Querida Cristina Francis
Escrito el 20-11-2007 por dosmanzanas

Lo siento, me lo tengo que tomar a broma. Porque entiendo que la sección de curar la homosexualidad es eso: un alarde de humor inteligente, donde al final mostrarás la verdad verdadera, que reza el anuncio de una campaña de móviles.
Soy gay y no lesbiana y menos mal que mi madre se define de metro y medio con chorrá y no es, ni nunca ha sido, una hembra despampanante, pero si tiene una belleza interior y exterior que se traduce en rasgos delicados y una ternura increible, que le da la fuerza que confiere la tranquilidad. Algunas veces ella, como todas las madres, se califica de sobreprotectora, pero no te lo creas demasiado, ¿eh?, que cuando llegaba a casa llorando porque los de tu tribu, los homófobos, me habian llamado maricón a la tierna edad de nueve años me decÃa que me defendiera, pero no tomaba cartas en el asunto, porque sabÃa que eso era el mundo real y que yo tenÃa que hacerme valer por mi mismo. Mi madre es, a lo sumo, pizpireta, asà que supongo que mi hermana tiene que dar gracias, porque asà no ha salido lesbiana. “Suerte” que tiene.
Mi padre nunca estuvo ausente de nuestra educación. Si te voy a reconocer que era una relación un poco jerárquica e instrumental, sin embargo, desde nuestra más tierna infancia comimos todos juntos, y aún lo hacemos. Debatimos apasionadamente sobre muchos aspectos de la vida y de la actualidad, con respeto pero manteniendo nuestras posturas, cuando son divergentes. Mi padre fué y es una figura no solo de poder, sino también de autoridad, en el sentido romano de la palabra, que yo te explico, para que no te pierdas: un hombre de palabra que hace lo que dice y dice lo que hace. Lo que vuestra tribu, los homófobos, definirÃa como un tio que se viste por los pies, con toda la castizidad del término, no exenta de homofobia. Eso, sin homofobia, claro, también nos lo ha enseñado a nosotros, incluido a su hijo homosexual.
Hubo un tiempo, querida Cristina Francis, en que la homosexualidad me causaba “dudas, o dolor o sufrimiento”. ImagÃnate, toda mi vida siendo educado en que la homosexualidad no sólo era pecado, soy católico, sino que era algo secreto y marginal, era algo oscuro, sucio, perverso. Algo de chiste. Y lo malo es que no habÃa armario donde ocultarme, porque tenÃa un gesto natural que más que armario lo mÃo era vitrina de esas donde se ponen los abanicos y las figuritas de Lladró. Y no habÃa piedad, te lo aseguro. Después he llegado a leer con interés el Catecismo y me he asombrado de que las palabras de compasión, respeto y delicadeza no saltaran a la misma grey que me insultaba, nadie las impusiera con la misma vehemencia con la que hablaban de la contranaturalidad, de la perversión y del demonio rojo con cuernos, rabo y tridente. Y lo peor era que yo lo veÃa negro: me veÃa acabando, yo que sé, con un fin terrible de no se… locutor de radio diciendo sandeces. En fin, un horror.
Sin embargo, hubo gente y hubo lecturas que me ayudaron. Referentes positivos que me sirvieron para llegar a la conclusión de que era gay, de que era persona, de que no merecÃa ni insultos ni desprecios, de que no tenÃa porque ser un ciudadano de segunda clase. Referentes positivos de la antigüedad -mitologÃa, historia, filosofÃa- y de la modernidad -literatura, cine, arte- ¿Y sábes lo mejor?. El momento epifánico fue cuando estando en una ciudad de fuera de España llevaba mi vida tranquilamente. La mÃa, en todos los aspectos y sin excluir ninguno. Fue en ese instante cuando me dije que si eso lo podÃa hacer allà lo podÃa hacer, además, en cualquier sitio, incluido el sitio donde nacÃ, aplicando las lecciones de mi padre de asumir lo que venga con la cara bien alta.
En el momento en que les dije a mi familia que era gay me mostraron el máximo de los respetos, e hicieron una piña conmigo. Les dije lo que verdaderamente sentÃa y lo que habÃa estado negando. Fue un proceso largo, difÃcil y doloroso, pero sobre todo por lo hostil del ambiente. Desde entonces no han consentido ni un insulto y se han esforzado en desterrar todo rastro de homofobia en sus actitudes y su lenguaje. Hasta el punto que tengo que ser yo el que les diga que se relajen, que poco a poco, que tampoco hay que tomárselo todo tan a pecho.
Por eso yo se, querida Cristina Francis, que tú que te declaras mariliendre, terminarás ese magnÃfico espacio de humor que has abierto en tu programa con una gran lección a tu público, que es de la tribu de los homófobos y a los que quieres reeducar. Se que a través de la sonrisa entra mejor la letra que a través de la sangre. Y que terminarás con la gran moraleja: que lo que tiene que hacer tu público en particular y los homófobos en general es ayudarnos a aceptarnos a los que todavÃa no lo hacemos con las simples herramientas del respeto, la consideración, la delicadeza y desterrando todo prejuicio de sus vidas. Y sobre todo dejándonos en paz, y no intentar curar lo que no es una enfermedad, por lo que no necesita cura. Ah, y dejándonos que vivamos nuestras vidas, que para eso son nuestras, como ciudadanos de primera, con todos los derechos, que para eso lo somos, desde el 2004 más concretamente.
Ya lo de explicarles la transexualidad y la necesidad de que esté en la Seguridad Social veo que lo vas a tener más difÃcil, pero siempre puedes citar el ejemplo de Madrid y Esperanza Aguirre; pero, tranquila, que yo te veo que tú puedes.
Felicidades, Odysseus, por un texto tan humano y tan lleno de humor inteligente. Una muy buena manera de contestar a los delirios de quienes se empeñan en querer hacer una humanidad a la medida de su propia estrechez de miras, de su pobreza intelectual y moral, de su triste mezquindad.
Me parece muy, muy importante, Ody, cómo has remarcado la inflexión que supuso para tà el hecho de experimentar una vivencia radicalmente distinta a las anteriores. Cómo el hecho de visualizar, de conocer vÃvamente (incluso, en tu caso, de vivir…) una situación óptima, positiva, te hizo cambiar tu enfoque con respecto a tus relaciones como gay con el entorno, en lo sucesivo.
Creo que eso es fundamental: ser capaces de imaginar una sociedad como debe ser; ser capaces de creer en una sociedad asÃ; ser capaces de visionar hasta sus detalles.
Gracias, Ody, por compartir tus vivencias y por tu fresca narración retrospectiva e irónica.
Odysseus: Desde este preciso momento (aunque ya lo sospechaba desde antes) tienes rendido a tus pies a un humilde servidor, que lee y relee tu carta escrita en uno de los castellanos más puros que recuerdo en este blog, con ese toque de fina ironÃa que espero no pierdas nunca.
Tuyo afectÃsimo:
Me vais a ruborizar.
Nemo, siempre he pensado que el humor es la mejor arma contra la intransigencia, o bueno, una de las mejores, siempre que la intransigencia no vaya armada con armas de fuego, claro ….
Javi, creo que toda experiencia -las negativas y las positivas- encierran una lección, y creo que sólo asà se aprende cada dÃa. Y la verdad es que esos meses en Liverpool fueron muy bonitos ….
Y puto, levántate del suelo, que te vas a poner perdido, que dirÃa mi madre
Ody pareces gallego con esa retranca que tienes en tu carta. Creo que lo que deben aprender algunos es la diferencia entre común y normal, me explico Cristina como otra mucha gente piensa que ser heterosexual es lo normal y los demás somos anormales, osea que estamos enfermos. Pues no es asà ahà entra la diferencia entre común y normal, todos somos normales tanto heterosexuales como homosexuales, simplemente que lo más común dentro de la normalidad es que las personas sean heterosexuales. Ni más ni menos. Gracias Ody por tu carta.
Un amigo me dijo algo en lo que no habÃa pensado nunca: si fuese verdad eso de que somos unos enfermos qué le importa a Cristina ni a nadie.
En el libro de Herrera Brasas “La Sociedad Gay, una Invisible MinorÃa” se cuenta cómo “curan” las sectas evangélicas yanquis y cómo pillaron a un “enfermo” follando con otro “enfermo” en el hogar de una secta pero a la semana le dieron el “alta”. Como si estás dejando de fumar y enciendes un pitillo, vaya.
En realidad a esta gente le importa un pimiento que te “cures” o te que mueras de asco con un hombre o una mujer a quien no deseas. Lo importante es que finjas ser heterosexual y feliz y si quieres follar lo hagas a escondidas.
Lo que le de verdad les importa es que no se nos vea, que la sociedad nos considere enfermos ahora que ya no convencen a nadie de que somos “pecadores” y que haya un buen porcentaje de reprimid@s que llenen sus seminarios y monasterios como sucede en Latinoamérica.
El respeto, la valentÃa y la felicidad mata sus mentiras, su odio y su vergüenza. El dÃa de mañana cuando nadie les crea ya se inventarán que las lesbianas y gays tenemos mal el karma o el chip positrónico cerebral, pero pasado mañana serán un grupo con mucho dinero pero tan ridÃculo como la iglesia de la cienciologÃa.
Yo, si Rajoy promete jubilarme por enfermedad con la paga Ãntegra y sin tener que pagar el IRPF nunca más, me lo pensarÃa…
Muy bueno el texto. Saludos.
Me sumo a los aplausos, Odysseus.
Y hago mÃo el post de elputojacktwist.
Como Anxo también pensé: “este chico por la fina ironÃa debe tener un gen gallego” que entre nosotros nos sabemos reconocer.
Te confieso que la leà anoche nada más aparecer, la imprimà y me dormà con el papel en la mano.
No hay mejor arma que la verdad y la inteligencia.
MuchÃsimas gracias. Ha sido (y es siempre, por supuesto) un enorme placer leerte.
Abrazos mil, amigo.
A mà la verdad es que el humor, en general, no me sale. Pero me ha gustado mucho tu carta, Odysseus.
muy bonito Oddy, lástima que al final la sonrisa esconde el mismo dolor, la misma apatridia que todos en algún momento sentimos.
Felicidades por la carta, Odysseus, tierna, divertida y eficaz a la hora de expresar la realidad. He disfrutado mucho leyendo.
Al hilo de los comentarios sobre las promesas de trotona, tampoco nos sorprendamos si un dÃa de estos sale la misma de Pontevedra a decir que “me compremeto a sufragar, si soy elegido presidente del gobierno, un tratamiento para curar la homosexualidad con el decidido apoyo de mi primo, pues se reunió con los diez mejores doctores del mundo (entre ellos polaino) y llegaron a la unánime conclusión que la OMS está equivocada y esta enfermedad que azota y divide a la sociedad española, que rompe las familias y hasta me atrevo a decir que España, puede estar en vÃas de solución”; claro que con lo camaleónico que es nuestro MariAno igual nos sorprende con: “Elevaré la ayuda por hijo hasta los 5.000 euros e incluiré además a todas las parejas homoparentales y/o monoparentales que adopten un hijo siempre que el dictamen de los diez mejores expertos del mundo concluya que no hay peligro de criar a un hijo en el seno de una familia homoparental”. Tiempo al tiempo, que vamos a oÃr de todo…