Los judíos de Cuba

h1 Escrito el 21-10-2008 por Nemo

Entendámonos“En uno de los viajes que Raúl Castro realizó a Bulgaria encontró que allí las calles estaban muy ‘limpias’, que no había elementos ‘antisociales’, y preguntó cómo se había resuelto el problema, sobre todo el problema de los homosexuales, que le inquietaba particularmente a él. Le contestaron: ‘Tenemos un campo en donde metemos a esos antisociales, sobre todo a los homosexuales que a ustedes les preocupan tanto.’ Así se implantaron campos semejantes en Cuba.” Con estas palabras explica Heberto Padilla, escritor cubano en el exilio desde 1979, el origen de los campos de trabajos forzados de la Cuba revolucionaria denominados UMAP (Unidades Militares de Apoyo a la Producción), en la película documental de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Conducta impropia. Con independencia de que la anécdota sea más o menos verídica, el hecho es que las UMAP, un verdadero gulag caribeño para homosexuales y otros antisociales, existieron realmente en la segunda mitad de la década de 1960. Así pues, esa pesadilla que reproducía, al otro lado del planeta, la del estalinismo en la URSS se inició mucho después de la muerte de Stalin y de la posterior denuncia pública de muchos de los horrores perpetrados por su régimen a cargo de las mismas autoridades que le sucedieron. Si, como vimos en la reciente columna “Retorno de la URSS”, fue Stalin el responsable del cambio de actitud hacia la homosexualidad del régimen soviético (que pasó de la despenalización en 1917, mantenida en el Código penal de 1922, a la repenalización en 1933), ¿cómo explicar que su influencia llegase hasta el Caribe más de una década después de la muerte del dictador, cuando además su figura se hallaba ya claramente en entredicho?

El hecho es que la desestalinización de la URSS nunca llegó a implicar el retorno, para los gais y las lesbianas de aquel país, a la situación previa a 1933: la consideración de la homosexualidad como delito siguió vigente hasta el final mismo, a principios de la década de 1990, del régimen nacido de la revolución bolchevique. Resulta pues razonable ver, como hace Heberto Padilla, la influencia del bloque soviético –muy intensa en la Cuba castrista durante décadas– detrás de la política posrevolucionaria cubana de severa persecución contra los homosexuales. Pero esto nos plantea un nuevo problema: el de por qué se mantuvo en este aspecto precisamente la política de Stalin en plena etapa de desestalinización, e incluso se llegó a exportar al otro extremo del mundo.

Una respuesta a esta última pregunta puede venir dada por el influjo en las autoridades comunistas tanto soviéticas como cubanas de la herencia sociocultural de ambos territorios, donde la tradición cristiana –ortodoxa o católica– determinaba, junto con un inveterado machismo, la presencia y el fuerte arraigo en la sociedad de actitudes crudamente homofóbicas. Sin embargo, si tanto la revolución bolchevique como la cubana se presentaban como movimientos rupturistas decididos a construir una nueva sociedad sobre la base de una ideología supuestamente racionalista e igualitarista, ¿por qué habían de mantener y actualizar superficialmente esos viejos prejuicios, en lugar de combatirlos?

Para intentar resolver esta paradoja puede aducirse que la misma base ideológica de los regímenes comunistas, esto es, el marxismo –el marxismo tal como lo interpretaban dichos regímenes, claro está– contenía elementos que favorecían la homofobia y la intolerancia hacia los disidentes sexuales. Hay que reconocer que en este paradigma ideológico, los derechos y libertades individuales se hallan siempre completamente supeditados a un supuesto bien común de la sociedad que es definido por el poder del Estado sin verdadera participación de los ciudadanos, con lo cual resulta fácil para dicho poder justificar la persecución de los homosexuales, alegando simplemente que la difusión de la homosexualidad es algo indeseable para ese pretendido bien común. Así lo hicieron, de hecho, los diversos regímenes comunistas, que presentaron la homosexualidad como una muestra de degeneración típicamente burguesa y capitalista ajena a la saludable clase del proletariado, y a partir de ahí la identificaron directamente con la contrarrevolución e incluso con el fascismo: “Exterminad a los homosexuales, y el fascismo desaparecerá”?, llegó a escribir el escritor soviético –fundador del realismo socialista, tan del agrado de Stalin– Maksim Gorki.

Pero por otro lado, apenas se encuentran alusiones a la homosexualidad en los textos teóricos centrales de dicha ideología. Tan sólo en el ensayo El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, del estrecho colaborador de Marx –y coautor con él del Manifiesto comunista– Friedrich Engels, hallamos esta referencia a los griegos de la antigüedad: “Éstos, que se hubieran ruborizado de mostrar el más pequeño amor a sus mujeres, se recreaban con la hetairas [prostitutas] en toda clase de galanterías; pero el envilecimiento de las mujeres se vengó en los hombres y los envileció a su vez, llevándoles hasta las repugnantes prácticas de la pederastia y a deshonrar a sus dioses y a sí mismos con el mito de Ganímedes”. También nos es conocida una carta dirigida por Engels a Marx en la que, a raíz del activismo uranista del pionero de la lucha por los derechos LGTB Karl Heinrich Ulrichs, Engels comenta lo siguiente en referencia a quienes él mismo denomina “los pederastas”: “No se les puede escapar la victoria. Guerre aux cons, paix aux trous-du-cul [‘guerra a los coños, paz a los agujeros del culo’] se dirá de ahora en adelante. Nosotros podemos considerarnos afortunados de ser demasiado viejos para temer haber de pagar personalmente un tributo carnal a la victoria de ese partido. ¡Pero las jóvenes generaciones…! Dicho sea de paso, tan sólo en Alemania podría un tipo como éste manifestarse en público, transformar la cochinada en teoría e invitar: Introite [‘entrad’].” Con o sin carga de sarcasmo, en ambos fragmentos reconocemos hoy con facilidad el rancio aroma de un moralismo heterosexista y una homofobia tan elemental como firmemente enraizada.

Estos factores –es decir, la pervivencia en la sociedad posrevolucionaria, y en los propios dirigentes de la revolución, de prejuicios homofóbicos tradicionales, y la existencia en el discurso teórico del poder comunista de elementos contrarios a la libertad individual y favorecedores de la homofobia– pueden contribuir a explicar por qué la penalización y la persecución de la homosexualidad se mantuvieron en la URSS tras la muerte de Stalin y se propagaron además a la Cuba de Castro. Heberto Padilla, por su parte, aporta en Conducta impropia otro elemento de interés: “Una vez Sartre nos decía que como en Cuba no había judíos, pues había homosexuales: ‘À Cuba il n’y a pas de juifs mais il y a des homosexuels’. El estado totalitario siempre encuentra algún tipo de antagonismo con alguna zona de la sociedad. El homosexual, yo pienso (…), es un hombre que siempre cuestiona el medio en que vive.” Podemos interpretar, a partir de este fragmento, que los regímenes comunistas se cebaron en los homosexuales no sólo por ser éstos inherentemente inconformistas (y, por lo tanto, elementos antisociales para el poder) sino porque el totalitarismo suele encontrar conveniente estigmatizar y perseguir con saña a una minoría determinada, de modo que ésta sirva al resto de los miembros de la sociedad como chivo expiatorio de todos los males que la aquejan y como ejemplo admonitorio de lo implacables que pueden ser sus autoridades con todo aquél en quien vean un enemigo –o, simplemente, un sujeto no lo bastante sumiso–.

En la Cuba actual, las cosas han cambiado mucho. La presión internacional –por parte, entre otros, de los movimientos de liberación gay que surgieron en Occidente a finales de los años 70 y principios de los 80, y que solían identificarse abiertamente con la izquierda, y también de intelectuales izquierdistas como el propio Jean-Paul Sartre– logró el cierre de los campos de la UMAP en 1968, y la despenalización formal de la homosexualidad en 1979. Se mantuvo, sin embargo, la figura del “escándalo público”, y se usó para seguir arrestando a gais. A principios de los años 1990 se suavizó de nuevo la actitud del castrismo en la cuestión LGTB, y el propio Fidel Castro declaró en 1992 que la homosexualidad era “una tendencia humana natural que simplemente debe ser respetada”. Jamás se ha disculpado, sin embargo, por haber perseguido brutalmente a los cubanos homosexuales en las décadas anteriores, y en la Cuba de hoy las asociaciones y publicaciones LGTB siguen prohibidas. ¿Podemos esperar que, con el inevitable ocaso de la dictadura de los Castro, llegue por fin la plena libertad para los gais y las lesbianas de Cuba?

Nemo

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7 comentarios en “Los judíos de Cuba”

  1. http://negracubana.nireblog.com/


  2. Las asociaciones gays están prohibidas como lo están el resto de asociaciones…


  3. Desde esta orilla puedo contar que cada vez que representantes cubanos acuden a algún encuentro internacional, por ejemplo la cumbre latinoamericana alternativa celebrada en Madrid a la par que la oficial, se encuentran a dirigentes de izquierdas que le critican su actitud hacia la libertad sexual y a otras. Esto ha hecho cambiar al gobierno de la isla.

    Si buscamos un ejemplo paralelo nos encontraríamos con Honduras, donde la primera asociación LGBT que pidió ser legalizada se topó con las iglesias católica y evangélica totalmente histéricas pidiendo al gobierno que no fuesen legalizados. Estas iglesias no habían abierto la boca para denunciar los asesinatos de transexuales, lesbianas y gais por parte de escuadrones de la muerte que quedan impunes. El Partido Nacional de Honduras no se atrevió a prohibirlos pero sí reformó la Constitución para prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo.

    Ahora intentad encontrar las declaraciones de miembros del PP denunciando la impunidad de los asesinos y pidiendo igualdad legal en Honduras en las reuniones de la Unión Internacional Demócrata, de la que ambos partidos son miembros.


  4. Gracias por el enlace, Ave, parece muy interesante el blog.

    Pereza: así es, por supuesto. Pero eso precisamente plantea el problema de hasta qué punto pueden los homosexuales de Cuba esperar ver reconocidos todos sus derechos y libertades bajo un régimen que no reconoce a quienes están sujetos a él unos derechos y libertades civiles tan elementales como son los de reunión, asociación o expresión.


  5. Dr. Turbio: pensando justamente en la difícil situación de los gais y las lesbianas en los países del entorno de Cuba he planteado el final del texto como un interrogante. Sería muy injusto que la llegada de la democracia liberal a Cuba supusiese un retroceso en la situación legal o social de la minoría homosexual… pero, por desgracia, no me parece que ello sea del todo imposible.

    También fue muy injusto y muy triste que, tras la brutal persecución de los gais por el nazismo, la liberación de Europa del poder hitleriano no supusiese el reconocimiento de plenos derechos a los homosexuales, sino que se mantuviesen, sin cambiar siquiera una coma, las leyes homofóbicas de Hitler y de sus cómplices -como las de Pétain en Francia- e incluso se llegase a la vergüenza de volver a encerrar, por el mismo delito de homosexualidad por el que habían sido condenados por el Tercer Reich, a algunos hombres del triángulo rosa, es decir, a gais supervivientes de los campos de concentración nazis. Hoy todo esto nos resulta difícil de creer, pero sucedió en Europa hace pocas décadas, y bajo el mismo sistema político que tenemos en la actualidad. Esperemos en cambio que, para los cubanos LGTB, con el fin de la dictadura llegue verdaderamente la libertad.


  6. Cuba = Carcel

    ¿Para cuando libertad y democracia en la isla de Cuba?


  7. Vaya, yo en esto seria mas igualitarista y plantearia que si el inevitable ocaso de los Castro hara llegar la plena libertad para los ciudadanos gais… y para el resto!!
    No os escondo que me averguenza y apena que acabemos de firmar un plan de financiacion escandaloso con Perez Roque, no sujeto a una liberacion de presos de conciencia, y que Moratinos callase cuando Pérez dijo que en Cuba solo habia criminales en las cárceles. ¿Diplomacia es dejar de luchar por la justicia? ¿Es encubrir las mentiras y callar ante el carcelero? Un poco de diginidad, que aunque haya crisis eso es gratis!











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