Homofobia ‘liberal’ (3)

h1 Escrito el 11-11-2008 por Nemo

EntendámonosSi en el país donde se produjo la primera revolución liberal de la historia –esto es, las trece colonias británicas que a raíz de ésta se convertirían en los Estados Unidos de América– tuvieron que pasar más de dos siglos para que las instituciones federales reconociesen por fin que perseguir la sodomía como delito era algo fundamentalmente incompatible con los principios y valores que se habían proclamado en 1776, las cosas fueron muy distintas en el país donde tuvo lugar, tan sólo trece años después, la segunda de las revoluciones liberales: Francia. Allí bastaron dos años y tres meses desde el inicio del proceso revolucionario (en 1789) para que la Asamblea Nacional Constituyente suprimiese el delito de sodomía al elaborar y aprobar (el 25 de septiembre de 1791) un nuevo código penal. Esta despenalización, inédita en la historia del mundo occidental, resultaba de la aplicación consecuente de los principios que esa misma asamblea había establecido en agosto de 1789 en su Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano; allí se declaraba que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”, se reconocía como “derechos naturales e imprescriptibles del hombre” la libertad y la resistencia a la opresión, y se definía la primera de este modo: “La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a otros: así, el ejercicio de los derechos naturales de todo hombre no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el disfrute de esos mismos derechos.”

Lamentablemente, la eliminación de las leyes francesas del delito de sodomía no supuso el fin de la persecución legal de la homosexualidad en aquel país (pues los jueces homófobos encontraron otras vías para seguir castigándola) ni mucho menos acabó con la discriminación legal y social de las personas homosexuales, que al fin y al cabo constituye otra forma –más sutil– de castigar a gais y lesbianas por serlo. Incluso hoy en día la igualdad legal entre homo y heterosexuales sigue sin ser un hecho en la República Francesa, que a diferencia de algunos de sus vecinos del norte y del sur –España– continúa excluyendo a las parejas homosexuales del matrimonio. No es difícil ver que, según los principios establecidos en 1789, esta exclusión limita abusivamente la libertad de millones de ciudadanos franceses, ya que el derecho de las parejas gais y lesbianas a acceder al matrimonio en pie de igualdad con las heterosexuales no perjudica en modo alguno a éstas últimas ni las priva de ejercer ese mismo derecho.

Peor aún: cuando a finales de la pasada década el Gobierno de Francia propuso conceder una seguridad jurídica mínima a las parejas de hecho, incluidas las del mismo sexo, mediante una nueva figura jurídica denominada Pacto civil de solidaridad (PACS), “un odio insospechado surgió violentamente apenas comenzó a debatirse la ley”, según cuenta Daniel Borrillo en su libro Homofobia. “El conjunto de las comunidades religiosas”, continúa Borrillo, “todos los partidos de derechas, los juristas (…), pero también y quizá de manera más insidiosa la gran mayoría de los psicoanalistas, antropólogos y demás estudiosos del individuo y de la sociedad (incluidos los que se dicen de izquierda) se abocaron a una empresa de hostilidad dirigida contra las uniones gays (…) Gays y lesbianas fueron considerados miembros de un poderoso lobby que amenazaba los valores fundamentales de la nación (…) [y] fueron denunciados como irresponsables y hasta como ¡corruptores de la cultura y de la humanidad!”.

¿Cómo interpretar estas contradicciones de la sociedad y la política francesas? En el mismo libro, Borrillo nos proporciona un instrumento para ello: el concepto de homofobia liberal. Éste hace referencia a un discurso según el cual “una cosa es la garantía de las libertades individuales y otra la concesión efectiva de derechos”. Así, en relación con las personas homosexuales, la homofobia liberal considera que “el Estado debe simplemente garantizar el respeto a su vida privada en el sentido estricto del término, es decir, asegurar el respeto de la esfera íntima del individuo, pero en ningún caso más allá de esa esfera puede plantearse el ceder a las reivindicaciones de igualdad” ni tampoco “otorgar ningún tipo de crédito a los individuos homosexuales frente a la sociedad”. “Para esta doctrina”, sigue explicando Borrillo, “la tolerancia es la consigna”, pero “el paso de la tolerancia de los comportamientos íntimos al reconocimiento de la igualdad de derechos independientemente de la orientación sexual de los individuos es imposible”. Parece evidente que la tolerancia así entendida implica –aunque también, en parte, disimula– la consideracion de los tolerados como seres menos dignos, como inferiores.

Llegamos así a la paradoja de que un discurso que se pretende enraizado en los principios liberales establecidos hace más de dos siglos por textos que, como hemos visto, se atrevían a proclamar como “derechos naturales e imprescriptibles del hombre” la libertad y la “resistencia a la opresión” se constituya en cambio –en palabras también de Daniel Borrillo– en una “forma de opresión específica” que “encierra a los homosexuales en el silencio de la domesticidad”. Dado que “el retorno a la intimidad preconizado por la homofobia liberal sobrentiende la idea de que en la homosexualidad hay algo nefasto que necesita permanecer escondido”, podemos concluir que con dicha doctrina se intenta que gais y lesbianas regresemos a nuestro sitio y nos quedemos para siempre allí, en ese lugar que nos hace invisibles y nos inferioriza: el viejo y sofocante armario.

(Continuará.)

Nemo

“Homofobia ‘liberal’ (1)” aquí.
“Homofobia ‘liberal’ (2)” aquí.
“Homofobia ‘liberal’ (4)” aquí.
“Homofobia ‘liberal’ (y 5)” aquí.

Otras columnas de la sección “Entendámonos” aquí.


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30 comentarios en “Homofobia ‘liberal’ (3)”

  1. Nemo, me pareces genial y nombras a uno de mis “autores de culto”.
    Comparto todo lo que dice Daniel Borrillo y me alegra que nos ilustres.
    Te sugiero, pues lo haces muy bien, que tambien hables de Didier Eribon, autor que tambien me tiene “machacada” mi materia gris.
    Y ya para acabar de facilitarnos nuestro camino de aprender, ¿que tal un antrologo como de Rommel Mendes Leite?
    Si a mi, cuando tenia 20 años (ahora tengo 53), me lo hubiesen puesto tan facil (aprender) como nos lo haces tu ahora, que diferente habia sido mi camino hacia la vejez.
    Gracias de verdad y un abrazo


  2. ¿De qué me sonará a mi eso que se habla en el texto de la reacción al PACS?


  3. Jomío, me han dado ganas de sacar apuntes. Embobaíto me tienes, simplemente MAGN?FICO.


  4. Nemo, bueno sería que leyeran este escrito tuyo aquellos que parece que preconizan la “privacidad” de su orientación sexual…

    Por cierto, un cálido abrazo, que el otro día se me pasó el contestar tu saludo.


  5. Es que algunos creen que la libertad es como una correa extensible de estas que se usan para los perros que cuanto más cuerda te den, más libertad tienes, pero la verdadera libertad la obtienes cuando realmente te quitan la correa.


  6. simplemente magnifico

    ya me echo a temblar, que nos acercamos a España


  7. Muchas gracias por tus palabras, Carlos. A Didier Eribon lo he citado ya en alguna otra columna de esta seción, y seguro que volverá a salir, porque no hay duda de que es un autor importante de verdad. A Mendès-Leite no le leído todavía, pero lo pongo en mi lista… Y bueno, a mí también me hubiera gustado tener las cosas un pelín más claras con 20 añitos, desde luego. Creo que los veinteañeros de hoy -en general, claro, que cada persona es un caso distinto- lo tienen un poco más fácil para aclararse las ideas, aunque así y todo a muchos no les debe resultar demasiado cómodo esto de ser gay o lesbiana, y parte por lo tanto de una minoría que aún hoy no es plenamente respetada por nuestra sociedad. Un abrazo.


  8. Estupendo NEmo, una buena serie que nos deja de nuevo sobre el tapete esas cosas que deberíamos tener siempre claras… un abrazo


  9. Qué gusto da leer, al final de ciertos artículos, la palabra “continuará…”
    Viene bien recordar la catarata de críticas, insultos y mentiras que desató en Francia la aprobación del PACS, una norma por lo demás bastante limitada en lo que al reconocimiento de derechos se refiere. Para que luego vengan algunos diciendo que el único problema es la palabra “matrimonio”.


  10. Metabolic: pues sí, por desgracia es difícil que la homofobia no nos suene

    Guillermo: mil gracias, eres muy amable.

    Javier: por supuesto, la diversidad sexual y afectiva del ser humano es una realidad social que debe ser reconocida y tratada como tal; pretender que la orientación afectivosexual es tan sólo un asunto privado de cada uno les hace el juego a quienes se proponen perpetuar el prejuicio que niega la diversidad en este terreno para sustituirla por el dogma de que existe una normalidad afectivosexual (la heterosexualidad) y luego hay algunos casos aislados de individuos aberrantes (entre los cuales los invertidos). Bueno, un abrazo y encantado de leerte por aquí.


  11. Anxo: muy buena metáfora de la idea de libertad que respecto a los homosexuales tienen ciertos homófobos seudoliberales con muchos amigos gays.

    Jack: tiembla, tiembla, que ya falta poco. O por decirlo en lenguaje cinematográfico: “Coming soon to a computer screen near you”…


  12. Excelente artículo, Nemo. Una vez más.


  13. Nemo:

    Gays y lesbianas fueron considerados miembros de un poderoso lobby que amenazaba los valores fundamentales de la nación (…) [y] fueron denunciados como irresponsables y hasta como ¡corruptores de la cultura y de la humanidad!?.

    Elputojacktwist:

    ya me echo a temblar, que nos acercamos a España

    Ah, ¿pero es que no estaba hablando de España? Déjame ver… Ah, sí, no habla de matrimonio, sino de PACS…

    Un saludo Nemo, estupenda colección de columnas esta de la “Homofobia liberal”. Aunque, viendo que los argumentos de los homófobos son en todos los países los mismos, aunque el nivel de derechos que se nos reconoce sea mayor o menor, a lo mejor deberías plantearte terminar tu serie sobre este tema con una “Homofobia Globalizada” o algo así, ;)


  14. Gracias y un abrazo, Mercedes, Giorgio, Nazareno, Crasamet.

    Giorgio: es que eso de que “el único problema es la palabra matrimonio” no es más que una ridiculez y un insulto a la inteligencia. Como lo son las necedades que pretenden hacer pasar por argumentos los que siguen aún con ese discurso: que si el matrimonio homosexual “crea conflicto” (según eso, no habría habido ningún progreso social en los últimos siglos, pues todos han implicado una forma u otra de conflicto: por desgracia, no se puede esperar que quienes se benefician de una situación injusta se avengan sin más a ponerle fin), que si “devalúa el verdadero matrimonio” (esto, más que un argumento, es simplemente la expresión insultante de un prejuicio), que si “matrimonio=reproducción” (falso en los dos sentidos: hay matrimonio -también hetero- sin reproducción y reproducción sin matrimonio) y, ya en el colmo de la idiotez, está esa tontería seudofilológica de que “matrimonio viene de madre” (sí, y salario viene de sal: ¿y? Las palabras cambian de sentido con el tiempo y la evolución de la sociedad).

    Otra cosa que no podemos olvidar es que, mientras que aquí se nos quiere hacer creer eso de que “el único problema es la palabra matrimonio“, en Italia los mismos sectores (la derecha más o menos afín a la Iglesia Católica, o influida por ésta) se oponen a toda forma de reconocimiento legal de las parejas homosexuales, por mínima que sea. Más aún, en América central y en los EEUU la derecha de inspiración cristiana (católica y evangélica) se opone en muchos casos incluso a la misma despenalización de la homosexualidad… El “único problema” no está, por supuesto, en la palabra matrimonio; está -sigue estando- en la homofobia.


  15. Abundando en lo que dice Nemo, no olvidemos tampoco que en España el PP no sólo se ha opuesto al nombre “matrimonio”, sino también a la adopción.


  16. Recordemos también que el PP recurrió ante el Tribunal Constitucional la ley de parejas de hecho de Navarra (que no usaba la palabra matrimonio), que Rouco Varela dijo que legalizar las parejas de hecho homosexuales quebraría la Seguridad Social (y eso que no se iban a llamar matrimonio) y que, para apoyarle, Cristóbal Montoro, actual responsable de economía del PP y entonces ministro, dijo que las parejas de hecho homosexuales traerían más paro.

    El problema no ha sido nunca la palabra “matrimonio”: es el hecho de que salgamos del armario y ocupemos nuestro sitio. La luz, la falta de miedo, la igualdad, la tolerancia y el respeto a la diversidad son letales para la derecha católica, perdón, quise decir para estos “liberales”.


  17. También contra las leyes vasca (después Zapatero retiró el recurso) y aragonesa (inadmitido por defectos de forma). Lo que no sé es qué pasó con el recurso contra la ley navarra.

    No quiero parecer ingenuo, pero no sé cuánto tuvo que ver aquí la homofobia pura y dura, o si fueron recursos por conflicto de competencias.


  18. Al hilo de las reflexiones de Nemo sobre la homofobia liberal, y creo que relacionado precisamente con su valoración de la paradójica y virulenta reacción que se dio en Francia al debatirse el PACS, en un país que se tiene por modelo de defensa de los valores liberales de la Ilustración, se me ocurre apuntar algo.

    Creo que en parte esas ideas desdibujadas que encontramos en Europa en general y en Francia en particular en el escenario político tienen que ver con una crisis del propio concepto universalista del que nacen esos valores liberales. Las consignas ilustradas fueron concebidas para un modelo de hombre uniforme,y sólo desde esa perspectiva de un hombre teórico es posible entender que la mera consagración de, por ejemplo, la igualdad ante la ley en los textos constitucionales fuera considerada suficiente.

    El avance de la sociedad en tantos frentes fue dejando patente la insuficiente cobertura de las garantías jurídicas y políticas así establecidas: no estaba incluido el proletariado, y fue necesaria una legislación social que permitiera acceder de alguna manera a los trabajadores a esos valores; tampoco lo estaban las mujeres, y fue necesario de nuevo transformar el sistema (lo sigue siendo) para que la mujer tomara parte en el sistema. Pero además, la cimentación del modelo liberal-democrático sobre valores uniformadores relegó a una zona de sombras a múltiples elementos que aportaban diversidad, fuera por rasgos culturales, étnicos, religiosos, afectivo-sexuales, lingüísticos, geográficos …

    Sin entrar en más berenjenales sobre el término postmodernidad, uno de sus valores clave ha sido la puesta en cuestión del modelo ilustrado, y con él de la validez permanente de esos principios y derechos concebidos de manera unitaria y universal. Desde muchas miradas, se lleva tiempo reivindicando la necesidad de reconocer o tutelar constitucionalmente la identidad. El pensamiento feminista sería uno de los referentes más claros, pero esta lucha por el reconocimiento de la diversidad está presente en pensadores afroamericanos, lgtb, vinculados a comunidades lingüísticas diferenciadas, etc. Y sobre sus discurso subyace siempre una importante idea: el sistema democrático no permitiría desde el modelo meramente liberal la plena integración de las “minorías” (lo entrecomillo porque hablar de minoría para los afroamericanos en Georgia o Luisiana, o para las mujeres en cualquier lugar del mundo …), que no se encuentran representadas ni defendidas por las instituciones liberales. Por eso toman forma los modelos de la acción positiva o las diversas construcciones que tratan de generar una igualdad real y una vinculación afectiva al sistema de quienes habían quedado en sus márgenes, con el objeto de reinventar la legitimidad del modelo occidental.

    La defensa de la diversidad a partir de las construcciones identitarias personales y grupales es uno de los grandes debates de la postmodernidad. Y enfrentarse a este debate desde los viejos postulados ilustrados suele provocar una incomprensión absoluta de las soluciones nuevas. Con actitudes como las que Nemo nos está detallando.

    Saludos


  19. Nemo, gracias por tus palabras. Mendes-Leite esta estos días en España haciendo entrevistas a destacadas personas de la comunidad para su proximo libro.
    Date una vuelta por mi Blog y verás que no me callo ante un ataque a la libertad y dignidad de las personas, entre ellas las LGTB.
    Mi articulo, que he colgado en ese Blog, “El Partido Popular al servicio del Vaticano” fue publicado en Zero y después la homofobia en mis propias carnes.
    Desde entonces tengo VETADA la entrada en la calle Génova (sede de PP).
    Es la Injuria permanente que describe Didier Eribon y aunque el coming out parece mas facíl, cuando alguno de los jóvenes (lesbianas, gays, bisexuales o transexuales) es realizado, es “apuntarse” a un grupo de personas a las que se les puede insultar.
    Ya has visto el duo de Sophía Margaríta Viktoría Frideríki Glíxmpourgk (Σοφία Μα?γα?ίτα Βικτω?ία Φ?ειδε?ίκη Γλίξμπου?γκ)conocida como Sofia de Grecia por un lado y la numeraria del Opus Dei Pilar Urbano. Dan consignas para educar en la heterosexulidad obligatoria y como los progenitores deben de comportarse.
    Necesitamos personas como tu que nos den información veráz y contrastada.
    Si, ya te habia leido antes.
    Un abrazo


  20. Un pequeñísimo off-topic:

    Carlos, me imagino que la transcripción del nombre completo de la reina consorte de España la habrás sacado de alguna fuente en la que venía tal cual la has puesto aquí, pero mi prurito filológico me impide dejar de aclarar esto: Γλίξμπου?γκ no habría que transcribirlo como “Glixmpourgk”, sino como Glixbourg. En griego moderno μπ equivale a “b” y γκ equivale a “g”. Para los lectores españoles, sería mejor incluso transcribir Glixburg, simplificando “ou” en “u”.

    Perdón por el off-topic, pero no me lo podía quedar dentro, ;)


  21. Interesantísima aportación la que haces, Rukaegos. Personalmente, no creo que la reivindicación de reconocimiento de la diversidad ponga en crisis las ideas ilustradas y liberales (al menos, no en el sentido de que resulte incompatible con éstas). Es verdad que el ser humano (o el “hombre”, en el lenguaje de la época) que presuponen los textos fundacionales del liberalismo (y, por lo tanto, de la moderna democracia occidental, que surge de éste) es un individuo bastante abstracto, pero eso es razonable desde el momento en que el punto de partida de dichos textos es el concepto de la igualdad esencial de todas las personas (”All men are created equal”); lo que dicha igualdad esencial significa es que todos somos igualmente humanos, y que eso es lo que nos une y nos lleva a reconocernos derechos -los mismos derechos- los unos a los otros.

    Luego, en la realidad, resulta que aunque todos somos esencialmente iguales, también somos diferentes en muchos aspectos, y esas diferencias forman parte de la personalidad de cada uno y deben ser respetadas, y se nos debe reconocer el derecho a vivir y desarrollar nuestra personalidad con las diferencias que ésta implique. Pero este derecho a la diferencia también se deriva del principio de igualdad esencial de todos los seres humanos, que nos hace ver que en realidad todos somos diferentes los unos de los otros, que nadie es el modelo normal o canónico respecto al cual deban ser valorados los demás.

    Si se prescinde del principio de igualdad esencial de todo ser humano, las diferencias de todo tipo pueden ser invocadas como justificación de la segregación y la discriminación. Ésa era precisamente la base ideológica del apartheid y de la segregación racial en los EEUU, que aprovechaban las diferencias entre las distintas razas (en realidad, grupos socioculturales) para crear separaciones entre éstas, y a partir de ahí jerarquizarlas.

    Esa misma visión de la diferencia, como señala también Daniel Borrillo en Homofobia, subyace en determinados discursos homófobos, que justifican que se nos excluya a los homosexuales del matrimonio, la adopción y/o cualquier otra forma de reconocimiento social con el pretexto de que “no es discriminación tratar de forma diferente lo que es diferente”. Sólo recordando que nuestra igualdad esencial como seres humanos nos da derecho a formar parte de la sociedad en pie de igualdad con todos los demás, y sin barreras que nos separen de ellos, podemos superar esa ideología que pretende segregarnos e inferiorizarnos… y que tan claramente se expresa, por ejemplo (y siguiendo con el debate abierto por Giorgio y brillantemente continuado por zarevitz y Dr. Turbio), en el intento de que nos conformemos con un sucedáneo de matrimonio.


  22. La reflexión de Rukaegos me parece un contrapunto interesante, aunque me gustaría ver cómo termina Nemo la serie. La presentación que está haciendo, según la cual los avances en el reconocimiento de derechos no hacen sino coincidir precisamente con lo postulado hace 200 años, me recuerda a estas palabras de Martin Luther King:

    “I have a dream that one day this nation will rise up and live out the true meaning of its creed: ‘We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal’.”

    Desde este punto de vista, los principios intuidos y formulados por los fundadores de nuestra cultura occidental, por los que dejaron su vida muchas veces en los episodios revolucionarios como los que Nemo nos está recordando, fueron coartados, por unas razones u otras (Nemo también está opinando al respecto), en lugar de extenderse plenamente a toda la población, en concreto a la población glbt.

    En la sentencia Lawrence v. Texas (2003), por la que se declaró inconstitucional la sodomía en los Estados Unidos, se examinó si la sodomía formaba parte de las libertades protegidas por la Constitución federal. Hay evidencia de que la propia generación que redactó y ratificó esas cláusulas constitucionales persiguió también la sodomía. Pero ante esto, la sentencia nos habla del “true meaning” de los principios:

    “Had those who drew and ratified the Due Process Clauses [cláusulas de la Constitución federal que protegen la libertad] known the components of liberty in its manifold possibilities, they might have been more specific. They did not presume to have this insight. They knew times can blind us to certain truths and later generations can see that laws once thought necessary and proper in fact serve only to oppress. As the Constitution endures, persons in every generation can invoke its principles in their own search for greater freedom.”

    Por eso concluye que “Bowers [la sentencia de 1986 que admitió la criminalización de la sodomía] was not correct when it was decided, and it is not correct today”.

    Por eso nosotros podemos acudir hoy a Jefferson, pese a que él mismo tuviese esclavos. Creo que los principios que esos hombres intuyeron y formularon les superaron en su vida humana. Como el letrero que señala hacia Berlín pese a que él mismo no se mueve hacia Berlín, estos hombres, pese a sus errores, estaban profundamente acertados y hoy podemos seguir construyendo sobre sus principios.

    En fin, no quería haber intervenido mientras Nemo no terminase la serie de posts y nos mostrase la visión o conclusión general que anticipaba en el primero, pero el comentario de Rukaegos me ha parecido inspirador y me ha dado la excusa perfecta. :)


  23. zarevitz: completamente de acuerdo con lo que dices en tu magnífico comentario, que te agradezco mucho. Respecto de la conclusión de la serie, ésta aún no está escrita -voy escribiendo las columnas semana a semana-, y por supuesto cuando la escriba -que no será aún para la semana que viene- tendré en cuenta todo lo que aquí se diga y se debata.


  24. zarevitz,

    la intención es la de la ley, no la del legislador :) Completamente de acuerdo contigo :) Y magnífico artículo, Nemo :D


  25. Nemo: pensé que tenías todo escrito y que lo serializabas semanalmente para darle emoción! :)

    Odysseus: estoy de acuerdo. Otra carita sonriente :)


  26. Por supuesto, Nemo, que la diversidad no está reñida con los principios inspiradores del sistema liberal. En mi opinión lo que vendría generado por esos nuevos movimientos identitarios que reclaman su espacio es una profundización en el propio liberalismo democrático.

    En cierto modo, surgen como reacción ante esas formulaciones generalistas que sin embargo han sido esgrimidas como armas de doble filo. Por ejemplo, la legislación sobre crímenes de odio supone un plus de protección sobre grupos específicamente amenazados. En pura teoría, el reconocimiento general en un Código Penal de un determinado supuesto cubriría a toda la ciudadanía, pero sin embargo eso no evita que en ciertos ámbitos sea más fácil sufrir la agresión que en otros. El efecto es que esos grupos tienden a cuestionar la legitimidad del sistema, no se sienten integrados o representados o protegidos. Y de alguna manera eso es malo porque se alejan de los cauces institucionales.

    Pasa prácticamente con todos los derechos, y poco a poco se van superando las contradicciones con las acciones positivas en favor de minorías de cualquier tipo. Fíjate cómo en el debate sobre el derecho al matrimonio muchas voces intentan camuflar esa exclusión del sistema general con instituciones creadas ex novo a modo de ghetto, alegando que tendrían igual contenido y por eso ya valdrían como superadoras de la discriminación, sin entender el valor simbólico, icónico de la igualdad real que necesariamente debe darse en una misma institución.

    Como bien aporta zarevitz, la interpretación de los tribunales (constitucionales) ha venido siendo casi constante en todo nuestro ámbito cultural en favor de consagrar que el principio general de igualdad reconoce y protege la diferencia y la diversidad. A pesar de todo lo que queda por hacer y por reflexionar sobre estas cuestiones.

    Qué bien haberte dado pie para tu intervención, zarevitz. Y por aquí andaremos siguiendo la serie de Nemo con interés y provecho.

    Un saludo para los dos (o mejor uno para cada uno)


  27. Un saludo, Rukaegos, y gracias por tus excelentes aportaciones al debate.

    zarevitz: pues no, este fin de semana me toca escribir la cuarta parte… a ver si me inspiro. Un saludo.

    Saludos afectuosos también para Carlos, Crasamet y Odysseus.


  28. Gracias Nemo por aportarnos artículos tan valiosos.

    Qué sepas que aunque apenas deje ya comentarios (el tiempo que dedico a las manzanas se lo come mi nueva faceta de “redactor”), te leo hasta la última palabra.

    Un beso


  29. No lo dudaba, amigo Flick, no lo dudaba… gracias por dejar tu comentario y un beso.


  30. Ah, y gracias también, y enhorabuena, por el estupendo trabajo que haces en esa nueva faceta de redactor.











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