¿Generación sin armario?
Sunday, February 15th, 2009
Hace una semana EL PAIS SEMANAL publicaba un interesante reportaje titulado “Generación sin armarioâ€, en el que un grupo de jóvenes homosexuales en torno a los veinte años contaba cómo es la nueva realidad afectiva de una generación que se niega a ocultar su orientación sexual. Rebosante de optimismo desde el propio tÃtulo, el reportaje está hilvanado a través de las voces de varios testimonios, - estudiantes universitarios y urbanitas todos ellos-, que, mediante sus experiencias personales, cuentan la relativa facilidad que tienen ahora los jóvenes para salir del armario, enfrentarse al mundo y no “perderse su juventudâ€.
No puedo estar más en desacuerdo con el, a mi juicio, excesivo tono optimista que se desprende del reportaje firmado por Luz Sánchez-Mellado. La autora del trabajo admite que sólo ha centrado su estudio en jóvenes urbanitas y universitarios, sin embargo da la sensación de que generaliza al titularlo “generación sin armarioâ€. En mi opinión en el reportaje se comete un error de bulto: analizar una muestra sesgada de la población de jóvenes de veinte años. ¿Y el mundo rural?, ¿Y las pequeñas ciudades?, ¿Y los trabajadores no cualificados? ¿Y los inmigrantes?, ¿no son ellos acaso parte de una generación?, ¿ellos no cuentan en un estudio sobre la normalización de la homosexualidad?, evidentemente ellos también son parte de una generación, pero no de esa idÃlica generación sin armario de la que habla el reportaje. Es obvio que hemos avanzado mucho en la normalización, pero también lo es que el avance ha sido muy desigual: mientras en Madrid tenemos un barrio como Chueca, en muchas capitales de provincia ni siquiera hay un colectivo LGTB al que ir a conocer a otras personas de tu misma orientación sexual. Sólo podremos hablar de una generación sin armario cuando hayamos erradicado del todo la homofobia, porque mientras sigua existiendo ese dañino prejuicio atávico siempre habrá muchos gays y lesbianas que - en unos lugares más que en otros, y en unas circunstancias personales más que en otras- no se atrevan nunca a dar ese difÃcil paso que es salir del armario. Y aunque tenemos la legislación más avanzada del mundo, mucho me temo que en la erradicación de la homofobia no hemos avanzado tanto como podrÃa parecer, especialmente en los lugares y entre los colectivos que omite el estudio realizado por EL PAÃS.
Me ha llamado la atención en el reportaje el tipo de familias a las que pertenecen varios de los jóvenes entrevistados: los padres de Marta son unos “padres de anuncio†(psicóloga la madre y consultor el padre), y respecto a los de Alex, ambos son profesionales liberales (personas, por tanto, con una formación académica). Creo que en esto también hay un sesgo importante en el reportaje. Yo soy profesor en un instituto de Formación Profesional de un barrio popular de Madrid, y puedo asegurar que los “padres de anuncio†son un bien muy escaso. Marta, la joven entrevistada en el reportaje, dice que no estuvo ni un solo mes en el armario, que se lo contó a sus padres con catorce años. ¿Lo habrÃa hecho si no le hubiese tocado la loterÃa de tener unos “padres de anuncioâ€?. ¿Cuántos jóvenes tienen unos padres asÃ? El caso de Marta es tan excepcional y tan poco representativo de la totalidad como el de Hossain, el joven musulmán que le contó a su padre que era gay y cuando se lo dijo le dio un abrazo… (Otro “padre de anuncio†dentro del mundo musulmán…). Desgraciadamente las cosas no son asà en la mayorÃa de las veces, los casos de Marta, de Hossain y de muchos de los entrevistados sólo muestran una esperanzadora tendencia hacia la normalidad, pero en mi opinión no representan a una generación.
Es evidente que esta generación de veinteañeros - incluso los que viven en el entorno sociocultural más desfavorable-, lo tiene mucho más fácil que las anteriores, porque tiene muchas cosas que nosotros no tuvimos a su edad –referentes positivos, Internet, leyes avanzadas…-, pero es un error generalizar y no distinguir las dos velocidades de la normalización. Creo que el reportaje firmado por Luz Sánchez-Mellado es bienintencionado y rezuma cariño hacia el colectivo homosexual, pero es ingenuo. ¿Alguien se imagina un reportaje sobre el impacto de la crisis económica en el que sólo se entrevista al sector más acomodado de la población?
Hace una semana EL PAIS SEMANAL publicaba un interesante reportaje titulado “Generación sin armarioâ€, en el que un grupo de jóvenes homosexuales en torno a los veinte años contaba cómo es la nueva realidad afectiva de una generación que se niega a ocultar su orientación sexual. Rebosante de optimismo desde el propio tÃtulo, el reportaje está hilvanado a través de las voces de varios testimonios, - estudiantes universitarios y urbanitas todos ellos-, que, mediante sus experiencias personales, cuentan la relativa facilidad que tienen ahora los jóvenes para salir del armario, enfrentarse al mundo y no “perderse su juventudâ€.
No puedo estar más en desacuerdo con el, a mi juicio, excesivo tono optimista que se desprende del reportaje firmado por Luz Sánchez-Mellado. La autora del trabajo admite que sólo ha centrado su estudio en jóvenes urbanitas y universitarios, sin embargo da la sensación de que generaliza al titularlo “generación sin armarioâ€. En mi opinión en el reportaje se comete un error de bulto: analizar una muestra sesgada de la población de jóvenes de veinte años. ¿Y el mundo rural?, ¿Y las pequeñas ciudades?, ¿Y los trabajadores no cualificados? ¿Y los inmigrantes?, ¿no son ellos acaso parte de una generación?, ¿ellos no cuentan en un estudio sobre la normalización de la homosexualidad?, evidentemente ellos también son parte de una generación, pero no de esa idÃlica generación sin armario de la que habla el reportaje. Es obvio que hemos avanzado mucho en la normalización, pero también lo es que el avance ha sido muy desigual: mientras en Madrid tenemos un barrio como Chueca, en muchas capitales de provincia ni siquiera hay un colectivo LGTB al que ir a conocer a otras personas de tu misma orientación sexual. Sólo podremos hablar de una generación sin armario cuando hayamos erradicado del todo la homofobia, porque mientras sigua existiendo ese dañino prejuicio atávico siempre habrá muchos gays y lesbianas que - en unos lugares más que en otros, y en unas circunstancias personales más que en otras- no se atrevan nunca a dar ese difÃcil paso que es salir del armario. Y aunque tenemos la legislación más avanzada del mundo, mucho me temo que en la erradicación de la homofobia no hemos avanzado tanto como podrÃa parecer, especialmente en los lugares y entre los colectivos que omite el estudio realizado por EL PAÃS.
Me ha llamado la atención en el reportaje el tipo de familias a las que pertenecen varios de los jóvenes entrevistados: los padres de Marta son unos “padres de anuncio†(psicóloga la madre y consultor el padre), y respecto a los de Alex, ambos son profesionales liberales (personas, por tanto, con una formación académica). Creo que en esto también hay un sesgo importante en el reportaje. Yo soy profesor en un instituto de Formación Profesional de un barrio popular de Madrid, y puedo asegurar que los “padres de anuncio†son un bien muy escaso. Marta, la joven entrevistada en el reportaje, dice que no estuvo ni un solo mes en el armario, que se lo contó a sus padres con catorce años. ¿Lo habrÃa hecho si no le hubiese tocado la loterÃa de tener unos “padres de anuncioâ€?. ¿Cuántos jóvenes tienen unos padres asÃ? El caso de Marta es tan excepcional y tan poco representativo de la totalidad como el de Hossain, el joven musulmán que le contó a su padre que era gay y cuando se lo dijo le dio un abrazo… (Otro “padre de anuncio†dentro del mundo musulmán…). Desgraciadamente las cosas no son asà en la mayorÃa de las veces, los casos de Marta, de Hossain y de muchos de los entrevistados sólo muestran una esperanzadora tendencia hacia la normalidad, pero en mi opinión no representan a una generación.
Es evidente que esta generación de veinteañeros - incluso los que viven en el entorno sociocultural más desfavorable-, lo tiene mucho más fácil que las anteriores, porque tiene muchas cosas que nosotros no tuvimos a su edad –referentes positivos, Internet, leyes avanzadas…-, pero es un error generalizar y no distinguir las dos velocidades de la normalización. Creo que el reportaje firmado por Luz Sánchez-Mellado es bienintencionado y rezuma cariño hacia el colectivo homosexual, pero es ingenuo. ¿Alguien se imagina un reportaje sobre el impacto de la crisis económica en el que sólo se entrevista al sector más acomodado de la población?

Beatriz Gimeno, ex-presidenta de la
COLEGAS, en su comunicado de respuesta firmado por Paco RamÃrez, su secretario de organización, se defiende argumentando que su organización no sigue “el sectarismo de los grupos gays de izquierdas como son la FELGT”. “Defender a estas alturas de siglo XXI la dictadura cubana no sólo es inconcebible en aquellos que luchan por la libertad, la democracia y los derechos humanos de cualquier paÃs del mundo, independientemente del sesgo ideológico que lo sustente, sino que describe mucho a una persona hipócrita con una doble vara de medir, capaz de denunciar la paja ajena e incapaz de ver la viga en su propio ojo”. Respecto al apoyo a la intervención israelÃ, el comunicado insiste en el derecho de Israel a “defenderse del terrorismo integrista de Hamás”. RamÃrez, de hecho, sugiere a Gimeno “mudarse una temporada a la franja de Gaza para que vea realmente como viven las mujeres bajo la Sharia, y veremos si se le permite mantener su feminismo radical en una sociedad controlada por los fundamentalistas”. En definitiva, según RamÃrez, “COLEGAS es una organización independiente, que no es sectaria ideológicamente, y que tiene miembros que tanto pueden ser de izquierdas como de derechas”. 

El 11 de enero 2009 se cumplen treinta años desde que el BoletÃn Oficial del Estado recogiera la despenalización de la homosexualidad. En los meses que siguieron, los transexuales y homosexuales abandonaron las prisiones del Estado donde permanecÃan encarcelados debido a la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social aprobada en 1970, que continuaba a la Ley de Vagos y Maleantes de 1954. Tuvieron que esperar a 1979 porque a estos ciudadanos no se les aplicó las leyes de amnistÃa e indulto que se promulgaron en la Transición para otros represaliados.
Con ocasión del estreno de 