Las raÃces del odio (y 2)
Escrito el 07-11-2007 por dosmanzanas
Ni el final de la Edad Media ni el advenimiento de la cultura humanista y renacentista supondrán mejora alguna en la deplorable situación de las minorÃas judÃa y homosexual en el mundo cristiano. El Estado moderno, que se encontraba entonces en sus albores, seguÃa apoyándose por el momento, como fuente de legitimidad y como cemento unificador de la sociedad, en la religión cristiana, y se mostraba sumamente intolerante con los grupos sociales tradicionalmente excluidos por ésta. Asà pues, a los judÃos se les seguirá expulsando de los reinos de Occidente (a finales del siglo XV se les echará de toda la PenÃnsula Ibérica), o bien (como en la misma Roma de los papas, Venecia o Fráncfort) se restringirán severamente sus libertades y se les obligará a residir en “guetosâ€? separados por murallas de las ciudades, en los cuales las condiciones de vida serán a menudo particularmente duras. Por otro lado, tampoco vendrán en su ayuda los reformistas cristianos: el propio Lutero escribirá y publicará “De los judÃos y sus mentirasâ€?, un texto doctrinal de una judeofobia extrema. También los homosexuales –o “sodomitasâ€?– seguirán sufriendo la persecución tanto de las iglesias como de los monarcas cristianos, quienes promulgarán (como en los casos de Enrique VIII o Carlos V) nuevas leyes que castiguen la sodomÃa con la muerte. En algunos estados, como los de la Corona de Aragón, será la Inquisición católica la encargada de perseguir y, en su caso, quemar en la hoguera tanto a los sodomitas como a los conversos judaizantes.
El primer gran cambio en la actitud de Occidente hacia sus minorÃas homosexual y judÃa llegará siglos más tarde, de la mano de las ideas de la Ilustración y de las revoluciones liberales que pretenderán ponerlas en práctica. En septiembre de 1791, la misma Asamblea Nacional francesa que un par de años antes, en los comienzos de la Revolución, habÃa aprobado la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadanoâ€? toma dos decisiones de la mayor significación: despenaliza primero la homosexualidad, y tan sólo dos dÃas más tarde emancipa a los judÃos, esto es, los declara ciudadanos de pleno derecho. Las guerras revolucionarias y napoleónicas, primero, y las revoluciones liberales después permitirán la extensión por buena parte de Europa (y del resto del mundo) de estos avances, a pesar de la dura oposición de los sectores reaccionarios antiliberales (asÃ, el bastión del reaccionarismo más extremo, la “Santa Rusiaâ€? de los zares, penalizará la homosexualidad en la década de 1830, y en esta misma década promulgará leyes opresivas para los judÃos).
La progresiva secularización, en esta época, del Estado y la sociedad erosiona el fundamento religioso de los prejuicios tanto homofóbicos como judeofóbicos. El viejo odio, sin embargo, estaba demasiado arraigado en las sociedades europeas y occidentales para perecer con tanta facilidad: logrará sobrevivir, y hasta cobrar nuevo vigor, traduciendo su discurso a un lenguaje más acorde con los tiempos, mediante el cual dará a los prejuicios multiseculares una apariencia de modernidad y objetividad cientÃfica. Nacen asÃ, en la segunda mitad del siglo XIX, el “antisemitismoâ€? y la patologización de la “homosexualidadâ€?.
El primero, que va tomando cuerpo especialmente en la década de 1870 a partir de los escritos y el activismo del alemán Wilhelm Marr (inventor del propio término “antisemitismoâ€?), se diferencia del antijudaÃsmo tradicional en que éste despreciaba a los judÃos por su religión, mientras que el antisemitismo –en la lÃnea del racismo supuestamente cientÃfico entonces en boga– los atacará por lo que presentará como las caracterÃsticas “racialesâ€? de dicha minorÃa. Por otro lado, el término “sodomitaâ€?, cuyo origen y sentido remitÃan obviamente a lo religioso, irá cediendo terreno ante el neologismo “homosexualâ€?, más neutro. Hay que señalar que este término fue inventado (en 1869) por un defensor de los derechos de las personas a las que se refiere, el escritor austrohúngaro (residente en BerlÃn) Karl-Maria Kertbeny, pero con el tiempo fue adoptado también por aquellos que, desde la medicina, la biologÃa o la naciente psicologÃa, presentaban ahora como “homosexualesâ€? enfermos o tarados a quienes durante siglos habÃan sido considerados como “sodomitasâ€? depravados y viciosos. Tras el nuevo lenguaje, pues, se ocultaban los viejos prejuicios, o al menos la parte más sustancial de éstos. La inferiorización de homosexuales y judÃos, lejos de verse cuestionada, parecÃa haber encontrado su confirmación “cientÃficaâ€? en las nuevas teorÃas.
Asà pues, cuando en 1932 llegue al poder en Alemania un partido virulentamente antisemita, y no menos virulentamente machista y homófobo, el NSDAP de Adolf Hitler, éste podrá apoyarse, para excluir de la “comunidad del pueblo alemánâ€? a las minorÃas judÃa y homosexual, tanto en la judeofobia y la homofobia tradicionales –y en los prejuicios que éstas habÃan ido extendiendo durante siglos en la sociedad– como en la actualización “cientÃficaâ€? de ambos discursos efectuada en las seis o siete décadas anteriores. Las teorÃas racistas antisemitas y las que patologizaban la homosexualidad sirvieron a los nazis para justificar su presentación de judÃos y homosexuales como seres biológica y psicológicamente degenerados, que suponÃan sendas amenazas de contaminación para la “raza superiorâ€? de los alemanes “ariosâ€? (y heterosexuales). De ahà concluÃan que era necesario servirse de todos los medios necesarios para extirpar ambas amenazas y asegurar, asÃ, la supervivencia y pujanza de la “Herrenrasseâ€?.
Pero el nazismo, como indicábamos, tampoco desdeñó el recurso a la homofobia y la judeofobia de carácter más tradicional. Los nazis, por ejemplo, dieron gran difusión al texto antijudÃo de Lutero al que nos referÃamos antes (“De los judÃos y sus mentirasâ€?) y lo usaron con frecuencia como argumento de autoridad para justificar su propio antisemitismo. También aprovecharon, para dar cobertura legal a su brutal persecución de los homosexuales, la penalización de la “fornicación contra naturaâ€? entre hombres en el párrafo 175 del Código penal del Reich alemán, promulgado en 1871 por el conservador Bismarck (quien, falto de argumentos cientÃficos, justificó su necesidad por la percepción popular de que la homosexualidad constituÃa “no sólo un vicio, sino un crimenâ€?, es decir, por la existencia de prejuicios homofóbicos muy arraigados en la sociedad).
En definitiva, el régimen nazi, heredero de una larguÃsima tradición de odio y desprecio hacia las minorÃas judÃa y homosexual, creyó haber hallado en la erradicación de ambas minorÃas la “solución finalâ€? al problema que, desde su punto de vista, suponÃa su mera presencia en la sociedad. Por supuesto, el verdadero problema no estaba en la existencia de dichos grupos minoritarios, sino precisamente en esa tradición que los estigmatizaba y demonizaba. Era ese odio el que debÃa ser erradicado de la sociedad alemana y europea para posibilitar, a partir de la valoración positiva de la diversidad humana, la convivencia en paz y libertad de todas las personas. Hoy, más de 60 años después del horror de los campos de la muerte, hay que lamentar que la tarea de arrancar de nuestras sociedades las viejas raÃces del odio siga estando –a pesar de los innegables progresos que se han logrado en muchos campos– aún lejos de lograr plenamente su objetivo.
Nemo
No deja de ser significativo, no obstante, que el nazismo hallase muchÃsimo apoyo entre los homosexuales y que la SA fuera un grupo paramilitar que exaltaba los valores de la virilidad y el amor entre los hombres arios:
“Precisamente a que se consideraba al Nazismo como un movimiento fuertemente motivado por una ideologismo de “liga masculina” pederasta de tipo espartano y militarista, en momentos en que Rohm era el Número Dos del Nazismo, amigo de Hitler y a quien éste defendÃa en publico de las acusaciones de “pederasta” (eran famosas sus relaciones escandalosas con los adolescentes miembros de los grupos de choque nazis) con el argumento -nada menos- que era la vida privada de Rohm y que no tenÃa porqué que meterse nadie con ella.
La primer ley antihomosexual de Hitler se produce en 1935, recién después de que Rohm cae en desgracia enfrentándose con aquél. No se percibÃa hasta entonces ninguna consustanciación ideológica ni literaria, per se, entre el Nazismo y una victimización homosexual. En el fascismo italiano de Mussolini, por ejemplo, brilla por su ausencia cualquier legislación o persecución antihomosexual.”
http://pp20013.free.fr/Nazismo.htm
El mismo Ernest Rohm, como se puede leer más arriba, uno de los brazos de hierro de Adolfo Hitler llegó a ser una amenaza para él.El nazismo acabó en una primera base con sus propios homosexuales y después comenzó una batalla campal contra judÃos, homosexuales, lisiados y comunistas.
Sobre el “racismo cientÃfico” de la época resulta conveniente leer este enlace sobre una supuesta enfermedad de los esclavos en EE.UU., esa “enfermedad” les obligaba a ¡querer escapar de sus dueños!
Drapetomania
Drapetomania en la Wikipedia
Por desgracia ese “racismo cientÃfico” junto con la “homofobia cientÃfica” sigue de rabiosa actualidad.
Nemo: es un absoluto privilegio para esta página contar con tus aportaciones que espero sigan siendo, por lo menos, semanales.
Un abrazo.
Muy interesante artÃculo, Nemo.
Seguimos donde estábamos: “judÃos y homosexuales, unidos para siempre y tanto monta monta tanto”. Habrá que esperar…
Enhorabuena también por mi parte, Nemo. En cuanto al comentario de que seguimos unidos ante la homofobia, bastará ver algún comentario de cierto fanfarrón para darse cuenta de que, aunque lo quemaran en la hoguera los propios individuos a los que admira, se mostrarÃa convencido de que ese era su destino y que los mismos verdugos, lo que realmente hacÃan, era salvarle…
En cuanto a la homofobia en la Alemania nazi, no deja de ser “gracioso” que ciertos cuerpos de élite estuvieran formados por homosexuales orgullosos de serlo (eso sÃ, arios como la copa de un pino), por no hablar del ministro Goering, loca donde las hubiera, con quien por cierto nuestro comentado cesarito vidal alberga sospechosos parecidos mentales y fÃsicos. Se echa de menos una obra del inefable moa para contarnos los grandes logros del tercer reich, pero tiempo al tiempo…
Un placer leerte, Nemo.
Excelente artÃculo, Nemo, tanto en su primera como en su segunda parte. Te felicito de todo corazón.
Y los enlaces de Dr. Turbio, sobre la drapetomanÃa me parecen alucinantes. Es muy esclarecedor cómo tantas otras veces y con otras minorÃas se han intentado convertir los prejuicios en teorÃas cientÃficas. Alucinante.
Muchas gracias por vuestras palabras. La verdad es que es muy de agradecer, tras las horas invertidas en escribir estos textos, poder comprobar que hay gente capaz de leérselos, gente a la que le interesa lo que dicen, e incluso gente que te felicita por ellos… Y eso que se refieren a cuestiones históricas, y ni siquiera hablan de la actualidad del momento; aunque qué duda cabe, por desgracia, de que el viejo odio contra nosotros -el de “toda la vida”, vamos- está de plena actualidad en estos dÃas: si alguien lo duda no tiene más que escuchar la cadena de los obispos una de estas noches, o pasarse por un acto de la no menos clerical asociación HO.
Muchas gracias, Jack. Soy yo quien debe agradeceros la oportunidad de escribir y publicar estas columnas en DM. Y en cuanto a la periodicidad, si a vosotros os parece bien, mi intención es que salgan semanalmente, por lo menos durante una temporadita… Un abrazo.
Excelente Nemo.
Muchas gracias. Será un placer y un privilegio leerte todas las semanas. Sin duda.
Abrazos.
Por cierto, que las próximas semanas -si los jefes de DM quieren- habrá más sobre los gays, los judÃos y el nazismo (permÃteme por ello, Oveja, que no me extienda de momento sobre la cuestión).
Y sobre la “drapetomanÃa” (gracias, Dr. Turbio), en efecto es una de las muestras más escandalosas de utilización de un lenguaje supuestamente cientÃfico para encubrir y legitimar los viejos prejuicios sin base racional. Por cierto, una sugerencia para aquilinopolainos y similares: ¿por qué no incorporar, a sus doctos estudios sobre la “patologÃa homosexual”, el término “ecualomanÃa”? AsÃ, por ejemplo: “EcualomanÃa (del latÃn “aequalis”, “igual” y el griego “manÃa”, “locura”): Delirio propio de los enfermos de homosexualidad que les hace creerse iguales en valor, dignidad y derechos al resto de los seres humanos.” De este modo podrÃan dejar bien claro que están a la misma altura moral que el ilustre Samuel A. Cartwright, el médico estadounidense que “descubrió” la “drapetomanÃa”.
:D
Dos puntualizaciones, Nemo:
1. A mà me gusta más “isomanÃa”, que es lo mismo, pero formado totalmente sobre raÃces griegas.
2. Tú dales ideas…
Gracias a ti, Lobogrino. Un abrazo.
Fer: prefiero, para un engendro conceptual como el que irónicamente propongo, una forma que sea también un engendro medio latino medio griego (como por otra parte ocurre, como sabes, con otros muchos términos cientifÃcos y técnicos); ademas “isomanÃa” suena demasiado bien, es eufónica.
Excelente como siempre Nemo
Otro gran artÃculo Nemo!
oveja, por favor, eso que dices es totalmente falso, esa web de las que has copiado esa falacia es de Roberto Baldini, un activista homófobo. La propaganda nazi contra la homosexualidad comenzó antes de la llegada al poder de Hitler, hay bastante bibliografÃa sobre el tema.
Armel, tanto como falso, que fuera un poco antes o un poco después lo podemos poder entredicho. Es sabido y hay bibliografÃa y excelentes documentales sobre la homosesxualidad dentro del movimiento nazi. El caso de Ernest Röchm es emblemático a todas luces,tanto es asà que cuando Visconti rueda
“El crepúsculo de los dioses” deja constancia de la famosa razzia que llevo la SS contra la SA que celebraba grandes orgÃas homosexuales, eso ocurre alrededor de mediados de marzo de 1933 en esos aciagos dÃas de la noche de loa cuchilos largos.No tenÃa, en ese momento, tiempo para buscar otras referencias.
Que el nazismo tuviera una doble moral como la pudiera y la tiene la iglesia católica desde mucho antes no te lo voy a negar y podemos hablar sobre ello.La homosexualidad tanto masculina como femenina fue consustancial a ese movimento perverso y necrofÃlico que fue el fascismo alemán y también al italiano.Las camisas negras tampoco se quedaron cortas en su exaltación de un mundo hipervirilizado. Sucede, que si es cierto que fueron perseguidos todos los homosexuales judÃos y comunistas.Y en especial las primeras escuelas sexológicas que habÃan sido creadas en el BerlÃn de los años dorados y que fueron las primeras células activistas de liberación homosexual del mundo contemporáneo.Incluso hay estudios muy curiosos de carácter psiconanálitico sobre el origen judÃo de Hitler y su propia homosexualidad latente, pero si te digo la verdad me importan muy poco.Tengo casi por norma personal leer sólo lo esencial sobre los genocidas de la historia.Hay tanto que aprender y conocer que a estos grandes secuestradores de la libertad no les quiero rendir ningún tributo de mi libertad personal ya se habla y se ha hablado demasiado de ellos..
Si visitas Roma, te aconsejo vayas a ver los estadios y edificios que fueron construidos bajo la dictadura mussoliniana y por toda partes se destila un homoerotismo tan estridente que sino fuera por lo triste del caso parecieran grandes saunas gays sacadas del mundo grecolatino.
Ya con tiempo aportaré más datos pues en este momento salgo corriendo hacia el trabajo,revisasré con calma esa web y debatimos sobre ella, gracias por la información.
De cualquier forma, todavÃa hoy sigue siendo un gran tabú el tema de la homosexualidad en el ejército, basta ver, el caso norteamericano que no es cosa de úlima hora desde lo años 40 fueron muchos los hombres y mujeres de todos los Estados Unidos que se inscribÃan en sus filas.
En fin, todavÃa hoy lo peor que te puede pasar es ser un judÃo negro y homosexual.
El vÃnculo entre la hipervirilización del imaginario nazi y fascista y la homosexualidad existe, y es un tema candente que sigue levantando polvaredas, pero que es interesante explorar. Por otra parte, nadie te asegura que lo que descubras sea enriquecedor, agradable, reconfortante, erótico o iluminador, pero seguro que descubres algo.
Alberto Mira tiene una opinión muy interesante en el libro “Para entendernos”, en la entrada sobre el nazismo. Si puedo, esta noche o el fin de semana intento copiarla.
Muchas gracias, Rubén y nigra. Un afectuoso saludo a ambos.
En cuanto al interesante debate que mantienen Oveja, Armel e Ibn Sina, de momento prefiero no intervenir demasiado en él, puesto que, como ya he comentado, pienso dedicar las próximas columnas a la relación entre nazismo, homofobia y judeofobia (eso sÃ, puedo adelantar que yo creo que lo que es “consustancial” con el nazifascismo no es la homosexualidad, sino la homofobia). De todos modos, sobre el supuesto “homoerotismo” de determinado arte nazifascista, me gustarÃa plantear una cuestión: ¿toda exaltación de la belleza del cuerpo masculino desnudo es necesariamente “homoerótica”? Si respondemos que sà (cosa que yo no tengo clara), podremos concluir que dicho arte nazifascista es “homoerótico”, pero entonces habremos de ver también homoerotismo por doquier en los templos católicos posteriores al Renacimiento (en Italia, por ejemplo, es casi imposible visitar una iglesia histórica sin encontrar grandes imágenes de hombres musculosos -y a menudo muy atractivos- desnudos). Como la Iglesia Católica del Renacimiento y el Barroco era partidaria de quemar a los homosexuales -a los “sodomitas”- en la hoguera, queda claro que, en todo caso, no es ninguna novedad propia de nazis y fascistas el vÃnculo entre arte “homoerótico” y homofobia visceral y asesina.
En cuanto al artÃculo, felicidades por la investigación. Se ve que estás dedicando un buen tiempo a ello, y a la vista el resultado.
Lo que no tengo claro es qué podemos extraer como conclusión. Muestras que la judeofobia y la homofobia se han producido juntas en la historia. Lo que no sé es hasta qué punto hay una relación más allá de que ambas sean formas de odio o de dominación. En occidente también se ha odiado a los negros, a los gitanos, a los chinos/japoneses, a los musulmanes, a los protestantes, a los herejes, a los disidentes polÃticos, a las mujeres.
Aparte de los mecanismos de odio, a los que dedicaste unos posts muy interesantes, no sé si has escogido el par judÃo-homosexual porque es fácil de rastrear o porque intuyes que hay una relación especial y estable históricamente entre ambos odios que no existe en los otros casos.
Por ejemplo, si coges el caso de los Estados Unidos, el odio contra los judÃos no es tan marcado como el existente contra otros grupos como negros, católicos, asiáticos, mujeres, comunistas (por hacer un mix rápido). Quiero decir: no siempre que ha habido homofobia ha habido judeofobia. (El otro ejemplo —en nazismo judeófobo no era homófobo— no me convence, pero ya escribiréis sobre él.) Por eso, me intriga un poco por qué has escogido estos dos casos de odio; quizá precisamente porque presentan similitudes pero también diferencias, ¿no?
Felicidades Nemo por tu estupenda columna.
Me gustarÃa reflexionar sobre el último párrafo, donde comentas que hoy las raÃces del odio siguen estando presentes en nuestra sociedad.
He leÃdo el artÃculo de Desmond Tutu donde dice, sabiamente, que mientras la gente se muere de sida y de hambre, la Iglesia y sus portavoces está preocupadÃsimos por tachar a los homosexuales de enfermos o de inmorales o de pederastas, cuando todo el mundo sabe que los principales pederastas están en sus filas.
Creo que los homosexuales siguen siendo objeto de persecución en España, por una minorÃa mayoritaria que puede equivaler a un 20% de toda la población. Son la gente que escucha la COPE y que difunde sus odios entre los de su entorno, y que son los mismos que siguen creyendo en la teorÃa de la Conspiración. Gente de extrema derecha.
Por otro lado los fascistas de extrema derecha ya no se meten mucho con los judÃos, buenos aliados de los americanos. Pero, en general, se meten con todo aquel que no piense como ellos. Y muy especialmente con los catalanes, mucho más que con los vascos, a pesar de que estos últimos también poseen una parte de la sociedad (entre el 10 y el 20%) que no condena la violencia, mientras en Cataluña todo el mundo la condena.
Quizá por ello la extrema derecha se mete más con los catalanes, porque saben que mientras haya violencia en el PaÃs Vasco siempre tienen una justificación para desacreditar el proyecto nacionalista/independentista vasco, mientras que en Cataluña no hay violencia donde escudarse y hay que inventarse excusas para atacarlos, las cuales excusas crean un fuerte odio hacia todo lo que provenga de Cataluña.
Nazismo judeófobo no homófobo. Yo creo que con la Noche de los cuchillos largos se marca un punto de inflexión. Habia un componente homosexual en los camisas pardas que fue purgado en su momento, pero no por ser homosexual, sino que esa era la casus belli.
Es significativo que Eric Röhm, el entonces jefe de los camisas pardas, ensalzara la reicidumbre y virilidad de los fuegos de campamento frente a las maricas urbanas afeminadas. La cita la tengo que buscar, pero creo que mas o menos la tengo localizada. Yo creo que era una homofobia dirigida a la visibilidad. Es decir, puedes hacer, pero no puedes decir. Aunque dado el ambiente cada vez más irrespirable. A raiz de un libro de Lothar Macthan reflexioné sobre ello
Pero, ¿en qué medida tiene el armario de Hitler culpa de la persecución de los homosexuales en el régimen nazi?. Porque otra de las hipótesis de trabajo que quedan meridianamente demostradas en este libro es que Hitler se sirvió de esas amistades homosexuales –sobre todo de una, Eric Röhm- para ascender, pulir y dar el definitivo lustre a su persona polÃtica. Y serÃa sobre todo Eric Röhm y su deseos de supervivencia polÃtica y de lucha por el poder en el partido nacionalsocialista alemán el detonante de una polÃtica homófoba, de persecución ensañada, no contra las conductas homosexuales dentro del partido, pues las de fuera estaban ya penadas por la Disposición 175 del Código Penal Alemán vigente aunque bien es cierto que tan solo en determinados casos, sino contra la publicidad de esas mismas conductas. Pues bien, en breve, Hitler se sirvió de las acusaciones de homosexualidad contra Röhm para eliminar a todos aquellos que o bien conocÃan de su secreto y no le eran de una fidelidad probada o lo conocÃan y habÃan tratado de usarlo en su contra, aparte de dar un aviso a navegantes de que dichas conductas no serÃan permitidas en el futuro, y un susto a los homosexuales nazis que pensaban que el partido era tolerante con esa cuestión . Es en esa noche de los cuchillos largos y en los meses posteriores cuando se produce una inflexión y un endurecimiento de la legislación. A partir de entonces alguien como Röhm, que se jactaba de ser homosexual y no ponÃa, como Hitler, especial cuidado en ocultarlo no serÃa permitido en el partido ni, por extensión, en la Alemania nazi. Es decir, la homosexualidad de Hitler está fuertemente imbricada con su peripecia polÃtica, aunque no la determinara toda. Y la represión de la homosexualidad esta fuertemente imbricada con el armario de Hitler. Hermoso. Ropero. Casi un vestidor de estrella de los años 30.
Odysseus: ¿quieres decir, entonces, que la homofobia no era consustancial al nazismo, a diferencia del antisemitismo? Según te entiendo, fue más un accidente (una “peripecia polÃtica”) que algo programático profundo.
Nemo:
Con tu comentario sobre si la exaltación del cuerpo masculino es necesariamente homoerótica, has abierto otra de las grandes cajas de los truenos de la cultura gay (imagino que también de la lésbica, pero eso no lo tengo nada claro, y el velo que la historia del arte ha lanzado sobre las artistas no contribuye en nada a aclararlo).
Insistiendo en que no soy otra cosa que filólogo (y experto en cultura, religión y civilización islámica, cosa que aquà no viene al caso), diré que la relación entre exaltación de la masculinidad y homoerotismo es increÃblemente espinosa. Históricamente, las épocas que más exaltaban la masculinidad y las amistades masculinas (por ejemplo, la europa de los fascismos, la Roma imperial y la América de la frontera) han sido , en general, las más socialmente homófobas, independientemente de que en ellas hubiera vibrantes subculturas homoeróticas.
Por ejemplo, los dibujos de George Quaintance que usan la imaginerÃa del oeste americano a menudo cruzan, en ambos sentidos, una delgada lÃnea entre lo que serÃa permisible, en aquella época, en una pelÃcula de Hollywood sobre el mismo tema… y lo que no lo serÃa.
Por mi parte, creo que hay una asociación. Creo que la exaltación de la virilidad y la masculinidad tiene puntos de contacto con el homoerotismo y la homosexualidad; ahora bien, ya no puedo decir a qué se deben. Es posible que aquellos que exaltan la virilidad y las amistades masculinas se sientan amenazados por la homosexualidad, o por el miedo a que la sospecha de homosexualidad caiga sobre ellos.
Un tema precioso el que estais tocando hoy.
Estoy con Nemo en una cosa: no toda exaltación artÃstica de la belleza masculina es homoerótica (en particular, la que hacen artistas femeninas)
Hay algo secreto en el homoerotismo, una visión compartida, un reconocimiento mutuo a través de los siglos, un mensaje cifrado que solo compartimos los que lo “entendemos”.
Por otra parte, la exaltación de la virilidad en espacios homosociales (vestuarios, cuarteles, barcos, cárceles), conlleva muchas veces relaciones homosexuales siempre que no se ose decir su nombre. El pecado nefando de nuevo, aquel que no debe ni decirse.
Muchas gracias por tus palabras, zarevitz.
Dices en tu comentario, con razón, que en el mundo occidental “también se ha odiado a los negros, a los gitanos, a los chinos/japoneses, a los musulmanes, a los protestantes, a los herejes, a los disidentes polÃticos, a las mujeresâ€? (la lista no es exhaustiva, e imagino que tampoco pretende serlo; pero, dado que mencionas en ella a los protestantes, cabe señalar que en los paÃses donde éstos dominaban, eran los católicos –los “papistasâ€?– los señalados por el odio). Y me preguntas si he escogido “el par judÃo-homosexualâ€? porque intuyo “que hay una relación especial y estable históricamente entre ambos odios que no existe en los otros casosâ€?. Bien, pues mi respuesta es que sÃ, que creo que existe una relación particularmente estrecha y estable entre la historia de la homofobia y la de la judeofobia en Occidente.
Como escribà en la primera parte de “Las raÃces del odioâ€?, dicha relación podemos encontrarla “empezando por el origen mismo, pues aunque puedan existir precedentes más antiguos, tanto la judeofobia como la homofobia del Occidente medieval y moderno surgen como consecuencia del hecho de que judÃos y homosexuales constituyen minorÃas que no tienen cabida en los rÃgidos esquemas ideológicos que se imponen a raÃz de la alianza entre el poder imperial romano y el cristianismo, y que han seguido dominando nuestras sociedades hasta hace relativamente poco tiempo (y aún siguen ejerciendo una influencia enorme sobre éstas).â€? El hecho de que los mismos esquemas ideológicos que se impusieron en el siglo IV de nuestra era hayan pervivido –en parte– hasta nuestros dÃas creo que ayuda mucho a entender por qué existen tantos paralelismos en la cronologÃa y los mecanismos de la homo y la judeofobia como muestro en los dos textos.
El odio a los negros, los gitanos y los “amarillosâ€? de Extremo Oriente tiene, como es obvio, otro origen y otra cronologÃa; el odio a los disidentes “polÃticosâ€? es algo propio tan sólo de las sociedades contemporáneas, pues antes la “polÃticaâ€? iba tan Ãntimamente ligada a la religión que toda disidencia se expresaba habitualmente en términos religiosos. La misoginia me recuerda más a la judeo y homofobia, pero existen diferencias importantes: en primer lugar, las mujeres no constituyen “una minorÃaâ€?, sino aproximadamente la mitad de toda sociedad humana; además, creo que la misoginia ya estaba muy fuertemente arraigada en el mundo antiguo, y en todo caso ha tenido manifestaciones históricas muy diferentes de las del odio a judÃos y homosexuales (nunca se ha considerado que, por el sólo hecho de ser mujer, un individuo hubiese de estar sujeto a condenas y persecuciones legales, aunque sà a mecanismos de discriminación).
El caso del odio a los musulmanes también presenta similitudes, pero el hecho es que hasta hace muy poco tiempo los musulmanes no han constituido minorÃas significativas en los paÃses cristianos, salvo algunas excepciones (como en algunos territorios ibéricos entre los siglos XIII y XVII; eso sÃ, en estos casos poco frecuentes el trato que recibieron los adeptos a la religión islámica –por parte de la Inquisición, por ejemplo, en el caso del Reino de Valencia– no diferió demasiado del que recibÃan judÃos y homosexuales). Por otra parte, el hecho de que los musulmanes dominasen las sociedades establecidas en la otra orilla del Mediterráneo (la meridional y oriental) y oprimiesen allà a los cristianos hace que el odio de unos a otros (y viceversa) adquiera unas caracterÃsticas de rivalidad entre dos grupos similares que no podÃan darse en el caso de dos minorÃas como los judÃos y los homosexuales respecto de la gran mayorÃa social.
Probablemente el odio más parecido al que judÃos y homosexuales hemos recibido en las sociedades de tradición cristiana sea el que los propios cristianos se han profesado a sà mismos, esto es, a las personas de su misma religión que diferÃan de ellos en algún punto –a menudo, alguna abstrusa cuestión teológica, aunque pudiese tener otras implicaciones–. No obstante, los “herejesâ€? o disidentes religiosos cristianos no han constituido un único grupo estable a lo largo de los siglos, a diferencia de los judÃos y los homosexuales, sino muchos grupos diferentes que han existido en momentos y lugares distintos, y en general sin conexión entre sÃ. Incluso quienes eran “herejesâ€? en un territorio eran considerados como ortodoxos –es decir, parte de la mayorÃa dominante– en otro, lo que por supuesto no se aplicaba ni a judÃos ni a homosexuales.
Dicen algunos que la judeofobia es “el odio más largoâ€?, esto es, el mas antiguo y duradero. Yo creo que el odio homofóbico no sólo es igual de “largoâ€?, sino que comparte un mismo origen con el odio a los judÃos y tiene una trayectoria y unos mecanismos históricos muy similares a los de éste.
También dices, zarevitz, que “me intriga un poco por qué has escogido estos dos casos de odio; quizá precisamente porque presentan similitudes pero también diferencias, ¿no?â€? En efecto, aunque las grandes lÃneas de la historia de la homofobia y la judeofobia occidentales son, en mi opinión, coincidentes, las diferencias y las circunstancias espaciales y temporales en que las trayectorias de ambos odios se han separado también existen, y merece la pena explorarlas. En las próximas semanas me ocuparé de alguno de estos casos de separación entre ambas fobias.
Gracias, Felivet.
PermÃteme matizar un punto de tu comentario: buena parte de la extrema derecha europea sigue siendo antisemita, aunque hoy no puedan serlo de manera tan abierta como quisieran, pues la sociedad en general no se lo permite. Aun asÃ, uno de los máximos lÃderes de la ultraderecha de toda Europa, Jean-Marie Le Pen, ha sido condenado en un par de ocasiones por tribunales franceses y alemanes por minimizar el Holocausto judÃo. Y la emisora polaca Radio Maryja (o “Radio MarÃaâ€?) es conocida por su ultracatolicismo y por su antisemitismo, reconocido incluso por un informe del Consejo de Europa que consideró que esta cadena “ha estado incitando abiertamente al antisemitismo durante añosâ€?.
Zarevitz,
te he contestado pero lo tengo en moderación. He estado más o menos poniendo en orden la lÃnea de tiempo y, efectivamente, la represión contra los homosexuales se recrudece a partir del 35, pero antes ya habÃa declaraciones en contra de los homosexuales, pero una vez llegados al poder usaron de manera represora la Disposición 175
… es decir, no crearon legislación ad hoc para eso (o al menos yo no la he encontrado) …
Lo que hicieron fué En 1935 los nazis recrudecieron el artÃculo 175 redefiniendo las faltas como delitos, con lo que la pena máxima aumentaba de seis meses a cinco años. Además, con la eliminación del adjetivo contra natura también se suprimÃa la tradicional limitación a la fornicación. El delito ahora se cometÃa cuando «de forma objetiva se daña el sentido del pundonor público y de forma subjetiva habÃa intención lujuriosa de despertar la sensualidad de uno de los dos hombres o de un tercero.» Ya no era necesario tocarse para la realización del delito. Fuente Wikipedia. He ahà la visibilidad
En efecto, Odysseus, los nazis fueron muy astutos en este punto: por un lado se apoyaron en la legitimidad social que, tras varias décadas y muchas controversias -debidas al intento por parte de los grupos a favor de los derechos LGTB y, durante la República de Weimar, también de la izquierda, de abolirlo- tenÃa el párrafo 175, pero al mismo tiempo cambiaron sustancialmente su redacción de manera que no sólo se endureciesen las penas considerablemente, sino que además fuese posible aplicarlo de modo mucho más arbitrario y generalizado a los homosexuales que cayesen en manos del sistema represor nazi, hubiesen éstos realizado o no actos fÃsicos.
Hay un estupendo documental sobre el infame artÃculo 175 del Código Penal Alemán
http://www.imdb.com/title/tt0236576/
Jack e Ibn Sina, es muy interesante lo que planteáis; y aunque “homoerotismo” y -aún más- “homosocialidad” son conceptos un tanto esquivos y difÃciles de aprehender (creo recordar habérselo leÃdo a Alberto Mira), parece obvio que ninguno de los dos es incompatible con “homofobia”, ya que a menudo son cosas que van unidas. ¿Es porque la homofobia les sirve de coartada social (o incluso ante las propias conciencias de los implicados)? ¿Porque la homofobia establece unos lÃmites y con ello, al convertir determinados comportamientos -homosexuales- en “no permisibles”, otros comportamientos y hechos -homoeróticos, homosociales- quedan situados automáticamente del lado de lo permisible, de lo no cuestionado ni, supuestamente, peligroso? Ciertamente, parece que tenemos aquà un amplio y oscuro terreno por explorar.
Alguien de vosotros señalaba la coincidencia de una sociedad homófoba y una vibrante subcultura homosexual (masculina, añado yo). Todo tiene que ver con la visibilidad, el amaneramiento, el control y la represión por un lado y con el juego de la virilidad, el straight acting y todo lo demás por el otro.
Siempre he pensado que el ranchero homófobo de Brockeback Mt. en realidad lo que era es que estaba celoso ….
jack: “Hay algo secreto en el homoerotismo, una visión compartida, un reconocimiento mutuo a través de los siglos, un mensaje cifrado que solo compartimos los que lo “entendemosâ€?.”
Yo, si no es muy muy obvio, el “homoerotismo” ni lo huelo. No debà de ir a clase de descifrado ese dÃa.
a ver si el antispam me deja (estos son de los evidentes)
http://content.answers.com/main/content/wp/en/thumb/6/6a/300px-Dying_gaul.jpg
http://www.elolimpo.com/ico/600/27.jpg
http://www.tesorillo.com/bajo_imperio/licinio/hercules_farnesio.jpg
http://www.peplums.info/images/30thermo/30b-04.jpg
Bueno, yo es que veo homoerotismo hasta en las tumbas del predinástico egipcio, jejeje.
Zarevitz: yo creo que es cuestión de edad. Los que hemos pasado media vida buscando referentes a nuestros deseos más ocultos hasta en los anuncios de “El Almendro” quizá estemos más entrenados, jeje.
Os copio un trozo de Alberto Mira (espero que no me regañe), de “Para entendernos”:
Lo homoerótico sugiere homosexualidad, pero no la representa…La fuerza del homoerotismo está en ese espacio entre la fantasÃa y la realidad, donde nos perdemos mientras nos preguntamos “si serÃa posible”. Lo homoerótico requiere una mirada especial, una mirada que reconozca pistas.
Y ya que tengo el libro a mano:
En 1930, en uno de los periodicos paranazis, un columnista declaraba que los homosexuales encarnaban los impulsos malignos del alma judÃa
En el programa de Garci vi Gilda y, cuando después en la tertulia fueron sacando las cosas “gays” de la pelÃcula, yo alucinaba en colores: ni las habÃa visto ni se me habÃan pasado por la imaginación.
Además de necesidad, hay que tener una cierta sensibilidad y entrenamiento.
Es que eso estaba en el comentario moderado, snif snif …
yo tengo otro pendiente de moderar: paciencia que el jefe está en la tele
Bueno, pues parece que al final ha salido el comentario de Jack, pero el de Odysseus en cambio sigue sin salir…
Por cierto Jack, ¿no te parece curioso que, de las cuatro imágenes que enlazas, tres representen a hombres a punto de morir de forma trágica (heroicamente en dos casos, en el otro como consecuencia de un castigo divino) y ninguna se recree sin más en la sensualidad de esos cuerpos tan bellos (pues el Hércules Farnese supone una exaltación de la fuerza viril más que de la sensualidad)? Yo creo que esto ilustra la ambigüedad y ambivalencia de eso que llamamos “homoerotismo”, caracterÃsticas que lo hacen compatible con la homofobia más brutal.
Por cierto, también existe arte “homoerótico” cristiano: aquà dejo un ejemplo.
Nemo, Putojack, Odysseus, Zarevitz:
Debate interesante el que estáis manteniendo sobre el homoerotismo. Esta es una de las razones por las que merece la pena entrar en los comentarios de Dosmanzanas.
Fer: yo apenas puedo aportar nada, más que mi frustración por no encontrar nada homoerótico en esas esculturas o pinturas. Soy un poco más “básico” en eso.
Por supuesto que el arte que exalta la belleza masculina no es homoerótico cuando lo hacen artistas mujeres, Jack. Eso lo daba por sentado.
Por lo demás, serÃa interesante tener por aquà algún experto en historia del arte (¿lo hay?) para que nos diera un opinión. Yo diré que, por otra parte, y aunque estoy de acuerdo con Alberto Mira (y con Jack, que supongo que por eso lo cita), creo que el homoerotismo puede, digamos surgir, sin necesidad de una mirada especial. Puede que esté ahÃ, en el creador, y las ‘pistas’ queden en la obra de arte sin intención plena, al alcance del que quiera verlas. Por otra parte, hay una mirada homoerótica que pone sensualidad allà donde el artista no quiso ponerla; se me ocurren, por ejemplo, las estatuas del Foro de Mármoles (es obscenamente desmesurado, pero me gusta… contradictorio que es uno) de Mussolini no creo que tuvieran ninguna intención oculta y, sin embargo, el espectador puede contemplarlas homoeróticamente.
Zarevitz: Vuelve a mirar la estatua del Galo Moribundo (la primera). Imagina que ha luchado a tu lado, que ha caido, que tú eres la última persona que él verá antes de partir hacia la muerte. Le abrazas para que no se marche con frÃo, sientes su piel contra tu piel, ves que no baja la cabeza, que se resiste a morir, que su gesto lucha vanamente contra la muerte. Recuerdas los buenos ratos que pasaste a su lado, su amistad y su valentÃa, su belleza y, en la muerte, su dignidad. ¿No notas la mirada homoerótica?
¿El homoerotismo es sólo de hombres o, por ejemplo, “El nacimiento de venus” puede ser considerada homoerótica de mujeres?
Bueno, Nemo, mejor que haya caido en el sueño de la moderación. Era, ciertamente, farragoso …
Uhmm… dado que lo pintó un hombre, Sandro Botticelli, serÃa algo inusual que tuviera intención homoerótica femenina. Otra cosa distinta es que las mujeres puedan verlo homoeróticamente.
Ibn: en ese caso, yo serÃa el homoerótico, jejeje. No, el galo no me parece nada erótico, ni hetero-erótico ni homoerótico.
Zarevitz: Jejeje. Bueno, la mirada también hay que entrenarla. No sé, a mà me parece que tiene una fuerte carga erótica.
Me sumo a los lectores que os leen a los cuatro con fruicción en este interesante debate.
Pero me ocurre lo que a Zarevitz. Esas esculturas y pinturas en algunos casos me resultan bellas pero no me despiertan nada de erotismo.
En general la escultura clásica y sus revisiones desde el Renacimiento a los fascismo me gustan y me parecen bellas. Las veo como una exaltación del hombre y, como habéis dicho, estoy seguro que para sus creadores y espectadores primero seguro que eran todo un canto al erotismo masculino. Yo veo belleza sin más. Vamos que siento lo mismo ante la contemplación de una Venus desnuda que ante el David de Miguel �ngel.
Son obras bellas pero frÃas e inanimadas.
Claro que yo debo ser rarito porque, a otro nivel, no hay cosa que me baje más la libido que la pornografÃa o las fotografÃas eróticas…
En todo caso el debate que estáis teniendo es de lo más interesante.
Es entrenamiento y es aptitud, y no tengo ninguna aptitud para el arte. Eso lo compenso con mi santo.
No, si es que “La venus del espejo” sà me puede parecer sensual. Pero el pobre galo o Laocoonte (no es?) me inspiran de todo menos sensualidad, mucho menos erotismo. Lo mismo que los santos martirizados y demás.
Por cierto, zarevitz, no sé si te habré aclarado algo lo que me preguntabas sobre mi intención a la hora de escribir las dos últimas columnas, sobre la historia de la homofobia y la judeofobia…
Y el chico del enlace que he dejado antes, ¿no te parece homoerótico tampoco, zar?
Bueno, no vayais a pensar que a mà me despiertan interés erótico las estatuas. Ese es un fetiche erótico que no tengo.

Pero dado que sà (creo) tengo mirada artÃstica y mirada homoerótica, creo que puedo combinarlas e identificar, en ciertas obras más que en otras, las pistas dejadas por el autor. Sin duda, hay obras más explÃcitas (en cuanto a homoerotismo) que otras; aún asÃ, pienso que el homoerotismo tiene dos partes: uno está en el creador, el otro está en el espectador.
Aplicando el modelo a otras artes, por ejemplo el cine, creo que es más posible ver como unos espectadores pueden ver homoerotismo allà donde el creador no puso ninguno, otros pueden no captar el que el creador sà puso, y otros pueden ver lo que sà hay (caso éste que, sujeto a discusión, quizá podrÃamos calificar de más afortunado).
Y es curioso como hemos llevado los comentarios de un post llamado ‘Las raÃces del odio’ primero sobre homoerotismo y homofobia, y ahora a una conversación sobre el homoerotismo en el arte. Otro motivo más para visitar 2Manzanas.
SÃ, nemo. Muchas gracias por la respuesta. Me intriga mucho ver hasta dónde te va a llevar esta investigación. Los resultados pueden ser interesantes y, como te he dicho en alguna otra ocasión, entender cómo se ha desactivado el antisemitismo entre nosotros puede ayudarnos a entender cómo desactivar también la homofobia.
La pintura a la enlazas (Miguel Ã?ngel?) no me inspira (homo)erotismo, lo siento. Pierre-Gilles, sÃ, por ejemplo.
Pues ya sabes, zar, la semana que viene más (aunque ahora con otro tÃtulo)…
SÃ, en efecto es Miguel Ã?ngel, un “ignudo” (literalmente, “un (hombre) desnudo”) del techo de la Capilla Sixtina. Y bueno, yo no le veo tanta diferencia con ciertas imágenes de Pierre et Gilles… (Por cierto, la imagen se ve mucho mejor ampliada.)
Todo lo expuesto en este post por primera vez de lo más interesante y donde -no sólo estamos ante una serie de pullas polÃticas del todo pueriles y cansinas- viene a reafirmar mi tesis inicial sobre la que se ha vertido ya mucha y sesuda literatura. El nazismo fue permisivo con sus códigos homosexuales y ocultistas(otro tema bastante interesante) internos hasta cuando le fueron útiles, después pasa a un exterminio de una homosexualidad social que en su discurso racista piensa que conlleva a una degeneración del triunfo ario sobre la futura y patológica megalomanÃa de esa gran nación germánica que debÃa regir el mundo entero.
Savonarola y el pintor Il Sodoma o el propio Miguel �ngel que fuera descifrado por Freud unos siglos después.
En cuanto a tu pregunta Nemo, creo que se contesta por sà misma. Los mejores artistas del renacimiento y del barroco italianos eran homosexuales y la iglesia los necesitaba y ellos necesitaban también a la iglesia para sobrevivir, por lo tanto, se puede apreciar una simbiosis crÃpitica o mejor critpoplástica que pone de manifiesto la homosexualidad del humanismo y también de la propia iglesia católica que durante siglos fue refugio de homosexuales y por tanto el gran secreto nefando e impostura de un corpus teológico que reprime lo que desea y vive bajo el manto de una doble moral. Es muy interesante ver como se cruzan en el camino de esa época personajes tan dispares como: el “incendiario incendiado”
Desde mi punto de vista, la iglesia católica desde su génesis fue, a la vez, el principal reducto y opresor de la homosexualidad. De allà su neurosis-psicótica y su necesidad de negar lo que tanto le preocupa: el libre deseo sexual que es un espejo demasiado duro para su conciencia a modo de Medusa que los destruye porque son inhumanos.
Yo recomiendo un libro maravilloso del teólogo Eugen Drewermann: “Clérigos” donde razona sobre la pulsión homosexual dentro del clero católico, haciendo bastante hincapié en el lesbianismo, un tema con menos resonancia social, pero que es caldo de cultivo constante en los conventos. Los amores adolescentes en las órdenes religiosas con sus celopatÃas internas y arrobos que más que mÃsticos son muy carnales. Más de un suicidio por amor se ha producido en sus celdas mucho más secretos que los abusos sexuales a niñ@s.
Resumiendo que la internalización del auto-odio no está reñida con la orientación sexual. Sabemos que los mayores homófobos violentos suelen ser las personas a las que más les cuesta aceptar su propia sexualidad. Si llevamos esto desde una escala individual a otra social la respuesta de esta contradicción no presenta ningún misterio.
Nos quemaban porque odiaban la libertad que ellos mismos no podÃan aceptar como tampoco hoy en dÃa la toleran, ya que ahora no pueden quemarnos buscan la forma de la castración y la ablación social para los homosexuales.
En la obra “Chocolat”de Joanne Harris, se narra de una forma tan cómica, cuando el fariseo del pueblo ya no pudiendo aguantar más la tentación carnal se lanza contra el escaparate de la bombonerÃa de la licenciosa chocolatera que ha llegado al pueblo para acabar con el conservador y opresor orden establecido por la tiranÃa de su cacicato moralista.
Clero y milicia sufren el mismo sÃndrome de homofobia y para acabar de rizar el rizo, allà el testimonio de Eytan Fox en “Yossi and Yager”, un ejército judÃo de carácter teocrático en el que los hombres que lo conforman deben amarse en secreto por un doble prejuicio el religioso y el militar.
http://www.youtube.com/watch?v=XSGXyQoPoUI
Por último, quienes estén interesados por ese más que magnÃfico documental “Paragraph-175″ decirles que se encuentra en Emule en su versión original y también subtitulado en castellano.
Militarismo y homosexualidad es otro bello tema para discutir, si tú lo inicias yo me apunto
Gracias por el post Oveja.
Tomo nota de tus sugerencias. En especial de “la parte que me toca”…
Abrazos mil.
oveja: “la propia iglesia católica que durante siglos fue refugio de homosexuales ”
Aunque me salgo del tema, me acabo de acordar de esta cita. Se trata de la sentencia que hemos visto el otro dÃa, en la que un tribunal estadounidense condena a Phelps y los suyos por haber hecho una manifestación con ocasión del funeral de un soldado. El padre del soldado demandó y ganó.
Pues bien, en la demanda se afirma que, en la web de Phelps, aparece la siguiente crÃtica a los padres del soldado (que asumo eran católicos):
“They [los padres del chico] taught him how to support the largest pedophile machine in the history of the entire world, the Roman Catholic monstrosity.”
Quizá sea una exageración por su parte, pero desde luego no se cortan un pelo.
Zar, puede ser hiperbólico o no pero de lo que no cabe la menor duda que es las jerarquÃas del “judeocristianismoislámico”-como a mà me gusta definirlo- tienen una aguda compulsión obsesiva hacia la sexualidad, en general y hacia la homosexualidad en particular.
Eso supone que las tres grandes religiones del Libro, monoteÃstas y abrahámicas deberÃan psicoanalizarse en profundidad porque su patologÃa ha generado tan dolor a la humanidad y a sus creyentes que sumado a lo largo de la historia supondrÃa el mayor genocidio en 3000 años desde su existencia. Eso no impide que en sus filas haya habido y hay verdaderos corazones libres y compasivos ante los que no cabe más que un reconocimiento encomiable por su valor y amor incondicional hacia su prójimo. Dado el tema que comentamos, serÃa justo rendir un homenaje al clero católico y protestante que defendió a los judÃos del exterminio y de todos esos pastores, sacerdotes y monjas que acabaron con ellos en los campos de concentración o que fueron fusilados en el mismo acto de su detención.
Uno de los mejores legados de Louis Malle fue su obra autobiográfica “Au revoir les enfants” en la que la amistad entre ese niño cristiano y el otro judÃo, por cierto, no dejaba de encerrar un tensión homoerótica. Y en la cual vemos, la resistencia a los prejuicios y el intento frustrado por parte de ese Colegio de Carmelitas por salvar a ese otro niño perseguido por el antisemitismo feroz de la Alemania hitleriana. Malle, un genio como pocos, toca hasta el tema de la pedofiÃa.
http://www.youtube.com/watch?v=2Ypdgyk3zCc
Acabo de escuchar, hace unos momentos, la entrevista de Gabilondo con Setién y he sentido verdaderos escalofrÃos ante un personaje tan gris, en el más literal de todos los sentidos, porque entre el Nosferatu de Murnau y él poca diferencia hay. Este hombre, un corazón de piedra, tiene tanta dificultad para hablar del amor con una sonrisa franca y abierta que crea una inquietud tenebrosa.Lo único positivo de todas sus declaraciones ha sido afirmar que el no escucha la COPE, pero aún asà es igual de reaccionario, dónde está su compromiso con la vida y los excluidos del mundo entero.
Dos de los obras que más me interesaron sobre el perfil necrofÃlico del catolicismo fueron “Historia sexual del cristianismo” y también su “Historia criminal del cristianismo” de Karlheinz Deschner, ingente compendio del lado oscuro de la secta judÃa que llego a prevalecer y triunfar en el mundo occidental, de esta obra última sólo pude llegar a leer dos de sus nueve tomos.Esperemos que se edite una edición resumida porque mi paciencia no es tan virtuosa ni divina
Bueno, veo -con agrado, por supuesto- que el debate sigue abierto, gracias sobre todo a las interesantes aportaciones de la oveja rosa. Por cierto, Oveja, el debate sobre militarismo y homosexualidad (y homosocialidad, imagino) no hace falta que lo inicie yo: cuando quieras lo pones en marcha y hablamos de ello.
Aunque con algo de retraso, he leÃdo esta segunda parte de la carta de Nemo. Parece que se ha abierto una lÃnea de debate sobre la relación entre homosexualidad y nazismo, yo desde luego no creo que esa relación (muy aireada por ciertos sectores muy opuestos a los derechos LGBT), no irÃa en contra de lo defendido por Nemo. Es obvio, que esos homosexuales, que sin duda pudieron existir, compartirÃan con el régimen nazi la visión de que no podÃa haber una igualdad universal de derechos. De hecho, en un régimen como ese, no cabÃa el concepto de derecho, puesto que era la situación privilegiada del sujeto concreto, la que daba legitimidad a sus acciones, y eliminaba el concepto de abuso, el débil debÃa plegarse a la voluntad del más fuerte. Ese era el único criterio, en el ámbito social y también en el jurÃdico.
Es obvio que el movimiento asociativo e ideológico que propugna la equiparación de los derechos de las personas LGBT, combatiendo la estigmatización social y jurÃdica que sufrÃan esas personas, no podÃa estar más alejado de esos homosexuales que buscaban el privilegio como vÃa para legitimar, sólo para ellos, todas sus pretensiones, es el terreno sexual o en cualquier otro. En muchas ocasiones yo he dicho en este foro, que no es lo mismo ser homosexual que ser gay, este serÃa uno de los casos en los que eso queda más de manifiesto.
En cualquier caso, mi felicitación para la carta de Nemo, que junto a todas las anteriores busca aportar luz a los orÃgenes del odio, no tanto a la homosexualidad, como a la libre expresión de esta que hacÃa complicado mantener unos criterios rÃgidos de comportamiento de los individuos, incompatibles con la igualdad jurÃdica entre estos y con su libertad personal.