El hombre que homosexualizó (y heterosexualizó) el mundo

h1 Escrito el 14-05-2008 por dosmanzanas

entendámonosUna de las grandes conquistas del movimiento LGTB en Occidente ha sido crear y popularizar un lenguaje nuevo que permitiese decir y pensar la realidad de un modo sustancialmente distinto al que se impuso durante los muchos siglos de persecución y marginación hacia las personas que se sentían atraídas sexual y afectivamente por otras de su mismo sexo. Y es que, por más que hoy esté de moda abominar de ‘las etiquetas’ relacionadas con la orientación afectivosexual, y presentarlas como un obstáculo para la plena libertad del individuo, no podemos olvidar que eso que algunos denominan ‘etiquetas’ no son, a fin de cuentas, otra cosa que palabras: es decir, lenguaje. Y las palabras, y el lenguaje en general, nos sirven a los humanos para intentar hacer inteligible la realidad representándola de un modo determinado, lo que requiere ‘clasificar’ –o agrupar– todo aquello que nos encontramos en ella, puesto que es imposible tener una palabra para cada objeto, idea, acción, etc. individuales. De esta necesidad que tiene el lenguaje de clasificar nacen las ‘etiquetas’, o lo que es lo mismo, las palabras. Así pues, dado que el lenguaje es una de las características esenciales del ser humano, y el fundamento de todas sus sociedades y culturas, resulta obvio que las ‘etiquetas’ ha existido siempre –desde que existe el lenguaje humano– y que previsiblemente seguirán existiendo en el futuro –mientras existamos los humanos, claro–. Lo que no significa que dichas ‘etiquetas’ hayan sido o hayan de ser siempre las mismas, ni que su significado haya sido constante o lo tenga que ser en el futuro.

En Occidente, hace un siglo y medio, no faltaban las etiquetas para interpretar la diversidad sexual: por ejemplo, en castellano y en el caso de los hombres, por un lado estaban los marcados con palabras como ‘sodomita’, ‘puto’, ‘bujarrón’, ‘marica’, ‘maricón’, ‘afeminado’… y por otro, los ‘hombres decentes’ y ‘normales’. Es obvio que dichas etiquetas conducían a la estigmatización de los primeros, anatemizados por la religión, condenados por la moral –o lo que entonces pasaba por tal– y ridiculizados en la imaginación popular. No puede extrañarnos, pues, que quienes por aquellos años decidieron –por primera vez en la historia– tomar la palabra en defensa de este colectivo estigmatizado considerasen necesario crear unos términos nuevos que hicieran posible presentarlo bajo una luz diferente. Así, como vimos en la columna de la semana pasada, el jurista de Hanóver Karl Heinrich Ulrichs acuñó en la década de 1860, para designar a aquellos hombres que deseaban y amaban a otros hombres, el término ‘Urning’ (‘uranista’ en castellano).

A finales de esa misma década, en 1869, y también en Alemania, el periodista y escritor húngaro –aunque nacido en Viena– Karl-Maria Kertbeny escribió y publicó anónimamente una carta abierta al ministro de Justicia prusiano en la que propugnaba la despenalización de lo que la ley entonces vigente en Prusia denominaba ‘fornicación contra natura’. Argumentaba Kertbeny que “el Estado no tiene derecho a intervenir en nada que tenga lugar entre dos personas mayores de catorce años que consientan libremente en ello y que no afecte al ámbito público ni a los derechos de un tercero?, pues lo contrario vulneraría los derechos del hombre. Kertbeny también recordaba en su carta a un amigo suyo de juventud que se había suicidado tras haber sido sometido a chantaje a causa de su inclinación sexual hacia otros hombres, y subrayaba que la ley antisodomítica prusiana ponía las cosas fáciles a los chantajistas y podía provocar otras tragedias como la de su joven amigo.

Las autoridades prusianas ignoraron los argumentos de Kertbeny: no sólo mantuvieron sus leyes como hasta entonces, sino que poco tiempo después –en 1871–, la creación del Imperio Alemán, bajo la hegemonía de Prusia, les permitiría extender por todo su territorio la penalización de la sexualidad ‘contra natura’. Aquel opúsculo de 1869 no caería, sin embargo, definitivamente en el olvido, por el simple hecho de que en él Kertbeny utilizaba públicamente por vez primera dos palabras de su invención, ‘homosexual’ y ‘heterosexual’.

En las últimas décadas se ha denunciado con frecuencia, desde posiciones favorables a los derechos LGTB, la vinculación del término ‘homosexual’ a un contexto de ‘medicalización’ y patologización del deseo y el amor entre personas del mismo sexo, o lo que es lo mismo, al discurso que ha querido presentar la ‘homosexualidad’ como una tara o una perturbación biológica o psicológica. Dicha vinculación existió realmente, desde que en 1886 el psiquiatra austroalemán Richard von Krafft-Ebing adoptara la terminología de Kertbeny en un libro que llegaría a alcanzar gran difusión e influencia, ‘Psycopathia Sexualis’ (en el cual se consideraba como ‘perversión’ o ‘patología’ toda forma de deseo sexual que no condujese a la procreación, lo cual incluía el deseo homosexual: vemos, pues, como el prejuicio ‘moral’ –el sexo sólo podía ser bueno cuando iba ligado a la reproducción– se disfrazaba a finales del siglo XIX de objetividad científica). Me parece importante, con todo, recordar que la palabra ‘homosexual’ no surgió en ese contexto patologizador que legitimaba y perpetuaba la inferiorización social de gais y lesbianas, sino, muy al contrario, en uno de los primeros textos publicados en defensa de los derechos de estas mismas personas. Y que en su difusión tuvieron también parte significativa quienes, en las décadas siguientes, tomaron el relevo de aquellos pioneros del movimiento LGTB que fueron Ulrichs y Kertbeny.

Además, merece la pena señalar que el término ‘homosexual’ presenta muchas ventajas. A partir de él es posible crear con facilidad nuevas palabras (por derivación, composición o analogía), tales como ‘homosexualidad’ (¿cuál sería, sin embargo, el sustantivo abstracto derivado de ‘gay’?), ‘homoerotismo’, ‘homosocialidad’… o una tan importante para la causa LGTB como ‘homofobia’. Su gran flexibilidad semántica (literalmente, ‘homosexual’ sólo significa ‘del mismo sexo’) nos permite aludir a través de él a un amplio conjunto de realidades: como señala Alberto Mira (‘Para entendernos’), ‘homosexual’ “incluye a hombres y mujeres (…), puede referirse tanto a prácticas como a deseos y (…) describe una amplia gama de fenómenos externos en cualquier época y en cualquier cultura.? Pero quizá su mayor virtud radique en el paradigma léxico en el que se integra: y es que ‘homosexual’ se opone a ‘heterosexual’, sin que ninguno de estos dos términos tenga, en principio, por qué equipararse a ‘lo normal’ o ‘lo correcto’.

Antes de Kertbeny, como hemos apuntado más arriba, lo que hoy denominamos ‘heterosexual’ sólo podía ser pensado y dicho mediante la identificación excluyente con la normalidad y la moralidad; a partir de su aportación terminológica, el amor y el deseo entre personas de distinto sexo podían ser considerados como una variante entre otras de la sexoafectividad humana, desprovista de estatus superior o normativo. Ser ‘heterosexual’ no es lo mismo que ser ‘una persona normal y decente’; ser ‘homosexual’, por lo tanto, tampoco implica ser un pervertido, ni un tarado: he aquí la revolución en la forma de concebir la diversidad sexual humana que inició, en pleno siglo XIX, un autor húngaro casi desconocido. Aunque no alcanzara su objetivo de hacer derogar la ley antihomosexual de Prusia, su carta de 1869 supuso un paso fundamental para –en palabras de Didier Eribon (‘Réflexions sur la question gay’)– “llegar a perturbar el ciclo inmemorial de la reproducción del prejuicio social heteronormativo?. Concepto este último, por cierto, que –como los relacionados de ‘heterosexismo’, ‘heterocentrismo’, etc.– deriva también, obviamente, de los términos acuñados por Kertbeny.

Fijémonos también, por último, en que la palabra ‘gay’, en la lengua de la que proviene, el inglés, se opone coloquialmente al término ‘straight’: “Are you gay or straight??. Ahora bien, ‘straight’ significa ‘recto’ o ‘derecho’, así que presupone que quien no es ‘straight’ está de algún modo ‘torcido’, ‘desviado’… Nosotros, afortunadamente, en lugar de ‘straight’ decimos ‘hetero’. Gracias, una vez más, a Kertbeny.

Otras columnas de “Entendámonos” aquí.

Nemo

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68 comentarios en “El hombre que homosexualizó (y heterosexualizó) el mundo”

  1. La verdad es que lo de straight siempre me ha chirriado mucho.

    Buen artículo, Nemo :D


  2. La verdad es que lo de straight siempre me ha chirriado mucho.

    Buen artículo, Nemo :D


  3. Interesantísimo, Nemo.
    Un gustazo leerte de nuevo.
    Y un gustazo aprender lo que nos enseñas.
    Gracias.
    Besiños. :-D


  4. Muy buen artículo.

    Creo que el tema del artículo te lo ha inspirado alguno de mis comentarios en el blog de arqueòleg glamurós, en el post sobre la plumofobia ;) Eso sí, yo no hubiera sido capaz de desarrollarlo tan bien y documentarlo de forma tan completa. Así pues, te felicito por este magnífico texto y me alegra haber servido de elemento de inspiración.


  5. Nemo

    Le podrias preguntar al Sr. GONZALEZ la razon por la que yo no soy “gay” y soy un simple homosexual de a pie??

    Es que mis entendederas aun no lo han digerido y eso que se lo escuche en television cuando la campaña de las municipales.

    La verdad es que me quede “cuajao”


  6. Enhorabuena por la columna, Nemo. Aunque casi siempre empleo el término “gay”, me gusta lo descriptivo de la palabra “homosexual”, y ahora que sé que no fue un término inventado en un contexto de patología sino reivindicativo, pues aún más.

    Por cierto, el inglés también tiene otra palabra en la línea de straight: queer, que originalmente significaba “extraño”, “raro” o “excéntrico”.


  7. Pues sí, Rafel, así es. La verdad es que, tras haber dedicado la columna de la semana pasada a Karl Heinrich Ulrichs, tenía pensado escribir esta semana sobre su coetáneo Kertbeny y la importante aportación que éste realizó al movimiento LGTB. Entonces surgió el interesante debate que mencionas en un post del blog Reflexions d’un arqueòleg glamurós (los que entendáis el catalán -que tampoco es tan difícil- podéis leerlo pinchando aquí) y tus excelentes comentarios (como también los de Biel, muy sugerentes aunque no esté demasiado de acuerdo con su punto de vista, y los de otros) me resultaron muy útiles para enfocar el asunto. Reconozco, pues, mi deuda con sincero agradecimiento. Rep una salutació ben cordial, Rafel.

    Muchas gracias también por vuestras amables palabras, Sal y Lobogrino. También os envío saludos afectuosos.


  8. Pues brigth, esta bien claro: follaras con hombres, pero no te identificas a apartir de la discriminacion que las personas homosexuales reciben, y mucho menos haces nada para acabar con ella, mas bien al contrario.

    Tu estas a favor de la discriminacion y, por tanto, no eres gay, pero no por que lo diga Zerolo, por que tu mismo no te identificas con la lucha por la igualdad.


  9. Es un tema interesante este de las palabras. El término inglés “Gay” viene de “la vida alegre”, y se asociaba originariamente a actitudes sexuales desinhibidas o incluso a prostitución. Yo lo uso mucho, aunque no me gusta demasiado. El problema que veo con “homosexual” es que suena largo, formal y científico. Lo ideal sería usar una abreviatura que volviera la palabra más cercana, pero curiosamente se suele decir “soy hetero” pero no “soy homo”.

    Nemo, veo que eres el investigador privado de DM. Por eso si me lo permites te sugiero un artículo sobre los términos que se usan por el mundo para referirse a nosotros, su historia, su significado y sus connotaciones, empezando por nuestro “marica”. A mí el que más me horroriza de los que conozco es el “finoccio” italiano, que se refiere al hinojo usado en las piras donde se quemaba a los homosexuales en la Inquisición. Se escogía el hinojo porque ardía lentamente y aumentaba el sufrimiento. Tremendo, ¿verdad?


  10. enhorabuena por el artículo, la verdad que no sabía de donde venía el término “homosexual” sabía que era relativamente moderno pero no cuando ni donde aparecía.

    Un término parecido a “finoccio” lo tenemos en español, el de “mariposón” o “mariposa” que creo que ya se utilizaba desde la Inquisición. Se décía pq los inquisidores decían que los “sodomitas” eran como las mariposas que aun sabiendo que se van a quemar, se acercaban al fuego (Esto en aquella época literal, claro)


  11. Pues no, Bright, no podría preguntarle a Pedro Zerolo eso que me pides… o bueno, quizá sí, pero del mismo modo que podrías hacerlo tú. Así que, si de verdad te interesa su respuesta, pues ya sabes: tú mismo.

    Por mi parte, lo que puedo decirte es que, desde posiciones militantes, se ha querido distinguir a menudo entre los términos homosexual y gay en el sentido de que un gay sería alguien que no sólo se siente afectiva y sexualmente atraído -de manera marcadamente preferente o exclusiva- hacia las personas de su mismo sexo (eso sería un homosexual) sino que, además, ni se avergüenza de ello ni lo oculta, sino que se identifica con la reivindicación de que se reconozca la misma dignidad y los mismos derechos a homosexuales y heterosexuales. En esta distinción se basa el comentario de chiquitín.

    En el uso popular y coloquial de la lengua, sin embargo, no ha cuajado esta diferenciación, y de los diccionarios que yo suelo consultar (y que tenga ahora mismo a mano), sólo uno la recoge (y no es de castellano, sino de catalán).


  12. Enhorabuena nemo.

    A mí personalmente “homosexual” ma parece una palabra adecuada para referirse a aquellos cuya orientación afectivo-sexual se dirige hacia personas de nuestro mismo sexo, por contraposición a “heterosexual”. Decir que son términos medicalizados me parece una tontería, y tu artículo además desmonta de origen este argumento tan utilizado a veces.

    Lo que yo creo es que existe un cierto consenso para distinguir “homosexual” (lo que se es) de “gay” (homosexual, en este caso masculino, que decide vivir abiertamente su homosexualidad y asumir una postura vital de defensa de neustros derechos y luchas contra la discriminación). Para mí es un poco como la diferencia entre “mujer” y “feminista”. Hay mujeres profundamente machistas, y no dejan de ser mujeres. Hay homosexuales profundamente homófobos, y por desgracia para ellos no dejan de ser homosexuales.

    Parece una pura cuestión de lenguaje, pero es algo más. El lenguejae cambia con la realidad social, pero también la realidad social cambia por el lenguaje. No en vano los sectores más retrógrados de la sociedad (clero católico, PP, columnistas de la derecha mediática, etc.) han hecho de la palabra “matrimonio” caballo de batalla. Porque conocen el poder transformador del lenguaje.


  13. Totalmente, Flick. Que gustazo verte por aquí: te prodigas poco pero cuando lo haces: de lleno y genial. Gracias.

    El término “homosexual” siempre me había gustado para referirse a esta realidad en un sentido más ámplio. Me sonaba a más “nuestro” (=evito los préstamos lingüísticos siempre que puedo, sobre todo si vienen del inglés). Luego me entero (y hay toda una corriente que piensa así) que el término “homosexual” es negativo por ser un término médico, etc…
    El excelente artículo de Nemo (me)tira por tierra eso y puedo volver a recuperar un térnimo que siempre me ha gustado e utilizarlo junto al término “gai” acabado en “i” latina: me suena mejor: más francés que inglés y no es el apócope de nada…
    En cualquier caso: muy acertada reflexión, Flick. Un abrazo.
    *- Si te pasas por mi blog te auguro una sorpresa hoy… ;-)


  14. Parecido al finoccio es el faggot, que por lo que leí en El sacerdote, se refiere a los troncos de leña que se ponían en las piras.


  15. Para mi también es un gustazo poder participar de nuevo y reencontrarme con viejos amigos como tú, Lobogrino. He tenido una época sobrecargada de trabajo y actividades diversas que me han impedido poder participar activamente, pero a partir de ahora me vereis más a menudo.
    Un besazo.


  16. Pues me alegro mucho de volverte a ver por aquí, amigo Flick. Muchas gracias por tu comentario, que explica muy bien esa distinción entre gay y homosexual a la que me refería en mi comentario anterior. Un abrazo.


  17. ¡¡Para mi también es un gustazo leerte nemo!!

    De tu comentario (que no había leído antes de enviar el mío) deduzco que la distinción entre homosexual y gay te parece demasiado propia de militantes. Puede ser, pero para mi la distinción entre homosexual y gay es útil, porque designa una realidad que todos conocemos.


  18. Pues aunque yo también me alegro mucho de ver a alguien con la cabeza tan bien amueblada como Flick de nuevo por aquí, y aunque la columna de Nemo me ha gustado mucho (como siempre), la verdad es que no estoy seguro del todo de ver muy clara esa distinción entre “gay” y “homosexual” que señaláis ambos (y que es la que suele establecer Zerolo). Creo que, hoy por hoy, esa distinción semántica entre homosexual y gay es más una declaración de intenciones (muy bienintencionada, por supuesto), que un uso real de la lengua. Creo que la mayoría de la gente usa “gay” y “homosexual” indistintamente y que la relación entre “gay” y “homosexual” no es para nada equivalente a la que hay entre “feminista” y “mujer”.

    Que quede muy claro que estoy hablando de uso del lenguaje, no de lo que a mí me guste o me deje de gustar, ¿eh?

    Me ha encantado, eso sí, que Nemo combata en su columna esa teoría absurda de que la palabra “homosexual” es estigmatizadora porque surgió de una definición patológica. Además, sí que es cierto que la gran ventaja de la palabra “homosexual” es que tiene su contrapunto perfecto en “heterosexual”, con el simple cambio de prefijo griego, y que pone ambas orientaciones en un plano de igualdad. Hay que partir de la base de que, generalmente, se eitqueta, se clasifica y se nombra lo que nos llama la atención, lo que se sale de la norma, mientras se suele dejar sin etiqueta lo que se considera “normal”.

    Creo que no estaría de más recordar una vez más que la palabra “homosexual” (que etimológicamente sólo significa, como bien señala Nemo “del mismo sexo) engloba tanto a gais como a lesbianas. Chirría mucho cuando ve uno expresiones (y se ven de vez en cuando) como “homosexuales y lesbianas”.

    Y lo de que en inglés el término opuesto a gay sea straight (”recto, derecho”) es, desde luego, para mear y no echar gota. Me recuerda a cuando mi profesor de filosofía del bachiller llamó “invertido” a Rock Hudson.

    Corregidme si me equivoco, pero tengo entendido que en francés se usa pédé, que es un apócope de pédéraste, ¿no? Pues también tiene bemoles el asunto, también.


  19. Fer, probablemente tienes razón en que la realidad social de los últimos años está desdibujando la diferencia entre ambos términos, y que en el lenguaje de la calle muchos lo usan ya como sinónimos.

    Eso no quita para que a mí me siga pareciendo procedente distinguir entre ellos, y de hecho lo hago siempre en mis comentarios, pues creo que muchos todavía entendemos el matiz diferencial.

    En lo que estoy totalemnte de acuerdo es en reivindicar como perfectamente asumibles términos como “homosexual” “homosexualidad” y sus derivados, en los términos que nemo escribe en su carta.

    Gracias por lo de la cabeza bien amueblada…


  20. Caramba

    Resulta que no es solo el Sr. GONZALEZ el que me discrimina. Tambien unos cuantos de los doctos y eruditos sobre la historia de la homosexualidad a lo largo de la historia tambien me discriminan.

    La verdad es que a lo largo de mi vida no he vivido abiertamente mi opcion sexual. Tiene huevos!!!.

    Lo que no he hecho en mi vida ha sido considerar que el hecho ser gay
    haya sido el centro de mi existencia. Simplemente he creido siempre que lo unico que me diferencia de los heteros es mi condicion sexual. He llenado mi vida con cosas mucho mas interesantes que en reunirme periodicamente con una pandilla de frustrados que parece que no estan conformes con su condicion y que se dedican toda su vida a discutir sobre el sexo de los angeles ( veanse lo que se ha dicho en este post) y a ir de sufridores por el mundo.

    Y cuando alguien ha intentado discriminarme he sabido muy bien defenderme a mi mismo.

    Tiene su mandanga decirme a mi que soy homofobo. Lo que soy es marimilitantehomofobo.

    Y vosotros teneis fobia de todo al que no os rinde pleitesia

    Lo yo he dicho, en la mani 5000 marimanifestantes y los demas ignorandoos


  21. Sólo una nota filológica: creo que el término gay originalmente viene del provenzal y significa “alegre, colorido”. Puede que de ahí pasara al inglés y finalmente se asociara a la homosexualidad.


  22. Flick: no es que la distinción entre gay y homosexual me parezca “demasiado propia de militantes”; lo que quería decir es que quienes hacen dicha distinción suelen ser personas que normalmente militan en el movimiento LGTB, pero para la generalidad de los hablantes un gay es simplemente lo mismo que un hombre homosexual, y ésta es -nos guste o no- la realidad que recogen los diccionarios de los distintos idiomas (salvo el que he citado, y al que he enlazado, en mi comentario anterior).

    Quizá cuando el término gay se introdujo en las lenguas de la Península Ibérica, en los años 1970 y 1980, quienes lo utilizaban por aquí sí hacían esa distinción habitualmente (puesto que lo introdujeron, precisamente, los militantes del incipiente movimiento gay de entonces). Ahora bien, en inglés -como señalaba antes Al- gay era, originariamente, una forma un tanto despectiva de referirse a aquellos que tenían un comportamiento sexual poco ortodoxo (o sea, una vida alegre), que con el tiempo se fue especializando como designación de los homosexuales, y que más tarde sería objeto de una estrategia de apropiación en positivo por parte de los militantes del movimiento LGTB de los años 1960 y 1970.

    Por supuesto, es posible argumentar a favor de la conveniencia de hacer (o mantener, o recuperar) la distinción entre gay y homosexual, sólo que, como con razón señala Fer, es obvio que “el uso real de la lengua”, hoy por hoy, va habitualmente por otro lado.


  23. Del penoso comentario de Bright (el nick resulta -involuntariamente, me temo- autoirónico) de las 16:58 voy a pasar, claro.


  24. Hombre, se define muy bien a sí mismo. Eso es innegable. Por lo demás, efectivamente, no merecela pena hacer mayor comentario al respecto.


  25. El palabro “gay”:
    -por su procedencia, parece que significa “raro” o “alegre” (”¿plumoso?)
    -para el voluntarismo de algunos, se le incorpora (inútilmente) lo de “activista” o “fuera del armario”…
    -para la gente en general, es una palabra no española que se usa, de forma acomplejada, para evitar decir maricón, que es lo que la inmensa mayoría nos sigue diciendo…
    En definitiva, el palabro “gay” no me parece un acierto lingüístico ni político (mucho menos la gilipollez provenzal “gai”).
    Lo suyo es homosexual: una voz que suena bien, es didáctica y hace referencia clarísima al sexo entre hombres, que es el aspecto (parcial) que nos diferencia de los heterosexuales, y a nada más.


  26. Nemo, estoy de acuerdo en que poco a poco “gay” y “homosexual masculino” va haciéndose sinónimos en la práctica. Y tampoco seré yo el que haga un “casus belli” del hecho de diferenciar ambos términos. Ahora bien, aunque sólo sea por la fuerza de la costumbre, yo sigo haciendo en general un uso diferenciado.

    Tenemos, por poner sólo un ejemplo, el caso reciente de un ex-concejal del PP, cercano a posiciones ultracatólicas, opuesto por supuesto al matrimonio entre personas de mismo sexo, casado con una señora y padre de familia numerosa, que tiene que aliviar su homosexualidad reprimida recurriendo a chaperos (lo de que lo hiciera a cargo del erario público es otro tema…). A este señor yo me resisto a llamarlo “gay”.

    Es sólo un ejemplo, pero creo que se entiende la diferencia.

    Admito, eso sí, que el uso de gay se impone. Sobre si es un término de origen extranjero… Como lo es “fútbol” o “Internet” y lo usamos a diario. Así son las lenguas.


  27. Gracias Nemo por este artículo (como por todos)

    Siempre he diferenciado ser homosexual (algunos lo llevan como una losa) de ser gay (sólo los que luchan activamente contra la homofobia y están encantados de serlo).

    Confundirlo es como confundir ecólogo con ecologista, sociólogo con socialista o femenino con feminista.


  28. Muchas gracias, Procyon, Al, Dante.

    Al: no sólo se admiten sugerencias para futuras columnas, sino que se agradecen. Tomo nota de tu propuesta.

    Respecto al origen de la atribución del significado ‘hombre homosexual’ a las palabras finocchio en italiano (pronunciado /finók-kyo/), mariposón en castellano y faggot en inglés (apuntada por Sal), parece ser -por lo que he podido consultar en diccionarios y enciclopedias- que no es seguro que tenga que ver con las hogueras donde se quemaba a los sodomitas. De los tres términos, el que me parece más probable que sí tenga ese origen es el italiano, pues en el sentido de ‘homosexual’, finocchio es un uso tradicionalmente propio de Florencia, donde el fraile dominico Girolamo Savonarola -una especie de ayatolá Jomeini católico de finales del siglo XV- hizo reformar las leyes en 1494 para poder castigar la sodomía con la hoguera. En cambio, en el caso de faggot no parece tan probable que el sentido de ‘homosexual’ tenga que ver con “los troncos de leña que se ponían en las piras? ya que en Inglaterra, aunque la sodomía (o ‘buggery’ en inglés) se castigaba con la muerte, no se quemaba en la hoguera a los condenados sino que se les ahorcaba (y dicha pena se mantuvo en vigor hasta 1861, aunque su última aplicación tuvo lugar en 1836). En cuanto a mariposón, veo más probable que la segunda acepción de la palabra que recoge el diccionario de la RAE (“Hombre afeminado u homosexual?) derive de la primera (“Hombre inconstante en amores, o que galantea a diversas mujeres?), probablemente bajo la influencia de su similitud formal con maricón; si fuera así, su historia se parecería bastante a la de la palabra inglesa gay: de significar ‘persona de comportamiento sexual poco ortodoxo’ pasaría a designar espcíficamente al ‘hereje sexual’ por antonomasia, esto es, al homosexual.


  29. Muchas gracias por tu comentario, Fer. Respecto a pédé, se trata de una palabra claramente peyorativa e insultante, que espero que no sea objeto de ninguna estrategia de apropiación por parte de los gais francófonos. No tiene sentido, hoy por hoy y en Occidente, confundir la homosexualidad con la pederastia (de eso hablé hace poco en “El falo?). Muchas gracias también a ti, Jack. Supongo que a Fer y a mí nos puede esto de haber estudiado filología… :) Un beso a los dos.


  30. Eiii! Grácias por enlazarme Nemo!!
    Me alegro mucho que mis posts y los debates de mi blog os sirvan de inspiración!!
    Ya te coemnto sobre el artículo en questión cuando lo publiques en tu blog!


  31. “simplemente creo que lo que me diferencia de los hetero es mi condición sexual” es cierto Bright solo eso te diferencia cuando llevas las orejeras puestas y no eres capaz de ver que en el mundo los maricones, las bolleras, trans bisexuales somos perseguidos, en multiples paises penados, incluso con la muerte, cada vez que usan el término maricón homosexual, gay, bollera tortillera invertido/a… cada vez que usan nuestra “diferencia” como un insulto, es un aldabonazo más contra la igualdad, una derrota frente totalitarismo.
    Pertenecemos a la raza de los marginados, y eso que un homosexual como tú lo vive como un estigma a mi me enorgullece pues me permite empatizar con el dolor.
    Orgullo maricón, orgullo lésbico, orgullo homosexual orgullo gay…orgullo de las diferencias que nunca son simples!!!!


  32. Investigaré sobre ‘faggot’, que es parecido a nuestro ‘maricón’. Por lo demás, el sustantivo abstracto de ‘gay’ es ‘gayness’, que significa, literalmente ‘alegría de vivir’ (el joie de vivre que dicen los franceses).


  33. Mi percepción sobre el uso: “homosexual” es más estándar y formal. “Gay” es más gay-friendly y para varones; todo esto, pronunciado ‘guei’ (pronunciado ‘gai’ suena ignorante, como decir ‘olivo’ para Hollywood, al menos entre hispanohablantes). “Lesbiana” no sé que antónimo tiene y no sé si ello la hace indeseable como ‘etiqueta’, aunque el prefijo “lesb-” permite generar muchas palabras.


  34. Bueno, aunque ya he dejado clara mi postura al respecto (y sí, Nemo, la filología nos puede, ;) ), sólo quería añadir que le doy la razón a Flick en una cosa: yo jamás llamaría gay a Rodrgio de Santos. Ejemplo muy acertado que a mí no se me había ocurrido, pero que demuestra que, en caso de haber alguna diferencia entre los términos “gay” y “homosexual”, ésta no se basa en la militancia, sino, todo lo más, en la visibilidad.

    Ya que estamos repasando términos en varias lenguas, añadiré que en griego moderno “marica” es malaka, que deriva del griego clásico malakós (”débil”, “blando”) y que fue el motivo de que al Seat Mälaga en Grecia le pusieran otro nombre (no recuerdo cuál).


  35. A “homosexialismo” le pasa como a “laicismo”: que con esa terminación, que rima con “bestialismo”, pretenden denigrar lo que hay detrás. “Laicidad” y “homosexualidad” no tienen esa carga peyorativa.

    “Homosexualidad” quizá haya estado medicalizada en su momento, pero como he dicho antes tengo la sensación de que hoy en día no se emplea así. Quizá sea una palabra “reapropiada” o “reconquistada”. :-)


  36. Fer: no crees que también se dice “no lo cuentes pero soy gay”, “no lo cuentes, pero menganito es gay”, “sospecho que menganito es gay, aunque no se le nota”.

    A mí no me chirría el uso de “gay” en esas frases. Se puede decir “homosexual” también, pero la persona seguramente me sonaría menos gay-friendly.


  37. Abundando en lo que dice Zarevitz, lo de “homosexualismo” a mí me recuerda a Cruz y Raya: había un sketch en el que uno de ellos salía haciendo de un casposo que no hacía más que repetir: “mucho comunismo y mucho homosexualismo es lo que hay”.


  38. A mí me chirría igual “homosexualismo” que “lesbianismo”. Creo que el sufijo “-ismo” no es el más indicado en este caso. No se trata de una doctrina, sistema, escuela ni movimiento, ni de una actitud (más bien de una circunstancia) ni un término deportivo. Tampoco se usa como término científico. Quizás las palabras lesbiandad o lesbianidad serían más apropiadas para referirse a la homosexualidad femenina en términos generales .


  39. Touché, Zarevitz. Mi explicación anterior no vale. Tengo que buscar otra.

    Pero sigo viendo que, a pesar de lo que dije en comentarios anteriores sobre las palabras “gay” y “homosexual” (esto es, que en el uso común y cotidiano, no hay diferencias entre ambas, salvo la restricción de “gay” a los homosexuales masculinos), en el caso de Rodrigo de Santos, a mí particularmente, no sé a los demás, me costaría trabajo llamarlo “gay”.

    ¿Será quizás porque, a causa de su hipocresía, de su doble rasero y de su falta de moral, lo veo como un personaje negativo para la comunidad lgtb?


  40. Para mí “gay” pronunciado “gai” no suena a ignorante. Quizá es porque en catalán/valenciano existe la forma “gai”, que significa, además de homosexual, también alegre, y el apellido “Gay” (pronunciado con a, claro) es relativamente común en la ciudad de Valencia (hasta hay una calle llamada “Economista Gay”).


  41. “Economista Gay?

    ¿Se referirá a J. M. Keynes? :D :D

    (Felivet: es una broma, no te enfades conmigo, ¿eh?)


  42. Arqueòleg: gràcies a tu, per descomptat! Una abraçada.

    Ibn Sina: mi pregunta se refería a cuál sería el sustantivo abstracto derivado de gay en castellano… porque utilizar gayness en el idioma de Cervantes (en plan: “Se ha publicado un estudio sobre el tratamiento de la gayness en el sistema educativo español”) no parece muy cómodo, natural ni elegante, ¿no?


  43. :D :D :D


  44. Poneos ahora a discutir el origen de la palabra galuboi en ruso. Asi nos llaman y significa “azul”.

    En Brazil nos llaman : bichas

    Cada pais es un mundo


  45. zarevitz: sobre la pronunciación de gay, el Diccionario panhispánico de dudas de la RAE afirma que “en español se recomienda adecuar la pronunciación a la grafía y decir [gái]”. También señala que en el plural hay que escribir gais y no gays, y que no hay que dejar invariable el adjetivo como se hace en inglés (así pues, sería incorrecto decir “las discotecas gay”). Excepto en esto último, no parece que de momento los usuarios del castellano les estén haciendo mucho caso. Lo que es una pena, en mi opinión, pues creo que en general conviene naturalizar en la medida de lo posible los préstamos de otras lenguas, por lo menos los que sean de uso habitual, como es el caso de gay. Así se ha hecho con muchas otras palabras inglesas, como fútbol, jersey, líder, etc.

    Copio aquí la entrada gay del diccionario en cuestión:

    gay. Voz tomada del inglés gay, que significa, como adjetivo, ‘homosexual’ o ‘de (los) homosexuales’ y, como sustantivo masculino, ‘hombre homosexual’: «Cunanan ha sembrado el pánico en la comunidad gay norteamericana» (Caras [Chile] 21.7.97); «Lo difícil para mí no ha sido construir a un gay, lo difícil es interpretar al ser humano complejo que hay en David» (Tiempo [Col.] 7.4.97). Aunque entre los hispanohablantes está extendida la pronunciación inglesa [géi], en español se recomienda adecuar la pronunciación a la grafía y decir [gái]. Su plural debe ser gais (→ PLURAL, 1d), y no *gays: «Presidente de la Fundación Triángulo para la igualdad de gais y lesbianas» (País [Esp.] 20.9.97); «Un 22% ya no visita cuartos oscuros de los locales gais» (País [Esp.] 1.12.88). Se desaconseja su uso como adjetivo invariable, frecuente por influjo del inglés: *«Cuando iba a las discotecas gay se mezclaba con el público en general» (DAméricas [EE. UU.] 19.7.97).


  46. Fer: no tengo ni idea de quien era el tal economista Gay. Pero si te puedo decir que un amigo mío muy hetero vivía allí cuando estudiaba economía en la Universitat de València, y no veas el cachondeo que se llevaban con él.

    Por otro lado, los “almacenes Gay” eran los más importantes de la ciudad de Valencia antes de la llegada del Corte Inglés en 1970. Hoy ya no existen, pero fueron toda una institución. No sé si hoy, con un nombre así, podrían tener tanto éxito… Muchos le harían boicot.


  47. Nemo: Perdóname, pero no entendí tu pregunta. En cuanto a tu verdadera intención… te diré que no tengo ni idea. Como hay muy pocos sustantivos y adjetivos españoles terminados en i latina, no se me ocurre como podría ser el sustantivo abstracto de gay… Como en latín es gaius, gaia… pues a bote pronto me sale gayeza, pero suena raro, como mínimo.


  48. Es interesante el caso, porque la academia recomienda pronunciarlo del modo que lo pronuncian quienes dicen ‘gujenjein’. De todas formas, creo que la academia tiene la batalla perdida. Tendría más éxito proponiendo la escritura “guei”, lo mismo que ha hecho con “bluyín”, siguendo el ejemplo de “fútbol” y “líder”, que proponiendo un cambio en la pronunciación.

    En cuanto al apellido, es curioso pero leerlo “gai” no me suena raro, lo mismo que oírlo en catalán o a quienes suelen hablar catalán. Eugeni Gay podría ser el ponente de la sentencia sobre el recurso contra el matrimonio ídem. :-)


  49. Ibn Sina: ése es el problema, que los posibles sustantivos abstractos derivados de gay suenan muy raro, por no decir francamente mal. Afortunadamente, podemos usar el término homosexualidad (especificando masculina cuando sea necesario).

    zarevitz: ya ves, a veces el instinto popular acierta… En todo caso, supongo que si no se propone la grafía guei (o guey, como rey) es porque, al tratarse de una palabra que, en última instancia, proviene del latín gaius (como nos recuerda Ibn Sina), sería extraño que en una lengua derivada del latín como lo es el castellano adoptase esa forma antietimológica y bárbara… Es muy posible que, como dices, la Academia tenga la batalla perdida en este asunto; pero yo sospecho que si a los medios de comunicación (y especialmente a las televisiones) les diera por hacerle caso, no les llevaría mucho tiempo conseguir que casi todo el mundo cambiara su hábito de pronunciación. En cuanto a la grafía del plural, parece lógico escribir gay, gais igual que se escribe jersey, jerséis o espray, espráis, ¿no crees?


  50. A mí la palabra “gay” no me gusta. No solamente porque, por mucho que me guste el inglés, está mal incorporar palabras indiscriminadamente sino por las connotaciones de la palabra misma.

    Ya se ha comentado anteriormente lo que significa la palabra (alegre, lindo, etc.) Suena como si yo, por sar “gay” fuera un alegre hombrecito vestido con túnica blanca y corona de flores en la cabeza, corriendo descalzo por el campo y oliendo el dulce aroma de las flores… y yo no soy así. Que nadie lo tome como agresión; habrá quienes se identifiquen. Pero el hecho de que alguien tenga pluma (yo no la tengo pero no me mnolestaría tenerla) no significa ser así de vano y superficial como la palabra “gay” parece sugerirme.

    “homosexual” no es en sí mismo ofensiva. Pero perece ser la palabra utilizada cuando se debe ser “políticamente correcto”. Ya quisieran George Bush o el imbécil padrino de la Mafia Vaticana poder decir que “los putos” o “los maricones” somos esto o aquello. Pero no pueden hablar en esos términos. Tiene que usar “homosexual” para no quedar mal.

    Yo he decidido usar la palabra “puto” para definirme a mí mismo. Es un insulto, pero es más común aquí que “maricón”. Se lo escucha cada dos por tres. Y si yo uso una palabra insultante para definirme, ¿cómo puede alguien usarla para insultarme? El efecto se anula. Además, si “puto” es una masculinización de la palabra “puta”, entonces quiero que sepan que es una palabra que en su origen denotaba inteligencia y sabiduría (es una larga historia que luego les cuento si alguien quiere)

    Ibn Sina: “Faggot” es una palabra que hoy en día es el equivalente de “maricón” o “puto”, pero originalmente se usaba para referirse a un haz de ramas o pequeños troncos o tallos que se usaban para hacer fogatas. Hay dos pòsibles orígenes para el suo de esta palabra como sinónimo de “maricón”.

    El primero de ellos se remonta a la época en la que los ancestros de los amigos de Fanfatal quemaban homosexuales en la hoguera.
    La segunda posibilidad es que esta acepción tan negativa tenga su origen en las escuelas inglesas, donde a los niños más débiles o torpes se los enviaba a recoger justamente estos troncos y ramas para las fogatas. El término se popularizó en Estados Unidos, pero no es de uso común hoy en día en el Reino Unido como equivalente de “maricón”. En Estados Unidos, además, “faggot” ha derivado en “fag”. En el Reino Unido, sin embargo, “fag” es una palabra que se usa para referirse a cigarrillos; tal vez derivado de “faggot” y su finalidad de arder.

    Espero que haya servido la explicación. Un saludo.


  51. En cuanto a otra palabra insultante (más común en Latinoamérica), “puto”, es una masculinización de “puta”. ¿Qué significa “puta”. Pues bien, les explico lo que he leído.

    En la antigua Atenas, lo más común era que los hombres sopcializaran en fiestas, salieran, etc. Y como todos sabemos, la homosexualidad era generalizada. En este contexto, las mujeres careciían casi totalmente de derechois y libertades. Confinadas a las tareas domésticas, sobre todo a la cocina, las mujeres atenienses vivína una vida desdichada.

    En un momento llegaron de Mileto un grupo de mujeres para entretener a los hombres atenienses, pasar tiempo con ellos, socializar, etc. A diferencia de las incultas (más que todo por la fata de educación a la que estaban sometidas), las mujeres de Mileto eran cultas, inteligentes y podían hablar de religión, política y otros temas interesantes, además de ser muy atractivas. Estas mujeres eran conocidas como “Budza” que diognifica “inteligente” o “culta”.

    Estas desigualdades entre las recién llegadas y las amas de casa atenienses, y la indiferencia con las que los hombres atenienses trataban a sus esposas, produjeron en las mujeres de Atenas un gran resentimiento hacia las recién llegadas. Fué así como las mujeres atenienses comenzaron a deformar la palabra “Budza” y comenzaron a llamar “Pudza” a estas cultas mujeres. El termino siguió deformándose hasta convertirse en “puta”. Y de allí deriva “Puto”.

    Así que recuerden que ese pretendido insulto tuvo alguna vez un significado positivo que denota sabiduría e inteligendica tan grandes como la de nuestro Sabio Jack Twist de la Taberna del Mar :)

    Esto es algo más o menos (mal) resumido por mí. Pueden leer la historia completa aquí


  52. Vaya, nunca me había planteado que gay y homosexual no fuesen sinónimos…

    A mí no me convence gay por ser un término “importado”, pero menos aún me convence el intento de castellanizarlo pronunciando o escribiendo “gai”, que suena cursi y marciano.

    Pero también es cierto que homosexual tiene un toque de libro de ciencias que no resulta demasiado natural.

    Está visto: tenemos que inventar otra palabra!

    En cuanto a lo de straight, los que escribimos con la mano izquierda tenemos muy presente ese ejemplo: la “diestra” (habilidad, rectitud) y la “siniestra” (desviación, maldad). El propio vocablo “zurdo” es de origen despectivo… Pero creo que cuando no hay discriminación real, el origen del término queda como una anécdota histórica (y graciosa por lo absurdo) que a mí, personalmente, no me molesta. Ojalá la discriminación gay quede también algún día “fosilizada” en el lenguaje y pase a la historia…


  53. Martín: Es curioso lo que dices, porque en Argentina (no sé si en el resto de Latinoamérica también) seguramente usáis más la palabra “puto” como sustantivo para referirse a los gais. Aquí en España, sin embargo, “puta” se usa mucho (es casi la única palabra para referirse a las que ejercen tal profesión en lenguaje vulgar), pero “puto” apenas se usa nada más que como forma masculina del adjetivo para mostrar desagrado o menosprecio hacia aquello de lo que se está hablando. Ej. “No tengo un puto duro” (por cierto, que raras quedan ya las frases con “peseta” y “duro”), o “Nos echaron a la puta calle”. Por supuesto, dentro de este uso cabría la expresión “puto maricón”, pero en España “puto” en el sentido de gay no se usa, ni siquiera para referirse a los chicos que ejercen la prostitución, que son “chaperos”.

    Me encanta ver las diferencias entre las distintas modalidades de español. Un saludo.


  54. Martín: que en inglés la palabra gay significase originariamente -y continúe significando, aunque en este sentido se use ya poco- ‘alegre’ no tiene por qué implicar esas connotaciones de vanidad, superficialidad o escasa virilidad que ves en ella. Me temo que miras esta palabra con los ojos de un prejuicio negativo: para mí, en cambio, ‘alegre’ y ‘alegría’ son de los conceptos más bellos que existen en el lenguaje humano.

    El término gay se lo apropiaron los activistas pro derechos LGTB en un contexto en que la visión de la homosexualidad como patología mental se imponía de manera general en las sociedades occidentales, lo que sometía a las personas homosexuales a un horizonte de terapias ineficaces y peligrosas supuestamente encaminadas a obtener su curación. Para escapar de esta situación, que cada vez más personas sentían como insoportablemente opresiva, la respuesta de los activistas de finales de los años 1960 y principios de la década siguiente fue que aquellos homosexuales que estaban contentos y felices (esto es, gay) de serlo no necesitaban terapia alguna, pues no padecían ninguna patología. Con este simple razonamiento lograron desmontar el poderoso entramado de mentiras y turbios intereses que los aplastaba e iniciaron las conquistas del movimiento LGTB de finales del siglo XX.

    Para mí está claro que tanto la creación (por Kertbeny) y posterior popularización de los términos homosexual y heterosexual como la apropiación y difusión del término gay a partir de finales de la década de 1960 son conquistas muy importantes del movimiento LGTB, verdaderas victorias en la lucha por ese “poder transformador del lenguaje” al que con acierto aludía Flick en un comentario anterior. No creo, pues, que tengamos que abjurar de ninguno de estos términos, todo lo contrario: debemos ser conscientes del enorme valor que tienen para nosotros.


  55. Efectivamente. Todo esto quedará en nada cuando sea tan poco irrelevante para la mayoría de la gente ser homosexual como pelirrojo, zurdo o, incluso, filólogo.
    De hecho, comienza ya a ser así para los homosexuales que (sin proclamarlo ni ocultarlo) llevan su vida y ejercen sus derechos corrientemente, con firmeza y sin aspavientos. Son el grupo creciente y, como no podía ser menos, es plural en todo, incluida la ideología.


  56. Hmmm, Moncho, lo de sin proclamarlo ni ocultarlo me resulta difícil. Y no solo para mí, sino también para Eribon. Un heterosexual ni proclama ni oculta que es heterosexual porque no tiene la necesidad de hacer ninguna de las dos cosas. Un homosexual tiene, o puede tener, la necesidad de hacer las dos … asi que esa “normalidad” todavía no ha llegado …


  57. No estoy seguro de que este Moncho descafeinado y algodonoso me guste, casi prefiero al troll de siempre.


  58. En efecto, Odysseus, el arraigo del heterosexismo en nuestra sociedad implica, como sabemos, la expectativa de que todo el mundo, en principio, es heterosexual, lo cual nos sitúa a todos los que no lo somos en el armario (sea éste más o menos transparente) mientras no rompamos dicha expectativa. Y para romperla es necesario, si no proclamar nuestra verdadera orientación afectivosexual, sí al menos declararla con los hechos, las palabras o algún otro símbolo.


  59. Una puntualización sólo. Moncho, querrás decir “poco relevante”, no? ;)


  60. nemo: “En todo caso, supongo que si no se propone la grafía guei (o guey, como rey) es porque, al tratarse de una palabra que, en última instancia, proviene del latín gaius (como nos recuerda Ibn Sina), sería extraño que en una lengua derivada del latín como lo es el castellano adoptase esa forma antietimológica y bárbara…

    Al castellano llega del inglés. ¿Tenéis alguna fuente que apunte que al inglés llegó del latín? En el Wikicionario dicen que quizá venga del latín “gaudium”, pero es el único sitio (en 10 min. de búsqueda online, vale) donde he encontrado algo así. En Merriam-Webster dicen: “Etymology: Middle English, from Anglo-French gai, of Germanic origin; akin to Old High German g?hi quick, sudden”.

    Quizá al “Germanic origin” llegó del latín, o a latín de ese “Germanic origin”. No tengo ni idea.

    Es muy posible que, como dices, la Academia tenga la batalla perdida en este asunto; pero yo sospecho que si a los medios de comunicación (y especialmente a las televisiones) les diera por hacerle caso, no les llevaría mucho tiempo conseguir que casi todo el mundo cambiara su hábito de pronunciación.

    Seguramente, pero entonces lo que tiene que hacer la Academia es convencer a las teles, y no sé si están por la labor de dejarse convencer.

    En cuanto a la grafía del plural, parece lógico escribir gay, gais igual que se escribe jersey, jerséis o espray, espráis, ¿no crees?

    Si lo pronuncias ‘gai’, entiendo que el plural lo escribas ‘gais’. Pero si lo pronuncias ‘guei’, como en inglés, como creo que hace casi todo el mundo, a mí me suena mejor escribir el plural también en inglés: gays. Escribir “gais” y pronunciar “gueis” se me haría rarísimo.


  61. Veamos, zarevitz. Gay llega al castellano (que, por cierto, ya tenía la palabra gayo desde la Edad Media) desde el inglés. Al inglés llegó desde el francés (o, por ser más escrupulosos, desde la lengua de oíl): el Anglo-French del Merriam-Webster no es sino una forma de denominar el dialecto romance propio del norte de Francia que trasplantaron a Inglaterra los conquistadores normandos. Bien: y al francés, ¿de dónde llega? Pues hay diversas teorías, así que he consultado la obra del gran romanista Joan Coromines (o Corominas), autor tanto del Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico como del Diccionari etimològic i complementari de la llengua catalana, dos obras monumentales y consideradas como aportaciones de primer orden a los estudios romanísticos.

    Coromines, en la segunda de las obras citadas, analiza el problema a lo largo de varias páginas, descarta una por una las diversas etimologías propuestas para el término francés que lo hacían derivar de una lengua germánica (su argumentación es demasiado extensa para reproducirla aquí) y considera que el hecho de que en francés lleve g- inicial (cuando en principio debería corresponderle j-), junto con el hecho de que apareciese primero en occitano y luego en lengua de oíl, “nos lleva forzosamente a la conclusión segurísima de que en langue d’oïl gai es un occitanismo.” Lo que no debe sorprendernos, añade, teniendo en cuenta la importancia del término gai en el lenguaje de los trobadores occitanos y la gran influencia que éstos ejercieron en el norte de Francia (y en el resto de territorios de lengua romance de Europa occidental).

    Bien: y al occitano, entonces, ¿de qué lengua llega? Pues para Coromines, del latín, sin duda. Sólo que él -a diferencia de otros autores- no cree que provenga de Gaius (que no era adjetivo sino nombre propio) sino de gaudium (nombre común que significaba ‘gozo’). Gai, en occitano, habría pasado de ser nombre común (significando, como en latín, ‘gozo’) a ser adjetivo (significando ‘gozoso’, y de ahí ‘alegre’). Este último significado fue el que se transmitió luego al francés (o a la lengua de oíl), y de éste al inglés, para regresar en pelno siglo XX a las lenguas romances con el sentido de ‘homosexual’.


  62. (Vaya, zarevitz, antes te he puesto el nick en cursiva en lugar de en negrita, disculpa).


  63. Gracias, Nemo, por tu respuesta. Y me olvidaba de felicitarte por el artículo, así que ahí va: Felicitaciones por el artículo :-D

    De ahora en más, si me olvido de elogiarte, quiero que lo tomes como una felicitación tácita, ¿de acuerdo? :-D


  64. Gracias a ti, Martin, por tus comentarios. Y los elogios y felicitaciones, por supuesto, no son obligatorios: se agradecen de corazón, naturalmente, pero también se agradecen, y mucho, el mero hecho de leer la columna o el de dejar algún comentario debajo de ésta. Así que no te preocupes por el tema de los elogios, hombre, que sólo con que participes en estos debates a mí ya me tienes contento :)


  65. metabolic: efectivamente, quería decir “poco relevante”. Gracias.
    En cuanto lo que alguno dice de que los héteros no necesitan proclamarlo continuamente porque el ambiente general ya lo es, la experiencia nos muestra que muchos héteros lo están proclamando, a pesar de todo, cada dos por tres: “qué buena está esa tía”,etc, en tanto que otros no hacen nunca alarde del asunto, sea por pudor o porque les molesta esos alardes.
    En contrapartida, se da el caso de aquellos homosexuales que en contextos favorables (un club o una discoteca de Chueca, p.e.) sienten la necesidad de “provocar” con plumerío, grititos, vestimenta “fashion”, etc, y no creo que sea para “normalizar” a los presentes, ya que también son homos. Otros muchos se comportan en esos ambientes con la misma naturalidad que en el trabajo o sus familias.
    O sea que en el seno de los dos grupos (héteros y homos) se dan comportamientos, básicamente parecidos. Una vez que las leyes de igualdad de derechos se vayan asentando, las chispas ocasionales que surjan serán más consecuencia de la dialéctica mayoría(héteros)- minoría (homos) que de cualquier otra consideración.


  66. Gracias por la historia sobre la palabra puta-puto, muy interesante ;)


  67. Martín Caballero: Gracias por la historia sobre la palabra puta-puto, muy interesante ;)


  68. Pues sí, Jack, la historia sobre la palabra puta a la que enlaza Martín es muy interesante y bonita… aunque me temo que pertenece más al dominio de la ficción literaria (su autor, Julio César Londoño, es “crítico literario, biógrafo y cuentista?, según leemos en el propio enlace) que al de la filología. Según los diccionarios etimológicos, puta, palabra ampliamente extendida en las lenguas romances occidentales (con las variantes puttana en italiano y putain en francés), puede tener dos orígenes, ambos en la lengua latina: uno es de sentido neutro, PUTUS -A ‘muchacho -a’ (derivado de PUER, mismo significado, y relacionado con el italiano putto –a, que mantiene el sentido de la palabra latina). El otro origen posible del vocablo romance ‘puta’ es claramente peyorativo: PUTIDA, ‘maloliente’, del verbo PUTERE ‘oler mal’ (según esto se relacionaria con el verbo catalán pudir: “Això put?, ‘Eso huele mal’; además en francés antiguo existía la palabra put –e, ‘sucio –a’). En cualquier caso, me temo que la conexión con el verbo latino PUTARE (‘podar’ o ‘pensar’), y por lo tanto con la sabiduría, no aparece en los diccionarios por ningún lado.











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