Jauría

h1 Escrito el 18-01-2009 por Rafael Rodríguez

Contra naturaHace fr√≠o, es de noche, tratas de conciliar el sue√Īo pero no puedes, te tapas con una manta insuficiente, est√°s tiritando, el aire helado del invierno de Badajoz se cuela por el ventanuco mal cerrado de tu celda. El olor a humedad es penetrante, se confunde con otros olores intensos que no conoc√≠as, al principio te repugnan, pero poco a poco te vas acostumbrando a ellos. Compartes un v√°ter oxidado con otro preso, que est√° a tu lado, dormido, es un hombre de mediana edad, voluminoso, desaseado, con una gran barba canosa y mal rapada. No le conoces, no sabes nada de √©l, ni siquiera te ha mirado a la cara cuando has entrado en la celda, est√° profundamente dormido, est√° roncando, sus ronquidos son secos, ahogados, se mezclan con el extra√Īo silencio de la noche, un silencio tenso, interrumpido por eventuales gritos alucinados que vienen de otras celdas, de otros presos que a√ļn no conoces. Miras al techo, sigues sin poder dormir, la luz liviana de la luna se cuela por la ventana, la celda es estrecha y alargada, las paredes encaladas tienen cercos de humedades, un gran crucifijo est√° colgado en una de los muros, junto al v√°ter hay un peque√Īo lavabo de loza y una ducha sin cortinas.

Tu compa√Īero deja de roncar, ahora el silencio es extra√Īo, expectante. Por fin logras conciliar el sue√Īo, es un sue√Īo ligero, inquieto, delirante, un sue√Īo lleno de im√°genes: unos polic√≠as brutales te hacen fotos en los s√≥tanos de una comisar√≠a, se burlan de ti, uno de ellos quiere pegarte pero otro le contiene, el flash de la c√°mara te ciega, hay risas, gritos, ruido. Sigues so√Īando, o tal vez confundes tus sue√Īos con tus recuerdos: ahora atraviesas el patio de la c√°rcel a la que acabas de llegar, dos funcionarios torvos te llevan esposado con brusquedad, un grupo de presos interrumpe su conversaci√≥n y se gira para mirarte, te escudri√Īan, te se√Īalan con el dedo, se r√≠en de ti, aunque est√°n lejos y no los oyes puedes leer en los labios de uno el insulto exacto que te propina, puedes o√≠r sus carcajadas feroces‚Ķ

Despiertas de nuevo, sigues temblando, empieza a amanecer, una luz leve y azulada se cuela por la ventana min√ļscula de la celda. T√ļ mente da vueltas, no sabes cu√°nto tiempo vas a estar en la c√°rcel, no sabes lo que te van a hacer, ni siquiera sabes oficialmente el motivo de tu detenci√≥n. Tienes fr√≠o, el sabor de la sopa de arroz agria que te han dado de cena vuelve a tu boca, te repugna. Un grito como alienado se oye en alguna de las celdas contiguas. Tratas de calmarte, el fr√≠o se mete en tus huesos, intentas acomodar tu cuerpo al jerg√≥n abombado, das vueltas y vueltas buscando una postura, no la consigues, el agotamiento poco a poco te va venciendo. Duermes de nuevo, ahora el sue√Īo es m√°s intenso, m√°s calmado, est√°s en un parque de tu ciudad, es de noche, alrededor de una fuente destartalada pululan otros hombres como t√ļ, te acercas a uno de ellos, te detienes a su lado, no le conoces pero le miras con complicidad, √©l te devuelve la mirada, es una mirada tensa, expectante. Sin mediar palabra os vais juntos, os refugi√°is en las sombras de unos arbustos, le abrazas, sientes el volumen y el calor de su cuerpo, le acaricias, le besas‚Ķ

Un fogonazo de luz el√©ctrica inunda repentinamente tu celda, el estruendo de una sirena penetra en tus t√≠mpanos como un martillazo, te despiertas, desorientado, tembloroso. El olor fecal de la letrina te sacude de nuevo, oyes los chasquidos de los cerrojos de otras celdas que se abren y se cierran con estr√©pito de metales, los gritos de los otros presos se hacen gradualmente m√°s fuertes y se meten en tu mente como alaridos de bestias. Las tuber√≠as de las duchas contiguas rugen como si fueran organismos vivos. Sigues tumbado en la cama, no tienes fuerzas para levantarte, te pica todo el cuerpo, miras alrededor, reconoces las paredes desconchadas y h√ļmedas de la celda, el crucifijo hier√°tico. Te giras y ves a tu compa√Īero de calabozo, te est√° mirando, cruz√°is la mirada por primera vez, te mira con indiferencia, con hast√≠o. El cerrojo de tu celda se abre con un chasquido seco como un balazo, miras hacia la puerta, ves a dos hombres corpulentos que est√°n entrando, la luz excesiva de los focos cenitales del pasillo te impide reconocerles, s√≥lo ves dos perfiles de sombra que se acercan apresuradamente hacia ti. Tratas de incorporarte, tu cuerpo no te obedece, tienes miedo.

Rafael Rodríguez


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2 comentarios en “Jaur√≠a”

  1. Muy bien escrita esta carta Rafael.

    Todo esto sucedi√≥ hace muy poco tiempo y responsables, como Manuel Fraga, siguen sin pedir perd√≥n e incluso contin√ļa insultando ahora que ya no le dejamos que meta a nadie en la c√°rcel.

    No olvidemos, los homófobos y los obispos no lo están haciendo.


  2. No s√© si ya lo he contado alguna vez: un compa√Īero m√≠o a punto de jubilarse me cuenta que tiene pesadillas cada noche con una cosa que le pas√≥ en la mili:

    Su destino durante un a√Īo fue vigilar “la celda del maric√≥n”, que era un hombre de unos 40 a√Īos que ten√≠an encerrado en una celda sin ventanas de 2×2 y al que solo dejaban salir a tomar el sol una hora al d√≠a.

    Mi compa√Īero dice que su mirada de tristeza le acompa√Īar√° hasta la tumba.











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