Freud y los bebedores

h1 Escrito el 30-04-2008 por dosmanzanas

entendámonosEn 1905, Sigmund Freud escribía, en su influyente libro ‘Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad’, lo siguiente: “Encontramos la mejor interpretación de la noción popular de pulsión sexual en la leyenda llena de poesía según la cual el ser humano fue dividido en dos mitades –el hombre y la mujer– que desde entonces tienden a unirse por el amor. Por esta razón, uno se sorprende grandemente de saber que hay hombres para quienes el objeto sexual no es la mujer, sino el hombre, y que hay mujeres también para las cuales la mujer representa el objeto sexual. Los individuos de dicha especie reciben el nombre de ‘homosexuales’ o, mejor, de ‘invertidos’…� Para explicar el ‘sorprendente’ hecho de la existencia de personas de este último tipo, Freud desarrollaba en dicho libro una teoría según la cual la homosexualidad no era sino el resultado del estancamiento accidental del individuo en una fase inmadura de su desarrollo psicosexual, que ‘normalmente’ debería haberlo llevado a la heterosexualidad y a la procreación.

Lo curioso es que el punto de partida de Freud, esa “leyenda llena de poesía� a la que recurría como elocuente imagen de la naturalidad de la pulsión (hetero)sexual, significaba en realidad algo muy distinto de lo que él quiso hacerle significar. Es obvio que la leyenda mencionada por Freud hace referencia al célebre mito que Platón pone en boca del comediógrafo Aristófanes en uno de sus mejores diálogos, el conocido en castellano como ‘El banquete’ (aunque su título original griego, ‘Sympósion’, más bien significa ‘la reunión de bebedores’). Según este mito, en el principio “la naturaleza humana no era la misma que hoy, sino diferente�, pues entonces “la forma de cada individuo era redonda en su totalidad, con la espalda y los costados formando un círculo, cuatro brazos y cuatro piernas, dos caras iguales sobre un cuello cilíndrico que miraban en direcciones opuestas en una misma cabeza, y por lo tanto cuatro orejas, dos partes sexuales y todo lo demás según podéis figuraros.� Esta humanidad primitiva se dividía en tres sexos, y no en dos como hoy, según cuáles fueran las partes sexuales de cada individuo: había pues ‘hombres’, que tenían dos sexos masculinos; ‘mujeres’, provistas de dos sexos femeninos; y un tercer sexo, los ‘andróginos’, que poseían un sexo de cada clase. Los seres humanos originarios, dada su configuración fisica, eran “tremendamente fuertes y vigorosos, y se caracterizaban por una enorme soberbia, hasta el punto de llegar a conspirar contra los dioses�. Los habitantes del Olimpo decidieron entonces castigar a tan insolentes seres partiéndolos por la mitad; así los debilitaron de modo tan cruel como efectivo.

“Por consiguiente, cada uno de nosotros es realmente sólo una mitad de ser humano, ya que ha sido partido en dos a partir de uno solo, como se hace con los lenguados: de manera que cada cual busca siempre la otra mitad de sí mismo. Así, todos los hombres actuales que provienen de la partición de un andrógino son amantes de las mujeres, y de este tipo derivan por regla general los adúlteros; y del mismo modo, las mujeres que provienen de un andrógino se vuelven locas por los hombres, y son adúlteras también. En cambio, las mujeres de hoy que resultan de la partición de una mujer originaria no sienten ninguna inclinación hacia los hombres, sino que tienden hacia las mujeres, y de este origen provienen las tríbadas [lesbianas]. Finalmente, aquellos que resultan de la partición de un hombre originario persiguen a los hombres.�

A continuación Platón explica la homosexualidad masculina en términos que corresponden al modelo pederástico vigente en la sociedad griega antigua: así, nos continúa diciendo el filósofo por boca de Aristófanes, los hombres que, al derivar de un ser humano primitivo enteramente masculino, se sienten atraídos por otros hombres “mientras son jóvenes, siendo rebanadas de hombre, aman a los hombres y disfrutan yaciendo con hombres y abrazándose a ellos. Y éstos son los mejores de los muchachos, pues son los más viriles por naturaleza.� Y sigue: “luego, en cuanto llegan a la edad adulta, pasan a amar a los muchachos, y su naturaleza no tiende hacia el matrimonio ni la procreación; si las costumbres no les obligasen a casarse y tener hijos, serían felices viviendo unos con otros, sin tomar esposa.�

Así pues, vemos que Freud tergiversa y falsifica el mito de ‘El banquete’ para presentar la atracción sexual entre hombre y mujer como la regla, y la homosexualidad como una ‘inversión’ de dicha regla, fenómeno que más adelante ‘explicará’ como producto de un supuesto estancamiento de ciertos individuos en su proceso de desarrollo psicosexual: nada que ver, desde luego, con la visión del mundo de los ilustres bebedores atenienses de quienes nos habla el texto de Platón. Si bien es cierto que con su teoría Freud liberó a los homosexuales de la carga de culpa con que la Iglesia se había empeñado en aplastarlos durante siglos, no es menos verdad que sólo lo hizo al precio de confirmar los prejuicios corrientes en su época que inferiorizaban a gais y lesbianas, e incluso de prestar a dichos prejuicios una fachada de modernidad y hasta de supuesta ‘objetividad científica’. Escribe Dominique Fernandez (en ‘Le Rapt de Ganymède’, ‘El rapto de Ganímedes’) que, en el modelo derivado de las teorías freudianas, “la homosexualidad no puede ser más que ‘tolerada’, a causa de su condición inferior, de su subordinación. No tiene otro ‘derecho’ que el de callarse y pasar desapercibida. O, mejor todavía, el de buscar curación, ya que ha recibido –y ello es un evidente ‘progreso’ sobre las antiguas nociones de ‘pecado’ o de ‘depravación’– el estatus honorable de ‘dolencia’, de ‘déficit’ sexual y humano.�

¿Por qué actuó el pensador vienés de este modo? Según Alberto Mira (‘Para entendernos’), Freud había pretendido “encontrar una teoría científica, basada en la observación, del funcionamiento de la sexualidad humana�, pero a la hora de tratar la cuestión de la homosexualidad “nos encontramos ante un problema de creencia personal que se aleja de los presupuestos de partida: Freud pensaba que la exclusividad de la heterosexualidad genital reproductiva era una necesidad cultural. No fue una idea que consiguiera integrar con rigor en sus reflexiones, sino algo que siempre parece añadirse a éstas; así, pierde su fuerza como argumento prescriptivo o como enunciado teórico.� En otras palabras, el prejuicio, omnipresente en el medio sociocultural de Freud, según el cual la aceptación de la homosexualidad era incompatible con la preservación de la sociedad civilizada –como había dicho Bismarck a finales del siglo XIX para justificar sus leyes represivas contra la ‘fornicación contra natura’– fue implícitamente aceptado y compartido por el padre del psiconálisis, y le llevó a atribuir en sus teorías un estatus de inferioridad a la homosexualidad, estatus que justificaba que la sociedad continuase relegando a gais y lesbianas a una posición desigualitaria, subalterna. “¿Un burgués de Viena, en la década de 1900, podía razonar de otro modo?�, se pregunta Dominique Fernandez antes de señalar el paralelismo existente entre el lenguaje freudiano del ‘desarrollo psicológico normal del individuo’ y la preocupación burguesa por el ‘desarrollo económico’. “Freud no hacía otra cosa que aplicar a la vida privada del individuo las leyes de la expansión industrial. La consigna era la misma: producir, bien objetos de consumo, bien hijos.�

No tenemos forma de saber si Freud podría o no haber razonado de otro modo, pero lo que es obvio es que la “leyenda llena de poesía� que citaba en su obra de 1905 contenía un pensamiento muy distinto al suyo. “Por mi parte, hablo de todos, tanto de los hombres como de las mujeres, cuando digo que nuestra especie podría ser feliz de esta manera: llevando el amor a su cumplimiento y hallando cada uno a la persona amada que le sea propia, (…) cuya naturaleza sea conforme a nuestras aspiraciones.� También esto escribía Platón en ‘El banquete’, y no hay duda de lo que dichas palabras expresan: que cada cual, para ser feliz, debe buscar a una pareja afectivosexual del sexo hacia el que se sienta atraído o atraída. Si Freud hubiera sido más honesto intelectualmente a la hora de referirse al mito platónico, escribe Dominique Fernandez, “el curso del psicoanálisis, y en todo caso el destino de los homosexuales, hubiese cambiado. La homosexualidad no hubiera sido considerada como una ‘aberración’, una ‘anomalía’, un ‘retraso’, una ‘perversión’. Platón le había dado, de entrada, un estatus mítico. Existía, por derecho divino, con la misma consideración que la heterosexualidad. Los esfuerzos de Freud y sus discípulos por ‘explicar’ la homosexualidad, por averiguar sus ‘causas’, parecen inútiles y risibles, después de estas magníficas páginas de ‘El banquete’.�

Otras columnas de “Entendámonos” aquí.

Nemo


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20 comentarios en “Freud y los bebedores”

  1. Fantástico comentario!

    Por cierto, en la canción “The Origin of Love” de la película musical “Hedwig” se cuenta la história del mito del banquete. A mi me pone la piel de gallina cada vez que la escucho.

    http://www.youtube.com/watch?v=WzX7SP1NkAg


  2. Muchas gracias, Lin, por tu comentario y por el enlace. Verdaderamente la canción es muy buena. He encontrado también en YouTube esta versión con subtítulos en castellano.


  3. Por cierto, quiero dar las gracias a Fer por haberme dado la idea de esta columna en uno de sus comentarios a la de la semana pasada, “El falo”.


  4. Está muy bien tu comentario, menos mal que hoy en día las teorías de Freud han evolucionado y falta muy poco para tener una evidencia científica de que la homosexualidad es algo natural (ésto lo han dicho hace poco varios médicos y psiquiatras)

    Un saludo


  5. Bueno, pero todos sabemos Nemo que la antigüedad clásica ha sido desvirtuada a conveniencia


  6. Gracias, Israel y Oddysseus.

    Israel: es cierto que -afortunadamente y gracias a la lucha de los gais y las lesbianas por reivindicar nuestra dignidad, nuestra igualdad- las actitudes hacia la homosexualidad de la mayoría de los seguidores de las teorías freudianas han cambiado en las últimas décadas en sentido positivo, despatologizador, pero ¿podrías concretar más tu afirmación de que “falta muy poco para tener una evidencia científica de que la homosexualidad es algo natural (esto lo han dicho hace poco varios médicos y psiquiatras)”)? Es que no recuerdo haber leído/oído nada al respecto en los medios recientemente… y además no se me ocurre de qué tipo de “evidencia científica” podría tratarse.

    Para los homófobos, si se probara que la homosexualidad está en los genes, se trataría de una tara genética, de una mostruosidad; del mismo modo que, si se les dice que es algo psicológico, lo presentan como una patología mental; y que, ante la visión de la homosexualidad como un mero comportamiento o una opción de los individuos, replican que es un vicio abominable. Y es que, como nos enseña el ejemplo de Freud y de ‘El banquete’, la consideración de la homosexualidad acaba siempre dependiendo de un pre-juicio, de un juicio previo: para quien ha decidido de antemano que la homosexualidad es algo inaceptable, no hay evidencia científica que no pueda interpretar para llevar el agua a su molino homofóbico.

    Así que me temo mucho que vamos a seguir teniendo que combatir la homofobia… y que ningún descubrimiento científico nos va a ahorrar jamás ese trabajo.


  7. Se lo dijo una psiquiatra un familiar mío (se está investigando sobre ella y pronto estarán los resultados), las mismas palabras que te he dicho. No tengo más explicaciones al respecto.

    La homosexualidad es algo natural, forma parte del hombre y probablemente tenga un origen genético, que los homófobos digan misa. Porque el problema será de ellos, no tuyo ¿no crees?

    Un saludo


  8. Corección:

    “se lo dijo una psiquiatra a un familiar mío….”


  9. Recuerdo la primera vez que leí “El banquete”. Fue con 16 años, y por “imperativo legal”: en clase de Filosofía nos mandaron preparar un trabajo sobre alguno de los Diálogos de Platón. Después de tragarme el “Gorgias” (y casi morir en el intento), probé suerte con el único que tenía un título reconocible. Cuando llegué al pasaje en que Aristófanes (o Platón, por boca de Aristófanes) relata el mito sobre el origen del amor y del deseo, sufrí una auténtica conmoción. No podía creer que unas palabras escritas 2.400 años atrás pudiesen explicar de una manera tan sencilla y a la vez tan hermosa lo que a mí me estaba sucediendo. Sin prejuicios, sin moralinas, sin largas disquisiciones pseudocientíficas tipo Aquilino Polaino. Nunca le agradeceré lo suficiente a la monja (sí, la monja; aún no me había pasado al instituto) que nos encargó el trabajo el haberme dado a conocer un texto tan bello y reconfortante. No creo que fuese ésa su intención, pero se lo agradezco de todas formas.
    Y a ti, Nemo, gracias por recordarme que debo releer “El banquete”…:;


  10. Nemo, si me permites una última cosa te diré lo siguiente, la homofobia, el machismo, el racismo, la violación, el robo, el maltrato son taras del sur humano que por más que queramos no van a desaparecer, son los aspectos más oscuros de la humanidad, puede que se atenúen pero nunca desaparecerán.

    ¡Un saludo!


  11. Es muy cierto, Odysseus, que como dices “la antigüedad clásica ha sido desvirtuada a conveniencia”… ya desde la Edad Media (recordemos la sorprendente historia de la supuesta donación de Constantino). Y en tiempos más recientes, un ejemplo destacado de ello sería la utilización propagandística de elementos de la antigüedad grecorromana por los diversos fascismos europeos (incluido el nazismo). Pero bueno, todo esto no quita trascendencia a la manipulación de la leyenda de El banquete que llevó a cabo Freud para encubrir sus propios prejucios contra la homosexualidad, ¿no crees?


  12. Israel, dices que:

    La homosexualidad es algo natural, forma parte del hombre y probablemente tenga un origen genético, que los homófobos digan misa. Porque el problema será de ellos, no tuyo ¿no crees?

    Obviamente estoy de acuerdo en que la homosexualidad es algo natural y (tenga o no un origen genético o de otro tipo) forma parte del ser humano. Es más, añadiría que la diversidad sexual (la existencia de personas con distintas orientaciones sexuales, diversas identidades de género, etc.) es algo muy positivo, una riqueza muy importante para nuestra especie. Pero el problema de que “los homófobos digan misa” (expresión, por cierto, que podemos entender tanto literal como figuradamente) no es sólo de ellos, puesto que diciendo misa los homófobos logran ejercer una influencia enorme sobre la sociedad en la que yo vivo… así que también es problema mío.

    Y en cuanto a lo que añades de que “la homofobia, el machismo, el racismo, la violación, el robo, el maltrato son taras del ser humano que por más que queramos no van a desaparecer, son los aspectos más oscuros de la humanidad, puede que se atenúen pero nunca desaparecerán”… bueno, en la mayoría de las cosas que citas hay un importantísimo elemento cultural que puede -y debe- cambiar. Pero es verdad que el miedo y el odio al diferente, así como la tendencia a abusar del más débil y a convertir a las minorías en chivos expiatorios son características que, en mayor o menor grado, con consecuencias más o menos trágicas según los casos, podemos observar en todas las sociedades humanas. Por eso hay que estar siempre alerta para minimizar sus efectos tanto como nos sea posible en nuestro propio tiempo y lugar.


  13. Giorgio: que historia tan bonita y emocionante la que cuentas en tu comentario. Imagino tu fascinación, tu deslumbramiento… ¿Dirías que aquella lectura, de algún modo, te cambió la vida?


  14. En absoluto. No quita ninguna transcendencia.


  15. Por favor, Nemo, no hacía ninguna falta que me dieras las gracias. Más bien al contrario, soy yo el que se siente muy dichoso al ver que mi cita del Banquete a la que tú aludes te ha sido de utilidad para esta nueva y, como siempre, estupenda columna tuya.

    Cuando leí el Banquete (hace ya años, aunque no a una edad tan temprana como Giorgio), una de las cosas que me pareció estupenda es que por fin había encontrado un texto en el que se ponían las realciones heterosexuales y homosexuales en un plano de total y absoluta igualdad (con alguna concesión al machismo característico de la sociedad griega antigua, todo hay que decirlo). Por eso no deja de sorprenderme que se haya podido utilizar ese mismo texto desde una óptica heterosexista precisamente para todo lo contrario, para ensalzar la supuesta superioridad de las relaciones heterosexuales por su complementariedad.

    Quisiera destacar este párrafo de tu artículo:

    Si bien es cierto que con su teoría Freud liberó a los homosexuales de la carga de culpa con que la Iglesia se había empeñado en aplastarlos durante siglos, no es menos verdad que sólo lo hizo al precio de confirmar los prejuicios corrientes en su época que inferiorizaban a gais y lesbianas, e incluso de prestar a dichos prejuicios una fachada de modernidad y hasta de supuesta ‘objetividad científica’.

    De hecho, Nemo, creo que aquí no podemos ver una oposición entre ambas posturas (la que culpabiliza al homosexual y la que lo considera un enfermo), ni un conflicto, de los tantísimos que se han dado en otros ámbitos, entre ciencia y religión. Más bien al contrario, a la religión le vino de perlas que existiera una “teoría científica” que servía para afianzar sus postulados homófobos. De hecho, hoy en día, que las teorías de Freud se encuentran en mayor o menor medida periclitadas(1), y que hace tiempo que la homosexualidad dejó de ser considerada una enfermedad por las asociaciones de psiquiatría y por la Organización Mundial de la Salud, los únicos que siguen defendiendo su carácter patológico son aquellos sectores de la sociedad -ignorantes aparte- que se encuentran ideológicamente más próximos a los postulados de la Iglesia.

    La duda que me surge ahora es qué pensaría Freud de la obra de Magnus Hirshfield y éste de las teorías de aquél.

    Y ya que sale el tema, Nemo, te hago una sugerencia (si me la admites): que escribas una columna sobre Hirschfield.

    Un saludo.

    (1) Y que los partidarios del psicoanálisis me perdonen.


  16. Fer: en relación con lo que –muy oportunamente– planteas en tu comentario acerca de las relaciones entre Sigmund Freud y Magnus Hirschfeld, fundador del Institut für Sexualwissenschaft (Instituto para la Ciencia Sexual) de Berlín, Dominique Fernandez escribe, en ‘Le Rapt de Ganymède’, lo siguiente:

    En una carta a Jung (del 25 de febrero de 1908), Freud manifiesta su aversión hacia Hirschfeld y declara que se niega a escribir en la revista del Comité Científico Humanitario [del cual Hirschfeld fue uno de los primeros miembros y parte de la dirección, y que luchaba contra la persecución de las personas homosexuales y transgénero]. Ante Joseph Wortis (que relató sus entrevistas de 1934/35 con Freud en un libro publicado en 1954, ‘Fragments of an Analysis with Freud’), ataca irritado varias veces a Hirschfeld (que estaba entonces en el exilio, tras la destrucción [por los nazis, en 1933] de su Instituto berlinés), reprochándole que era un “pervertido� por satisfacerse con prostitutos. ¿Antipatía personal? Quizá, pero también, sin duda, hostilidad hacia quien, durante más de 30 años, había conducido la lucha por la legalización de la homosexualidad.

    Interesante, ¿no te parece?


  17. Si hablamos de Freud y homosexualidad es imprescindible (me extraña no haberla visto aquí mencionada hasta ahora) la carta a una madre americana:

    Viena, 9 - 4 - 1935

    Estimada señora:

    Deduzco, por su carta, que su hijo es homosexual. Lo que más me impresiona es el hecho de que usted haya omitido este término cuando me ha hablado de él. ¿Puedo preguntarle por qué lo evita? La homosexualidad, desde luego, no es una ventaja, pero tampoco es nada de lo que haya que avergonzarse. No es un vicio, ni un signo de degeneración, y no puede clasificarse como una enfermedad. Más bien la consideramos una variación de la función sexual, originada en una detención del desarrollo sexual.

    Muchas personas sumamente respetables, tanto de la antigüedad como del presente, han sido homosexuales. Entre ellos están algunos de los más grandes: Platón, Miguel �ngel, Leonardo da Vinci, etc. Es una gran injusticia perseguir la homosexualidad como si fuera un crimen, y una gran crueldad también. Y si no me cree, lea los libros de Havelock Ellis.

    Cuando me pregunta si puedo ayudarla, supongo que quiere decir si puedo acabar con la homosexualidad de su hijo y reemplazarla por la normalidad, por la heterosexualidad. La respuesta es, en términos generales, que no podemos asegurar un resultado. En cierto número de casos hemos logrado despertar los gérmenes frustrados de las tendencias heterosexuales, que están presentes en todo homosexual, pero en la mayoría de los casos esto no es posible. Es cuestión de la personalidad y de la edad que tenga el individuo. Los resultados del tratamiento no pueden predecirse.

    Lo que el psicoanálisis podría hacer por su hijo es algo muy diferente. Si se siente infeliz, neurótico, desgarrado por los conflictos, inhibido en su vida social… el análisis puede traerle armonía, paz mental, plena eficiencia, independientemente de si sigue siendo homosexual o si cambia. Si usted se decide, yo podría encargarme de hacerle el análisis. Pero no creo que sea posible. El tendría que trasladarse a Viena, pues yo no tengo la intención de moverme de aquí. Sin embargo, no deje de darme alguna respuesta.

    Atentamente, y con mis mejores deseos,

    Sigmund Freud.


  18. Es verdad, Armel, que el texto que citas es importante en el contexto de un debate sobre la actitud de Sigmund Freud hacia la homosexualidad; muchas gracias por aportarlo. En el libro de Dominique Fernandez que menciono en la columna, ‘Le Rapt de Ganymède’, el autor se refiere a la célebre carta a una madre de Freud de 1935 en estos términos: “reiteración del dogma, pero a la luz suavizada y crepuscular de la vejez.� No me parece que con estas palabras Fernandez esté siendo injusto con Freud, la verdad.

    En 1935, como leemos en la carta, Freud sigue afirmando que la homosexualidad se origina en “una detención del desarrollo sexual�: sería, pues, una sexualidad inmadura, producto de un desarrollo incompleto, frustrado, fracasado. Éste es el dogma al que alude Fernandez. Aunque el vienés escriba a esa madre angustiada que la homosexualidad “no puede clasificarse como una enfermedad�, basta con lo anterior, con la “reiteración del dogma�, para que quede marcada como algo patológico, insano, perjudicial. De ahí que en la misma carta, un poco más adelante, Freud identifique “la normalidad� con “la heterosexualidad�, y que asegure que “en cierto número de casos hemos logrado despertar los gérmenes frustrados de las tendencias heterosexuales, que están presentes en todo homosexual.� Es decir, reconvertir a los homosexuales en “normales� es para Freud en 1935 algo deseable y posible, sólo que esto último no lo es siempre: “Es cuestión de la personalidad y de la edad que tenga el individuo.�

    Así pues, vemos en la carta de 1935 que el lenguaje de Freud se ha suavizado con los años (quizá, aventuro, como resultado de haber comprobado, al tratar a sus pacientes homosexuales, que algo no acababa de funcionar en su teoría); pero también vemos que el padre del psicoanálisis no se muestra dispuesto a revisar los postulados de dicha teoría, a repensarla críticamente. De manera que detrás de la carta de 1935 siguen estando presentes, en definitiva, los mismos prejuicios contra la homosexualidad que en la obra anterior del pensador vienés.


  19. Pues sí Nemo, es interesante el comentario de Fernandez sobre las relaciones entre Freud y Hirschfeld (antes escribí “Hirschfield” porque es como aparece en Para entendernos). Yo no conocía Le rapte de Ganymède y tiene muy buena pinta.

    Como interesante es la carta que cita Armel y tu comentario posterior a la misma.

    Un saludo a los dos.


  20. Nemo, respondiendo a tu pregunta: no me atrevería a decir que la lectura de ese pasaje cambiase mi vida (yo era entonces muy joven, y tampoco tenía las herramientas necesarias para poder cambiarla, ni sabía dónde buscarlas), pero al menos sí que dio a mi vida una perspectiva nueva. Era como si una voz antiquísima y sabia me dijera: tal vez ahora no seas feliz, pero en eso consiste la vida, en perseguir esa felicidad que está esperándote en algún lugar. Y esa búsqueda te hace idéntico a cualquier otro ser humano, homosexual o heterosexual.
    En cuanto a Freud, no deberíamos ser demasiado severos con él, creo. Es cierto que no logró desprenderse del todo de los prejuicios imperantes en su época, pero al menos sus estudios supusieron un avance en la defensa de nuestra dignidad. Y es que no es lo mismo definir la homosexualidad como un pecado que definirla como una enfermedad. En el primer caso, nos situamos en el terreno de lo religioso, esto es, del mito, de lo que carece de explicación racional. En el segundo caso, nos encontramos en el ámbito de la ciencia, de lo empírico. Una teoría científica puede ser rebatida por otra que sí aporte argumentos, pruebas, evidencias. Así ha ocurrido con la homosexualidad: ningún científico digno de llevar ese título defiende hoy que sea una patología. En cambio, un prejuicio religioso… Perdura mientras sus defensores ostenten el poder, y ningún argumento puede hacerles entrar en razón.
    Creo que ése fue el mérito de Freud: dejar a un lado el fanatismo religioso que teñía todo lo relacionado con el sexo y enfocar su estudio desde un punto de vista estrictamente científico (aunque partiera de premisas erróneas, en muchos casos). No soy ningún experto en el pensamiento de Freud, pero leyendo la carta que escribió en 1935 creo que no era un mal tipo. Ya quisieran muchos de los pacientes de Aquilino Polaino haber obtenido de su psiquiatra una respuesta semejante…
    Un placer debatir contigo, Nemo. Un bes











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