Del viejo bar de ambiente y de cómo nos fuimos separando

h1 Escrito el 13-01-2009 por Raul Madrid

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Debo reconocer que tiendo a revisitar el pasado, para mirar lo que pasó entonces con otros ojos, y al hacerlo, suelo entrar en ese estado en el que te sumes cuando contemplas un pasado a veces triste desde otro estado más plácido. Por eso igual no soy objetivo, por eso a mi visión de aquellas primeras salidas mías al ambiente igual le falta un poco de enfoque, pero me vais a permitir esta licencia.

Estar fuera del armario era muy diferente hace veinte años. De hecho la expresión ‘salir del armario’ probablemente no se ajusta a la realidad de las personas que llenábamos los locales de ambiente a principios de los noventa, ya que el proceso desde que un chico o una chica aceptaba que su orientación sexual era diferente hasta que alcanzaba un grado de visibilidad que le permitiera vivir su afectividad (y su realidad) de una forma satisfactoria era mucho más largo que ahora (en términos generales, ya que siempre hay excepciones), de tal manera que aunque ibas ganando espacios de libertad, el lugar al que accedías al abrir la puerta en realidad era sólo un poco más amplio que el propio armario, y así sucesivamente.

Uno de esos espacios contiguos al armario era el bar de ambiente. El de toda la vida. Ese tipo de bar del que, en ciudades de tamaño medio, sólo había uno, decorado con el eclecticismo propio de una época en la que convivían la copla, el pop, los aires de la movida madrileña y el acid-house. La fauna que habitaba el ‘pub’ de ambiente era también de lo más variopinta, y en él se mezclaba el folclórico y el niño de papá, el izquierdoso más o menos bolchevique y el pintor o el poeta, el mariquita retornado de la emigración o el exilio y el siniestro o el punk. Todos diferentes, todos con algún recelo hacia el de al lado, todos con algo que echarse en cara, pero obligados a encontrarse en el mismo punto: el bar de ambiente, al que nunca nos cansábamos de criticar.

Que si hay mucha envidia, que si todo el mundo va a lo mismo. Es curioso, pero cada vez que vuelvo a ‘visitar’ aquellos primeros años míos fuera del armario, descubro con nostalgia que no era tan malo aquel sitio. Allí coincidíamos todos, cada uno de nuestro padre y nuestra madre, y allí acabé yo, con diecisiete años. Entonces sólo me interesaba ligar, pero en los largos periodos entre ligue y ligue conocí a gente muy interesante. Personas de otros ámbitos, culturales o sociales, y también personas mayores que yo. Al principio esa persona mayor sólo era ‘el abuelo’ que quería ligar conmigo (joder, ahora yo sería un abuelo), pero con el tiempo y después de hacernos amigos, esa y otras personas me fueron enseñando muchas cosas que yo no había vivido, hasta que poco a poco las hice mías, y aprendí a reconocer una parte de mí cuando los miraba a ellos. Cada vez me convenzo más de que el bar de ambiente, al que todos estábamos ‘condenados’, fue un elemento importante en esta complicidad (o síndrome de Estocolmo) que llegaba a establecerse entre personas que no tenían en común más que la orientación sexual.

Tal vez había más cosas que nos mantenían unidos. Puede que compartiéramos más referencias culturales, tal vez el abismo entre la modernidad y lo antiguo no era tan grande. Almodóvar, símbolo de la modernidad de aquellos años, lo mismo cantaba rock que ‘la Bien Pagá’, y cuando finalmente se produjo la ruptura generacional, quizá fuera él uno de los que más gráficamente lo ha sabido reflejar, en la famosa frase de la Agrado en ‘Todo sobre mi madre’: ‘¿Dónde se ha visto una mujer calva?’. Pero a finales de los 80 y principios de los 90 no había mujeres calvas. La cultura de masas era común a una gran mayoría de personas (gays y heteros), y los gays y lesbianas que habitábamos los bares de ambiente no éramos ajenos a esa ‘masa’ de personas que solamente tenían dos canales de televisión. Y aunque parezca una frivolidad, eso une mucho. Eurovisión, Martes y Trece, la teta de Sabrina, los primeros culebrones… En cuanto a cine o literatura estrictamente gay, había tan poco que lo poco que había se convertía casi inmediatamente en nexo de unión entre personas muy diferentes, como pasara con el bar de ambiente. Así, era perfectamente posible que dos homosexuales enormemente distantes en extracción social, edad y formación, se supieran de memoria alguno de los diálogos de ‘Trilogía en Nueva York’, por poner un ejemplo. Con el paso de los años fuimos ganando en libertad. Esta libertad, unida a factores puramente económicos propició la proliferación de un gran número de obras culturales destinadas al público LGTB, hasta tal punto que hoy día resulta imposible estar completamente al día en estas cuestiones. Los medios de comunicación de masas, ni que decir tiene, también cambiaron y se multiplicaron, con la aparición de las cadenas privadas primero, y de internet después, por marcar solamente dos hitos.

Verdaderamente las cosas han cambiado mucho desde que yo salí al ambiente por primera vez hace veinte años. Puede que la diversificación del ocio y la cultura haya hecho que tengamos menos referencias comunes, y puede que la falta de estabilidad laboral o las exigencias de una sociedad que glorifica los aspectos más arrolladores del individualismo, haciéndonos creer que la superación personal pasa por ser (o parecer) mejor que el otro, hayan ampliado la distancia que nos separa del que tenemos enfrente, pero me niego a aceptar que, como sugieren algunas voces, por ser diferentes, seamos totalmente ajenos los unos a los otros. De hecho, ¿no pensáis que las enormes diferencias y el individualismo que aparentemente nos separan en realidad sólo hacen más enriquecedor el proceso que nos lleva a vernos reflejados en los otros? Es más, ¿no pensáis que, una vez superados los obstáculos que nos mantienen apartados, seremos más fuertes para seguir luchando por nuestros derechos?


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9 comentarios en “Del viejo bar de ambiente y de cómo nos fuimos separando”

  1. Recuerdo con un puntito de nostalgia aquella época en la que lo que nos separaba a los homosexuales no era tan fuerte como para dejar de unirnos —y reunirnos— en los mismos lugares. Terminabas por conectar con personas con las que nunca habrías creído tener nada en común y te sentías perteneciente a una realidad muy rica.


  2. Raul, cuantas cosas y cuanto camino,sendas,bericuetos habeis vivido,los que ahora os llamais “viejos” .En tu tiempo, ya el cascarón tenia grietas por las que se podia salir, reunirse en bares de ambiente.Tiempo en el que si intuias algo del otro,podias preguntarle ¿entiendes?

    Todavia quedamos un resto,que vivimos un tiempo de miedo,de terror,de angustia,de leyes de peligrosidad social. Tiempo de caretas.Tiempo que nos ha marcado tanto, que no nos podemos quitar ese miedo,ya forma parte de nosotros.

    Me llena de alegría y satisfacción poder ver tanto grupo gay que lucha y planta cara al homofobo de la fabrica,del banco,de la enseñanza ect.

    No os olvideis,que todavia quedan los niños que sufren su sexualidad en pueblos pequeños y los ancianos que estamos marcados.

    fray Bernardo


  3. Me ha encantado tu artículo, Raú, y me ha hecho evocar algunas de mis primeras incursiones por los locales de ambiente. Por un lado, el sentimiento de vergüenza que tenías al entrar por primera vez, cuando te temblaban las piernas sólo de pensar que alguien conocido pudiera verte, por otro, esa especie de “fraternidad tensa” que te encontrabas dentro, en la que el reconocimiento y la desconfianza convivían con familiaridad.

    Un saludo. Y otro para fray Bernardo, y en él para todos esos “viejos” que tuvieron que vencer tanto miedo, y que quedaron tan marcados por el mismo. De verdad, su breve comentario me ha puesto la carne de gallina.


  4. me ha gustado muy mucho tu artículo.
    :)
    estoy convencido de que a pesar de estar menos unidos.. seguimos teniendo cosas importantes en común. y lo prueba el hecho de que dentro de los mundillos en que me muevo (suena lugubre, pero me refiero a gente del barrio, colegio, univerisdad, familia, actividades..) aquel que mas diversidad me ha aportado es el mundo gay.
    aun tengo 20, y en solo 3 años saliendo por el “ambiente” ya puedo contar amigos y conocidos de múltiples edades, estilos, razas, procedencias y con múltiples dedicaciones y formas de ver la vida.


  5. Como siempre, Raúl: excelente artículo.
    Pese a estar tan cercano en el tiempo suena a tremendamente lejano.
    El mundo gai, como bien dices en el artículo, lo que ha hecho ha sido evolucionar con la sociedad. Y si en los 80/90 había una serie de parámetros literarios, musicales, televisivos… que nos unían a todos ahora todo se ha diversificado de manera que cada cual elige lo que quiere que le una a otras personas. Si en los 80/90 estábamos en pleno apogeo del asociacionismo, voluntariado y demás hoy está de capa caída.
    Si en los 80/90 había unos pocos locales que aglutinaban a todos los gais que, pese a las diferencias eran bastante homogéneos, actualmente hay montones de locales de “perfil distinto” donde cada cual elige estar con los que son como él.
    Como bien dices ese “individualismo” ha aportado riqueza y variedad.
    Es cierto: no frecuento locales donde haya jovencitos, ni me muevo más allá del mundo Bear. Pero aún así hay un nexo de unión con ellos. El nexo de unión que suponen los derechos. El tener claro que si bien en sus locales no me voy a perder en el fondo del fondo somos iguales y cuando vayan mal dadas debemos luchar por lo mismo.

    Creo que ese nexo de unión, ese “Bar de ambiente” de antaño (su función) es la Manifestación del Orgullo. Ahí aparecemos todos desde nuestra individualidad para dejar claro a la sociedad que diferentes todos aspiramos a lo mismo.
    Que no es más que (igual que hace 20 años en el bar de ambiente) querer vivir como queremos vivir.

    *- Un abrazo especialmente entrañable a fray Bernardo: ciertamente nos queda mucho por lo que luchar y mucha lucha para conservar lo que tenemos, que los cuervos siguen al acecho y aún nos lo pueden arrebatar.


  6. Gracias a los que habéis dejado comentarios, estoy seguro de que a ninguno os importará que conceda especial atención al comentario de Fray Bernardo, a quien envio un fuerte abrazo. Como colaborador de Dos Manzanas, movido por la necesidad de comunicación, es un placer constatar que satisfacemos esa necesidad en personas como él, a quienes se les negó esa comunicación durate largos años. Fray Bernardo, sigue por aquí, necesitamos gente como tú.


  7. ¡Ay! Raúl has descrito mi adolescencia. En una ciudad pequeña siempre te quejas del ambiente, pero acaba siendo un sitio de complicidad donde siempre encuentras a alguien conocido, que te presenta a otro conocido y así puedes conocer a gente que con mis amigos heteros (todos de la misma edad, mismos gustos musicales, mismos intereses…) nunca hubiese conocido.

    Con la normalización también ha llegado un abismo generacional entre los mayores y los jóvenes. Yo conocí a heteros mayores en mi familia y a gais mayores en los sitios de ambiente. Ahora los jóvenes siguen conociendo a heteros mayores pero salen al ambiente con sus amigos de la misma edad, mismos gustos musicales… No tienen ningún motivo para conocer a personas homosexuales mayores. Seguramente pensarán que todo ha sido siempre así, no tendrán una visión de lo frágil que son nuestras conquistas y, esperemos que no, puede que se den de bruces con la realidad cuando los despidan sin motivo o cuando se nieguen a darles una habitación de matrimonio en ciertos hoteles.


  8. es que he sentido hasta escalofríos al leerte, pensaba que en algún momento ibas a hablar de mí.

    y en cuanto a tus preguntas finales… aún no sé qué pensar, la verdad, sigo con los escalofríos.


  9. Chicos, me vais a poner tierno y todo. Gracias, Dr. Turbio y Putojacktwist. Un abrazo.











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