Sobre la visibilidad y la rabia que no debe cegarnos

h1 Escrito el 29-11-2008 por dosmanzanas

Una carta en dosmanzanas

Hace unos días, concretamente el 23 de noviembre seguí con interés la entrada publicada en ‘Dos manzanas’ por Rafael Rodríguez titulada ‘Sobre la visibilidad’, junto con todos los comentarios que suscitó. Al final terminé enfadándome bastante, por el tono del enfrentamiento entre algunos de los seguidores del blog. Creo que cualquiera que sea nuestra postura debemos siempre defenderla sin caer en provocaciones y no entrar al trapo de aquellos que, incluso compartiendo con nosotros orientación sexual, intentan dinamitar los pequeños avances que vamos consiguiendo en la comunidad LGTB con argumentos prestados por la derecha. En aquel momento yo mismo me dirigí a los participantes en el debate con un comentario en que preguntaba cómo creían que debía sentirse alguien que, quizá con dudas al respecto, accediera al blog en busca de ayuda o información y viera como las gastamos los gays y lesbianas entre nosotros. De alguna manera me gustaría explicar nuestra rabia a este personaje hipotético y seguramente perplejo.

Supongo que la razón por la que la cuestión del armario provoca tanta ‘rabia’ en las personas que nos decantamos del lado de la visibilidad es porque de alguna manera nos sentimos ‘mutilados’ en nuestra afectividad. No olvidemos que una gran parte de nuestro desarrollo afectivo tiene lugar durante la adolescencia, pero a muchos de los homosexuales de mi edad nos quitaron la adolescencia. A mí ‘me sacaron del armario’ a los diecisiete años, y los dos o tres años posteriores fueron de tal oscuridad, de tal silencio, que necesariamente aquellos años tienen que haber afectado a mi afectividad. Soy homosexual, tengo 37 años y estoy casado. Tanto mi familia y amigos como mi entorno laboral y social saben de mi orientación sexual. Por lo tanto podría decirse que estoy fuera del armario y sin embargo, en términos de visibilidad afectiva, aún tengo que luchar para mostrarme tal y como soy. En muchas ocasiones cuando estoy con mi marido en un lugar público y deseo darle un beso, la primera reacción es contenerme y tengo que hacer un esfuerzo consciente por superar esa barrera y darle el beso. Y no acaba aquí la cosa, el armario nos afecta incluso en nuestra relación con los heterosexuales, coartando nuestra afectividad en mayor o menor medida. A menudo me he sorprendido lamentando que tal o cuál amigo hetero es mucho más afectuoso conmigo de lo que yo soy con él, supongo que me retraigo tratando de protegerme de los ataques de homofobia que incluso los heteros más ‘gay-frienly’ tienen de vez en cuando. Hace algunos años me dedicaba a la enseñanza y mis alumnas y alumnos eran adultos. Jamás le di a ningún alumno ni una palmadita en la espalda, era como vivir en un estado continuo de doble personalidad que, aceptémoslo, me degradaba en cuanto a que no me dejaba desarrollar libremente mi personalidad. Esto es así, y todo lo demás son gaitas. Cada vez que soy capaz de darle un beso en público a mi marido es como si descubriera de pronto una pierna o una mano que no he usado durante mucho tiempo, y junto a la alegría por descubrirla va indefectiblemente la rabia por el tiempo que he vivido ignorándola o escondiéndola. Cada vez que un hetero, o lo que es peor, un homosexual, te pide que lleves tu homosexualidad con discreción, en el ámbito ‘de lo privado’, es como si te pidiera que te sentaras en una silla de ruedas o te amputaras un brazo.

Ser ‘discretamente gay’ no es posible sin mentir, o al menos sin agachar la cabeza y no responder cada vez que se produce un brote de homofobia alrededor nuestra. Y esto sucede muchas veces. No sólo los ataques violentos son actos de homofobia. También esa típica tibieza de algunos que no tienen nada en contra de las parejas gay pero sí contra el matrimonio o la adopción. También la libertad que algunos se toman cuando, nada más enterarse de que eres gay, se creen en el derecho de preguntarte por los pelos y señales de tu vida sexual, como si sólo los homosexuales tuviéramos vida sexual (pero ésta es otra cuestión). Esa actitud, si no es homofobia, al menos es desconocimiento y torpeza, y conviene atajarla nada más se produce. Pero claro, si lo haces ya no eres ‘discretamente gay’, te conviertes en un gay ‘molesto’. Conviene además preguntarse, ¿eres indiscreto o te exhibes simplemente por comportarte con arreglo a tu personalidad y tu estilo de vida? Personalmente no considero que un hetero que conduce un monovolumen lleno de niños esté haciendo alarde de nada o esté exhibiendo su heterosexualidad. Simplemente se comporta con arreglo a como es. Un ferviente católico que lleva una medalla con un crucifijo probablemente está haciendo alarde de su fe, pero a mi no me molesta (otra cosa es que el crucifijo esté en una escuela pública), así que ¿por qué debo yo dejar de poner una bandera gay en el balcón de mi casa? Sólo porque los signos más evidentes de heterosexualidad formen parte de la cultura dominante, no significa que no sean signos, susceptibles de ser interpretados y de que se les asigne un determinado contenido social e ideológico. Sólo porque los signos de mi estilo de vida homosexual no formen parte de la cultura dominante no significa que al mostrarlos haga alarde de nada o desafíe a nadie. Aquellos a quienes molestan dichos signos de mi homosexualidad, ya sea un beso, un determinado atuendo o una determinada palabra, son los que tienen un problema de aceptación de la realidad, y francamente, yo no estoy dispuesto a ‘mutilar’ ni la más mínima parte de mi ser para que ellos puedan dormir tranquilos en un mundo como Dios manda. Ahora bien, y volviendo al principio del artículo, tampoco voy a discutir con estas personas, ni voy a entrar al trapo de las majaderías que puedan decirme. A pesar de sus muchas carencias, la sociedad en la que vivimos tiene muchas maneras de expresarse y de luchar. Podemos tener un blog, podemos asociarnos, podemos integrarnos en un partido político, elaborar propuestas y presentarlas a las distintas autoridades para que las aprueben o no. Pero por favor, no gastemos nuestras energías en discusiones estériles con personas que no están dispuestas a escuchar. Sería un flaco favor a nuestra lucha, a aquellos por los que luchamos, a los que son, a los que fueron, a los que están por venir.

Raúl Madrid


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31 comentarios en “Sobre la visibilidad y la rabia que no debe cegarnos”

  1. Estoy completamente de acuerdo con todo el post. Creo que describe correctamente la situación de la homofobia discreta y lo inaceptable de que se mantenga o se defienda.

    Una pequeña reserva: sí creo importante responder a las las ideas contrarias o inexactitudes más graves que puedan volcarse aquí, dado que quizá luego vengan otros detrás (esos mismos días o mucho más tarde) y al verlas sin respuesta puedan quedarse con esa sola realidad o tomar el tema, al menos, como confuso o muy discutible. Quizá sea una cuestión de grado, es decir, hasta dónde hay que llegar sin caer en esto.


  2. yo suelo decir que soy de orientacion perdida. para nada me molestan los que son indiscretamente gays o lesbianas, pero esque quien me manda a mi decirle a nadie con quien hago que?

    una vez estando en clase no recuerdo ahora a santo de que (lo que si recuerdo es que era clase de geografia, asique hablariamos de algo relacionado) una persona me grito “a ver, lo que queremos saber todos es si te van los tios o las tias!” a lo que conteste riendome.

    podria decir me van x, pero que arreglaria eso? seria un nombre mas en la lista de gente que desea lo mismo, pero nada mas.

    lo que si me parece urgente es ir contra la transmaribollofobia, pero sobre todo dejar que podamos vivir nuestras vidas en paz, sin que venga nadie a incordiarte intentando saber que te gusta y que no.

    solo veo sensato el decir claramente que te mola por un planteamiento politico, por un decir “mira, hija, estamos aqui…” pero solo por eso.

    a mi madre, a mi amigo, a mi compañera de curro que mas le da con quien me lo paso bien? lo importante es el pasarlo bien


  3. Estupenda reflexión Raúl.

    Particularmente, a pesar de mis post pidiendo “Ignore The Trolls”, sí es cierto como dice zarevitz que muchas veces es difícil encontrar el equilibrio pues caer en un exceso de “buenismo” también es peligroso.
    Los intolerantes se aprovechan de las ventajas de la democracia y la libertad de expresión para ir tomando posiciones de poder y llegar un día a terminar con esa libertad y democracia que les ha permitido alcanzarlo.
    En términos menos grandilocuentes, he conocido estupendos foros y webs que han terminado desapareciendo, perdiendo a buena parte de sus participantes o quitando la opción de comentar noticias gracias a la constante y eficaz labor de esos que como tú dices “intentan dinamitar los pequeños avances que vamos consiguiendo en la comunidad LGTB con argumentos prestados por la derecha.” o trolls que es más corto.
    La única solución es que la mayor parte de los participantes les ingnore o que exista la figura de un moderador o administrador que se ocupe de los casos extremos (eso es algo que en mi opinión hace mucha falta aquí)

    En relación al tema principal de tu artículo… curiosamente coincidimos en edad, estado civil y por supuesto orientación sexual, y sí, es cierto que ser gay a tiempo completo es agotador, muy, muy agotador. En algunas situaciones optas por ser un gay discreto de puro agotamiento mental pero es que también somos humanos y la realidad que nos rodea, a pesar de ser una de las mejores del planeta a nivel legal, no es ni mucho menos fácil.


  4. Raul, comparto la totalidad de lo que dices.
    Tu reflexión, además de acertadísima, es molesta. Molesta para quienes en la comodidad de la ambigüedad (los discretamente gays.
    Y molesta para gran cantidad de heterosexuales que “nos toleran” y que “tienen amigos gays”.
    ¿pero que dirían estos últimos si un hijo o una hija (de ellos) llegase a casa (paterna) y dijese: ¡Papá, mamá este/a es mi novio/a! Y le diese un efusivo beso (al novio/a)? Opss…
    Somos, creo, esclavos (por que queremos) de la sociedad heterosexista androcentrica patrialcal.
    Un saludo y magnífica reflexión.


  5. Tema espinoso este. Hay que reconocer que en nuestro contexto, con nuestra historia, cuando decimos que estamos siendo discretos nos estamos engañando porque lo que realmente queremos decir es que estamos ocultando


  6. Excelente artículo, Raúl.
    No voy a añadir nada.
    Sólo tal vez darte las gracias por la reflexión que comparto.
    En cuanto a lo de responder o no: sí creo que es necesario dejar las cosas cuanto más claras mejor y sobre todo no permitir que los…llamemoslos “trolls” o simples “homófobos camuflados” digan la última palabra de la demagogia y la mentira. Zarevitz y Bips ya responden por mi.

    Gracias por compartir tu reflexión.
    He disfrutado mucho leyéndola.
    Un saludo.


  7. Cuánta razón tienes….
    Lo de “tu vida privada” estoy tan harta de oirlo…


  8. Muy buen artículo. Creo que todos sentimos de vez en cuando ese impulso cuando estamos con nuestra pareja de no mostrar tanto nuestro afecto como querríamos. A veces, por desgracia, hasta es necesario, yo desde que en un restaurante una de esas familias maravillosamente fantásticas en las que no hay ningún problema salvo que existan los gays que pretenden destruirles por querer tener los mismos derechos nos llamaron maricones a mi novio y a mi, después del bochorno que pasé por el pollo que se montó, me cierro un poco más en según que sitios.

    Creo que a parte de visibilidad, lo que se necesita principalmente es un poco de educación.


  9. Sí, y en el caso de la happy family esa que os insultó a tu novio y a tí, un par de hostias bien dadas.

    Lo siento, pero es que estas cosas me ponen de una mala leche…


  10. Excelente artículo, Raúl. Me parece una estupenda reflexión y toda una declaración de principios.


  11. Sí cunipick, pero educación la han de tener ellos, los intolerantes. Porque la “educación” que nos piden ellos es una sumisión en toda regla. Y mira, ya estoy hasta más arriba de los huevos (hablando en plata). El que le escueza, que aparte la mirada. Joder, hasta la coronilla de tanta gente “políticamente correcta” pero que no tiene reparo alguno en decirnos cómo hemos de vivir nuestra vida. Pues que arreglen sus cañerías, hostias.


  12. A mí me parece también un artículo excelente. Comparto todo lo que dices, Raúl, punto por punto. Cuando lo he leído me ha dado la sensación de que me estabas quitando las palabras de la boca.

    Un saludo.


  13. Que autentica reflexión Raul!!!


  14. Realmente excelente, Raúl: una reflexión rigurosa expresada en un lenguaje impecable y, al mismo tiempo, arrollador. Mi enhorabuena.


  15. No puedo estar más deacuerdo, esto lo deberían leer en las escuelas, no para darles pena a los estudiantes, sino para que se pongan en el lugar de la otra persona, cosa tan sencilla, pero que no hacen el esfuerzo de hacer porque nosotros, por puro cansancio de no tener que estar luchando todo el tiempo, les permitimos y lo dejamos pasar. Yo si tuviera que estar poniendo a raya cada vez que un amigo gay-friendly me hace uno de esos comentarios, mi vida sería una lucha continua. Por eso entiendo que la gente, que solo quieren vivir en paz, sea gya o hetero, se canse de estar siempre a la defensiva. Deberíamos hacer el esfuerzo, pero como dices, ser gay a tiempo completo es muy agotador.
    Si em permites, me voy a imprimir esto y enviarselo a mis amigos gay-friendly, para que reflexionen un poco. Pero otra cosa me parece importante mencionar, que muchas veces no nos mostramos al completo porque no tuvimos tiempo de acostumbrarnos a amar a luz del día, siempre fueron historias de la noche, de escondites, de situaciones extrañas, asi que tambien hemos de aprender a amar sin importar el medio.


  16. Una reflexión magnífica, Raúl. Me sumo a las felicitaciones.


  17. Bueno, ya que hay unanimidad en lo principal, me voy a permitir llamar la atención sobre un detalle: a mí nunca me ha ocurrido que alguien sienta curiosidad y me pregunte por cómo son mis prácticas sexuales, como gay. Es algo que me ha chocado siempre. ¿Por qué no entran en ese terreno?

    Tampoco me suelen preguntar por mis sentimientos, por cómo es mi relación con hombres o con mujeres, ni cómo transcurrió mi adolescencia, ni nada personal…

    Lo que sí me ha ocurrido mucho, muchísimo, es que me pregunten, a modo de saludo: “¿cómo estás?”, así como dando pie a la consabida respuesta: “¡bien, bien!”

    Me pregunto yo: ¿cómo se supone que tengo que estar?


  18. Excelente respuesta, Raúl. Coincido punto por punto.
    Un saludo


  19. Excelente artículo. La lástima es que los valores que estamos promoviendo entre nosotros son más del “folla todo lo que puedas que la vida es corta” en vez de disfrutar de la sexualidad en todas las situaciones de nuestra vida, no sólo en el ambiente, que allí tod@s somos muy valientes.


  20. Javier: pues a mi la gente de mi entorno me ocurre lo contrario: me preguntan constantemente sobre como son mis prácticas sexuales con otros hombres. Suelen ser hombres los que lo hacen. Y suelo acabar con un jocoso: “en lugar de preguntar lo que tienes que hacer es probar: igual te gusta”. Y suelen ser ellos los que se interesan más sobre como puedo enamorarme de otro hombre.
    Siempre he pensado que las mujeres heterosexuales lo entienden por lo que es evidente…

    Siempre me hace gracia comprobar la reacción de sorpresa cuando yo les digo que lo normal para mi es que un hombre ligue con otro hombre, que cuando salgo con mis amigos gais nadie mira a una mujer y sí a todo hombre que se acerca, que…

    En mi círculo relacional veo que hay una especie de interés morboso y casi folclórico sobre como es el sexo que tengo. Pero, como planteas tú, no suelen interesarse sobre los conflictos importantes que se le plantean a un gai que vive en un mundo heterosexual.

    Tal vez porque preguntarse por ello les dejaría en mal lugar en tanto que colectivo heterosexual.


  21. Entre lo dicho por Raúl en su carta y lo dicho por ti, Lobogrino, deduzco que ciertas pautas no están generalizadas…


  22. A mí lo que me han preguntado siempre los y las heteros de mi edad es si lo saben en casa y cómo lo llevan. Y cuando hablo de mi pareja la pregunta recurrente es cuanto tiempo llevamos juntos e incluso si queremos adoptar. No sé, puede que sea algo generacional (tengo 32 años, no sé cuál es la media de edad por aquí).


  23. Pues como una ya está más que harta de que me pregunten cosas que a una hetero jamás le preguntarían, me he acostumbrado a dejar a la gente sin ganas de volver a preguntar chorradas. Según como me pille el día o bien le doy la vuelta a la tortilla (”¿cómo lo llevan en tu casa?” “igual que en la tuya contigo”; “¿cómo lo hacéis las lesbianas?”, “¿y a ti que más te da?”; “¿me dejarías mirar?” “preguntáselo a tu mujer, igual a ella no le hace gracia que la veas conmigo”,etc) o bien los mando a la mierda directamente.

    Os aseguro que es definitivo.


  24. No creo que sea generacional, rafa. Supongo que depende de otros factores, como si se habla de la sexualidad y la afectividad con cierta normalidad en tu entorno (yo me muevo en grupos bastante diversos; en unos se habla de manera bastante abierta de estos temas y en otros si se menciona la palabra sexo dos o tres personas se ponen coloradas jeje). Entre quienes preguntan, suele haber una cierta curiosidad morbosa por conocer los detalles de una relación entre dos hombres, en parte para reafirmar algunos tópicos, en parte porque tengo claro que muchos tíos digamos heteros se han planteado probar (y muchos lo han hecho). Entre los que no lo hablan, por un lado interviene la convención de que de sexo e intimidades no se habla, por otro, derivado del mismo, aparece el mismo tabú que nos hace sentirnos incómodos simplemente con pensar en nuestros padres manteniendo relaciones sexuales. Es decir, en una sociedad que invisibilizaba las relaciones entre hombres, el amigo gay se convierte en alguien carente de sexualidad (modelo Hollywood: los heteros follan, los gays como mucho se abrazan), y eso hace que por falta de costumbre, ciertas personas se sientan violentas ante algo que no acaban de entender y con lo que no han tenido contacto.


  25. Hola, soy Raúl, el chico que ha escrito la carta. A los que no sabéis a qué me refiero cuando menciono la curiosidad que despertamos en los heteros, os puedo describir una situación que me ocurrió hace poco. Tengo un compañero de trabajo bastante más joven, de unos 23 años. Otros dos compañeros de trabajo estaban bromeando con él y de pronto va uno y le pregunta: Tú cuando estás con un tío, ¿te la metes entera en la boca? Siguieron un rato con las bromas hasta que uno le dijo: ‘Tú, con lo vicioso que eres, seguro que has estado también con tías. Total, una boca es una boca ¿no?’, momento en el cuál yo no pude aguantar más y le dije que ese argumento también valía para él, que si había pensado alguna vez hacérselo con un tío. A ese tipo de comentarios me refiero. Por cierto, muchas gracias a todos por leer mi artículo. Un saludo.


  26. Simplemente….ven acá p’acá que te dé un beso!!


  27. Muy buena respuesta, Raúl. A eso mismo me refería yo. A que nos hagan preguntas que jamás le harían a un hetero.


  28. Excelente respuesta Raúl, sí.
    Rafa: yo tampoco creo que se cuestión generacional: tengo 35 años…
    No sé a qué se debe que haya quién pregunte y quien sólo tenga reparos en preguntar.
    Tiendo a ser sarcástico/cabrón en las respuestas. Pero también es cierto que si la pregunta viene de alguien cercano que realmente le cuesta comprender según que con un: “hay cosas que no se deben preguntar” tengo más que suficiente.


  29. Mi experiencia es más bien como la que cuenta rafa. Si me vinieran con preguntas como las que decís, me pondría rojo como un tomate… :$


  30. Me parece que algunos están deseando que les hagan ese tipo de estúpidas preguntas “para darse un homenaje” de respuestas y visualizar cosas. También existe una visualización enfermiza…


  31. ¡yo de fin de semana y sin enterarme de que se había publicado esta maravilla de carta!

    GENIAL, IMPECABLE











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