Sexy ciber

h1 Escrito el 12-10-2008 por Raul Portero

el grito en el cielo

Internet ha cambiado los hábitos de determinadas personas. Yo me incluyo entre ellas. Compramos, leemos el periódico, mantenemos el contacto con nuestros amigos, conocemos gente a través de la red. Es sumamente cómodo. En muchos casos, incluso, ayuda a profundizar alguna que otra relación: decir las cosas por escrito siempre ha sido más sencillo que plantarse delante de una persona con la intención de soltarle un discurso que nos suena, a veces, ridículo. A través de un e-mail o de una ventana de Messenger es más sencillo pedir disculpas, arrepentirse, insultar o incluso, declararse a alguien.

Por si fuera poco, yo puedo decir que estoy enganchado a internet. La √ļnica manera que tengo de no estar conectado, de no mirar mi correo electr√≥nico compulsivamente, de no liarme a hablar con amigos y conocidos por el messenger cuando deber√≠a estar escribiendo, la √ļnica manera, digo, de no entrar en Amazon y dejarme un dineral en pel√≠culas independientes, o de mirar las colecciones de los dise√Īadores en Cibeles, o de enterarme de esa noticia tan tonta pero que en ese momento te parece de una necesidad tal que no podr√°s irte a dormir sin saber qu√© es exactamente lo que explica el titular, la √ļnica manera de que no me pase cinco horas frente al ordenador en las que no he hecho absolutamente nada salvo navegar por internet sin rumbo, es estar apartado de uno. O estar en casa de alguien que no tenga internet. Y cuando estoy m√°s de tres horas sin mirar mi bandeja de correo, que sigue vac√≠a a excepci√≥n de un mensaje nuevo que te llega de publicidad (decepci√≥n may√ļscula, porque mira que hace ilusi√≥n abrir el mail y encontrar el mensaje de ‚Äútienes un e-mail‚Ä?) o sin saber que si este o aqu√©l actor se ha liado con aqu√©l otro, pienso que me estoy perdiendo algo, que no formo parte de algo, que por unos momentos me he quedado al margen de la sociedad. Dependo totalmente de internet como, a la larga, hemos acabado dependiendo del tel√©fono m√≥vil. Cuando nos damos cuenta de que hemos salido de casa sin √©l, el mundo se nos echa encima porque, de repente, vamos a recibir un aluvi√≥n de llamadas, todo el mundo te escribir√° mensajes, te llamar√°n de ese trabajo que tanto quieres o el chico o chica que te gusta, y cuando llegas y desbloqueas la pantalla te das cuenta de que no tienes ni una triste perdida, ni un mensaje, que no te han llamado del trabajo y que el chico o chica que te gusta sigue pasando ol√≠mpicamente de ti.

A mi bandeja de correo electr√≥nico me suele llegar, con relativa frecuencia, una invitaci√≥n a una p√°gina para saber qui√©n me ha eliminado del Messenger. A m√≠ es un asunto que ni me va ni me viene: comprendo que no puedo ser del agrado de todo el mundo, y si alguien me elimina de su libreta de contactos, habr√° sido por alg√ļn motivo. Puede que el inter√©s haya ido perdi√©ndose con el tiempo, que hayamos ca√≠do el alg√ļn equ√≠voco -internet es tambi√©n una buena plataforma para los malentendidos-, o sencillamente que hayamos decido hacer borr√≥n y cuenta nueva. El caso es que en la mayor√≠a de ocasiones no nos tomamos la molestia de escribir a esa determinada persona y decirle, sencillamente, que no queremos saber nada m√°s.

Esta facilidad de comunicación es una afilada arma de doble filo: también nos ha hecho unas personas impacientes, e incluso, crueles. Ahora no hay que esperar a conocer a alguien a fondo para saber si nos gusta o no. Nos hemos convertido en productos, al fin y al cabo. Y en más de una ocasión, tratamos a las personas como meros envases en la estantería del Carrefour: los cogemos, los examinamos y los abandonamos de nuevo sin dar explicación.

Al fin y al cabo, comunicarse a través de la pantalla del ordenador hace que en ocasiones olvidemos que al otro lado de la webcam, del teclado, hay una persona, alguien que puede que haya estado esperándonos, o que haya se hecho determinadas expectativas, incluso puede que nos considere un buen amigo o un confidente. Agregamos, admitimos, bloqueamos y desbloqueamos a personas como quien enciende y apaga la luz o selecciona las canciones del iPod: con una total indiferencia hacia los demás.

Yo lo he hecho, y como yo, mucha gente m√°s; la diferencia es que no nos importa la otra persona a la que sacamos de repente de nuestras vidas, pero solemos sentirnos heridos cuando nos lo hacen a nosotros.

Ahora podemos con mucha gente pero nos decimos m√°s bien poco ‚Äďtenemos muchas m√°s v√≠as comunicaci√≥n, y quiz√° ese exceso repercute en una falta de costumbre a la hora de ‚Äúcomunicar‚Ä? algo-, nos une a personas a la que por otros medios no habr√≠amos conocido, pero tambi√©n nos ha vuelto m√°s extremistas e hip√≥critas; por eso, como bien recomienda Lucia Etxebarria en uno de sus libros (‚ÄúLa Eva futura/La letra futura‚Ä?) de vez en cuando va bien hacer una limpieza e irse lejos, o quedarse cerca, pero irse a alguna parte sin internet, tel√©fono y medios de comunicaci√≥n ni contacto con el mundo.


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4 comentarios en “Sexy ciber”

  1. ¡Qué exacto lo que dices, qué lucidez! Hasta llegar hasta ser doloroso. Pero parece que no dudas de la amistad de las personas con quien vas intercambiando en Internet. Lo siento, pero esto, no puede estar de acuerdo contigo: las relaciones van basadas sobre la superficialidad, cierta pobreza intelectual junta con pereza generalizada, no aburrirse en compromisos que podrian convertirse en estar atado contra su voluntad. Y te quedas soltero.


  2. Cuanta razón tienes.
    Tambi√©n es cierto que en Internet hay muchos “plomazos con serias carencias relacionales” (y a menudo problemas mentales). Me gusta pensar que cuando elimino o bloqueo a alguien son esos individuos.
    Esa facilidad de conocer a gente (aunque como dec√≠s sea de manera superficial) permite que conozcamos a “mucha” gente. A tanta gente que a veces el limitado tiempo que tenemos no da para tanto.
    Entonces es cuando un t√≠o al que dijiste “a ver si quedamos un d√≠a de estos” te vuelve a encontrar conectado al cabo de meses y te llama impresentable por no haber vuelto a dar se√Īales de vida en meses. Y t√ļ piensas que este es un hombre normal y hasta interesante pero que no has tenido tiempo de quedar con √©l. Y te sientes fatal m√°s por √©l que por ti mismo o por lo que te has perdido.

    Ahora sí que es altamente necesario desconectarse de Internet y del telefonito-incordio. Cuando subo al Valle de los Lobos apago el aparatito y me olvido de La Red para disfrutar del mundo. Empiezo a aprender a hacerlo incluso en la ciudad cuando estoy con mis amigos, cuando me apetece pasar la tarde leyendo, escribiendo o disfrutando de gente real.
    A veces creo que en el futuro aprenderemos a dejar los telefonitos en casa y a encender los ordenadores sólo de vez en cuando para volver a disfrutar de la gente, de los espacios temporales vacíos. Ahora sólo es la fiebre de la novedad de un juguete tremendamente bonito.

    Excelente art√≠culo, s√≠ se√Īor.


  3. Aceptar, admitir, agregar, tienes 3 amigos conectados, ha sido usted bloqueado, …

    qué frío todo, pero qué efectivo

    en la vida real todo cuesta muuuuuuucho m√°s

    un gustazo leerte


  4. Recuerdo perfectamente la primera vez que me conecté. Lo ciderto es que también soy adicto a internet pero sé hasta dónde puedo llegar. Me pasé un mes y pico sin conexión y me moría, porque cada dos por tres chequeo cosas en la red. Cosas sobre pelis que estoy viendo, libros que estoy leyendo, noticias que estoy oyendo. Sobre cualquier tipo de evento que surga en mi vida.
    Una amiga escritora me dice que cuando se pone a escribir abre una sesión en la que no tiene internet ni nada, sólo el procesardor de textos de turno.
    Yo no puedo porque todo el rato estoy comprobando que escribo bien algo, que la referencia que incluyo es correcta o que no voy errado. Y si estoy escribiendo en el blog, ya ni te cuento, porque me encantan los hiperenlaces.
    Sin embargo, me gustaría tener un diccionario y una enciclopedia en papel para buscar, al modo tradicional, mis dudas momentáneas.











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