El maleficio de la belleza

h1 Escrito el 29-11-2008 por Raul Portero

el grito en el cielo

De un tiempo a esta parte, he ido adquiriendo el hábito de ir al gimnasio a diario, motivado, primordialmente, por el interés (se diría incluso que siento cierta necesidad) de tener un cuerpo con el que sentirme contento, a gusto: es decir, uno que siga los cánones estéticos actuales mayormente aceptados. Si bien me parece que la hipermasculinidad ha ido evolucionando, en parte, hacia un tipo de cuerpo igualmente acostumbrado a los sudores y sufrimientos del gimnasio pero de siluetas mucho más proporcionadas, también ha ido surgiendo –o se ha ido perdiendo el miedo a reconocer- otros cánones alternativos. Así, al cachitas de turno con pinta de adolescente o personaje de líneas definidas y brazos firmes de cabeza rapada y barba cuidada le han aparecido serios competidores: están los osos, los chubbies, y un sinfín más de variantes que no conozco y que, por eso, incluso confundo.

El caso es que debido a unos motivos de salud que me han mantenido fuera del gimnasio por un mes y medio, y que ahora otro diagnóstico me obligará a alejarme del gimnasio en poco tiempo a lo largo de otro mes y pico –y que seguramente aprovecharé para tomarme un descanso también en este blog, porque me aconsejan tranquilidad y reposo absoluto, pero que no vaya a pensar nadie que es una operación a vida o muerte-, y sí, me siento culpable. Porque estaba consiguiendo mis objetivos a base de dieta, ejercicio duro y sudor. Y sí, también empezaba a comprobar como el comportamiento de diversas personas cambiaba al verme –y no, no era por la novela, porque ni siquiera saben que escribo.

I., un buen amigo mío con un cuerpazo de portada de revista deportiva, afirma que la actitud de varias personas que antes de convertirse en semejante chulazo no le habían prestado ningún tipo de atención, comenzó a cambiar cuando vio signos evidentes de que debajo de su camiseta se escondía todo un festín de músculo conseguido a base de sufrir en el gimnasio.

Y eso te duele en el alma, afirma, porque eres más que un pedazo de músculo. Y es cierto. Siempre es triste cuando se te reduce a un rasgo físico, cuando pasan por alto todo lo demás. Y os aseguro que I., tiene cosas buenas para dar, tomar y regalar, pero no le voy a hacer publicidad que bastante tiene ya con su perfil. I., va incluso un poco más allá y se pregunta, a lo mejor retóricamente, si la necesidad que sentía de ir al gimnasio no era tanto personal como, precisamente, para propiciar “esa� situación. Algunas personas inseguras –entre las que me incluyo-, para conseguir aceptarse a sí mismas, necesitan la opinión de los demás. Y si ésa es la de estar cachas, parecer jóvenes e ir siempre depilados, la interiorizamos y, supongo, no nos sentiremos bien hasta ver cumplido nuestro objetivo.

Las personas somos capaces de generar deseo mucho más allá de nuestra adecuación física a un determinado cánon estético. Lo que me preocupa es que esta adecuación, a veces, a lo mejor reafirma lo superficial, lo fácil, la fatal de esfuerzo y la necesidad de una satisfacción inmediata que, la mayoría de las veces, nos impide encontrarnos con el tipo de personas que andamos buscando y que casi siempre identificamos cuando ya es demasiado tarde.


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23 comentarios en “El maleficio de la belleza”

  1. Bueno, lo “encontrarnos con el tipo de persona que [realmente] andamos buscando” es un problema de adecuación de los fines a los medios.

    Si quieres interesar a personas que se vuelven locas por los músculos, machácate en el gimnasio. Si quieres interesar a personas a las que no les guste el vello, depílate; y si los que les gustan son los rubios, tíñete de amarillo. Si lo que quieres es interesar a quienes aman la ópera…

    Los medios no son necesariamente excluyentes y, por eso, puedes ir al gimnasio (para gustar a unos) y teñirte de rubio (para gustar a otros). Pero también puede haber casos en que haya que elegir. Me invento: si la gente a la que le gusta la ópera mayoritariamente rechazan los piercings —por imagen, por prejuicio, por lo que sea—, y tú quieres interesar a amantes de la ópera y a los amantes de los piercings, quiza tengas que elegir uno de los dos targets o conformarte con la minoría de amantes de la ópera que no rechazan los piercings.

    Un análisis distinto es ver si los medios te compensan teniendo en cuenta los beneficios que quieres conseguir y el impacto negativo en otros intereses que tengas. Si eres tan escuchimizado que ni siquiera podrás echar un musculito yendo al gimnasio cuatro horas todos los días de la semana, quizá el esfuerzo no te compense porque nunca vas a conseguir tu finalidad así. O, alternativamente, puede que sí esté a tu alcance, pero ir tanto al gimnasio afecte negativamente a otros intereses que tienes, como por ejemplo, jugar a la consola.

    En lo que no entro es en el otro tema del pst: si atraer o intentar atraer a alguien a través del físico es algo superficial o, en general (si es que lo anterior lo fuese), algo negativo.


  2. Raúl, pienso que es verdad lo que dices, pero además creo que tiene que ver con las exigencias que el medio nos proporciona.

    En lo personal me he dejado estar en este último tiempo y creo que un “rellenito” tiene menos posibilidades que un tipo cachas de encontrar a alguien que se fije en uno; es cosa de ser realistas. Cuando digo realista no me refiero a lo Real, pero no mejor no me pongo filósofo.

    Por ahora estimo, y digo por ahora ya que las cosas pueden cambiar, estimo que hay que bajar los kilos de más y preocuparse del aspecto de uno, no sólo por seguir a la mayoría, o lo que la moda indica, sino más bien porque se trata de un tema de salud, mental y física.

    Estimo que los “rellenitos” que decimos que quien nos quiera nos querrá por lo que somos internamente y no por algo físico, apoyándonos en eso, en el fondo sólo justifícamos la flojera y el sendentarismo en que nos aferramos.


  3. Yo es que simplemente estoy convencido que sólo hay una persona en el mundo que realmente importa y por la que hay que hacer las cosas: uno mismo.
    Si vas al gimnasio que sea porque haciéndolo te encuentras físicamente mejor, si te vistes de un modo concreto que sea porque cuando te miras en el espejo te ves guapo.

    ¿Pero hacerlo para que otros te den su aprobación y “se dignen” a ligar contigo?. ¡Por Dios que pereza!.

    De la misma manera que no entiendo a los que, moviéndose en el ambiente ursino (el ambiente que frecuento) se obligan a engordar a lo bestia para ligar más: absurdo por completo.

    Además como dice Zarevitz no son cosas excluyentes (o no deberían serlo). Vamos que conozco manadas enteras de osos que van al gimnasio (yo mismo hago natación, senderismo, bicileta) y luego, entre cerveza y cerveza, ligan como descosidos en bares de señores grandotes y barbudos.

    Grandes “osos de catálogo” que igual después de subir una montaña como si tal cosa van a la ópera y cuando salen les queda tiempo de a hartarse a cervezas en una discoteca bailando enfundados en su camisa de cuadros y su arnés la música más petarda. ¿Qué tiene de raro?.

    O lo que es lo mismo que se puede perfectamente hacer algún tipo de ejercicio físico para sentirte bien, comer como una lima manjares consistentes disfrutando todos los matices de la cerveza, y todo ello sin perder un ápice de sex appeal.

    Lo que sí que es dañino y excluyente es pretender estar gordo, o flaco, o musculoso, o depilado sólo para “ser aceptado” o ligar.
    Uno debe estar como se sienta agusto y a partir de ahí empieza el resto: que siempre hay rotos para descosidos.

    Si me permites un consejo, Raúl: ya que dices que no conoces las (”delici-osas”) variantes del mundo ursino: pásate por un local Bear: te llevarás una grata sorpresa. Eso de que los hombres gordos y peludos no ligan…¡Vaaaaamos!.
    En fin en el ambiente por el que algunos nos movemos como que va a ser que no.

    Pero sobre todo: cuídate mucho que siempre es un placer leerte se esté o no de acuerdo con lo que tan bien escribes.

    Creo que me quedo con el acertadísimo post de Zarevitz…

    …y con una manada de osazos peludos, barbudos, grandes y gordotes…¡Eso por supuesto!… ;-)


  4. Complejo de Peter Pan.


  5. Joé Pon: ahora se te ve poco pero…¡Esta es mi Pon!.
    Besos de la vieja (y helada) Señora. ;-)
    Te debo cositas. No me olvido aunque lo parezca.


  6. Aunque sí que es cierto que los hábitos sociales dentro de un gimnasio darían para un interesante (a la par que divertido) ensayo, estoy de acuerdo con lo que ha expuesto Lobogrino.

    Y, más o menos por estas mismas razones, me atrevo a ir más allá del último párrafo de Zarevitz: creo que considerar superficial la querencia por la apariencia externa es más un juicio (o un prejuicio) que otra cosa, que quizás entronca con esa particular visión moral de la vida que hemos heredado culturalmente y que, entre otras cosas, nos hace rechazar, al menos en un primer momento, una vida vivida sin ciertas dosis de angustia, agonía y sufrimiento. Y que a su vez ha intentado condenar el placer en sí mismo. Como si lo de pasar por este valle de lágrimas fuera todavía una obligación. Típico tópico.

    Recogiendo la línea de pensamiento de Lobogrino de cuidarse uno mismo, si una persona busca la belleza externa porque le va a llenar y a satisfacer al 100% y no hace daño a nadie… ¿por qué no debe hacerlo? Es una opción, tan válida como otra cualquiera. Si a las personas nos atrae alguien sólo por el físico y disfrutamos de verdad con esa relación y obtenemos lo que queremos, no veo la superficialidad por ninguna parte.

    Cuando voy al gimnasio, entre gota y gota de sudor, y rodeado de todas esas máquinas infernales (es en esos momentos cuando te sientes tentado a creer al menos en el diablo), admito que me gusta fijarme en los cuerpos que me gustan, y cada vez con menos censura por parte de mí mismo.

    Y quiero creer que cada día mi carga cultural es menos carga y se “culturiza” más. Sobre todo con esos chicos callados que van a lo suyo y que, a buen seguro, guardan toda una personalidad por descubrir. Otro tópico, por cierto.


  7. ¡Vaya! Por lo que veo, hay gays con las mismas comeduras de tarro que muchas mujeres heterosexuales. Necesitan que los hombres les vean “guapos” (o guapas).

    Como alguien ha dicho, está bien ir al gimnasio, cuidarse y ponerse majo si eso es lo que le hace sentir bien a uno mismo pero sólo por eso. Estar pendiente de si vas a gustar al resto debe ser algo agotador.

    Yo, por lo menos, lo vivo así. Soy grandota y con una cara de lo más normalillo y no por eso ligo menos. Será que las mujeres me ven otras cosas positivas.


  8. Al cuerpo (propio y ajeno) se le pide demasiado. Esa actitud conduce irremisiblemente a la frustración. Cuestión de tiempo.


  9. Ostras moncho por una vez estamos de acuerdo al 100%!


  10. La mayoría de las musculocas ni siquieran tienen buen cuerpo porque aunque desarrollen músculo vienen mal de fábrica y estan mal hechas.Y muchas de ellas además son horrorosas de cara y encima se quedan calvas.Porque la mayoría consumen anabolizantes y son tan descerebradas que por tener un cuerpo aceptable para otras mediocres como ellas ponen en grave riesgo su salud.Esto último ni siquiera muchas lo saben por su vergonzosa incultura.Yo conozco a unas cuantas y me lo paso pipa viéndolas envejecer.Se les ponen una cara de viejas de lo secas que están…y encima abusan de los rayos UVA…En fin,una clase de frikis que curiosamente no me inspiran compasión y disfruto viendo como se hunden en su mediocridad y total falta de espíritu.Y es que al fin y al cabo un cuerpo sin cerebro….


  11. No es por nada Frank pero creo que deberías leerte el acertado post de Carrington para superar prejuicios…


  12. Querido Lobogrino.Yo no tengo prejuicios sobre el culto al cuerpo.Cuido mi dieta,mi piel,hago ejercicio y no tomo el sol sin SPF menor de 20.Lo que no soporto es la idea de que alguien pueda creer que va a sentirse realizado por desarrollar músculo de cualquier manera.Es que muchos de estos practicamente no pueden ofrecer otra cosa y encima van con ínfulas.Yo diria que las musculocas son el prototipo de homosexual donde mas abundan las vacuas y depresivas.Hacer pesas no es precisamente una práctica deportiva saludable.Puede producir estrés y ansiedad y muchos otros perjuicios, sin contar con que muchos que lo practican son mas bien tirando a vagos.Y encima muchos toman drogas anabolizantes y de las lúdicas.Pienso que muchos deberían sopesar la idea de si merece la pena arriesgar tanto por brillar sin ser brillante.


  13. Por cierto,reconozco que soy un criticón radical.Me rio pensando que me he sentido un poco Oriana Falacci.


  14. Perdona Frank, tal vez no había comprendido del todo tu primer post.
    A mi como que los gais hipermusculados que pasan horas en el gimnasio me atraen/gustan/interesan lo mismo que los niñatos que van superapretados y megafantásticos, lo cual es bastante menos que nada.
    Como no me interesan lo más mínimo, pues, no me paro a elocubrar sobre su comportamiento y sobre como se cargan o se dejan de cargar su vida. Es su problema: allá ellos.

    ¿Pero quieres decir que todos los gais musculados son “tontos” que no hacen otra cosa más que alimentar el músculos y van de sobrados por el ambiente?…
    Desconozco el tema.


  15. Pues yo reconozco que no he hecho ejercicio en mi vida… mi vagancia puede más que yo. Ahora tras pasar la barrera de los 40 (bueno hace 4 años ya) cuido algo más mi dieta, sin pasarme, el día que me apetece darme un homenaje como que me lo doy.
    Y Frank, eso no es una crítica, es un chorro de ácido lo que viertes majo. ¿Feas de cara y además calvas? Vamos, ahí te pasaste varios pueblos joer.


  16. Bueno,puedo reconocer que me he pasado,es algo habitual en mi.Pero no digo TODOS,digo muchos,lo que mas se asoma.Por supuesto que hay gays estupendos,cultos,inteligentes y además musculados.Como se suele decir hay de todo.Si,pero abunda lo otro,la morralla.Por favor,que la gente que tiene como máxima aspiración el estar bueno se plantee las cosas de otra manera.Para qué sufrir tanto?? solo para follar? Para encontrar un amor o varios al final no depende de que estés bueno.De todas formas al final cada uno debe hacer lo que le dé la gana y punto.Y en cuanto a lo de feas y calvas…Bueno,lo de calvas puede que no sea para tanto,aunque algunas se les queda una cabeza que da miedo.Y lo de feas ya me direis….


  17. Yo también soy más bien vaguete, aunque me gusta hacer senderismo y de vez en cuando hago algo de bicicleta, pero cuando tengo que subir una cuestita me arrepiento de no haberme quedado en casa. Eso sí,no me corto un pelo y me bajo de la bici hasta el final de la cuesta.
    En lo de Frank, coincido. Creo que no hay que pasarse insultado, cada cual que haga lo que quiera. Hay mucho prejuicio contra la gente que se machaca en los gimnasios. Y lo que me parece peor es el emplear el femenino para insultar, que lo hace mucho la gente homófoba y machista.


  18. Cuando empecé a ir al gimnasio uno de los motivos era tener un cuerpazo y que todo el mundo me mirase y tal (*) ahora lo hago porque me relaja y me hace sentir bien.

    (*) en este blog sólo veis una pequeña parte de lo perra que puedo llegar a ser.


  19. Yo me he llegado a apuntar dos veces al gimnasio. La primera, cuando iba al instituto, creo que en 2º BUP. Duré dos semanas. Con gran decepción para mi padre, le imploré llorando a mi madre que me dejase desapuntarme, a cambio de empezar alemán.

    Muchos años después, con novio alemán, nos apuntamos juntos al gimnasio de al lado de casa. Me compré zapatillas, calcetines blancos, pantalones cortos. Duré tres meses, creo, si es que se puede decir “durar” cuando uno está apuntado sin ir.

    No creo que me apunte una tercera…


  20. Si te había entendido, ya sé que hay un grupo de gente que va a los gimnasios para luego “lucirse” y no tiene mucho más que ofrecer. Además el primero a quien tienes que gustarte es a ti mismo. Yo recuerdo a un chaval que en de la que le conocí estaba buenísimo (ignoro si entiende), pero tardé como 8 años en volver a verle y era tal la masa muscular que tenía que su camiseta con botones amenazaba con dejar tuerto a quien se cruzase en su camino de lo tensos que iban. ¡Qué pena! (pensé para mí) pues sus músculos no eran naturales, se había pasado (para mi gusto), se había convertido en un armario andante.
    Por otra parte sé que hay gente no demasiado agraciada a primera vista que tras hablar un poco con él (o ella)… enamora, mientras otro que puede ser guapísimo a primera vista tras tratar 5 minutos te dan ganas de salir por pies. Jasús que rollazo me ha quedado.


  21. Prejuicios hacia la gente que se machaca en los gimnasios?? K horror!! Pobrecitas palurdas…


  22. Salvo por el hecho de que un buen amigo mío (lector también de DM) va todos los días al gimnasio, yo no tengo nada que ver con ese ambiente, pero no creo yo que se pueda generalizar de esa forma. Habrá gente que se “machaca” en el gimnasio que serán una estupendas personas, y los habrá que sean estúpidos de remate.

    Creo Frank, que te has pasado tres pueblos.


  23. Desde luego, quien opta por “machacar” su cuerpo, sea con el objetivo que sea, no parece muy respetuoso con su cuerpo y, cabe deducir, que mucho menos lo será con los de los demás. Mucho me temo que su concepto de la belleza esté también “machacado”.
    Otra cosa es quien hace ejercicio por simples razones de deporte o salud, pero ése no creo que quiera “machacar” nada y, simplemente, estará más atractivo para sí mismo y para los demás.











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