, hay que alzar la voz contra quienes no quieren reconocer los mÃnimos derechos que las democracias europeas otorgan a sus ciudadanos. No se puede dejar pasar la actitud del gobierno polaco. Pero, a la vez, yo quiero apoyar a los ciudadanos polacos. Los polacos de bien, que dirÃan otros. Tengo dos buenos amigos polacos y algunos más conocidos. he viajado a Polonia. Los pobres (y no son gays) lo están pasando mal porque su gobierno los está convirtiendo en la vergüenza de Europa. No saben qué decir y lo único que esperan es que en dos años hablen las urnas. ¿Será demasiado tarde, estará el daño hecho? SÃ, el gobierno polaco está ahà porque lo han votado sus ciudadanos, pero el sistema electoral también ayudó a que tres partidos ultraderechistas se hayan coaligado en el poder. Eso y la corrupción de los socialistas, que llevaron a Polonia a la UE. Lo dicho, no hay que dejar pasar lo que está ocurriendo en Polonia, pero tampoco olvidemos que a muchos polacos les parece tan horroroso, o más, que a nosotros. A ellos yo les mando todo mi cariño. Al gobierno, que se pudra.
Enhorabuena, Nemo. Tu carra es preciosa.
Las leyes polacas (como todas las leyes homófobas) tienen, además de sus efectos directos, un perverso efectos indirecto o colateral: refuerzan la homofobia que pueda existir en la calle. Lo mismo que aquà en España, algunos homófobos han visto mermarda su capacidad de mostrar su homofobia claramente y procuran ser “polÃticamente correctos” (otra cosa es que lo consigan), me imagino que en Polonia, el padre homófobo con un hijo gay, el adolescente homófobo con un compañero de instituto gay, etc., se han visto completamente reforzados por su Gobierno, y las agresiones de todo tipo a gays y lesbianas van a correr como reguero de pólvora.
hace unos dÃas que la leà (la he leido cuatro veces concretamente)
GENIAL
La carta hace sentir escalofrÃos no sólo por lo bien que está escrita sino porque Polonia es un futuro posible para España y otros paÃses de la Unión Europea.
La historia ha dado pasos hacia atrás muchas veces y el futuro nos depara más ultraderecha y una crisis económica cuando el petróleo se vaya acabando. La mayorÃa de las lesbianas y gays ya han olvidado nuestro pasado reciente, los heteros también. Sin embargo la iglesia católica y la derecha no han olvidado para nada sus privilegios. No sé qué pasará en el futuro pero si surge alguien como Haider, LePen o los Kaczynski tendrán gran parte del camino pavimentado.
Relacionado con el tema
ArtÃculo de El PaÃs
Hola, amigos. He descubierto DM hace poco,pero tenÃa ya ganas de expresaros mi simpatÃa y gratitud por haber creado entre todos este espacio de auténtica libertad digital (no como otras que asà se autoproclaman). Saludo en especial a Nemo, cuyos textos me parecen una excelente combinación de belleza, lucidez y verdad. Precisamente hoy he leÃdo la noticia de que el gobierno polaco ha conseguido introducir en el borrador del futuro tratado de la Unión Europea una “cláusula de moralidad”, que en la práctica impedirÃa a los polacos acudir ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos para defenderse de las leyes que en su paÃs los acusen de “violar la moral pública y la integridad fÃsica y familiar”. Al parecer, la introducción de esta cláusula no es definitiva y se espera eliminar durante la presidencia portuguesa de la Unión, pero ¿y si no fuera asÃ? ¿Y si, para desatascar la reforma institucional (es decir, los aspectos burocráticos) se introdujese de tapadillo una traición tan descarada hacia la esencia misma de Europa, de la Europa entendida como un ámbito de libertad, igualdad, pluralismo y respeto de los derechos humanos?
En fin, espero que dentro de un par de años los propios polacos hayan puesto fin a este mal sueño. Feliz Orgullo a todos (lo vivamos como lo vivamos; lo importante es tener claro cuál es nuestro enemigo común: el fanatismo)
Enhorabuena Nemo. Un texto realmente trabajado, documentado y que no puede dejar las cosas bien claras. Ójala la gente reaccione y se evite esta escalada de odio.
Muchas gracias por tu artÃculo
Perdón por el lapsus: querÃa decir que no puede dejar las cosas más claras.
Muchas gracias a todos los que, hasta el momento, os habéis tomado el trabajo, en un dÃa de fiesta como hoy, de leeros un artÃculo tan largo y, encima, sombrÃo. Gracias especialmente a los que, además, habéis querido dejar vuestros muy pertinentes comentarios.
Flick, no se puede decir mejor de lo que lo has hecho tú: Polonia somos nosotros mismos. Nos lo creamos o no, asà es. Allà se juega, muy probablemente, nuestro futuro: el de todos los europeos, LGTB o no.
Giorgio: “Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.� (Mateo, 5, 13-16) Si la Unión Europea se vuelve “sosa�, es decir, si sus valores democráticos y liberales se diluyen, ¿para qué servirá? De eso hablas en tu comentario, que supongo que se refiere a la misma noticia a la cual enlaza el de Dr. Turbio. En efecto, el actual gobierno ultraderechista de Polonia ya está obteniendo sus primeros logros en su intento de diluir y destruir dichos valores. Si la “cláusula de moralidad� a la que te refieres acaba en el nuevo Tratado europeo, la sal habrá empezado ya a perder su sabor. El peligro de encontrarnos pronto viviendo en una Europa adulterada e inútil -o, peor aún, contraproducente para los valores democrático-liberales- es, pues, muy real.
GENIAL
ojala no se tuvieran que escrivir estos trsites comentarios
bss
un valenciano en el mundo
Fer: lamentablemente, tienes mucha razón. Cuando un alto cargo del gobierno señala a los homosexuales como “pederastas asquerosos” y un peligro para los niños del paÃs, está proporcionando la excusa perfecta a quien tenga ganas de “dar una lección a esos depravados”. La alianza de la hipocresÃa y el fascismo es muy, muy peligrosa.
Twinky: por supuesto que debemos recordar que muchos polacos, LGTB o no, son los primeros que sienten vergüenza y asco ante su propio Gobierno. Y hemos de estar a su lado, pues ellos son también los primeros que pueden padecer las consecuencias del discurso y las acciones de los Kaczynski y sus aliados: hoy para ser un activista LGTB, o simplemente un homosexual fuera del armario, en Polonia tiene que hacer falta mucho, mucho valor… y cada dÃa más, por desgracia. Quienes tenemos la suerte de no tener que ser tan valientes hemos de echarles una mano: por solidaridad, y también por nuestro propio futuro.
Felicidades por tu escrito Nemo, creo que deberÃas mandarlo al parlamento europeo para abrir los ojos a muchos de esos parlamentarios que se tapan los ojos con las manos, si asà lo haces y lo deseas apoyar con firmas, ten por seguro que cuentas con la mÃa.
Dr. Turbio: cierto, la historia ha dado muchas veces pasos, o incluso verdaderos maratones, en dirección contraria al progreso. A finales del siglo XIX, tras el triunfo de las revoluciones liberales que habÃan hecho realidad muchos de los ideales de la Ilustración, y cuando la mayorÃa de la gente en Europa estaba convencida de lo inevitable del progreso humano, nadie habrÃa podido sospechar siquiera la increÃble brutalidad y barbarie que aguardaba a quienes siguieran viviendo en la primera mitad del siglo siguiente. Pero, si el progreso no es realmente inevitable, la catástrofe no lo es tampoco. Creo que está en manos de los europeos de hoy reaccionar y defender la civilización contra las diversas barbaries que unos y otros nos preparan para el siglo XXI. Y, como escribÃa Eduardo Mendoza el otro dÃa en un excelente artÃculo de El PaÃs, para evitar la catástrofe del nazismo hubiera bastado con que la gente no hubiera perdido –o no se hubiera dejado arrebatar- la sensatez y la fidelidad a los valores democráticos de la República (de Weimar).
Odysseus: efectivamente, luchar por los derechos de las personas homosexuales, bi o trans va unido a luchar por los derechos de todas las personas; ello es asà porque no pedimos privilegio alguno para nosotros, sino que exigimos, precisamente, la igualdad de todos y todas. La igualdad y la libertad… sin las cuales no puede haber fraternidad genuina.
Jack: lo tuyo es masoquismo… muchas gracias.
Anxo: si tú o alguien sabéis cómo hacer, bien hecho, eso que propones, por mà encantado.
Juanan: besos de otro “valencià al mónâ€? (en Valencia, concretamente, que también es el mundo…
).
Nemo no sé como hacerlo, pero te doy ideas, quizas eso se pueda convertir en carta (quien mejor que tu para darle esa forma) y mandar bien imprimiéndola o bien por correo electrónico o fax al Defensor del Pueblo Europeo, estas son sus señas.
P. Nikiforos Diamandouros
Defensor del Pueblo Europeo
1, avenue du Président Robert Schuman
B.P. 403
F - 67001 Estrasburgo Cedex
Tel. (33) 3 88 17 23 13 - (33) 3 88 17 23 83
Fax. (33) 3 88 17 90 62
E-mail: euro-ombudsman@europarl.eu.int
Si tu junto con DM os animais a convertir este escrito en carta y dejar una versión imprimible ten por seguro que se la haré llegar junto con mi firma al Defensor del Pueblo Europeo.
Gran artÃculo, nemo. Es un placer leerte, como siempre, cuenta con mi firma también.
Anxo: veremos qué opinan los “jefes” de DM…
Muchas gracias a tà y también a nigra.
De nada Nemo, gracias a ti, por ilustrarnos y hacernos abrir los ojos si cabe más. Esperemos pues a la decisión de los “jefes”. Un bico.
MagnÃfico y emocionante artÃculo, Nemo. Felicidades. Yo también tengo amigos y amigas polacas, muy católicas (al menos las chicas, los chicos preferÃan no manisfestarse), pero para nada tan fanáticas como los gemelos. De hecho se sienten avergonzadas por su gobierno. Además, su gran pretensión es emigrar al Reino Unido, donde ya hay dos millones y ya son el 3,3% de la población, o a la católica Irlanda, donde hay 150.000 y suponen nada més que el 12% de la población. Y todo ello se ha acelerado desde que llegaron los gemelos. Con ellos no ven ningún futuro. Esperemos que los polacos los echen cuanto antes por medio de las urnas.
Perdón, dije 150.000 polacos en la república de Irlanda, pero quise decir 500.000, que son el 12% de la población (y han llegado todos después de 2004, cuando Polonia ingresó en la UE). La fuente de los datos son la voz ‘Poland’ en inglés de la wikipedia, sección ‘demographics’.
Felivet, espero que la siguiente ocurrencia de los gemelos no sea prohibir el voto emigrante, porque si la realidad polaca es tal y como describes, que la gente descontenta emigra, no me extrañarÃa nada que fuese el siguiente paso, para no perder las próximas elecciones.
Completamente de acuerdo, Anxo. La verdad: no me extrañarÃa que los gemelos hiciesen alguna jugada perversa para prohibir el voto emigrante o, al menos, para manipularlo.
Los emigrantes son la gente mejor preparada de Polonia (desde los famosos fontaneros, hasta los doctores, o ingenieros) y no suelen votar a los gemelos.
Los que se quedan en Polonia son, en general, gente menos preparada y de ideologÃa más conservadora.
Para emigrar uno tiene que romper con la familia, la tradición, la lengua y el paÃs, y los ideológicamente más conservadores son los más reticentes a hacerlo, pero en cambio les encanta votar a los Kaczynski.
Muchas gracias, felivet, por haberte leÃdo el texto, por tu felicitación y por los datos tan interesantes que has aportado.
“Si los desviados comienzan a manifestarse, habrá que aporrearlos”, declaró hace poco más de un año, en relación con el Orgullo LGTB, un prominente diputado polaco del partido del viceprimerministro Gyertich (el que ha preparado la ley para perseguir la “propaganda homosexual” y llamó “pederastas asquerosos” a los manifestantes del Orgullo LGTB de Varsovia de este año). La mentalidad de esta gente es, probablemente, lo más parecido que ha surgido en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial a la de los “camisas pardas” o “camisas negras” que repartieron sus porrazos (y dieron muestras mucho más graves de violencia polÃtica) en las calles de Alemania e Italia en los años 30. Por eso no sorprende -aunque, desde luego, sà alarma- que, como se puede leer hoy en El PaÃs, haya jóvenes polacos que digan cosas como ésta: “Si el Gobierno sigue dando pasos como los de ahora, vamos a estar como en la Alemania de los años 30, y eso sà que me da miedo. Lo que más me molesta es la intolerancia creciente.”
Por cierto, la frase sobre “aporrear a los desviados” aparece en este artÃculo de El Mundo, donde también encontraréis un enlace para adheriros a una campaña de AmnistÃa Internacional contra la honofobia en Polonia. Yo ya he enviado mi adhesión.
Archie: ojalá todos reaccionemos, los polacos y los que no somos polacos, los homosexuales (y bi y transexuales) y los heteros. Todos nos jugamos mucho. (Y perdona que se me pasara responderte antes. Gracias y un beso.)
joder nemo, t’ha quedao tó bien:P! Aunque no te quito razón, creo que tu punto de vista es un poco catastrofista.
Los polacos ven la homosexualidad como un gran mal y, recuerdo haber leido aquÃ, que algún presidente africano cree que es cosa de blancos. Ya ves, opiniones para todos.
Y con Polonia, me pasa lo mismo que con Bush, o Aquiles, que defienden el medio ambiente de un modo cuanto menos peculiar. Si ellos creen que la contaminación es un bulo ecologista, pues bien, no voy a discutir algo tan evidente, no te parece?.
Gracias Nemo, yo tambien me he unido a la campaña de Amnistia Internacional, si a alguien más le interesa, aqui queda el enlace.
http://www.es.amnesty.org/actua/acciones/polonia-minorias-sexuales/firma/1/
Moltes grà cies, pau. Lo del “catastrofismo” que mencionas he intentado que quedara bien matizado en el texto. En cuanto a lo de Bush y la contaminación, no sé si acabo de entender la analogÃa (reconozco que me suele pasar con tus comentarios: creo que deberÃas explayarte más en ellos, explicarte más “largo y tendido”…), pero en todo caso te hago notar que el propósito del texto no es rebatir las ideas del gobierno polaco sobre la homosexualidad, sino denunciar las consecuencias que dichas ideas pueden tener para todos. Una salutació.
Felicidades, nemo. Hasta hoy no habÃa podido leerlo entero. Me parece estupenda la recopilación de hechos sobre el horror nazi contra los judÃos; es francamente escalofriante y no se puede olvidar.
Estoy sin embargo de acuerdo con la crÃtica de que, tal cual está escrito, el artÃculo suena catastrofista. Leyes contra los homosexuales, que nos colocan en una situación de ciudadanos de segunda clase, han existido y siguen existiendo, incluso en las democracias. Son muy, muy pocos los paÃses donde la igualdad es absoluta: en Francia no nos podemos casar, en los Estados Unidos tampoco (excepto Massachusetts) y hasta hace pocos años la sodomÃa era delito en varios Estados; en el Reino Unido no hay matrimonio y hasta anteayer tenÃan una ley como la de Polonia; y ninguno de estos casos ha significado el camino a los hornos crematorios.
Creo que no hace falta utilizar el caso del Holocausto para explicar y justificar que la nueva ley de Polonia y, en general, toda ley que nos convierta en ciudadanos de segunda es una ley equivocada e injusta.
[Lo inquietante de Polonia, y en esto de doy la razón, es que allà no sólo fueron los nazis. AllÃ, después de ese horror, empezaron con el horror comunista y siguieron las persecuciones. Lo inquietante de Polonia, como dices, es que vuelve a esa espiral de odio cada cierto tiempo.]
Creo que tenemos que salir de la comparación permanente con los nazis. El régimen que surgió después de la Segunda Guerra Mundial tampoco nos convirtió en ciudadanos de primera. La Declaración Universal de los Derechos Humanos no nos protege plenamente; ni siquiera lo hace nuestra Constitución de 1978.
Creo que tu nota expone bien un antecedente importante, pero creo que entre aquellos hechos y los que vivimos ahora, tenemos que referirnos también a todo lo sucedido entre medio.
Ayer, por ejemplo, se puso en cuestión el legado de Brown (o se reafirmó, según los gustos), de la desegregación en las escuelas, del movimiento de derechos civiles en Estados Unidos. Como antecedente histórico, me parece mucho más potente y persuasivo el referente de ese movimiento que el de la lucha contra el nazismo.
Naturalmente ambos esfuerzos beben de una misma fuente, lo mismo que antes lo hizo el movimiento por el sufragio de la mujer, y antes aún la lucha por el fin de la esclavitud.
En fin, quizá sólo sea una cuestión de preferencia personal por unos ejemplos históricos u otros. Para mi gusto, poner juntos el nazismo y la nueva ley polaca suena innecesariamente catastrofista y hace, quizá, que el argumento no sea tan persuasivo.
Zarevitz: en primer lugar, gracias. Por haber leÃdo el texto, por tu felicitación y por tu comentario. Debo decir que entiendo tu crÃtica, y el hecho de preverla y considerarla en parte justificada fue lo que hizo que me esforzara en señalar en el artÃculo, especialmente en el penúltimo párrafo, unos lÃmites para la analogÃa que establezco en él entre los inicios del antisemitismo gubernamental en la Alemania de los años 30 y el discurso y los proyectos de ley homófobos del gobierno actual de Polonia. Sin embargo, sà creo que es posible y pertinente establecer dicha analogÃa.
En tu comentario señalas que la lucha contra la segregación racial en los Estados Unidos, o la anterior lucha de las mujeres por el sufragio, o la lucha contra la esclavitud, “beben de la misma fuenteâ€? que la lucha de las personas homosexuales, bi y trans por la igualdad. Me parece cierto lo que dices. Y, por eso mismo, me parece igualmente cierto que también la segregación racial, la opresión sexista, el antisemitismo y la homofobia beben de una misma fuente de aguas pútridas: la de la deshumanización del otro, la negación del carácter plenamente humano de quien es diferente al grupo dominante, a través de las fases de inferiorización e inmundización; de todo ello escribÃ, como supongo que recuerdas, en mi anterior carta, “Una reflexión sobre la homofobiaâ€?.
Por lo tanto, si todas estas formas de “deshumanización del otroâ€? son hasta cierto punto análogas, ¿no podrÃa haber escogido la analogÃa entre la ideologÃa de los actuales dirigentes polacos y la de los defensores de la esclavitud o la segregación de los negros, o la de quienes se oponÃan a reconocer que la mujer era y debÃa ser igual al hombre, en lugar de escoger como término de comparación el antisemitismo de los nazis? La respuesta, obviamente, es que sÃ. PodrÃa haberlo hecho. Pero también estaba justificado, por el mismo motivo, escoger precisamente la analogÃa que he escogido. Y asà lo he hecho, de manera consciente y deliberada.
¿Por qué he preferido esta analogÃa? En primer lugar, porque en mi artÃculo querÃa hablar de Europa. Si hubiese querido hablar de los EEUU probablemente me hubiera decantado por la cuestión negra: la esclavitud, la segregación. Pero en la historia de Europa Auschwitz ocupa un lugar absolutamente central: es el gran desastre de nuestra historia, es el recordatorio permanente de que, por mucho que creamos que somos una civilización avanzada y sólidamente asentada en unos valores liberales y humanistas –como lo creÃan, sin apenas sombra de duda, los europeos de hace un siglo-, la barbarie más atroz e increÃble puede estar a la vuelta de la esquina, y todos los avances de la civilización pueden usarse precisamente para organizar esa barbarie y hacerla más eficiente y cruel. Auschwitz nos habla de la extrema fragilidad de la civilización europea, de la democracia liberal, de la misma humanidad del ser humano.
Pero una tragedia tan enorme tuvo unos inicios mucho más discretos, mucho menos espectaculares. Si alguien en 1933, o incluso en 1935, hubiera predicho un Auschwitz, no tengo la menor duda de que se le habrÃa acusado de “catastrofistaâ€? y se habrÃa alegado que tanto tremendismo no hacÃa sino quitar fuerza a sus argumentos. En todo caso, quiero señalar que yo no predigo un nuevo Auschwitz en nuestro futuro; aunque, naturalmente, tampoco lo descarto. Pero creo que si se quiere hablar de cómo un gobierno europeo se esfuerza hoy por inocular a la población de su paÃs un discurso de odio abierto y sin tapujos hacia una minorÃa y en hacer que dicha minorÃa sea percibida como un grave peligro para la sociedad (lo cual va más allá de la mera “inferiorizaciónâ€? del otro, y cae ya de lleno en la “inmundizaciónâ€?), y además empieza a legislar para convertir dichos prejuicios en normas legales… entonces la analogÃa con lo ocurrido en la Alemania –en la Europa, en definitiva- de los años 30 no sólo está justificada, sino que creo que se impone como algo casi inevitable. Al menos, no me parecerÃa lógico rehuirla sólo por temor a ser acusado de “catastrofistaâ€?.
Para acabar, sólo quiero hacer hincapié en una cosa: en “Humoâ€? no hablo a penas de los campos de exterminio en sÃ, sino del camino que condujo hasta ellos desde una sociedad civilizada, una república democrática y liberal. Y no digo en el texto que el camino que ha iniciado el gobierno ultraderechista de Polonia vaya a conducir a los hornos crematorios –es más, lo pongo en duda explÃcitamente-: digo que “lo prudente y democrático es impedir que el odio y la indiferencia sigan con su trabajoâ€? en Polonia y en la Unión Europea. Supongo que al menos en eso estaremos de acuerdo.
SÃ, ya me he dado cuenta de que la comparación iba sobre todo por la similitud en los mecanismos de odio, como escribiste hace unas semanas. Por eso, después de escribir el comentario, he estado a punto de no publicarlo, porque parece que discrepamos en el fondo, cuando no es asÃ.
Es solo que las comparaciones con el nazismo me superan personalmente. Es tan mostruoso el horror que causó a todos los niveles, la perversión no solo con los judÃos sino contra todos los principios básicos de nuestra civilización, que me cuesta utilizarlo para otros casos. Tengo la sensación de que, al desbordar por todos los lados, hace que el argumento pierda fuerza o sea menos persuasivo. (Quizá sea sobrerreacción mÃa después de tanto abuso que se ve generalmente con las comparaciones con Hitler.)
También es, no te lo oculto, que yo soy muy USA-céntrico y me siento más cómodo con los ejemplos más limitados (y desde mi punto de vista, menos desbordantes, aunque igualmente injustÃsimos) como la segregación racial allÃ. Me siento más cómodo diciendo que la postura de Rajoy contra el matrimonio es un nuevo “separate but equal”, que un “Arbeit macht frei”; y que la nueva ley de Polonia me recuerda a la misma prohibición británica o a las palabras de Rouco o Ratzinger, que a las de Hitler.
Pero bueno, creo que es una diferencia más de tono o de color, que de sustancia. Dirás que soy muy impresionable.
Es verdad, zarevitz, que se abusa de la comparación con el nazismo, la cual, muchas veces, se hace de manera banal y sin fundamento serio (recuerdo que una vez pusiste un enlace a una entrada de Wikipedia sobre eso). Pero no deberÃamos, por ello, caer en el error opuesto de rehuir dicha comparación en todo caso: sólo podrá aprender de la historia quien sea capaz de establecer las analogÃas y conexiones que realmente existen entre el momento presente y otros momentos del pasado. Y creo, sinceramente, que de pocos momentos de nuestro pasado podemos aprender los europeos lecciones tan valiosas -y tan duras, y tan terribles- como de los años 30 y primeros 40.
Aquà otra sencillita felicitación más.
Todo y que sé que el tema de Auschwitz es un “introductorio”, déjame que te recomiende, que os recomiende, Si esto es un Hombre, de Primo Levi. No es un libro sobre homosexualidad pero ya se sabe que estas cosas… no ocupan lugar.
Besos.
MagnÃfica recomendación, Krysta. Uno de los libros imprescindibles del siglo XX. Un beso.