Campillo de las Ranas, el pueblo de las bodas gay
Escrito el 29-03-2006 por Diego

En la provincia de Guadalajara, un pequeño pueblo de apenas 158 habitantes se ha convertido en el equivalente español al poblado de Asterix en la Galia romana. Un oasis en medio del desierto. Se trata de Campillo de las Ranas.
Este fin de semana, este pequeño pueblo ha celebrado su boda número 12 entre parejas del mismo sexo. Todo un hito.
Pero el fenómeno tiene explicación. El alcalde de la localidad, el socialista Francisco Maroto, declaró públicamente su homosexualidad, como en ParÃs o BerlÃn. Y desde entonces, la localidad se ha abierto a que parejas homosexuales vivan en esta localidad, o viajen periódicamente a ella.
“El pueblo de las mil y una bodas”, como algunos ya lo han bautizado, o utilizado como reclamo turÃstico. Lo que es cierto es que, más allá de ese eslogan, el ejemplo de convivencia y apertura de este pueblo constituye un caso insólito en eso tan difuso que algunos llaman España profunda.
Con la alegrÃa que dan las bodas!!! No me extraña. Aunque debe haber circulando muchos chistes además de “el pueblo de las mil y una bodas”.
Yo creo que está bien que la gente se vaya abriendo y deje de esconderse, quien sabe, tal vez es una forma de evitar los pueblos fantasma.
Es curioso. A las personas que vivimos o hemos nacido en la ciudad los pueblos nos parecen pequeños espacios dónde poder relajarnos y poder dejar de ser “individuos” y hacer un trato más cercano. Y para las personas que nacieron en pueblos añoran la libertad de la ciudad.
Quizá son tópicos que se pueden ir cambiando. Este pueblo demuestra el comienzo de ese cambio.
Como parte directamente implicada, Kao: los tópicos los hacemos las personas. Pero sà tienen algo de realidad. De la misma manera que las ciudades a veces se hacen duras, los pueblos pueden llegar a ser asfixiantes (he estado 16 años y luego dos seguidos viviendo en uno, de menos de 200 habitantes). Pero esos tópicos se superan poniendo cada cosa en su sitio: es decir que en un pueblo no debes pretender ir tanto a tu bola como en una ciudad: sabes que todo lo que hagas (no siempre para mal, ojo) va a pasar por la valoración de todos sus habitantes. Pero es asÃ, y es lo que hace que los pueblos tengan la humanidad que poseen: cotilla y agobiante, pero humanidad en definitiva.
Pasa por mi blog: escribo algo parecido al respecto.
Me alegra saber que en la “España Profunda” (otro topicazo) existen remansos como ese.
Saludos.