Al homófobo cotidiano

h1 Escrito el 17-05-2008 por dosmanzanas

Cartas al homofobo/a

Querido amigo,

En un día como hoy tengo que dirigirte unas palabras. Sé que muchos escribirán a los que agreden, martirizan, rechazan… Pero yo quiero acordarme de ti, homófobo cotidiano. Eres ese al que apenas tratamos pero que vemos en el grupo de amigos con frecuencia; eres el pariente lejano que sólo vemos en las reuniones familiares, o el compañero de trabajo: puede que incluso seas el jefe. Pero también eres ese desconocido que escuchamos a un metro de distancia en la cola del cine, en el autobús, en el bar… Sí, eres muchos a la vez, casi tantos como heterosexuales, porque casi todo heterosexual lleva la homofobia dentro.

Tu especialidad son los comentarios dichos en confianza, los chascarrillos, las bromas. Unos días le pedirás a alguien que no te venga con mariconadas, o que no sea maricón. Otros habrá chistes sobre darse la espalda y tapones de corcho, o sobre si alguien o algo es demasiado gay. Y si sale en la conversación algún personaje público homosexual, entonces será todo un filón a explotar y todos se reirán del retrato esperpéntico e irreal que habrás dibujado de nosotros.

Tu homofobia es variable, como mi miedo. Si tengo que hablarte, muchas veces haré ingeniería lingüística para no mencionar directamente a mi novio: le niego tantas veces que en cualquier momento me parece que voy a escuchar cantar un gallo como San Pedro. Pero fobia es miedo y esto me obliga a escribir también mi nombre en el sobre de esta carta: yo también soy homófobo. Hay muchos como yo, casi tantos como homosexuales, porque casi todo homosexual lleva el miedo dentro.

Tú no eres demasiado homófobo, ya lo sé. Lo tuyo es más de andar por casa: no tienes mala intención, quizá ni siquiera tengas opinión sobre los gays y hables sólo por hacer la gracia. Pero me invade la tristeza al ver que todo comentario sobre los gays es negativo, y la tensión de no saber con qué me sorprenderás hoy en el trabajo me desgasta igual que una diminuta llave va rallando, lenta pero implacable, la poderosa carrocería de un coche.

Te sufrimos más los gays que o no tenemos pluma o la mantenemos a raya, porque así, cuando estamos reunidos, te sueltas la melena. Me molesta muchísimo que asumas que nunca hay un gay delante: creerás que si lo hubiera ya habrían sonado las campanas y se habría visto de lejos el reguero de aceite y maquillaje. Pero si un día como hoy nos pusiéramos todos de acuerdo y desmontáramos los armarios, incluidos los cómodos armarios silenciosos (esos del “yo no tengo ningún problema con ser gay pero no tengo porqué dar explicaciones a nadie de mi vida”), menuda sorpresa te ibas a llevar, amigo. Probablemente pensarías “hay que ver, estos maricones están en todas partes”; pero por primera vez te cuidarías al fin de decirlo.

Siempre tuyo,

Al


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4 comentarios en “Al homófobo cotidiano”

  1. Autocrítica y honesta, sin artificios ni disfraces, me gusta.


  2. La mejor carta..

    La gente no es homofoba por que si, en general pasan, hacen bromas o chistes con mariquitas como los hacen con negros o con rubias tontas o con gangosos…(y eso no significa que sean rubiasofobos o racistas)eso es todo, ya esta bien de ver enemigos en todas partes…

    La mayoria de la gente no se come el coco tanto


  3. Es una homofobia de ‘baja’ intensidad, que quizá no provoque actos violentos (aunque los abone), pero que en todo caso invade todo el aire hasta hacerlo irrespirable y opresivo.

    La homofobia no es algo tan específico; comparte mecanismos con la violencia de extrema intensidad (como explicó aquí nemo respecto del Holocausto), y también con violencias como las del terrorismo de ‘baja’ intensidad y filo-terrorismo: te miran mal, te desprecian, te insultan, da igual que seas joven o mayor o que te ’signifiques’ más o menos, y de vez en cuando hay una agresión física (eso de la ‘baja’ intensidad), te terminan echando del pueblo o, cuando a alguno de ’sus chavales’ se les ‘va la mano’, acabas directamente asesinado.

    Y pese a que sea cierto que habrá que convivir con ellos, que a la larga hacer la paz con ellos, limitándonos a no sufrir agresiones pero dejándoles que defiendan sus ideas por vías pacíficas, solamente recordarlo hace que se te abran las carnes y te den ganas de llorar. Y quienes resisten a esa presión y se significan públicamente, con toda la exuberancia que es capaz de ofender a los otros, diciendo palabras que les molestas, llevando colores que les enfurecen, esos que no se callan son nuestros verdaderos héroes.


  4. Al, los rayazos mientras sean en la chapa se pueden soportar, pero no dejemos que nos llegue al motor que es nuestro corazón.









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