Guetos (y 3)
Escrito el 30-12-2008 por Nemo
Algo más de medio siglo después de que el emperador romanogermánico mandara a los judÃos de Fráncfort trasladarse a una nueva calleja situada extramuros, el Senado de la República de Venecia siguió sus pasos al ordenar, en 1516, que todos los judÃos bajo su autoridad debÃan residir obligatoriamente en cierta zona periférica de la ciudad de la laguna. Dicha área, rodeada de canales y unida a la ciudad por tres puentes que las autoridades venecianas hacÃan cortar, encerrando a los judÃos en su suburbio, por las noches y durante las fiestas cristianas, era conocida como Geto o Gheto por haberse ubicado allà una vieja fundición (la palabra del habla véneta gèto designarÃa originariamente una colada de metal fundido). Posteriormente, el vocablo italiano ghetto (adaptado en castellano como gueto) se convertirÃa en un término internacional, al designar juderÃas similares a la veneciana ubicadas en muchas otras ciudades de Europa.
La República de Venecia era considerada en aquel tiempo en la Cristiandad como un modelo de buen gobierno, de manera que su decisión de guetizar a los judÃos pudo influir para que otras ciudades y territorios siguieran su ejemplo. Mayor influencia tuvo aún, con todo, la segregación en guetos de la población hebrea de los Estados de la Iglesia, ordenada por el papa Paulo IV en 1555. Este papa, que en su época de cardenal habÃa sido el creador y jefe de la Inquisición romana, justificaba el severÃsimo trato al que sometÃa a los judÃos residentes en los territorios que estaban bajo su soberanÃa temporal (incluyendo la comunidad hebrea de Roma, que era más antigua que el propio cristianismo) con estas palabras: “Puesto que es completamente absurdo e inapropiado que los judÃos, que por su propia culpa están condenados a la esclavitud eterna, puedan, con la excusa de que la caridad cristiana los protege y les tolera vivir entre cristianos, mostrar tal ingratitud hacia éstos que devuelven injurias a cambio de la misericordia que reciben, y pretenden dominarlos en lugar de servirles como es su deber…”
En estas primeras frases de la bula Cum nimis absurdum, Paulo IV deja claro que sólo está dispuesto a tolerar la presencia de judÃos en sus estados si la inferioridad respecto a los cristianos que la Iglesia católica atribuye a los primeros queda plenamente manifiesta en la realidad legal y social de unos y otros, en su vida cotidiana. Para el creador del gueto de Roma, segregar e inferiorizar son cosas que van estrechamente unidas, como evidencian también las medidas que prescribe el papa en la citada bula: además de la guetización, se impone a los judÃos llevar siempre como distintivo un sombrero amarillo; se les prohÃbe poseer bienes inmuebles o comerciar con otra cosa que trapos viejos y vestidos usados; tampoco los médicos judÃos podrán tratar a enfermos cristianos; además, los judÃos no podrán tener sirvientes cristianos ni permitir jamás que los individuos de esta religión, por humilde que sea su estatus, les den trato de señor, etc. Los siguientes papas no sólo mantendrÃan en pie este sistema de segregación/inferiorización de los judÃos, sino que promoverÃan su extensión a otros territorios de Italia y del orbe católico (exceptuando, lógicamente, aquéllos de los que la poblacion hebrea habÃa sido ya expulsada por completo, como sucedÃa en los estados hispánicos desde los tiempos de los muy católicos monarcas Isabel y Fernando).
Fue la Revolución Francesa la que, al extender su influencia por Europa, puso fin para siempre a la vieja vergüenza que para nuestro continente suponÃan guetos como los de Fráncfort y Venecia, e hizo que se reconociera a los judÃos de estos territorios la condición de ciudadanos de pleno derecho, iguales a todos los demás. Dicha influencia llegó también a la Italia central, donde en 1798 el ejército republicano francés, aboliendo el poder temporal de los papas, proclamó la República Romana, levantó un árbol de la libertad en una plaza del gueto judÃo de la ciudad del TÃber y decretó para todos sus habitantes, con independencia de su religión, la plena ciudadanÃa y la igualdad de derechos. Sin embargo, el regreso en 1814 del papa como monarca absoluto de los Estados Pontificios, por decisión de las potencias que habÃan derrotado a Napoleón, acabó con estas conquistas y supuso para los judÃos de dichos territorios el retorno al gueto y a la situación anterior a 1798.
Décadas después, en 1848, una nueva oleada revolucionaria liberal sacude Europa, y en medio de ella el entonces papa, PÃo IX, decide suavizar la situación de los judÃos de sus Estados; sin embargo, sólo la nueva abolición del poder temporal del papado en febrero de 1849, con la proclamación de una segunda (y, para su época, muy progresista) República Romana, pondrá otra vez fin al gueto y restituirá a los judÃos su condición de ciudadanos de pleno derecho. La historia, sin embargo, se repetirá ese mismo año, ahora con las tropas francesas en un papel opuesto al de 1789: el nuevo presidente de Francia, Luis Napoleón Bonaparte (sobrino de Napoleón I, y futuro emperador Napoleón III), cediendo a las presiones de los católicos ultramontanos franceses, cuyo apoyo necesita para mantenerse en el poder, envÃa sus ejércitos contra la pequeña República Romana, acaba con ella por la fuerza y restaura a PÃo IX en el trono de los Estados de la Iglesia. El papa se muestra entonces mucho más conservador que antes de la revolución, y es especialmente duro con la minorÃa judÃa (a cuyos miembros considera agitadores republicanos), ordenando de nuevo su guetización y su inferiorización legal y social; décadas después llegarÃa a decir públicamente, en referencia a los judÃos, que “hay demasiados perros de éstos en Roma en nuestro tiempo, y los oÃmos gemir por las calles y nos molestan por todas partes”… una frase que no parecerÃa fuera de lugar en el texto de Cum nimis absurdum.
La caÃda del Imperio francés de Luis Napoleón Bonaparte en 1870 posibilitará que ese mismo año el poder temporal de los papas sea abolido definitivamente, y Roma incorporada, como capital, al Reino de Italia. El nuevo estado italiano, de corte liberal, pone fin en seguida al gueto romano, para entonces un anacronismo que avergüenza y escandaliza a Occidente; de nuevo los judÃos recuperan sus plenos derechos civiles. PÃo IX se declara entonces “prisionero en el Vaticano”, por más que el nuevo estado no limite ni impida sus movimientos; en 1864 este mismo papa habÃa condenado solemnemente (en el Syllabus errorum), junto con otros “errores” modernos, la idea de que “El Romano PontÃfice puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, con el liberalismo y con la moderna civilización”.
Cuando los actuales ciudadanos de Occidente se encuentran con alguna de las muestras de homofobia que prodiga la jerarquÃa católica (encabezada hoy, como en tiempos de Paulo IV, por un exjefe del Santo Oficio, o de su entidad sucesora), a menudo expresan sorpresa o incredulidad ante esta actitud, que recientemente ha llevado al Vaticano incluso a liderar la oposición a una propuesta europea en la ONU de declaración favorable a la despenalización de la homosexualidad en todo el mundo, con el deplorable argumento de que resultaba inaceptable que ésta afirmase “el principio de no-discriminación que exige que los derechos humanos se apliquen del mismo modo a todos los seres humanos, independientemente de su orientación sexual o de su identidad de género”. La historia nos hace ver, con todo, que dicha actitud de la Santa Sede y sus subordinados es en realidad menos sorprendente de lo que podrÃa parecer, y en cualquier caso no responde simplemente, como tampoco lo hacÃa la manifiesta judeofobia del pasado, a la obsesión personal de uno o unos pocos mandatarios. En la tradición católica, la segregación e inferiorización de aquellas minorÃas que no aceptan someterse a los dogmas de la Santa Madre Iglesia (esto es, a la forma en que ésta interpreta los textos que proclama como sagrados) es, como hemos visto en el caso del trato reservado durante siglos a los judÃos, una polÃtica deliberada, consistente y mantenida –incluso contra viento y marea– mientras sus dirigentes han tenido la posibilidad de hacerlo, es decir, mientras el resto de la sociedad se lo ha permitido. Con dicha polÃtica se pretende asegurar la preeminencia de los dogmas católicos (hoy particularmente en el terreno de la moral sexual y familiar) y el poder e influencia sociales de la Iglesia (o lo que aún queda de éstos). Frente a ello, de nada sirve refugiarse en el viejo tópico de que “los tiempos cambian” si olvidamos que, en realidad, somos las personas, con nuestras micro o macroluchas, las que hacemos posibles esos cambios que anhelamos.
Excelente artÃculo. El antisemitismo (y la homofobia) no han nacido de la nada, tienen una larga historia y una fuente bien reconocible en Europa: las iglesias cristianas.
Contradiciendo a Lobogrino la historia demuestra que no es la derecha quien impregna y da argumentos a la iglesia, siempre ha sido al revés. Lo que hizo Hitler al señalar a los judÃos con una estrella de David amarilla ya lo inventó la ICAR con los gorros amarillos.
Interesante artÃculo, como siempre.
[1870, caÃda del Imperio francés de Luis Napoleón Bonaparte] “El nuevo estado italiano, de corte liberal, pone fin en seguida al gueto romano, para entonces un anacronismo que avergüenza y escandaliza a Occidente; de nuevo los judÃos recuperan sus plenos derechos civiles. PÃo IX se declara entonces “prisionero en el Vaticanoâ€?, por más que el nuevo estado no limite ni impida sus movimientos”
De este texto que he extractado de tu artÃculo llegamos a otro de los vicios seculares de los jerarcas católicos: el victimismo.
Bueno, muchas gracias otra vez, Nemo, por ilustrarnos. Es curioso como la unificación italiana y la conversión de ese territorio en un estado relevante en el concierto internacional se hizo bajo unos principios liberales, y por lo tanto laicos (lo contrario es un oxÃmoron: si no se es laicista, es imposible ser liberal).
El comienzo del último párrafo no me parece muy acertado. ¿De verdad alguien se sorprende de la actitud de los jerarcas de la secta criminal-católica?.
No seré yo el sorprendido en cualquier caso. A la historia puede cualquiera remontarse, como habéis dejado bien claro.
Y pensar que PÃo IX, el mismo que llamó “perros” a los judÃos y se burló de sus lamentos, fue beatificado en el año 2000… ¿Qué podemos esperar de esta panda?
Bueno, los paralelismos son evidentes , ¿no?. Incluido el del infausto lobby rosa
He leÃdo tus tres artÃculos, que me han parecido interesantÃsimos, y me pareció útil con tu permiso aportar alguna otra información sobre esta palabra. Aquà va.
En efecto, la palabra española “guetoâ€? proviene del italiano “ghettoâ€?. Sin embargo, de acuerdo con sitios como http://www.gentileschi.it/venezia/Venezia-8.htm o http://www.etimo.it/?term=ghetto , http://www.nauticlub11.com/HN-I-1e2-ghettoebraico.htm, la etimologÃa de la palabra italiana es incierta. En general se acepta que proviene de la lengua veneciana, pero lo que se discute es el origen etimológico en esta lengua: para algunos, provendrÃa del alemán “Gitterâ€? (reja, verja, red de alambre) o “Gasseâ€? (callejón); para otros, tendrÃa origen en las palabras hebreas “guddaâ€? o “guddahâ€? (separación o encerramiento), o “ghetâ€? (repudiar, divorciar, separar, marginar). Sin embargo, según el primero de los sitios Web mencionados, “la hipótesis más acreditada hace descender la palabra ghetto del verbo getà r, es decir fundirâ€?, y la palabra “getoâ€? significa “fusiónâ€? o “fundiciónâ€?. Se alude asà a la zona de Venecia donde se hallaba la fundición a la que te refieres en tu escrito. La pronunciación original en veneciano es “yetoâ€? y la transformación a la pronunciación “guetoâ€? se deberÃa al origen azkenazi (alemán) de los primeros judÃos que fueron recluidos en esa zona de Venecia. En mi opinión, la palabra veneciana “getà râ€? provendrÃa del latÃn “iactÄ?reâ€?, que en español originó “echarâ€? y otras como “eyectarâ€?, “deyectarâ€? o “inyectarâ€?.
Sigue escribiendo cosas tan interesantes y gracias por la información que nos brindas en ellas.
Gracias Nemo, por estos artÃculos. Aprendo mucho con ellos, y con los comentarios que suscitan. Enhorabuena.
Una amiga mia que vivió en el gheto de Varsovia dice que se lo pasaron pipa.Para mi que es masoca….
Coincido con mis compañeros. Excelente artÃculo. ¡Gracias!
Hombre Frank, si es amiga tuya, supongo que era una niña cuando todo eso sucedió y estarÃa arropada por su familia como en “La vida es bella”.
Muchas gracias a todos por dejar vuestros comentarios, y también por vuestra amabilidad.
Dr. Turbio: coincido contigo en que la Iglesia Católica ha sido, y continúa siendo, una poderosa fuerza reaccionaria dentro de la derecha de Occidente. Lo que no puede sorprender demasiado en una organización cuya estructura, funcionamiento, forma de ver el mundo, etc. son muy anteriores a la Ilustración y a las revoluciones liberales, y que por ello supone, para las sociedades occidentales, un lastre que intenta atarlas -o devolverlas- a un mundo en el que las personas no tenÃan otro derecho que el de obedecer ciegamente a quienes se autotitulaban representantes de Dios en la Tierra.
Rafa: efectivamente, PÃo IX, el mismo que habÃa mantenido a los judÃos en el gueto durante décadas, actuó, como dices, de forma extremadamente victimista cuando en 1870 perdió el dominio como monarca absoluto que hasta entonces habÃa ejercido sobre los habitantes de Roma y su región. De forma similar, la jerarquÃa católica, que tan cómoda se halló bajo el régimen nacionalcatólico del Caudillo, hoy se dice perseguida por la España democrática. Recuerdo –vagamente- una viñeta de El Roto en la que un personaje con hábitos de jerarca católico le decÃa a otro vestido de forma parecida algo asà como “pues claro que estamos perseguidos, si ya no nos dejan perseguir a los demásâ€?…
Nazareno: pues sÃ, el Reino de Italia, aunque bastante conservador en comparación, por ejemplo, con la República Romana de 1849, era un régimen liberal y parlamentario, y se encontró siempre con el rechazo y el desprecio absolutos por parte de la cúpula católica y sectores afines a ésta. Después de la I Guerra Mundial, la Iglesia Católica apoyó al fascista Mussolini, considerado -según el historiador inglés Denis Mack Smith- como “el modelo ideal de hombre de estado católicoâ€? (al menos, hasta la aparición en escena de Franco); como recompensa, el Duce llevó a cabo la “conciliaciónâ€? con la Iglesia Católica en 1929, mediante un tratado y un concordato por los cuales la Santa Sede reconocÃa por fin -después de casi 60 años- la existencia del estado italiano, y a cambio recibÃa del régimen fascista la soberanÃa sobre la Ciudad del Vaticano, junto con otras concesiones (por ejemplo, que el estado italiano se comprometÃa a adoptar las leyes matrimoniales de la Iglesia, lo que resulta muy significativo desde nuestra perspectiva actual). El papa de entonces, PÃo XI, llamó a Mussolini “el hombre que la Providencia nos ha hecho encontrarâ€?, ya que por fortuna el Duce no tenÃa, dijo, “las preocupaciones de la escuela liberalâ€?.
Muchas gracias por tu observación, DexterMorgan. He corregido la frase a la que te refieres, ya que es verdad que yo tampoco puedo decirme muy soprendido por la actual homofobia de la jerarquÃa católica, precisamente por conocer los antecedentes históricos de su organización. Pero yo recuerdo haber oÃdo/leÃdo, ante noticias sobre ataques de la cúpula de dicha iglesia a los ciudadanos LGTB y a nuestros derechos, reacciones del estilo de “Parece increÃble que la Iglesia Católica diga estas cosas en este sigloâ€? o “Hay que ver: ¡predican el amor y siembran el odio!â€?, etc. Quizá muchas de estas muestras de incredulidad o (indignada) sorpresa tengan bastante de retórico, pero en todo caso, ése es el lenguaje que se utiliza en muchos casos.
Giorgio: pues sÃ. La beatificación de PÃo IX, por cierto, no sentó nada bien a los judÃos, que expresaron su malestar. Lo cual, por supuesto, no impidió a Juan Pablo II seguir adelante con ella.
Odysseus: al menos entonces (a finales del siglo XIX) a los judÃos les llamaban “perrosâ€?, y no tenÃan la desvergüenza -que yo sepa- de hablar de una “Inquisición judÃaâ€? como hoy algunos miserables hablan de “la Inquisición rosaâ€?.
Ottaviano: muchas gracias por tu interesante aportación.
Nosololopienso, Carrington: muchas gracias a vosotros.
Frank: o es lo que dice el Dr. Turbio, o tu amiga tiene un sentido del humor muy peculiar, considerando que se refiere al gueto que Hitler mandó crear en Varsovia para internar a los judÃos de gran parte de Polonia, como paso previo a la deportación de sus habitantes a los campos de exterminio.
Nemo Me referÃa a los famosos “Protocolos de los Sabios de Sión”. He ahà el Ghetto(4). Es más, hace un año y algo tuvimos una discusión sobre el origen de la Gay Agenda, que venÃa de un Manifiesto hecho en modo irónico que la derecha americana se tomó en serio …
Bueno, Odysseus, la verdad es que el antisemitismo histórico (y sus paralelismos con la homofobia) darÃa para bastantes más artÃculos… supongo que volveremos sobre el tema más adelante. En todo caso, es interesante el paralelismo que apuntas.
Nemo:
Ahora que mencionas una viñeta del EL ROTO (me encanta), se me ha venido a la cabeza otra:
Un cura está gritándole al cielo, como hablándole al AltÃsimo:
- ¡Señor, nos persiguen!!!!
Y Dios, que habla desde una hermosa nube, le responde:
- ¡No me extraña, aunque no te creo!
Muy buena también esa otra viñeta de El Roto sobre el victimismo de los gerifaltes católicos, Rafa. Feliz año a ti y a todos.
me parece algo buenoque nos faciiten nuestras tareas gracias por su pag.