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¿Generación sin armario?

h1 Sunday, February 15th, 2009

Contra naturaHace una semana EL PAIS SEMANAL publicaba un interesante reportaje titulado “Generación sin armario”, en el que un grupo de jóvenes homosexuales en torno a los veinte años contaba cómo es la nueva realidad afectiva de una generación que se niega a ocultar su orientación sexual. Rebosante de optimismo desde el propio título, el reportaje está hilvanado a través de las voces de varios testimonios, - estudiantes universitarios y urbanitas todos ellos-, que, mediante sus experiencias personales, cuentan la relativa facilidad que tienen ahora los jóvenes para salir del armario, enfrentarse al mundo y no “perderse su juventud”.

No puedo estar más en desacuerdo con el, a mi juicio, excesivo tono optimista que se desprende del reportaje firmado por Luz Sánchez-Mellado. La autora del trabajo admite que sólo ha centrado su estudio en jóvenes urbanitas y universitarios, sin embargo da la sensación de que generaliza al titularlo “generación sin armario”. En mi opinión en el reportaje se comete un error de bulto: analizar una muestra sesgada de la población de jóvenes de veinte años. ¿Y el mundo rural?, ¿Y las pequeñas ciudades?, ¿Y los trabajadores no cualificados? ¿Y los inmigrantes?, ¿no son ellos acaso parte de una generación?, ¿ellos no cuentan en un estudio sobre la normalización de la homosexualidad?, evidentemente ellos también son parte de una generación, pero no de esa idílica generación sin armario de la que habla el reportaje. Es obvio que hemos avanzado mucho en la normalización, pero también lo es que el avance ha sido muy desigual: mientras en Madrid tenemos un barrio como Chueca, en muchas capitales de provincia ni siquiera hay un colectivo LGTB al que ir a conocer a otras personas de tu misma orientación sexual. Sólo podremos hablar de una generación sin armario cuando hayamos erradicado del todo la homofobia, porque mientras sigua existiendo ese dañino prejuicio atávico siempre habrá muchos gays y lesbianas que - en unos lugares más que en otros, y en unas circunstancias personales más que en otras- no se atrevan nunca a dar ese difícil paso que es salir del armario. Y aunque tenemos la legislación más avanzada del mundo, mucho me temo que en la erradicación de la homofobia no hemos avanzado tanto como podría parecer, especialmente en los lugares y entre los colectivos que omite el estudio realizado por EL PAÍS.

Me ha llamado la atención en el reportaje el tipo de familias a las que pertenecen varios de los jóvenes entrevistados: los padres de Marta son unos “padres de anuncio” (psicóloga la madre y consultor el padre), y respecto a los de Alex, ambos son profesionales liberales (personas, por tanto, con una formación académica). Creo que en esto también hay un sesgo importante en el reportaje. Yo soy profesor en un instituto de Formación Profesional de un barrio popular de Madrid, y puedo asegurar que los “padres de anuncio” son un bien muy escaso. Marta, la joven entrevistada en el reportaje, dice que no estuvo ni un solo mes en el armario, que se lo contó a sus padres con catorce años. ¿Lo habría hecho si no le hubiese tocado la lotería de tener unos “padres de anuncio”?. ¿Cuántos jóvenes tienen unos padres así? El caso de Marta es tan excepcional y tan poco representativo de la totalidad como el de Hossain, el joven musulmán que le contó a su padre que era gay y cuando se lo dijo le dio un abrazo… (Otro “padre de anuncio” dentro del mundo musulmán…). Desgraciadamente las cosas no son así en la mayoría de las veces, los casos de Marta, de Hossain y de muchos de los entrevistados sólo muestran una esperanzadora tendencia hacia la normalidad, pero en mi opinión no representan a una generación.

Es evidente que esta generación de veinteañeros - incluso los que viven en el entorno sociocultural más desfavorable-, lo tiene mucho más fácil que las anteriores, porque tiene muchas cosas que nosotros no tuvimos a su edad –referentes positivos, Internet, leyes avanzadas…-, pero es un error generalizar y no distinguir las dos velocidades de la normalización. Creo que el reportaje firmado por Luz Sánchez-Mellado es bienintencionado y rezuma cariño hacia el colectivo homosexual, pero es ingenuo. ¿Alguien se imagina un reportaje sobre el impacto de la crisis económica en el que sólo se entrevista al sector más acomodado de la población?


Rafael Rodríguez

Stars Centre (1)

h1 Tuesday, February 10th, 2009

EntendámonosEl viajero pasa sus últimas horas en Egipto en un centro comercial de la periferia de El Cairo, paseando y buscando discos de la Estrella de Oriente, la fabulosa cantante egipcia Umm Kalzum. El sitio en cuestión, llamado Stars Centre, está pensado para impresionar, tanto por sus enormes dimensiones como por su peculiar síntesis de enfática modernidad y decoración seudofaraónica, con falsos obeliscos que ocultan las conducciones del aire acondicionado y amplísimos patios rodeados de ascensores de paredes transparentes y falsas columnas rematadas por capiteles que pretenden evocar los de los templos antiguos. “Ahora conoceréis el Egipto de hoy”, nos ha avisado el guía que durante más de una semana nos había acompañado en nuestro recorrido por el valle del Nilo hasta casi la frontera con Sudán: un viaje para admirar unos monumentos tan increíblemente antiguos que si en alguna ocasión el guía nos informaba de que el templo que estábamos visitando no tenía mucho más de dos milenios, no podíamos evitar la impresión de que prácticamente era cosa de anteayer.

Ahora vemos, en cambio, el rostro del Egipto más moderno: capitalista, consumista, tecnológico, kitsch… igualito que Occidente, ¿no? Bueno, no del todo: basta acercarse, por ejemplo, a la sección de productos audiovisuales de una de las grandes superficies que forman parte del Stars Centre para experimentar un pequeño shock cultural: aquí todavía los casetes de música pueblan en abundancia las estanterías y se codean sin complejo alguno con los CD, y en las abigarradas y chillonas carátulas de las películas en DVD –muy pocas de las cuales son occidentales– no parece hallarse traza alguna de lo que hoy entendemos por diseño; por otro lado, también los precios parecen de otra época. Con todo, es el público que abarrota este maxitemplo del consumo lo que más claramente marca las diferencias con Occidente. Aunque no de forma general: muchos visten no sólo al modo occidental sino incluso a la moda (o a alguna de las diversas modas de Occidente: hasta vimos un grupito de chiquillos con camisetas deportivas superholgadas y pantalones de chándal). De hecho, prácticamente no se ven hombres con chilaba, prenda en cambio omnipresente en las tierras del sur de Egipto (especialmente en los pueblos y las ciudades pequeñas) y llevada allí incluso por jóvenes y adolescentes.

En cuanto a las mujeres que vemos en el Stars Centre de El Cairo, que vistan, como hacen los hombres, plenamente a la occidental no es algo imposible, pero sí minoritario. La mayoría llevan al menos un pañuelo en la cabeza que sólo deja libre el rostro, y no son en absoluto raros los casos de ocultación mucho mayor del cuerpo femenino: mujeres, muchas de ellas jóvenes, que se esconden prácticamente por completo bajo ropas anchas y negras, con guantes también negros cubriéndoles las manos y tan sólo una estrecha rendija –o dos agujeritos– a la altura de los ojos, para permitirles ver el camino. Incluso vimos una mujer que ni siquiera mostraba abertura alguna en la negra tela que la cubría de pies a cabeza, y se dejaba conducir por un hombre joven –¿su marido?– que la llevaba cogida del brazo. Nos quedamos con la duda de si la mujer sería ciega, y por ello no tenía excusa para hacerse la menor abertura en la ropa, o si lo que ocurría era que la pareja en cuestión pretendía demostrar una adhesión sin fisuras a los códigos morales imperantes en aquella parte del mundo. En cualquier caso, era realmente impactante ver a aquella mujer convertida en una no-presencia, un agujero negro, un oscuro fantasma en medio del ultramoderno centro comercial.

Para los occidentales, incluso para los más conservadores, no resulta difícil reconocer en esta ocultación radical del cuerpo femenino –y en la falta de correspondencia por parte de los hombres– una evidencia chocante, escandalosa incluso, del lugar inferior que la machista sociedad egipcia reserva aún a la mujer. Muchos de estos mismos occidentales, sin embargo, no sólo serían incapaces de escandalizarse ante la ocultación por parte de tantos hombres y mujeres de Occidente de una parte esencial de su personalidad –su orientación afectivosexual– y de sus vidas, sino que el escándalo para ellos provendría precisamente de quienes, siendo gais o lesbianas, hemos decidido prescindir de velos y de hipocresías. La verdad es que dicha ocultación de la homosexualidad –que no tiene tampoco correspondencia alguna por parte de los heterosexuales, mucho más libres de mostrarse como son– evidencia también de manera diáfana (para quien esté dispuesto a verla, claro) la inferiorización social que todavía hoy padece la población LGTB en nuestra propia parte del mundo, el Occidente de tradición cristiana. Un conjunto de sociedades donde el heterosexismo impera desde hace muchos siglos –como ocurre también en el mundo islámico– y sólo muy recientemente ha empezado, a duras penas, a ceder terreno.

(Continuará.)

Nemo

Otras columnas de la sección “Entendámonos” aquí.

El sentido del humor homófobo

h1 Sunday, February 8th, 2009

Contra naturaConfieso que escucho la COPE. Ya sé que está contraindicado, pero no lo puedo evitar: tengo adicción mórbida a la cadena de radio de los obispos. Diez minutos por la mañana, mientras desayuno, a Jiménez Losantos y otros diez, por la noche, a César Vidal (tampoco conviene abusar). Como en la columna de hoy vamos a hablar del humor homófobo, nada mejor que empezar por la COPE y por Don César Vidal, el conocido periodista y prolífico escritor de ensayos de ficción histórica. Muchas veces he oído a Don César (en la COPE se tratan de Don), perpetrar diversas combinaciones de un mismo chiste homófobo: “Yo si me encontrara con Pedro Zerolo [el conocido político gay es su debilidad] preferiría tenerle delante que no detrás”, “las manifestaciones del Orgullo gay prefiero verlas desde detrás que desde delante” “lo del matrimonio gay es un error, pero si hay que asistir a un casamiento entre machos, mejor verlo desde detrás”… etcétera. Las risotadas gruesas y el chasquido de quijadas del resto de los piadosos contertulios no se deja esperar. El éxito del chiste está asegurado, Don César triunfa casi sin esforzarse, los radioescuchas de la COPE oyen lo que quieren oír (por eso escuchan la COPE), los obispos hacen caja y luego si acaso se santiguan.

Bien enraizada en la homofobia más grosera, la obsesión por el “enculamiento” entre machos ha sido fuente abundante de humorismo a lo largo de los siglos. Felizmente, a medida que avanzamos en la normalización de la homosexualidad, los que perpetran este tipo de chistes se han convertido en una especie en extinción, aunque lejos aún de extinguirse definitivamente. El otro día, mientras esperaba en la cola de las cajas del pequeño supermercado del barrio, una clienta de mediana edad, -conocida por todos porque habla alto, se deja notar siempre, y es aficionada a intercambiar chistes de trazo grueso con las cajeras-, nos deleitó a todos con otra representación de humor homófobo al más puro estilo cesarvidalesco. Pasaba por allí un reponedor jovencito, se le cayó algo al suelo justo delante del vigilante de seguridad, se agachó para recogerlo dándole la espalda al vigilante y, efectivamente, otro sonoro chiste sobre la penetración anal, con la palabra “maricón” incluida. El vigilante soltó una risotada no muy diferente a la de los contertulios de la COPE, el reponedor cogió lo que se le había caído y se fue sin que le hiciese demasiada gracia la humorada de la señora, y los que esperábamos a la cola nos giramos incómodamente, como que no iba con nosotros la cosa, de manera que nadie le rió la gracia a la tarasca.

¿Qué tienen en común el sentido del humor de Don César Vidal y el de la deslenguada clienta del AhorraMas? Muchas cosas: la chabacanería, la falta de respeto, la ignorancia, la falta de talento, la estupidez, ingredientes todos ellos necesarios para acudir a algo tan anticuado y rancio como los chistes sobre maricones. El humor es uno de los atributos de la inteligencia, y requiere una mezcla de talento y de respeto, cuando falta uno de los dos el presunto humorista se convierte en un bufón, en un sujeto ridículo incapaz de percibir que en vez de ser el centro del humor es el centro de la vergüenza ajena. Sólo acude a chistes zafios, de cualquier índole, quien no posee el talento ni la brillantez necesarios para ejercer el noble arte de hacer reír, quien siente la necesidad de ser gracioso pero no posee la capacidad para serlo, quien no sabe distinguir entre ser divertido y ser ridículo. El que cuenta un chiste sobre maricones, y lo hace sin talento y sin respeto, es como el que suelta un sonoro eructo entre sus amigotes con la intención de hacerles reír.

La prueba fehaciente del ridículo que hacen los que frecuentan este humor es ver al propio César Vidal - que físicamente se parece al muñeco de Michelín-, hacer chistes sobre el deseo homosexual que produciría su trasero de hogaza. ¿Quién se iba a fijar en un adefesio como él? Nadie, pues ahí le tienen, haciendo chanzas sobre su sex appeal al más puro estilo Esteso y Pajares.

Felizmente esta rara especie de humoristas, como decía, está en vías de extinción: su número disminuye de igual modo que disminuyen los oyentes de la COPE (yo ya llevo una semana sin escucharla); y es una buena noticia, porque acabar definitivamente con el humor homófobo sería dar otro paso adelante en la normalización. Por último voy a dejar una pregunta en el aire para la reflexión: ¿Qué habría pasado si yo le hubiese recriminado a la señora lerda del supermercado, delante de todos los clientes, su estúpido e inoportuno chiste homófobo?


Rafael Rodríguez

La Confederación COLEGAS, ofendida por un artículo de Beatriz Gimeno

h1 Wednesday, February 4th, 2009

beatriz gimenoBeatriz Gimeno, ex-presidenta de la FELGTB, publica hoy en “El Plural” una columna titulada “Gays de derechas”, en la que se refiere a la Confederación COLEGAS y a su declarado apoyo a la intervención israelí en Gaza, asunto del que informamos días pasados en dos manzanas, así como a su participación en la manifestación anticastrista del pasado domingo en la que su presidente se fotografió junto a Esperanza Aguirre, noticia que también recogimos. A COLEGAS el artículo parece no haberle hecho mucha gracia y ha emitido un duro comunicado de respuesta.

Gimeno, en su artículo, comienza por defender la posición de la FELGTB, “asociación mayoritaria de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales que ha luchado y conseguido los derechos de los que ahora disfrutamos las personas homosexuales y transexuales” que desde un primer momento se adhirió a las concentraciones en favor de detener la intervención israelí en Gaza. Gimeno critica también que el hecho de que Israel sea una democracia sirva como argumento para justificar su actuación, e incluso pone en duda el carácter verdaderamente democrático de Israel en función de como trata a su población árabe. A su vez defiende que “apoyar a la población palestina y su causa no quiere decir apoyar a Hamas”. Según Gimeno, es precisamente la opresión que sufren los palestinos la que les empuja hacia el fundamentalismo, “como suele suceder. Los pueblos desesperados buscan soluciones desesperadas que no suelen ser buenas, pero que parecen inevitables. Para combatir a Hamás no hay más arma que proporcionar a los palestinos un estado seguro y viable en el que puedan desarrollar los niveles de desarrollo y bienestar a los que cualquier pueblo tiene derecho”.

Gimeno acaba su artículo refiriéndose directamente a COLEGAS, que “ha emitido un comunicado en el que aduce que, como españoles, tenemos que apoyar a Israel en su lucha contra el terrorismo, ya que padecemos el terrorismo de ETA. Es cierto que padecemos, condenamos y luchamos contra el terrorismo de ETA, pero no por eso estamos a favor de que se bombardee Bilbao. En fin, esta columna es para contestar a las preguntas que se me han hecho estos días y para volver a decir que sí, que por supuesto se puede ser gay y de derechas; se puede ser gay, de derechas e incluso tonto”.

COLEGAS responde a Gimeno y la llama sectaria y mentirosa

colegasCOLEGAS, en su comunicado de respuesta firmado por Paco Ramírez, su secretario de organización, se defiende argumentando que su organización no sigue “el sectarismo de los grupos gays de izquierdas como son la FELGT”. “Defender a estas alturas de siglo XXI la dictadura cubana no sólo es inconcebible en aquellos que luchan por la libertad, la democracia y los derechos humanos de cualquier país del mundo, independientemente del sesgo ideológico que lo sustente, sino que describe mucho a una persona hipócrita con una doble vara de medir, capaz de denunciar la paja ajena e incapaz de ver la viga en su propio ojo”. Respecto al apoyo a la intervención israelí, el comunicado insiste en el derecho de Israel a “defenderse del terrorismo integrista de Hamás”. Ramírez, de hecho, sugiere a Gimeno “mudarse una temporada a la franja de Gaza para que vea realmente como viven las mujeres bajo la Sharia, y veremos si se le permite mantener su feminismo radical en una sociedad controlada por los fundamentalistas”. En definitiva, según Ramírez, “COLEGAS es una organización independiente, que no es sectaria ideológicamente, y que tiene miembros que tanto pueden ser de izquierdas como de derechas”.

COLEGAS también tiene palabras para la FELGTB (a la que reiteradamente llama FELGT) al decir que “ponerse ahora todas las medallas y arrostrarse la exclusiva y total representatibilidad de los gays y lesbianas de nuestro país dice mucho de una persona y de una organización totalitaria. Todo esto y mucho más, hace evidente esta ‘dictadura rosa’ de la FELGT que intenta imponer su ideología sectaria acabando con los disidentes, acallando a las voces discrepantes y no dejando resquicio en absoluto para la democracia interna y la libertad de pensamiento y de expresión”.

El comunicado finaliza con estas palabras: “para terminar, querida Beatriz, es cierto que se puede ser gay y de derechas, y se puede ser lesbiana de izquierdas y hasta no ser sectaria y mentirosa”.

Ser homosexual y votar al PP

h1 Sunday, February 1st, 2009

Contra naturaSolamente un prestidigitador de la política, capaz de hacer juegos malabares con las palabras, podría sostener que el Partido Popular no es un partido homófobo. Cada vez que trato de empatizar con algún homosexual que vota al PP se me viene a la cabeza el recurso de inconstitucionalidad contra los matrimonios homosexuales que presentó en 2005 el partido de Mariano Rajoy. ¿Cómo es posible defender a un partido que trata de impedir que puedas casarte con los mismos derechos y deberes que los heterosexuales? Yo no puedo entenderlo: a mi juicio el obstinado recurso debería ser un argumento suficiente para sostener con rotundidad que entre lo populares no hay sitio para los homosexuales, sin embargo no lo es, hay personas que buscan la cuadratura del círculo y defienden al PP como un partido moderno abierto al colectivo gay. Con un gran olfato periodístico, nuestro incansable Flick publicaba el lunes unas curiosas declaraciones de Carlos Sánchez, presidente de Nuevas Generaciones del PP de Almería. Sánchez, que es abiertamente homosexual, afirma que el “PP ha demostrado que no está en contra de los matrimonios homosexuales”. Y afirma, además, que la palabra “matrimonio” – según él propiedad del Catolicismo-, es irrelevante, que lo importante es contar con los mismos derechos que el resto de las parejas, de modo que el debate abierto es artificial porque en el fondo el PP está de acuerdo en conceder a las parejas homosexuales los mismos derechos que al resto.

Alguien debería exigirle algo de rigor y seriedad al Sr. Sánchez. Primero: la palabra “matrimonio” es etimológicamente anterior al Catolicismo, los clérigos se la apropiaron con la misma impunidad con la que se apropiaron de tantas otras cosas. Segundo: si no ponemos la palabra “matrimonio” ¿cuál ponemos?, ¿”matrimonio de hecho”? ¿”Contrato matrimonial”? ¿Cuál? Es ridículo el debate, y, según nos recordaba un lector, inviable jurídicamente, ¿íbamos a cambiar todas las leyes que contienen la palabra “matrimonio” y sustituirla por esa otra palabra por inventar? ¿Iban a actuar todos los jueces y los funcionarios de igual modo ante la palabra “matrimonio” que ante ese otro término? Tercero: el lenguaje es importantísimo, porque es el espejo del pensamiento: no es lo mismo que yo le diga a mi jefa que hoy no puedo ir a trabajar porque mi “marido” está enfermo a que le diga que no puedo ir porque mi “pareja de hecho” está enfermo, por poner un ejemplo. Cuarto: afirma Sánchez que los derechos que propone el PP son idénticos a los que propone la ley que tienen recurrida. Es ésta sin duda una afirmación irritante y rayana en la imbecilidad. ¿Y la adopción?, ¿está el PP a favor de la adopción? ¿Opina también el Sr. Sánchez que dos homosexuales no están capacitados para educar a un hijo? Tal vez la prueba más irrefutable de la homofobia del PP es ver a un responsable político homosexual acatando tan ridícula y perrunamente la disciplina de su partido.

Pero hay otro argumento de peso para hablar de homofobia en el PP. Ya hemos dicho en esta tribuna que la herramienta fundamental para lograr la normalización de la homosexualidad es la educación: actuar en los colegios y en los institutos para que los jóvenes se familiaricen con la nueva realidad social. Para eso está, entre otras cosas, la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía. ¿Por qué el enconamiento del PP en contra de la asignatura?, muy sencillo, porque la asignatura habla abiertamente de la normalidad de la homosexualidad, algo insultante para la Conferencia Episcopal y por extensión natural también para el PP, su aliado político. Esta semana el Tribunal Supremo ha dado el espaldarazo definitivo a la asignatura, pero nadie se va a olvidar de la fobia de los conservadores a una asignatura que busca, entre otras cosas, hablar abiertamente en las aulas de homosexualidad.

Hay más argumentos para hablar de la homofobia popular, pero son tantos que no caben en esta columna: trataré de englobarlos en algo que vagamente podríamos calificar como “actitud homófoba”, en la que se incluirían muchas cosas y muy heterogéneas. Declaraciones: desde las del extraterrestre Aquilino Polaino en el congreso hasta las peras y las manzanas de Ana Botella, pasando por tantas otras (Fraga, Aznar, Dimas Cuevas, Ana Mato, León de la Riba, Fernando Caldentey…). Aliados: desde la pueril, fosilizada y salvajemente homófoba Conferencia Episcopal hasta tantos periodistas célebres por su odio hacia los homosexuales, (López Schligting, César Vidal, Pilar Urbano…). Manifestaciones callejeras: “a favor de la familia” de la mano de los montaraces Foro de la Familia, Camino Neocatecumenal…. Sin olvidarnos de aquella manifestación de junio de 2005, junto a los obispos, en contra de la ley de matrimonio homosexual, a mi juicio uno de los días más negros de la historia del PP, un capítulo infame al que futuras generaciones populares mirarán con vergüenza y en el que reconocerán, retrospectivamente, un monumental error político (exactamente igual que con el recurso de inconstitucionalidad).

Para acabar, un par de cosas más respecto a las declaraciones del genuflexo Carlos Sánchez, responsable de NNGG de Almería. Uno: este señor es un florero del siglo XXI colocado chillonamente en mitad de un mobiliario del siglo XIX. Mejor que darse un barniz de modernidad, el PP debería cambiar los muebles. Dos: Sánchez debería escuchar aquellos programas de radio de Cristina López Schligting en los que se ayudaba a curar la homosexualidad, porque como no se la cure no creo que tenga ningún futuro político en su partido.


Rafael Rodríguez

Ateos versus creyentes

h1 Sunday, January 25th, 2009

Contra naturaRichard Dawkins, el biólogo y ensayista autor del best seller “El Espejismo de Dios”, afirma que la situación de los ateos en América hoy en día es semejante a la de los homosexuales hace cincuenta años. Convertido en un auténtico azote de las religiones, Dawkins es el impulsor de la famosa campaña de propaganda ateísta de los autobuses de Londres, una campaña brillante en su sencillez y con tanto éxito que ahora está siendo exportada a otras ciudades del mundo, entre ellas Madrid y Barcelona. Como sabemos, la campaña consiste en contratar un espacio publicitario en algunas líneas de autobuses para insertar este lacónico mensaje: “Probablemente Dios no existe, así que deja de preocuparte y disfruta de la vida” La idea de publicitar la no existencia de Dios en un lugar tan popular como un autobús urbano es tan original y ha tenido tanta repercusión mediática que ha provocado, para gozo de sus organizadores, una contraofensiva publicitaria similar por parte de grupos evangélicos, quienes, ofendidos por el descaro de los ateos, han contraatacado con el eslogan opuesto: “Dios sí existe, disfruta de la vida en Cristo” (aunque en el eslogan, escrito en mayúsculas, ese “si” no lleva tilde y se convierte inquietantemente en un “si” condicional).

Tiene razón Dawkins al decir que no se habla lo suficientemente de ateísmo, y sus afirmaciones son especialmente extrapolables a nuestro país. En nuestro riquísimo lenguaje castellano tenemos un adjetivo precioso que no puede venir más a cuento, se trata del adjetivo “timorato”, que según la RAE se aplica a la persona “que tiene temor de Dios, y se gobierna por él en sus operaciones”; “tímido, encogido, indeciso” es otra de sus acepciones. Es curioso que en nuestro vocabulario exista un adjetivo que se aplica a los que temen a Dios, pero no es extraño después de soportar la pesada losa del catolicismo durante siglos. Nuestra sociedad es timorata, y siguiendo con la tesis de Dawkins, no se atreve a hablar de ateísmo, por eso es tan saludable y oportuna una campaña que sólo pretende, según los organizadores, fomentar el debate y sacar del armario a los que no se atreven a decir abiertamente que no creen en Dios.

Aunque en mi opinión esta inteligente maniobra mediática encabezada por el biólogo británico es más un ataque al dogmatismo reaccionario de las religiones que una defensa propiamente dicha del ateísmo. Si nos fijamos en la segunda parte del eslogan que centra la campaña: “deja de preocuparte y disfruta de la vida”, el texto no invita a no creer en Dios, invita a no creer las ocurrencias sobre el más allá que cuentan las religiones, que no es lo mismo. Además ese inteligentísimo “probablemente” unido a “Dios no existe” es una invitación más al agnosticismo que al ateísmo, y por tanto una saludable invitación a la duda sobre la existencia de Dios. Y a la vez es otro ataque, esta vez sutil, a las religiones, que no tienen dudas, que hablan siempre de verdades reveladas y por tanto inquebrantables, que jamás utilizan el adverbio “probablemente” en sus afirmaciones categóricas, ni en sus eslóganes.

Es evidente que las religiones no son intrínsecamente malas, más bien todo lo contrario, lo que es pernicioso son las interpretaciones totalitarias y dogmáticas que hacen de ellas muchos de sus máximos responsables. No hace falta acudir a la barbarie de algunos países musulmanes o al integrismo cristiano que ha imperado en los Estados Unidos de George Bush para constatar el daño que puede hacer una religión envenenada. En España, como en tantos otros países, la religión dominante se inmiscuye de tal modo y con tanta obscenidad en la vida de los que no somos creyentes que lo único que consigue es generar rechazo, cuando no odio, entre quienes podrían ser potencialmente sus fieles. Si los creyentes católicos nos dejasen en paz a los agnósticos y a los ateos y no tratasen de gobernar nuestras vidas hasta el más mínimo detalle –sexualidad, moral, política, educación…-, probablemente la campaña ateísta fomentada por Richard Dawkins nunca habría existido. Y sus libros y otros tan de moda como el magnífico “Tratado de ateología”, de Michel Onfray, no serían best seller.

Yo soy de los que opina que si fuésemos capaces de cuantificar todo el dolor y el sufrimiento que nos han dejado las religiones a lo largo de la historia, la cifra resultante sería infinitamente mayor al bienestar individual que habrían aportado a cada uno de los creyentes. Como las religiones mayoritarias están en manos de personas que no tienen dudas, que son poco aficionados a la crítica y a la reflexión, no creo que esta situación vaya a cambiar ni siquiera a largo plazo. Bienvenida, pues, la campaña a favor del ateísmo.

Rafael Rodríguez

(H)Oba(ma)nidad

h1 Thursday, January 22nd, 2009

6 grados de separación

Una de las cosas que más me llamaron la atención del discurso en la jura de toma de posesión del cuadragésimotercer presidente de los EE. UU. Barack Hussein Obama fue la espiritualidad que lo impregnaba. Lo primero por las frecuentes menciones a Dios, pero claro, siendo él un fiel asistente a misa todos los Domingos eso no debería de sorprenderme demasiado -mientras no diga que habla con Dios, como hizo W., tambien conocido como El Peor Presidente-. Lo segundo, que quizá me sorprendió más, es que no declara a EE. UU. una nación cristiana, sino que la declara, de alguna manera, deísta, porque incluye en la mención de esa divinidad respetada que llamamos Dios a hindúes, musulmanes o judíos. O, afinando aún más, una nación creyente, porque incluye a los que no creen en Dios, y eso, según creo yo, necesita de una cierta dosis de fe.

Aparte de la inclusión de todos en esa creencia de un Creador (o la ausencia de su existencia) incardinó ese mismo, llamémoslo, Dios, como concepto universal, en conceptos tan viejos como la propia República, y que de alguna manera los impregnan. Que los EE. UU. son una tierra dada por Dios, pero ya no en el sentido bíblico -y que tantos problemas les trajeron a las brujas de Salem- sino en un sentido más humano: que los EE. UU. han de ser una tierra de libertad, con esa frase que tanto me gusta, donde cada uno tiene derecho a la busqueda de su propia felicidad. A la búsqueda, subrayo, no a que te la den ya hecha. Esa es la medida de la promesa, y aunque no comparta yo el origen divino de la donación, porque ya hemos tenido aquí bastante de la tierra de María Santísima, si me parece una idea óptima, interesante, positiva, articular esa promesa divina con un sistema que -con todos sus defectos, que los tiene- tiene como motor el promover la igualdad y la oportunidad para todos.

Es ese abrazo de alguien elocuente, sereno y reflexivo que abarca a todos y que, también, avisaba de lo que estaba por venir, que construía un armazón ético simple -que no simplón- y elegante. El Gobierno llegará allí donde sea efectivo -en qué términos se mida esa efectividad es la duda- que el Gobierno llegue, procurará allanar el camino para aquellos que lo tienen abrupto, pero ni ningún camino es fácil, ni ninguna tarea es corta, ni para el Gobierno, ni para el ciudadano. La época de postponer las decisiones difíciles ha pasado. Algo tan poco oído de boca de los políticos como es la palabra deber aplicada al ciudadano, no chirría, sin embargo, en la boca de Barack Hussein. Y eso, considerando que hemos visto algunos conceptos -libertad, amor, piedad- emparejados con según que bocas - W, Susan, Jimenez Losantos- es ya en si un cambio positivo.

Porque abierto al balcón del mundo -convenientemente protegido, eso sí, porque es consciente de su humanidad- este Sumo Pontífice de la Esperanza nos habla de un proyecto inclusivo, que nos abarca, que nos da la oportunidad de encontrar nuestro lugar, la medida de nuestra propia felicidad, no en la conformidad del que se resigna sino en la lucha del que no se conforma. Por eso no es de extrañar que haya sido un acontecimiento histórico.

Y mientras tanto al otro lado del mundo -como diría Carrie Bradshaw- hay quien sale a otro balcón para negarnos a la ciudad y al mundo. Y para ellos, si, para ellos también, tenemos Esperanza y Humanidad.

Enrique Olcina

Jauría

h1 Sunday, January 18th, 2009

Contra naturaHace frío, es de noche, tratas de conciliar el sueño pero no puedes, te tapas con una manta insuficiente, estás tiritando, el aire helado del invierno de Badajoz se cuela por el ventanuco mal cerrado de tu celda. El olor a humedad es penetrante, se confunde con otros olores intensos que no conocías, al principio te repugnan, pero poco a poco te vas acostumbrando a ellos. Compartes un váter oxidado con otro preso, que está a tu lado, dormido, es un hombre de mediana edad, voluminoso, desaseado, con una gran barba canosa y mal rapada. No le conoces, no sabes nada de él, ni siquiera te ha mirado a la cara cuando has entrado en la celda, está profundamente dormido, está roncando, sus ronquidos son secos, ahogados, se mezclan con el extraño silencio de la noche, un silencio tenso, interrumpido por eventuales gritos alucinados que vienen de otras celdas, de otros presos que aún no conoces. Miras al techo, sigues sin poder dormir, la luz liviana de la luna se cuela por la ventana, la celda es estrecha y alargada, las paredes encaladas tienen cercos de humedades, un gran crucifijo está colgado en una de los muros, junto al váter hay un pequeño lavabo de loza y una ducha sin cortinas.

Tu compañero deja de roncar, ahora el silencio es extraño, expectante. Por fin logras conciliar el sueño, es un sueño ligero, inquieto, delirante, un sueño lleno de imágenes: unos policías brutales te hacen fotos en los sótanos de una comisaría, se burlan de ti, uno de ellos quiere pegarte pero otro le contiene, el flash de la cámara te ciega, hay risas, gritos, ruido. Sigues soñando, o tal vez confundes tus sueños con tus recuerdos: ahora atraviesas el patio de la cárcel a la que acabas de llegar, dos funcionarios torvos te llevan esposado con brusquedad, un grupo de presos interrumpe su conversación y se gira para mirarte, te escudriñan, te señalan con el dedo, se ríen de ti, aunque están lejos y no los oyes puedes leer en los labios de uno el insulto exacto que te propina, puedes oír sus carcajadas feroces…

Despiertas de nuevo, sigues temblando, empieza a amanecer, una luz leve y azulada se cuela por la ventana minúscula de la celda. Tú mente da vueltas, no sabes cuánto tiempo vas a estar en la cárcel, no sabes lo que te van a hacer, ni siquiera sabes oficialmente el motivo de tu detención. Tienes frío, el sabor de la sopa de arroz agria que te han dado de cena vuelve a tu boca, te repugna. Un grito como alienado se oye en alguna de las celdas contiguas. Tratas de calmarte, el frío se mete en tus huesos, intentas acomodar tu cuerpo al jergón abombado, das vueltas y vueltas buscando una postura, no la consigues, el agotamiento poco a poco te va venciendo. Duermes de nuevo, ahora el sueño es más intenso, más calmado, estás en un parque de tu ciudad, es de noche, alrededor de una fuente destartalada pululan otros hombres como tú, te acercas a uno de ellos, te detienes a su lado, no le conoces pero le miras con complicidad, él te devuelve la mirada, es una mirada tensa, expectante. Sin mediar palabra os vais juntos, os refugiáis en las sombras de unos arbustos, le abrazas, sientes el volumen y el calor de su cuerpo, le acaricias, le besas…

Un fogonazo de luz eléctrica inunda repentinamente tu celda, el estruendo de una sirena penetra en tus tímpanos como un martillazo, te despiertas, desorientado, tembloroso. El olor fecal de la letrina te sacude de nuevo, oyes los chasquidos de los cerrojos de otras celdas que se abren y se cierran con estrépito de metales, los gritos de los otros presos se hacen gradualmente más fuertes y se meten en tu mente como alaridos de bestias. Las tuberías de las duchas contiguas rugen como si fueran organismos vivos. Sigues tumbado en la cama, no tienes fuerzas para levantarte, te pica todo el cuerpo, miras alrededor, reconoces las paredes desconchadas y húmedas de la celda, el crucifijo hierático. Te giras y ves a tu compañero de calabozo, te está mirando, cruzáis la mirada por primera vez, te mira con indiferencia, con hastío. El cerrojo de tu celda se abre con un chasquido seco como un balazo, miras hacia la puerta, ves a dos hombres corpulentos que están entrando, la luz excesiva de los focos cenitales del pasillo te impide reconocerles, sólo ves dos perfiles de sombra que se acercan apresuradamente hacia ti. Tratas de incorporarte, tu cuerpo no te obedece, tienes miedo.

Rafael Rodríguez

Los juncos salvajes

h1 Sunday, January 11th, 2009

Contra naturaEn la Francia de principios de los años sesenta, con el telón de fondo de la independencia de Argelia, tres alumnos adolescentes de un internado y la hija de una de las profesoras viven una historia de amores imposibles y deseos insatisfechos. François, que está descubriendo con dolor que es homosexual, está enamorado del bello Serge, con quien se ha acostado una vez pero por quien no se siente correspondido. A su vez, Serge está enamorado de la guapa Maité, quien ama platónicamente a François, de quien conoce su homosexualidad.

Hay películas que dejan una huella imborrable en nuestra memoria, hay películas fetiche que como las grandes obras de arte nos conmueven de tal modo que no nos sueltan jamás. Ese es el caso de “Los juncos salvajesâ€? (André Téchiné, 1994), en mi opinión una película deslumbrante y una de las mejores películas de temática homosexual de todos los tiempos. Doce años después de verla en televisión por primera y única vez, en aquellas sesiones trasnochadoras de La 2, caía en mis manos estos días el DVD de la película francesa, (deplorablemente editado por Pride Films, sin unos simples subtítulos). Al verla por segunda vez, puedo constatar que la cinta no ha perdido ni un ápice de la magia y la frescura que me fascinó entonces.

¿Por qué nos gusta tanto “Los juncos salvajesâ€?? hay muchos motivos para amar la película de Téchiné: en primer lugar por sus méritos puramente cinematográficos. Sensacionalmente escrita y dirigida, con unos actores en estado de gracia que trasmiten magistralmente las frustraciones de los personajes, sin sensiblería, tratando la homosexualidad sin caer en el morbo, sin enseñar más de lo necesario en las escenas de sexo, sugiriendo más que mostrando, la película posee las grandes cualidades que suelen acompañar al buen cine francés que tanto nos gusta a los cinéfilos, un cine que cuenta historias, que se centra en las relaciones entre los personajes y que huye de la pirotecnia audiovisual que impera en la mayor parte del cine que se consume hoy.

Pero sobre todo la película de Téchiné nos gusta tanto al público homosexual porque el director consigue que todos nos identificamos con François, el joven que vive el descubrimiento doloroso de su homosexualidad en un mundo profundamente heterosexista. A todos nos ha pasado sentirnos como “invertidosâ€? cuando descubríamos nuestra sexualidad, vernos sin referencias, como cisnes en un mundo de patos, tener ganas de gritar en un lugar que nos parecía un desierto, eso es precisamente lo que le sucede a François, ese es el conflicto central de la película, el más desgarrador, el que vive un personaje de ficción que en realidad es un alter ego de cualquiera de nosotros. Y esa es la gran magia de la película y el gran mérito artístico de su autor, conseguir que seamos partícipes del sufrimiento de un personaje que sólo existe en la imaginación, pero que es tan real como nosotros mismos.

Pero nuestra identificación con François es doble, no sólo nos identificamos con el conflicto de su homosexualidad recién descubierta, también nos identificamos con el dolor de sus primeros deseos homoeróticos insatisfechos. Cuando François está con Serge, su objeto de deseo, siente una extraña mezcla de angustia y esperanza, por una parte les une una buena amistad que deja un margen para la duda, pero por otro les separa la ambigua heterosexualidad del hermoso Serge. Pero aún en el caso de que la atracción física fuese recíproca – se han acostado una vez -, la insatisfacción estaría asegurada, porque en un mundo tan heterosexista no habría lugar para que la historia llegase a buen puerto. ¿Nos suena?

Otro de los grandes méritos de “Los juncos salvajesâ€? es su sensualidad, hay sensualidad en la en la belleza de los paisajes de la Provenza, en los baños de los muchachos semidesnudos en el río, en la poesía visual de la puesta en escena; y también hay mucha sensualidad homoerótica en esas noches cálidas y silenciosas de un internado lleno de chicos jóvenes que duermen… La película de Téchiné es una obra de arte, una invitación al gozo cinéfilo sobre la que se podríamos seguir escribiendo incesantemente. Nadie se la debería perder.

Rafael Rodríguez

30º aniversario de la despenalización de la homosexualidad en España

h1 Sunday, January 11th, 2009

Nota de prensa

Antonio RuizEl 11 de enero 2009 se cumplen treinta años desde que el Boletín Oficial del Estado recogiera la despenalización de la homosexualidad. En los meses que siguieron, los transexuales y homosexuales abandonaron las prisiones del Estado donde permanecían encarcelados debido a la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social aprobada en 1970, que continuaba a la Ley de Vagos y Maleantes de 1954. Tuvieron que esperar a 1979 porque a estos ciudadanos no se les aplicó las leyes de amnistía e indulto que se promulgaron en la Transición para otros represaliados.

Hoy, treinta años después, el Gobierno Español ha articulado medidas a favor de este colectivo, empezado a recuperar su memoria y otorgado una indemnización a las víctimas de la represión. Por ello, nuestro país se encuentra a la cabeza del resto de las naciones en el respeto de esta minoría social y en la defensa de sus derechos. Además, resulta innegable el sustancial avance legislativo realizado en pocos años en esta materia: matrimonio, identidad de género, etc.

Sin embargo, consideramos que existe un largo camino por recorrer hacia la conquista de la igualdad legal y social. Se debe exigir de los poderes públicos y del gobierno la solución de temas de una relevancia primordial para el colectivo LGTB, como es una ley que penalice claramente la homofobia y la discriminación por cuestión de orientación sexual, así como una educación más inclusiva y respetuosa con la diversidad. El Sistema Educativo tiene que incorporar, sin mayor dilación, programas de atención a la diversidad afectivo sexual en todos los tramos formativos, con especial atención hacia los adolescentes GLBT, por constituir éstos un grupo especialmente vulnerable. Nos parece prioritaria la formación del profesorado sobre estas cuestiones y el establecimiento de programas de lucha contra el sexismo y el bullying homofóbico en los centros escolares. De un modo más genérico, resulta fundamental implementar programas de prevención de enfermedades de transmisión sexual y embarazos en adolescentes.

De la misma forma tenemos la obligación de trabajar para que los avances realizados en nuestro Estado tengan su reflejo en el conjunto internacional, pues la transexualidad y la homosexualidad aún están penadas con la muerte y la prisión en numerosos países. La homofobia se encuentra instigada por el integrismo religioso, al igual que sucedía hace treinta años en España.

Por ello, exigimos de nuestro gobierno su implicación efectiva y su apoyo a la iniciativa europea de despenalizar la homosexualidad en todo el mundo, presentada en la ONU por Francia el noviembre pasado. No nos queda más que exigir un estado laico, una educación no religiosa y el respeto más escrupuloso a los Derechos Humanos.

Asociación de Ex-Presos Sociales

noticia meneada

Mili Hernández habla sobre “Milk” y opina sobre la realidad LGTB española

h1 Friday, January 9th, 2009

miliCon ocasión del estreno de “Milk”, que llega hoy a las pantallas españolas con el título de “Mi nombre es Harvey Milk”, El País Digital ha organizado un encuentro con Mili Hernández, histórica activista del movimiento LGTB español y propietaria de la librería Berkana. A preguntas de los internautas, Mili ha manifestado que “cuando vi la película me emocioné, pues yo llegué a Estados Unidos a principios de los 80. Con sólo 25 años y aunque Harvey Milk ya había muerto, pude vivir la fuerza que tenía el movimiento gay en Estados Unidos. La mujer lesbiana que soy hoy se lo debo a personas como Harvey Milk”.

Sobre la película, Mili manifiesta que “está muy bien hecha, me ha gustado mucho la mezcla de documental, biografía y película. Es muy fiel a la historia de Harvey Milk y, sobre todo, puede causar un impacto hoy, en el 2009, en jóvenes gays y lesbianas que no han vivido esa época”. Mili da gran importancia a “no olvidar que lo que tenemos hoy se ha conseguido gracias a muchas lesbianas y mucho gays que han dado la cara, que incluso han perdido su vida como Harvey Milk y deberíamos agradecerles a todos ellos que hoy en España, por ejemplo, se viva mucho mejor. Sobre todo, es muy importante documentar nuestra memoria histórica”.

Mili responde además a diversas preguntas relacionadas con la realidad LGTB. Sobre el movimiento LGTB español, Mili piensa que “debería mirar las necesidades de los propios gays y lesbianas y también de la sociedad. Las necesidades de éstos no son las mismas en 2009 que en los 90. Es una pena que los colectivos españoles no evolucionen, están muy anclados en unas formas de lucha ya muy antiguas”. Para Mili, “hay colectivos que son apéndices del gobierno actual. Que para subsistir tienen que vivir de las subvenciones y no han logrado independizarse de las diferentes ideologías que gobiernan en cada momento”. Entre otras cosas, Mili cree que “los colectivos deberían exigir a los gobiernos mayor compromiso en los curriculums de educación”. Sobre la visibilidad lésbica, Mili cree que hace falta “perder el miedo, somos muy cobardes y nos falta compromiso político y social. Hay mujeres que pueden ser visibles que no arriesgarían nada con salir del armario: políticas, actrices, cantantes, escritoras… y no lo hacen”.

No han faltado las tópicas preguntas sobre Chueca. Mili Hernández es clara: “Chueca no excluye a heterosexuales ni a homosexuales que no van a la moda. Yo soy una lesbiana que no voy a la moda y no me siento excluida. Creo que Chueca es un ejemplo de convivencia”. Mili cree, eso sí, que “al barrio le falta más compromiso social y político por parte de las lesbianas y gays que vivimos o tenemos negocios allí y le sobra suciedad puesto que es un barrio bastante abandonado por el ayuntamiento”.

Preguntada sobre porqué apenas hay libros de temática LGTB en las grandes distribuidoras y librerías, Mili responde que “el mundo cultural es muy homófobo. Hay librerías donde dicen que no tienen clientes gays y lesbianas. Hay críticos literarios que manifiestan que lo gay es más de lo mismo, y todavía mucho no se creen que exista una cultura gay-lesbica”.

Si todavía no has visto el trailer de “Milk”, visita el post que le dedicamos en su momento pinchando aquí.

El caso Mortara

h1 Tuesday, January 6th, 2009

EntendámonosCuando Edgardo Mortara tenía seis años, la policía fue una noche a casa de sus padres, se llevó al pequeño y jamás lo devolvió. ¿Qué es lo que incapacitaba a estos padres, según la ley vigente en aquel tiempo y lugar, para seguir criando a su hijo? Pues sencillamente, que eran judíos. El lugar en cuestión era la ciudad de Bolonia, en Italia, y el año, no tan remoto como podría pensarse, 1858. En cuanto a la ley y la policía, eran las del jefe supremo de los católicos, el papa, dado que Bolonia formaba parte entonces de los Estados de la Iglesia. Y en el origen de aquel secuestro legal, que causó un monumental escándalo en medio mundo, estaba una muchacha pobre e ignorante, de sólo 14 años de edad.

La muchacha se llamaba Anna Morisi, era católica y estaba al servicio de la familia Mortara. Aunque siglos atrás se había prohibido en los Estados Pontificios que los judíos tuviesen sirvientes cristianos, en la práctica dicha norma era a menudo ignorada, dado que los criados de esta religión tenían, para los judíos, la ventaja de poder trabajar en sábado, cosa que a éstos últimos les vedaban sus creencias y costumbres. Anna tenía, entre otros cometidos, el de cuidar al pequeño Edgardo, uno de los ocho hijos de los Mortara. Un día el niño se puso enfermo, y por la cabeza de la joven criada empezaron a pasar las atroces imágenes con las que su iglesia le había descrito el destino de los condenados al infierno: visiones de cuerpos que ardían –sintiendo todo el dolor de las llamas pero sin llegar a consumirse jamás– por toda la eternidad, torturados además de mil maneras por espantosos demonios. Aquel horror era, pensó la muchacha, lo que aguardaba al niño judío si moría como consecuencia de su enfermedad. Resuelta a impedirlo, en un momento en que se quedó a solas con el pequeño le echó agua en la cabeza y pronunció las palabras “Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Después pudo respirar aliviada: lo había logrado, había salvado a Edgardo.

Cuando la historia llegó a oídos de un cura –pues Anna no pudo callarse semejante hazaña–, una maquinaria implacable se puso en marcha. Y es que, para la Iglesia Católica, aquel bautismo clandestino era perfectamente válido. Como escribe Richard Dawkins (en The God Delusion / El espejismo de Dios): “Sorprendentemente (…), la Iglesia Católica permitía, y sigue permitiendo, a cualquiera bautizar a cualquier otro. No hace falta que el que bautice sea sacerdote. No hace falta el consentimiento del niño, ni el de los padres, ni el de nadie más. No hace falta firmar nada. No hacen falta testigos oficiales. Lo único que hace falta son unas gotas de agua, unas pocas palabras, un niño indefenso y una cuidadora supersticiosa y con el cerebro lavado por la catequesis.” En todo caso, la Inquisición romana y el Estado Pontificio se tomaron absolutamente en serio aquel bautismo que a nosotros nos puede parecer estrafalario, y dieron órdenes de inmediato a su policía de sacar a aquel niño cristiano de aquella casa de judíos, tal como mandaban las leyes que habían hecho los propios papas.

Los padres de Edgardo no se resignaron a perder para siempre de ese modo absurdo a uno de sus hijos, y se movilizaron para recuperarlo. Pronto el caso Mortara se hizo célebre no sólo en Italia, sino en Europa y hasta en los Estados Unidos de América: el New York Times se refirió a él en sus editoriales en veinte ocasiones, para apoyar la causa de la familia boloñesa. Con el mismo objetivo se organizaron actos de protesta en varios países, y hubo importantes figuras de la política y de la cultura que se implicaron en la lucha por devolver a Edgardo a sus padres. Sin embargo, el papa Pío IX, monarca absoluto de los Estados de la Iglesia, despreció todos estos esfuerzos: “No me interesa lo que piense el mundo”, declaró a una delegación de judíos ilustres con quienes se entrevistó en 1859. La prensa católica de ambos lados del Atlántico no debía de ser de este mismo parecer, pues se movilizó para defender ante la opinión pública, sin reserva alguna, la intransigencia del Sumo Pontífice en este caso: según un periódico católico estadounidense (citado por Dawkins), lo que realmente estaba en juego en este asunto era “la libertad de un niño para ser cristiano y no ser obligado por la fuerza a ser judío… la protección de este niño por el Santo Padre, en medio del fanatismo feroz de los infieles e intolerantes, es el espectáculo moral más grandioso que ha visto el mundo en mucho tiempo”.

Este uso tan espectacularmente retorcido del lenguaje, que se anticipó en bastantes décadas a la jerga totalitaria que George Orwell imaginara en su novela 1984 (“La libertad es esclavitud”…), puede verse asimismo como un precedente de cierto discurso que en nuestros días emana de medios católicos y cristianos, y que también recurre a invocar la libertad religiosa para justificar que se atropelle la libertad de aquéllos cuya visión del mundo no coincide con sus dogmas. O que llama “proteger el matrimonio y la familia” a lo que en realidad es desproteger social y legalmente a los matrimonios y familias que forman los ciudadanos homosexuales, y sembrar la incomprensión y la desunión en muchas otras familias que cuentan con gais o lesbianas entre sus miembros.

Que para la cúpula de la Iglesia Católica la protección de la familia no era precisamente lo primordial lo dejó bastante claro, en tiempos de Edgardo Mortara, el cardenal Giacomo Antonelli, secretario de Estado de Pío IX; monseñor Antonelli, al recibir una carta de un miembro judío del Parlamento británico en la que éste le expresaba su protesta por el secuestro del niño de Bolonia, le replicó lo siguiente: “A este respecto puede ser oportuno recordar que, si la voz de la naturaleza es poderosa, aún más poderosos son los deberes sagrados de la religión”. Entre dichos “deberes sagrados” asociados al dogma religioso se hallaba sin duda, y en lugar muy destacado, el de asegurar la preeminencia social de ese mismo dogma, y con ella el poder de la Iglesia. Y si para ello había que intervenir de modo severo e inflexible en la vida de un niño y en las de sus padres, hermanos, etc., no sería precisamente la Iglesia la que flaquease ante el mandato de la divinidad: proteger al niño de su propia familia judía… separándolo de ésta para siempre.

No puede extrañar demasiado, después de todo, que Pío IX, a pesar de su patente judeofobia, fuera beatificado en el año 2000 por la Iglesia Católica. Es decir: por una organización que todavía hoy sigue dando a palabras como proteger o libertad un sentido que –aunque quizá se parezca más bien poco al que les atribuimos los demás– tiene bastante en común con el que les daban los apologistas de aquel papa que ordenó el secuestro legal de un niño de seis años.

Nemo

Otras columnas de la sección “Entendámonos” aquí.

Divertimento de las familias

h1 Sunday, January 4th, 2009

Contra naturaMonseñor Antonio María Rouco Varela convocaba la semana pasada a su rebaño en la plaza pública para defender los valores cristianos de la familia tradicional. Con su sonrisa mellada, Antonio María hacía llegar su mensaje a la feligresía con el recurso que él mejor sabe utilizar: el humor. Con un gran sentido del humor, igual que en años anteriores, Monseñor hablaba de “cristofobia”, “estadolatría”, “dictadura del relativismo”, “leyes inicuas”, “indoctrinamiento laico”…, términos todos ellos bien inteligibles por el ciudadano común y a la vez pespunteados de fino sentido del humor con los que el orador quería denunciar los excesos de un estado que ha dado la espalda a sus raíces cristianas. Sabe bien Antonio María que el humor no es sólo uno de los atributos de la inteligencia, además es un arma mortífera para denunciar los excesos de los nuevos idólatras. Pero Antonio María no sólo elegía la terminología precisa para penetrar en el alma de sus fieles, además optaba por la temática más adecuada para llegar hasta lo más hondo de sus corazones. En el sermón del domingo tocaba hablar de “la desnaturalización del hombre”, que no sólo es un tema que a todos nos atañe directamente, además es toda una invitación a la risa y a la alegría de vivir con la que Monseñor conquistaba el domingo a un público ávido de sensaciones nuevas. Durante la representación, Antonio María, frase a frase, idea a idea, se iba ganando a un público entusiasmado, y lo hacía con sentencias desbordantes de ingenio como esta: “nos llegan nuevas fórmulas combinatorias humanas negadas a la transmisión de la vida”, frases irónicas y juegos de palabras que vendría acompañadas de risas y aplausos de un público entregado al talento del artista. “La iniquidad de las nuevas leyes nos convierte en esclavos del Relativismo”, fue el colofón final de una mañana de gloria, un broche de oro que llenaría la plaza de aplausos y vivas de un público entusiasmado. El espectáculo del domingo demuestra que Antonio María es uno de los maestros indiscutibles de ese difícil y desconocido género que es el monólogo eclesiástico, un género para el que se requiere gran dedicación y mucho talento. Aunque haciendo honor a la verdad, Monseñor no estaba solo en el éxito dominical, en la representación contaba con otros talentosos humoristas venidos de provincias que, en gozosa comunión con el maestro, convertirían la celebración del domingo en un puro homenaje no tanto a la comedia clásica como a un tipo de comedia más sutil, más mordaz e irónica, que algunos críticos ya han bautizado como “comedia posmodernaâ€?.

Para constatar el éxito de Monseñor, nada como leer la crónica del lunes de ese sensacional escritor que es Juan Manuel de Prada, quien, en su hilarante columna de opinión del diario ABC, se hacía eco del éxito sin precedentes de la fiesta del domingo. Hombre de punzante ingenio, siempre capaz de arrancar una sonrisa con algún insólito juego de palabras, De Prada le hacía un guiño de complicidad a Monseñor en su crónica del lunes al dejar este retruécano para la historia: “cuando quitamos lo sobrenatural, no nos encontramos con lo natural, sino con lo antinatural”. Humor en estado puro… Se nota que Monseñor tiene en De Prada a su escritor de cabecera.

Pero la reunión del domingo fue un éxito de crítica y público porque Monseñor contaba con la colaboración especial, desde Roma, vía satélite, de otro superdotado del humor. Con sus ojitos aterciopelados, y su ancha y luminosa sonrisa, Joseph Ratzinger, que obedece al ocurrente nombre artístico de “Benedicto XVIâ€?, ofrecía otra representación estelar al más puro estilo granguiñolesco. Con un monólogo salmpimentado de humor no tan refinado e intelectualizante como el de Antonio María, más de trazo grueso, Benedicto empezaba hablando de la “ecología del ser humano para evitar la autodestrucción…”, que ya provocaría las primeras sonrisas entre los asistentes en lo que se antojaba como una prometedora intervención. “El infierno existe y es eterno”, trajo las primeras carcajadas a la plaza pública, donde ya se masticaba un ambiente de pura diversión desinhibida. Pero el clímax se produjo cuando, justo al final de su monólogo, Benedicto soltó este eficacísimo chiste: “El matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer hasta que la muerte los separe”. Una atronadora carcajada inundó toda la plaza de Colón, una gran ovación de entusiasmo de un público rendido ante el talento de un artista en estado puro. Serpentinas, globos, confetis inundaban la plaza al concluir la intervención de Benedicto XVI, con la que finalizaba el acto del domingo. Los asistentes, eufóricos, se negaban a abandonar la plaza, la fiesta continuaba espontáneamente y se extendía a otros rincones de la ciudad. Unas monjas mejicanas sacaban las guitarras e interpretaban viejas canciones de José Luís Perales, unos muchachos de Nuevas Generaciones comenzaban a tocar las palmas y se arrancaban a bailar sevillanas; el ambiente, que era pura alegría, se prolongaría hasta bien entrada la tarde, en lo que fue en una celebración para la historia. ¡Qué inmensa reunión de talentos!

Ante una sensacional representación como la del domingo, uno se pregunta, no sin amargura, ¿por qué la mayor parte de los ciudadanos no entiende el sentido del humor de estos sensacionales artistas? Posiblemente porque son unos adelantados a su tiempo. Verdaderamente es una pena.

Rafael Rodríguez

Guetos (y 3)

h1 Tuesday, December 30th, 2008

EntendámonosAlgo más de medio siglo después de que el emperador romanogermánico mandara a los judíos de Fráncfort trasladarse a una nueva calleja situada extramuros, el Senado de la República de Venecia siguió sus pasos al ordenar, en 1516, que todos los judíos bajo su autoridad debían residir obligatoriamente en cierta zona periférica de la ciudad de la laguna. Dicha área, rodeada de canales y unida a la ciudad por tres puentes que las autoridades venecianas hacían cortar, encerrando a los judíos en su suburbio, por las noches y durante las fiestas cristianas, era conocida como Geto o Gheto por haberse ubicado allí una vieja fundición (la palabra del habla véneta gèto designaría originariamente una colada de metal fundido). Posteriormente, el vocablo italiano ghetto (adaptado en castellano como gueto) se convertiría en un término internacional, al designar juderías similares a la veneciana ubicadas en muchas otras ciudades de Europa.

La República de Venecia era considerada en aquel tiempo en la Cristiandad como un modelo de buen gobierno, de manera que su decisión de guetizar a los judíos pudo influir para que otras ciudades y territorios siguieran su ejemplo. Mayor influencia tuvo aún, con todo, la segregación en guetos de la población hebrea de los Estados de la Iglesia, ordenada por el papa Paulo IV en 1555. Este papa, que en su época de cardenal había sido el creador y jefe de la Inquisición romana, justificaba el severísimo trato al que sometía a los judíos residentes en los territorios que estaban bajo su soberanía temporal (incluyendo la comunidad hebrea de Roma, que era más antigua que el propio cristianismo) con estas palabras: “Puesto que es completamente absurdo e inapropiado que los judíos, que por su propia culpa están condenados a la esclavitud eterna, puedan, con la excusa de que la caridad cristiana los protege y les tolera vivir entre cristianos, mostrar tal ingratitud hacia éstos que devuelven injurias a cambio de la misericordia que reciben, y pretenden dominarlos en lugar de servirles como es su deber…”

En estas primeras frases de la bula Cum nimis absurdum, Paulo IV deja claro que sólo está dispuesto a tolerar la presencia de judíos en sus estados si la inferioridad respecto a los cristianos que la Iglesia católica atribuye a los primeros queda plenamente manifiesta en la realidad legal y social de unos y otros, en su vida cotidiana. Para el creador del gueto de Roma, segregar e inferiorizar son cosas que van estrechamente unidas, como evidencian también las medidas que prescribe el papa en la citada bula: además de la guetización, se impone a los judíos llevar siempre como distintivo un sombrero amarillo; se les prohíbe poseer bienes inmuebles o comerciar con otra cosa que trapos viejos y vestidos usados; tampoco los médicos judíos podrán tratar a enfermos cristianos; además, los judíos no podrán tener sirvientes cristianos ni permitir jamás que los individuos de esta religión, por humilde que sea su estatus, les den trato de señor, etc. Los siguientes papas no sólo mantendrían en pie este sistema de segregación/inferiorización de los judíos, sino que promoverían su extensión a otros territorios de Italia y del orbe católico (exceptuando, lógicamente, aquéllos de los que la poblacion hebrea había sido ya expulsada por completo, como sucedía en los estados hispánicos desde los tiempos de los muy católicos monarcas Isabel y Fernando).

Fue la Revolución Francesa la que, al extender su influencia por Europa, puso fin para siempre a la vieja vergüenza que para nuestro continente suponían guetos como los de Fráncfort y Venecia, e hizo que se reconociera a los judíos de estos territorios la condición de ciudadanos de pleno derecho, iguales a todos los demás. Dicha influencia llegó también a la Italia central, donde en 1798 el ejército republicano francés, aboliendo el poder temporal de los papas, proclamó la República Romana, levantó un árbol de la libertad en una plaza del gueto judío de la ciudad del Tíber y decretó para todos sus habitantes, con independencia de su religión, la plena ciudadanía y la igualdad de derechos. Sin embargo, el regreso en 1814 del papa como monarca absoluto de los Estados Pontificios, por decisión de las potencias que habían derrotado a Napoleón, acabó con estas conquistas y supuso para los judíos de dichos territorios el retorno al gueto y a la situación anterior a 1798.

Décadas después, en 1848, una nueva oleada revolucionaria liberal sacude Europa, y en medio de ella el entonces papa, Pío IX, decide suavizar la situación de los judíos de sus Estados; sin embargo, sólo la nueva abolición del poder temporal del papado en febrero de 1849, con la proclamación de una segunda (y, para su época, muy progresista) República Romana, pondrá otra vez fin al gueto y restituirá a los judíos su condición de ciudadanos de pleno derecho. La historia, sin embargo, se repetirá ese mismo año, ahora con las tropas francesas en un papel opuesto al de 1789: el nuevo presidente de Francia, Luis Napoleón Bonaparte (sobrino de Napoleón I, y futuro emperador Napoleón III), cediendo a las presiones de los católicos ultramontanos franceses, cuyo apoyo necesita para mantenerse en el poder, envía sus ejércitos contra la pequeña República Romana, acaba con ella por la fuerza y restaura a Pío IX en el trono de los Estados de la Iglesia. El papa se muestra entonces mucho más conservador que antes de la revolución, y es especialmente duro con la minoría judía (a cuyos miembros considera agitadores republicanos), ordenando de nuevo su guetización y su inferiorización legal y social; décadas después llegaría a decir públicamente, en referencia a los judíos, que “hay demasiados perros de éstos en Roma en nuestro tiempo, y los oímos gemir por las calles y nos molestan por todas partes”… una frase que no parecería fuera de lugar en el texto de Cum nimis absurdum.

La caída del Imperio francés de Luis Napoleón Bonaparte en 1870 posibilitará que ese mismo año el poder temporal de los papas sea abolido definitivamente, y Roma incorporada, como capital, al Reino de Italia. El nuevo estado italiano, de corte liberal, pone fin en seguida al gueto romano, para entonces un anacronismo que avergüenza y escandaliza a Occidente; de nuevo los judíos recuperan sus plenos derechos civiles. Pío IX se declara entonces “prisionero en el Vaticano”, por más que el nuevo estado no limite ni impida sus movimientos; en 1864 este mismo papa había condenado solemnemente (en el Syllabus errorum), junto con otros “errores” modernos, la idea de que “El Romano Pontífice puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, con el liberalismo y con la moderna civilización”.

Cuando los actuales ciudadanos de Occidente se encuentran con alguna de las muestras de homofobia que prodiga la jerarquía católica (encabezada hoy, como en tiempos de Paulo IV, por un exjefe del Santo Oficio, o de su entidad sucesora), a menudo expresan sorpresa o incredulidad ante esta actitud, que recientemente ha llevado al Vaticano incluso a liderar la oposición a una propuesta europea en la ONU de declaración favorable a la despenalización de la homosexualidad en todo el mundo, con el deplorable argumento de que resultaba inaceptable que ésta afirmase “el principio de no-discriminación que exige que los derechos humanos se apliquen del mismo modo a todos los seres humanos, independientemente de su orientación sexual o de su identidad de género”. La historia nos hace ver, con todo, que dicha actitud de la Santa Sede y sus subordinados es en realidad menos sorprendente de lo que podría parecer, y en cualquier caso no responde simplemente, como tampoco lo hacía la manifiesta judeofobia del pasado, a la obsesión personal de uno o unos pocos mandatarios. En la tradición católica, la segregación e inferiorización de aquellas minorías que no aceptan someterse a los dogmas de la Santa Madre Iglesia (esto es, a la forma en que ésta interpreta los textos que proclama como sagrados) es, como hemos visto en el caso del trato reservado durante siglos a los judíos, una política deliberada, consistente y mantenida –incluso contra viento y marea– mientras sus dirigentes han tenido la posibilidad de hacerlo, es decir, mientras el resto de la sociedad se lo ha permitido. Con dicha política se pretende asegurar la preeminencia de los dogmas católicos (hoy particularmente en el terreno de la moral sexual y familiar) y el poder e influencia sociales de la Iglesia (o lo que aún queda de éstos). Frente a ello, de nada sirve refugiarse en el viejo tópico de que “los tiempos cambian” si olvidamos que, en realidad, somos las personas, con nuestras micro o macroluchas, las que hacemos posibles esos cambios que anhelamos.

Nemo

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Guetos (2)

h1 Monday, December 22nd, 2008

EntendámonosEn 1462, cuando se creó el gueto o Judengasse de Fráncfort y se obligó a instalarse dentro de sus murallas a toda la población judía de la ciudad, ésta consistía en quince familias, esto es, poco más de un centenar de individuos; siglo y medio después, la población del gueto había aumentado hasta cerca de las 3.000 personas. Las autoridades de Fráncfort permitieron este crecimiento de la población y la instalación en el gueto local de familias judías procedentes de otras localidades y países que habían sido expulsadas de sus lugares de origen junto con el resto de sus habitantes de dicha religión, aunque sólo si se trataba de familias ricas, de modo que su establecimiento en el gueto francfortés facilitó el auge gradual de la ciudad como centro financiero. Esas mismas autoridades, sin embargo, apenas autorizaron la expansión de la superficie del gueto originario, con lo cual hubo que hacer sitio en él para el considerable incremento de la población dividiendo las casas longitudinalmente y añadiéndoles nuevos pisos que sobresalían por encima de la calle, inclinándose hacia adelante hasta casi tocar los edificios de enfrente. El resultado fue uno de los espacios más densamente poblados de Europa, con dos filas de casas altas y generalmente estrechas (las había, incluso, que no superaban el metro y medio de ancho) y, en medio de éstas, un callejón adonde apenas llegaba la luz solar: un suburbio/cárcel insalubre, sórdido y opresivo.

La mezquindad e hipocresía de las autoridades cristianas, que se beneficiaban económicamente de la comunidad judía al mismo tiempo que la forzaban a vivir en condiciones tan infames, quedan subrayadas por el hecho de que durante casi toda la existencia del gueto de Fráncfort una de las atracciones turísticas de la ciudad fuera la Frankfurter Judensau o ‘cerda judía de Fráncfort’, una pintura mural situada desde 1475 en la principal entrada del recinto urbano –la puerta que daba al puente sobre el río Meno–, y que constituía un ejemplo particularmente célebre y virulento de un género de propaganda judeófoba ampliamente extendido por tierras alemanas y centroeuropeas. En la Judensau de Fráncfort no sólo se asociaba a los judíos con la obscenidad y porquería más ofensivas y repugnantes y se los equiparaba con animales y hasta con el mismo demonio, sino que se los presentaba además como una amenaza para los hijos de los cristianos, mediante el añadido de la imagen de un niño de esta religión de cuyo asesinato ritual se acusaba a los judíos. Este y otros procedimientos de inmundización de la minoría judía avivaban en la población cristiana de Fráncfort la hostilidad contra dicha comunidad, que se convertía así en el perfecto chivo expiatorio de cualquier tensión social.

En 1614 una de estas tensiones (en este caso, entre las familias patricias que controlaban la ciudad y los gremios) condujo a las masas de Fráncfort, en el marco de una rebelión popular liderada por el tendero Vincenz Fettmilch, a asaltar y saquear el gueto judío y expulsar a todos sus habitantes de la ciudad. Fettmilch había abolido también el concejo que gobernaba Fráncfort, lo que llevó al emperador germánico a enfrentarse a él, ordenar su arresto y, finalmente, hacerlo ajusticiar junto con seis de sus seguidores en 1616. El mismo día en que tuvieron lugar dichas ejecuciones, las tropas imperiales escoltaron a los judíos en su camino de regreso al gueto, sobre cuyas puertas el emperador mandó entonces colocar su emblema, el águila imperial, en piedra, junto con la inscripción “Bajo la protección de Su Majestad Imperial y del Sacro Imperio Romano”. No olvidemos que esa misma autoridad imperial que así proclamaba su “protección” hacia los judíos era la que, habiendo ordenado originariamente su reclusión forzosa en el gueto, mantenía en pie dicha orden, ni olvidemos tampoco que el águila y la inscripción mencionadas coexistieron con la famosa Judensau, a escasa distancia de ésta, durante casi dos siglos; teniendo en cuenta ambos hechos podremos hacernos una vívida idea de hasta qué punto la duplicidad y la hipocresía presidieron las relaciones de los poderes cristianos con la comunidad judía de Fráncfort.

Cuando en 1769 los judíos se atrevieron, seguramente bajo la influencia de las nuevas ideas ilustradas que circulaban por Europa, a solicitar a las autoridades locales de Fráncfort permiso para poder salir del gueto los domingos por la tarde (recordemos que estaba mandado que las puertas de la Judengasse se cerraran, con todos sus habitantes dentro, durante las festividades cristianas, domingos incluidos), la ciudad no sólo denegó dicho permiso, sino que en su respuesta consideró la petición como “un ejemplo de la arrogancia sin límites de esta gente, que no ahorra esfuerzo alguno para intentar valerse de cualquier oportunidad que les permita situarse como iguales a los ciudadanos cristianos”. Vemos, pues, que el poder francfortés identificaba sin lugar a dudas la segregación de la minoría judía con su inferiorización respecto a “los ciudadanos cristianos”. Ello difícilmente puede sorprendernos, dado que segregar e inferiorizar a una minoría son cosas que van unidas: al tomar medidas para separar a un determinado grupo social del resto de la ciudadanía, los poderes públicos están estigmatizando a dicho grupo, marcándolo como portador de ciertas características indeseables de las que el resto de la sociedad debe ser protegido (esto también constituye, obviamente, una forma de inmundización), y con ello proporcionan fundamento a la inferiorización social y/o legal de la minoría en cuestión.

Segregación, estigmatización, inferiorización e hipocresía son características que, salvando las distancias que haya que salvar –y que desde luego no son pocas– con lo que acabamos de exponer, reencontramos en nuestro propio tiempo en la actitud de los poderes públicos de Occidente hacía la minoría LGTB. Y es que, con la excepción de un reducido –aunque por fortuna creciente– número de países, la exclusión de las parejas homosexuales del matrimonio, de la adopción y/o de otros derechos sirve hoy para perpetuar la segregación e inferiorización legales y sociales de esta minoría, con la estigmatización consiguiente; sin embargo, y de manera hipócrita, los mismos países que practican dicha exclusión proclaman que todo su sistema político y social se basa en los principios liberales que afirman la igualdad esencial de todos los seres humanos y su libertad para vivir su vida según su propio criterio.

La creación de figuras jurídicas alternativas al matrimonio mientras se mantiene la exclusión de éste de las parejas del mismo sexo no pone fin a dicho estado de cosas, y no constituye, por lo tanto, una solución realmente satisfactoria. Así, Daniel Borrillo (en su ensayo Homofobia) ve en el PACS o ley de parejas de hecho francesa una “forma de submatrimonio que ratifica la segregación de las parejas homosexuales”: una especie de gueto legal, podríamos decir, para gais y lesbianas. Para Borrillo, “el entusiasmo provocado por una forma específica de conyugalidad, concebida (de manera no confesada) para las parejas del mismo sexo, muestra hasta qué punto, en tanto que grupo dominado, los homosexuales han interiorizado el discurso de los dominantes, presentando como adquirido y legítimo el abandono del principio de igualdad en lo que concierne al matrimonio y la filiación.”

Afortunadamente, sin embargo, no todos los gais y lesbianas se encuentran hoy cómodos en el gueto legal: algunos, influidos quizá por ideas ilustradas, parecen decididos a no ahorrar esfuerzo alguno para intentar valerse de cualquier oportunidad que les permita situarse como iguales, de verdad, al resto de la ciudadanía. Por mucho que se escandalicen quienes, oponiéndose a dicho objetivo, ven en ello otro ejemplo de la arrogancia sin límites de esta gente.

(Continuará.)

Nemo

Con esta columna, adelantada al martes para evitar la coincidencia con las fiestas navideñas, esta sección alcanza los 50 textos publicados, como señala el logo modificado especialmente para ello por Xavi DM (muchas gracias, Xavi). Éste es un buen momento, pues, para daros las gracias a todos los que lo habéis hecho posible, empezando -otra vez- por Xavi, el creador de esta magnífica realidad que es hoy dosmanzanas.com, siguiendo por los que me animaron en su momento a escribir para esta web (muchas gracias, José Luis/elputojacktwist, Diego) y, por supuesto, por todos los que habéis leído, y algunos también comentado, alguna(s) de estas 50 columnas, participando incluso -con aportaciones frecuentemente brillantes- en unos debates de los que me siento especialmente orgulloso, por más que el mérito sea vuestro. Debo decir que la experiencia de escribir para dosmanzanas es una de las más interesantes y enriquecedoras que he disfrutado nunca. Así que muchas gracias a todos, y nos seguimos leyendo los miércoles aquí en DM (bueno, la semana que viene el martes, que el miércoles es Nochevieja). ¡Ah, y que paséis felices fiestas!

Nemo

Guetos (1)
Guetos (y 3)

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