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¿Curar la homosexualidad o curarse la homofobia?

h1 Sunday, December 21st, 2008

Contra naturaCada cierto tiempo nos sobresalta la noticia de algún curandero con ínfulas divinas que dice haber encontrado el elixir de la heterosexualidad. Como esos dioses mitológicos que lograban proezas inimaginables para el entendimiento humano, una casta de iluminados persevera en la llamada curación de la homosexualidad, una sanación que tiene algo de gesta religiosa o de milagro mariano. Este mes le tocaba el turno a una tal Marta Lozano, “ex homosexual y actual mujer libre y feliz�, quien ha escrito un libro con un simpático título: “Una historia sobre el maltrato y la homosexualidad�, editado por los Padres Salesianos, un libro que cuenta la experiencia de su autora, ex homosexual reciclada en heterosexual por la gracia de Dios. Del libro de Marta Lozano no merece la pena hablar aquí - ya se encarga la COPE -, tan sólo destacar que la autora no habla de “curar� la homosexualidad, habla de “reconducirla�, un eufemismo que supone un avance en nuestros derechos por el que me gustaría darle las gracias en nombre el colectivo LGTB.

Cada cierto tiempo, como decía, alguien es noticia por su perseverancia en la idea de que es posible cambiar la orientación sexual de un gay. Hace algunos meses la fundamentalista católica Cristina López Schligting, periodista de la COPE, tenía un programa en la radio con ese propósito. Son perseverantes, sin duda, pero confunden la perseverancia con la contumacia; y ya que se trata de unos iluminados, ajenos a la razón humana y a las evidencias de la ciencia, poco podemos hacer por convencerles. Lo único que podemos hacer aquí, modestamente, es aportar algo de información a quien se vea atrapado en la lectura de libros como el de Marta Lozano o a quien escuche la COPE más de lo que debiera.

Efectivamente hay personas que dicen haber cambiado su orientación sexual, incluso tienen un nombre, son los “ex gays�, un término utilizado por terapeutas y grupos religiosos para describir a personas que supuestamente han cambiado su orientación sexual, de gay o bisexual a heterosexual, usando las denominadas “terapias de reorientación sexual�: una especie de salida del armario pero al revés, según sus propias palabras. De marcado carácter religioso, Exodus es una de las principales asociaciones de ex gays de EEUU, en su página web hace toda una declaración de principios: ve la homosexualidad como fuera de la voluntad de Dios y el estilo de vida gay destructivo, busca la cura y la redención para el gay y le propone huir del pecado nefando como única forma de encontrar a Cristo.

Muchas prácticas han sido usadas a lo largo del siglo XX como terapias de reorientación sexual: terapias de aversión (suprimir una conducta no deseable mediante un castigo o ciertos estímulos desagradables o dolorosos como un choque eléctrico o fármacos capaces de producir náuseas), el psicoanálisis, la orientación y el consejo religiosos… Algunos ex gays casados reconocen que no han conseguido suprimir su deseo homosexual, simplemente lo reprimen.

Ninguna de las principales organizaciones médicas de EEUU apoya las terapias de reorientación. La American Psychological Association ha emitido varios comunicados en contra de estas terapias y muchas otras han expresado su preocupación sobre la ética que rodea a estas prácticas.

Como reacción contra los métodos usados por estas asociaciones ha nacido el movimiento “ex ex gay�, formado por homosexuales que se sometieron sin éxito a terapias de reorientación y las condenan rotundamente. En la red se puede encontrar el testimonio de dos de ellos: Peterson Toscano y Angel Llorent, que en un vídeo publicado por La Vanguardia cuentan cómo estos grupos primero estigmatizan la homosexualidad y luego, a cambio de 30.000 dólares, ofrecen las terapias. Toscano cuenta que, entre los métodos terapéuticos de reorientación, le hicieron hasta tres veces un exorcismo para sacar los demonios homosexuales de su cuerpo, llegando incluso a gritarle para arrancarlos de su interior (Parece una broma, pero no lo es). Toscano se casó una mujer, pero el matrimonio, como es lógico, acabó mal: sus deseos nunca cambiaron. Llorente cuenta que las terapias le condujeron dos veces al suicidio: el dolor era tan fuerte que al final se dio cuenta de que no podría superarlo y abandonó. Es recomendable ver el vídeo, sólo dura tres minutos.

En fin, es imposible condensar un tema así en una columna, el tema da para mucho más, y seguramente continuaré hablando de ello en el futuro. De momento, y para acabar por hoy, un par de mensajes para los potenciales lectores de libros como el de Marta Lozano. Uno, que se informen bien antes de someterse a cualquier tipo de terapia; dos, que valoren aceptar con naturalidad su orientación sexual, les puedo asegurar por propia experiencia que la homofobia es mucho más dolorosa que la homosexualidad.

Rafael Rodríguez.

Guetos (1)

h1 Tuesday, December 16th, 2008

EntendámonosLos ultramodernos e imponentes rascacielos que dominan hoy la ciudad de Fráncfort del Meno (o Frankfurt am Main, en la lengua del francfortés Goethe), y que le han valido el sobrenombre de Mainhattan, recuerdan al visitante que esta urbe no demasiado grande (unos 670.000 habitantes) es el principal centro financiero tanto de Alemania como de la Europa del euro: allí tienen su sede el Bundesbank, el Banco Central Europeo y la más importante bolsa de la Eurozona. Aunque este gran protagonismo de Fráncfort a nivel europeo e incluso planetario (que ha hecho que se la conozca también como la metrópolis más pequeña del mundo) sea algo relativamente reciente, la ciudad es desde hace siglos uno de los más destacados emporios financieros de las tierras alemanas. Y el dato de que en Fráncfort se ubicase durante más de trescientos años el mayor gueto judío de Alemania no es ajeno a este hecho, puesto que desde él operaban importantes mercaderes –y luego también banqueros, como los célebres Rothschild– pertenecientes a esta minoría que, en su momento, contribuyeron de forma muy significativa a dar impulso a la ciudad.

Aunque la palabra gueto provenga del nombre del barrio en que desde 1560 se obligó a residir a los judíos en Venecia (el Ghetto), su equivalente de Fráncfort era mucho anterior, pues había sido establecido, con el nombre de Judengasse (‘callejón de los judíos’) en 1462. Antes de esa fecha, incluso mucho antes, había ya judíos en Fráncfort, y de hecho existía un barrio judío situado en pleno centro de la ciudad, con una sinagoga que se alzaba junto a la catedral imperial cristiana. Precisamente la proximidad de ambos edificios fue utilizada como excusa, cuando subió el nivel de judeofobia, para poner fin a esta situación: el emperador Federico III, arguyendo que “el gemir de los judíos en su sinagoga” resultaba molesto para quienes acudían a misa en la vecina catedral, ordenó no sólo la destrucción de la sinagoga sino también el traslado forzoso de todos los judíos de Fráncfort a una nueva calle que se habría de construir extramuros (en una zona poco salubre) y que estaría rodeada por una muralla con sólo dos puertas, una a cada extremo de la calle. Así, mientras que antes en la zona judía de la ciudad vivían también muchos cristianos, en la nueva Judengasse sólo podrían establecerse los judíos, y ningún judío podría vivir en la ciudad fuera de los muros del gueto; mientras que antes judíos y cristianos podían moverse libremente por toda la ciudad, ahora se prohibía a los judíos salir del gueto por las noches, los domingos y fiestas cristianas y durante la elección y coronación del emperador (que tenían lugar en la catedral de Fráncfort); además, unos pocos años antes se había obligado a los judíos a llevar siempre en sus ropas un signo distintivo, y se había prohibido a los cristianos asistir a las celebraciones y bodas de los judíos. En definitiva: lo que se ordenó en 1462 fue la segregación forzosa de la comunidad judía de Fráncfort respecto al resto de la población (y si no se les expulsó sin más, como ocurría por aquellos años en otras ciudades alemanas, fue seguramente a causa de su importancia para la economía de la ciudad y, vía impuestos, para las arcas imperiales).

Actualmente oímos con cierta frecuencia que la expresión gueto gay, o simplemente el sustantivo gueto, se aplican en los medios de comunicación (o en otros contextos) en referencia a determinados aspectos de la realidad LGTB contemporánea de los países de Occidente, y en especial a ciertas áreas de las grandes ciudades donde se produce una especial concentración de servicios destinados al público homosexual, y a veces también una mayor proporción de residentes gais y lesbianas que en el resto de la ciudad. Personalmente, encuentro muy interesante establecer paralelismos entre las realidades históricas de las minorías homosexual y judía de Occidente, y de hecho yo mismo he probado a hacerlo en otros artículos (1) de esta sección, pero también creo que al hacer dicho paralelismo es imprescindible tener en cuenta tanto las semejanzas como las diferencias entre ambas realidades.

Quienes defienden la expresión gueto gay pueden argumentar que en el origen de la diferenciación, ya sea espacial o simplemente identitaria, de los homosexuales está la homofobia, como en el de los guetos judíos estaba la judeofobia, y que si no hubiera homofobia no harían ninguna falta ni sitios, ni negocios, ni medios de comunicación, etc. destinados específicamente a gais y lesbianas; de hecho, añaden algunos, ni siquiera haría falta que existieran los conceptos mismos de gay y lesbiana: cada individuo sería libre para establecer las relaciones afectivosexuales que le apeteciera en cada momento, de forma tan pública y abierta como creyera conveniente, sin que ello le supusiera problema alguno en su entorno social. Todo ello me parece tan sugerente como discutible, pero no profundizaré ahora en estos aspectos. Lo que quisiera señalar en este punto es que, al usar una expresión tan cargada de connotaciones –negativas, obviamente– como gueto gay (o al hablar de gueto en alusión a la comunidad LGTB), se tiende a pasar por encima de diferencias muy significativas entre lo que fueron los guetos judíos y lo que es hoy la realidad de gais y lesbianas en Occidente.

Centrándonos en el caso de los barrios homos que han aparecido en las últimas décadas, es fundamental darse cuenta de que éstos no existen para la segregación (mucho menos forzosa) de la población homosexual, sino que, como nos recuerda Didier Eribon (Réflexions sur la question gay), “los contornos de estos ‘enclaves’ gais en las grandes ciudades son (…) bastante difusos [recordemos que los guetos judíos, en cambio, estaban amurallados] y cambian al ritmo de las aperturas y los cierres de bares, cafés o restaurantes; los comercios gais son una minoría y, por supuesto, la calle está abierta a todos. Es pues la mezcolanza lo que predomina.” Más aún: según el mismo autor, “fenómenos tales como (…) el desarrollo de barrios homosexuales en las grandes ciudades de Europa marcan la reabertura de las puertas que el ‘mundo gay’ se había visto obligado a cerrar sobre sí mismo durante un largo período. Lo que parece dejar estupefactos a los observadores indignados por la aparición de un barrio gay (…) es que esta nueva visibilidad homosexual abre toda una cultura al mundo exterior y entra en interacción con la ciudad”. Abertura e interacción con la ciudad, por lo tanto, en lugar de cierre y segregación/marginación: si hubiera que establecer paralelismos con la realidad hebraica del antiguo Fráncfort, parece que sería el barrio judío originario, sin muros ni obligaciones o prohibiciones destinadas a minimizar el contacto entre judíos y cristianos, aquel barrio mezclado que osaba tener una sinagoga justo al lado de la catedral, el que más podría recordar a la realidad LGTB contemporánea, y no el gueto en que los judíos –y sólo ellos– fueron encerrados por la fuerza a partir de 1462.

(Continuará.)

Nemo

Nota:

(1) Ver los artículos “Humo”, “La ciénaga”, “Las raíces del odio” (1 y 2) y la serie “Holocausto/s” (1, 2, 3 y 4).

Guetos (2)
Guetos (y 3)

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Interrogatorio policial a la salida del armario

h1 Sunday, December 14th, 2008

Contra naturaQuienes tenemos treinta y tantos y hace muchos años que salimos del armario, mucho antes de que hubiese gays en las series de televisión, con frecuencia nos veíamos sometidos a una especie de interrogatorio policial cuando le íbamos contando a amigos y conocidos el “secreto� de nuestra homosexualidad: ¿lo saben tus padres?, ¿se lo vas a contar?, ¿y en el trabajo?, ¿y si se entera el energúmeno de tu jefe?…la gente se creía con derecho a hacerte preguntas. Felizmente el número de preguntas por salida del armario va reduciéndose a medida que avanzamos en la normalización, de modo que sólo habremos logrado la total igualdad cuando esa cifra alcance el cero absoluto. Lo normal sería que cuando le cuentas a un compañero de trabajo que tienes novio en vez de novia él te respondiera que qué bien y luego pasáramos a hablar del tiempo, pero eso no sucede siempre, por desgracia, ni siquiera hoy, que ya hay gays en las series de televisión, porque siempre habrá alguien que se crea con confianza y quiera saber más… no nos olvidemos que la homosexualidad ajena sigue siendo morbosa.

Me gusta la gente curiosa, pero no me gustan nada a los preguntones, y mucho menos a los cotillas, que son una categoría superior de éstos: quien se interesa demasiado por la vida de los demás es porque la suya está gobernada por el tedio. Los hay que te empiezan preguntando con quien vives, luego si vives en un piso propio o de alquiler, y cuando te descuides, acabarán preguntándote si has tenido alguna relación con una persona del otro sexo o si has pisado alguna vez un cuarto oscuro. Hay que andarse con cuidado.

A mi hay una pregunta especialmente estúpida que me han hecho varias veces a lo largo de mi vida: “¿Y desde cuándo eres homosexual?� Al principio uno siente la necesidad de contar toda la verdad sobre su estancia en el armario y se sincera: “desde siempre�, se le responde a tu boquiabierto interlocutor, que parece que no acaba de entender la respuesta… hasta que le dices lo que quiere oír: “pero lo llevaba oculto… por miedo� La segunda vez que te lo preguntan ya te toca las narices y respondes igual que la primera, pero de mala gana… Pero la tercera, cuando ya estás un poco curtido, tienes derecho a utilizar la ironía, que es un arma letal. “¿Y desde cuándo eres homosexual? “, te pregunta con confianza un amigote del pueblo. “Desde el siete de julio de 1986�, le respondes con sequedad y le miras fijamente a los ojos…, él se queda con la boca abierta, ligeramente babeante… se hace un breve silencio, y acaba preguntándote, mitad incrédulo mitad curioso: “¿Y por qué ese día?�, y tú le respondes serio: “porque ese día el cometa Halley pasó junto a la orbita de la Tierra y yo salí al campo a avistarlo…�, y le miras a los ojos como interpelándole… “¿te acuerdas del cometa Halley?�, le preguntas como tratando de reforzar tu tesis. Él te sigue mirando con interés… pero en su cara ya empieza a dibujarse una sonrisa… y le aclaras: “el avistamiento del Halley me hizo maricón…, tío, y mira que a mi me gustaban las tías…� Mi amigo entendió el mensaje con una sonrisa, y el experimento sirvió de antídoto para que otros colegas del pueblo no disparasen jamás las preguntitas que tenían en la recámara.

Cuando mi pareja le contó a una amiga que era gay, hace muchos años, ella le preguntó: “¿Pero te gusta disfrazarte de mujer?� La pregunta, siendo bizarra, no lo es tanto como parece: hace años la gente metía homosexualidad y travestismo en el mismo saco. Pero aunque fuera cierto que mi chico hubiese tenido por hobbie disfrazase de mujer… ¡qué necesidad tenía aquella muchacha de preguntárselo! ¡Con qué derecho! Y hay que tener cuidado porque cuando se abre el coto de las preguntas estúpidas justo al lado está el coto de los comentarios estúpidos, que también es terreno peligroso. Hace tiempo me gané la antipatía de una compañera de trabajo cuando, al decirme que yo no tenía pinta de homosexual, le respondí que donde realmente tenía pinta de homosexual era en el cabaret de Lavapiés en el que trabajaba como transformista las noches del fin de semana. No le sentó bien… ¡qué desgracia no tener sentido del humor!

Seguro que entre todos podríamos hacer un libro con las preguntitas tontas que alguna vez nos han hecho: “El Libro de las Preguntitas�, y mira luego se lo podíamos enviar a Pilar Urbano, junto con el de las fábulas, para que las responda todas con ese salero que ella tiene. Es sólo una idea.

Rafael Rodríguez.

El duende marica y otros prodigios (y 2)

h1 Wednesday, December 10th, 2008

EntendámonosLa homofobia no sólo es capaz de lograr, como vimos la semana pasada, el prodigio de hermanar a individuos (aparentemente) opuestos en su modo de ser y pensar: también logra otros portentos, como el de volver invisible la heterosexualidad y extremadamente visible la homosexualidad.

El crítico de Babelia que se extrañó de que el libro de relatos de Lawrence Schimel Mi novio es un duende contuviera sólo personajes gais y lesbianas, ¿habría experimentado alguna vez en su vida sorpresa o incomodidad al constatar que muchos otros libros contienen únicamente personajes heteros? Seguramente no: ni siquiera debió de pasar jamás por su cabeza tal pensamiento. ¿Por qué? Pues muy sencillo: porque para él la heterosexualidad de los personajes de todos esos otros libros era invisible (era lo normal), mientras que la homosexualidad de los seres fantásticos de Schimel tenía una visibilidad tal que hacía daño a los ojos.

Admitámoslo: siempre nos hemos quejado de la invisibilidad a la que nos somete el heterosexismo dominante (aunque sea bajo el disfraz de la tolerancia liberal) en nuestra sociedad, pero la verdad es que gais y lesbianas estamos muy lejos de ser invisibles en el aquí y ahora. Todo lo contrario: poseemos una visibilidad cegadora, que daña los sensibles órganos visuales de muchos heteros… e incluso de algunos homos discretos. Los ejemplos que demuestran este hecho los encontramos en abundancia a diario: por ejemplo, siempre que vamos cogidos de la mano o nos damos un beso por la calle y percibimos a nuestro alrededor miradas iritadas ante semejante exceso de visiblidad por nuestra parte. O siempre que se nos critica por querer casarnos, cuando podríamos, simplemente, vivir juntos sin obligar a nadie a abrir sus tiernos ojillos a la verdadera naturaleza de nuestra relación. O siempre que la pluma –dura y cortante, a pesar de su nombre, para las delicadas retinas de los homófobos– es objeto de reprobación o de escarnio. O…

No es extraño, pues, que el Orgullo LGTB escueza tanto a tantas pobres córneas homofóbicas, inflamadas ante esa verdadera supernova que últimamente explota cada año, alrededor del 28 de junio, en las calles de nuestras ciudades, y en el caso español especialmente en las de Madrid. Desde quienes escriben cartas al director de El País hasta la mismísima reina de España, todos parecen sufrir el mismo problema ocular a principios del verano. Y no sólo en esa época: la aparición de personajes LGTB en la pequeña pantalla ya ha logrado generalizar estos mismos síntomas al resto del año. Ahí está el caso del pobre juez granadino cuyos ojos no están aún preparados para la deslumbradora claridad que desprenden los besos y caricias entre personajes televisivos del mismo sexo: “Que no nos quieran meter por la fuerza, a puntapiés, cosas que hoy por hoy no son normales”, clama el infortunado, mientras exige que se le dé tiempo para ir evolucionando.

Lo que hiere tanto la vista de estos individuos (que, por supuesto, tienen muchos amigos gais –si es que no lo son ellos mismos–, nos comprenden y nos respetan) es justamente eso: verse forzados a contemplar “cosas que no son normales” para ellos. La heterosexualidad, en cambio, no puede hacer daño a nadie, precisamente porque sí es normal; más todavía, es lo normal. Con ella sucede el mismo fenómeno que los antiguos atribuían a la música de las esferas, es decir, al sublime sonido que, pensaban, debían de producir los astros al moverse sobre nuestras cabezas: de tan acostumbrados que estaríamos los seres humanos a él desde nuestro nacimiento, se habría vuelto inaudible por completo para nosotros. Del mismo modo, la heterosexualidad está tan presente en nuestro entorno social y cultural desde nuestra primera infancia que resulta invisible, indetectable: cuando ven una pareja hetero por la calle o en una serie de la tele, cuando leen un libro repleto de personajes heteros, la gran mayoría de nuestros conciudadanos –incluidos muchos supuestos progresistas– no ven una pareja, una serie o un libro heterosexuales. Ven simplemente una pareja, una serie, un libro. Lo normal, vamos.

Así que en realidad no somos los homos los invisibles, sino los heteros. Y no es que los homófobos pretendan invisibilizarnos, hacernos invisibles: no, eso sería hacernos como ellos. Lo que quieren en realidad es ocultarnos, ya sea en el armario, debajo de la cama o detrás de una fachada hipócrita; porque, dicen, no pueden soportar nuestra luz. Pues habrá que decirles que lo sentimos, pero el problema en la vista lo tienen ellos, no nosotros. Que se pongan gafas de sol; o, mejor aún, que prueben a quitarse las gafas de la homofobia. Verán qué bien les sienta.

Nemo

El duende marica y otros prodigios (1)

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El Vaticano perjudica seriamente la salud

h1 Sunday, December 7th, 2008

Contra naturaMi médica de cabecera me tiene terminantemente prohibido escribir sobre el Vaticano y sobre los obispos, me ha repetido una y otra vez que esa actividad perjudica seriamente la salud, crea dependencia, y en mi caso acelera el ritmo cardiaco de forma peligrosa y genera ansiedad. Yo le hago caso y lo estoy dejando, y le he prometido que sólo me sentaré a escribir sobre el Vaticano o sobre los obispos en caso de extrema necesidad física… Y ese día ha llegado.

Esta semana los jerarcas del Vaticano mostraban su oposición a una iniciativa francesa ante las Naciones Unidas que pretende despenalizar la homosexualidad en todo el mundo. No, no era una declaración a favor del matrimonio homosexual y por tanto en contra de la familia tradicional con la consiguiente destrucción de la Civilización Occidental. No, era una declaración que pide que los setenta países que encarcelan homosexuales y los siete que los matan dejen de hacerlo. En la negativa a la iniciativa francesa figuran países como Afganistán, Irán, Arabia Saudí, Sudán, Yemen o Estados Unidos…, el Dream Team de los derechos humanos.

Los mandatarios del Catolicismo, con el siniestro Benedicto XVI a la cabeza, no se resignan a vivir en el siglo XXI, viven aún en el pasado, en su glorioso pasado de siglos y siglos de privilegios, prebendas, abusos, adoctrinamiento, latrocinio…. Y la sociedad ha cambiado tanto, y en tanpoco tiempo, que les ha pillado a contrapié. Acostumbrados a dar un puñetazo en la mesa y arrojarle la baraja a la cara al oponente cuando no les gustan sus cartas, ahora no se acostumbran a que en la partida se respeten las normas del juego. Y resulta que en las nuevas normas figura el respeto a la homosexualidad.

Y una pregunta que nos hacemos todos, especialmente el colectivo LGTB: ¿por qué les repugna tanto y con tanta obsesión la homosexualidad, hasta el punto de no estar a favor de su despenalización? Pues seguramente habrá más de una respuesta, pero yo aquí sólo voy a señalar una: porque saben que el demonio lo tienen dentro de casa, y en su estúpida cerrazón están convencidos de que la mejor forma de exorcizarlo es emplear el arma que mejor saben manejar: el odio ¿Y por qué esa cruzada contra el matrimonio homosexual? Muy sencillo, el matrimonio homosexual es un símbolo, tal vez el más hiriente, de su pérdida de poder, del traspaso de privilegios y derechos del poder eclesiástico al poder civil, del final de un monopolio - el de la santa unión de las almas -, que ahora pasa de sus manos santificadas a las manos torpes de unos jueces civiles, con el agravante de que es posible ejercitarlo contra natura entre dos personas del mismo sexo. ¡Cuánto ganarían los moradores de la casa de San Pedro si en vez de odiar los nuevos tiempos procuraran adaptarse a ellos!

Pero en el fondo los homosexuales somos unos privilegiados, porque el daño que el Vaticano nos está haciendo a nosotros es incomparablemente menor al que está haciendo en otros lugares del mundo, como por ejemplo en �frica. Esta semana celebrábamos el día mundial contra el SIDA, y ante una pandemia de tales proporciones, el Vaticano sigue con su criminal campaña a favor de la castidad y en contra de los preservativos. Siempre que mezclamos religión y sida me viene a la cabeza una imagen de una película titulada “La pesadilla de Darwin�, un impresionante documental que cuenta cómo la globalización económica está hundiendo aún más a los países más pobres del continente africano. En la imagen, un hombre negro, preguntado por un entrevistador sobre el uso de preservativos, contesta, como si le estuviesen hablando del demonio: “It´s a sin�, “It´s a sin�… (es un pecado). ¿Cuántas personas se han podido infectar de SIDA por seguir los dictados morales de estos irresponsables? ¿Cuánta gente ha podido morir? ¿Cuántos estarán sufriendo en este mismo instante? Ojalá algún tribunal internacional de justicia sea capaz de responder alguna vez a estas preguntas y tenga el coraje de obrar en consecuencia.

Y ojalá yo encuentre un parche que me quite la ansiedad y que me proteja de la estupidez del Vaticano.

Rafael Rodríguez

El duende marica y otros prodigios (1)

h1 Tuesday, December 2nd, 2008

EntendámonosAdivina adivinanza: ¿qué tienen en común Fidel Castro y Margaret Thatcher? No parece fácil encontrar muchos puntos de vista que pudieran compartir el dictador comunista cubano y la (ultra)conservadora premier británica, pero el caso es que haberlos, haylos. O al menos, haylo: como señalaba ya en 1989 el historiador y sociólogo galés Jeffrey Weeks, ambos líderes coincidían en ver la homosexualidad como “algo que hay que denigrar y evitar”. Si Castro llegó a internar a los gais en campos de trabajos forzados (como vimos en “Los judíos de Cuba”) para prevenir que la juventud cubana pudiera contaminarse de la antisocial personalidad de aquéllos, Thatcher convirtió también la homofobia en política de Estado cuando, durante su último mandato, el partido que ella lideraba propuso y aprobó en el Parlamento una norma (conocida como section 28) que prohibía a las autoridades locales “promover deliberadamente la homosexualidad o publicar materiales con la intención de promover la homosexualidad”, e incluso “promover la enseñanza en cualquier escuela subvencionada de la aceptabilidad de la homosexualidad como una supuesta relación familiar”. Los conservadores británicos se adelantaban así en casi diez años al proyecto de ley que el anterior y ultracatólico gobierno polaco había anunciado –y que finalmente no pudo hacer aprobar antes de tener que convocar unas elecciones anticipadas de las que, por fortuna, salió derrotado– para defender a los jóvenes de “los contenidos que amenazan su normal desarrollo psíquico y moral”, entre los cuales se incluía explícitamente “la propaganda de la homosexualidad”.

Si la homofobia es capaz de obrar el milagro de poner de acuerdo a los comunistas totalitarios del Caribe con los anticomunistas feroces de Albión y del Este europeo, quizá haya que considerar como prodigios menores y casi de ir por casa otros hechos similares pero no tan epatantes; fenómenos que, sin embargo, no dejan de tener su aquel. El miércoles pasado asistí con mi marido a la presentación en una tienda “de cultura arcoiris” de mi ciudad, Valencia, del último libro de Lawrence Schimel, el poemario sobre el sexo y el (des)amor entre hombres Desayuno en la cama. El escritor (judío descreído, neoyorquino y prolífico, como mi muy admirado Woody Allen, pero bastante más joven y –digámoslo todo– guapo que éste) enfocó el acto, más que como una presentación de libro al uso, como una agradable y distendida conversación con quienes habíamos acudido a la convocatoria (una veintena de personas, todos hombres a excepción de una periodista de una radio local, aunque bastante variados en cuanto a edades y aspectos). Aludía Schimel a las dificultades que encuentra un libro como el suyo para atraer la atención del público lector heterosexual, y particularmente de los hombres heteros, y explicaba este hecho mediante la imagen de la pirámide social. Según ésta, nuestras modernas sociedades occidentales comprenden una gran variedad de grupos sociales, pero éstos no se hallan todos al mismo nivel, sino que las desigualdades de poder y prestigio dan a la sociedad una forma piramidal: así, en cada piso de la pirámide, quienes están allí situados miran hacia arriba y hacia su propio estrato, pero raramente miran hacia abajo, hacia quienes son aún menos que ellos para la jerarquía social. De este modo, quienes ocupan la cumbre de la pirámide (los hombres heteros, autóctonos, blancos y de ascendencia cristiana) tienden a desinteresarse de todos los demás grupos sociales y de la literatura escrita por y para los miembros de éstos (luego comentamos él y yo que eso mismo sucede con las lenguas: quienes hablan una lengua de gran extensión y ascendencia se interesan poco por los idiomas menores y por las literaturas que en ellos se expresan, lo que explica el muy escaso interés que existe en la España monolingüe en castellano, excepción hecha de algunos autores aislados, por las otras lenguas y literaturas del Estado, o también que en los EEUU –como apuntó el propio Schimel– tan sólo un mísero 3% de todos los libros que se publican, incluyendo tanto ficción como no-ficción, sean traducciones).

Se me ocurrió preguntarle entonces cómo se había sentido tratado él, en tanto que escritor de libros de temática LGTB, por la crítica y los medios de comunicación españoles. Y en su respuesta, Schimel evocó un comentario que había aparecido en Babelia, el suplemento literario de El País, acerca de su libro de relatos Mi novio es un duende: el crítico, tras elogiar las capacidades literarias del autor, no había podido resistirse a mostrar su incomodidad con el hecho de que todos los personajes de la obra fuesen gais o lesbianas. Dado que el libro pertenece al género fantástico, parece obvio que no debía de ser la preocupación por el realismo o la verosimilitud lo que estaba detrás de la incomodidad de aquel individuo, sino más bien el exceso de visibilidad homosexual que hallaba en las páginas de Schimel. ¿O cree alguien que el crítico en cuestión se habría mostrado igualmente desazonado de contener el libro únicamente elfos, ninfas y otros seres sobrenaturales heteros como Dios manda? La anécdota me hizo pensar inmediatamente en las célebres (supuestas) declaraciones de la reina de España sobre los gais y nuestra manía de mostrarnos orgullosos de serlo hasta por la calle y todo: y es que una misma –o similar– homofobia (liberal, por supuesto) puede asomar, mire usted por donde, tanto en las palabras de una señora de sangre azul ligada a la ortodoxia que segregan las cúpulas cristianas como en las de un gurú de la intelectualidad progresista hispánica. Como diría mi compañero de esta web Enrique Olcina: “donde se demuestra que para quedar como una reina no hace falta llamarse Sofía”.

(Continuará.)

Nemo

El duende marica y otros prodigios (y 2)

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Hoy 1 de diciembre de 2008 se celebrará el 20 aniversario del Día Mundial del Sida

h1 Monday, December 1st, 2008

Una carta en dosmanzanas

Todos somos conscientes que el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) y las consecuencias orgánicas que lleva aparejadas (SIDA), han causado millones de muertes desde su descubrimiento en 1981.

La Comunidad Internacional se comprometió lograr el acceso universal al tratamiento contra el VIH en 2010. A dos años de que se cumpla el plazo sólo accede al tratamiento el 28% de las personas que lo necesitan.

El VIH/Sida continúa siendo la pandemia más devastadora, sigue siendo imparable y no hay ninguna otra enfermedad cuyo impacto social y económico sea comparable. Son más de 33 millones de personas las que actualmente viven con VIH/Sida en todo el mundo y el número de nuevas infecciones sigue creciendo año tras año sin que la respuesta internacional esté a la altura y sin que se alcancen la mayoría de los compromisos internacionales adquiridos.

El �rea de libertad de expresión afectivo-sexual de Izquierda Unida de La Rioja exige el cumplimiento de los compromisos que la Comunidad Internacional aún está a tiempo de cumplir. Este es el caso del suscrito en 2006 en el seno de Naciones Unidas cuando los países acordaron asegurar el acceso universal a prevención, cuidado y tratamiento para el VIH en 2010.

Hacen falta unos 42.200 millones de dólares anuales (8.401 de los cuales debería aportarlos España de acuerdo con el volumen de su PIB) para cumplir el compromiso. Cuando faltan apenas dos años para la fecha fijada, tan sólo el 28% de las personas que necesitan medicamentos en países empobrecidos tienen acceso a ellos.

El sexto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio establece la meta de haber detenido y comenzado a reducir, para el año 2015, la propagación del virus. A día de hoy el número de nuevas infecciones continúa creciendo en todas las regiones del planeta a pesar de que, según ONUSIDA, proteger de la infección del VIH a un joven sin escolarizar cuesta tan sólo ocho dólares al año y en determinados países con alta incidencia del Sida están logrando ralentizar su expansión.

Para ALEAS que la financiación que ahora se precisa para lograr el acceso a universal en 2010 sea tan elevada muestra que la Comunidad Internacional ha respondido mal y de forma tardía, dando lugar a la crisis en la que nos encontramos en la actualidad.

El Gobierno Español es corresponsalbe como firmante de estos acuerdos internacionales y de su cumplimiento y no ha aportado todo lo que debiera para frenar la pandemia.

La implicación presupuestaria también se ha visto incrementada ya que España aportará, para el trienio 2008-2010, 600 millones de dólares al Fondo Global contra el Sida, la malaria y la tuberculosis convirtiéndose en el quinto donante mundial. No obstante, a pesar de este significativo aumento, España está aún lejos de cumplir con sus responsabilidades económicas en la lucha contra el Sida, ya que en los próximos dos años el Gobierno español tendría que destinar 840 millones de dólares anuales para contribuir a lograr en 2010 el acceso universal a la prevención, a la atención y al tratamiento.

Ã?lvaro Villar Calvo
Coordinador del �rea de Libertad de Expresión Afectivo-Sexual de Izquierda Unida de La Rioja

Doña Sofía la republicana

h1 Sunday, November 30th, 2008

Contra naturaLa periodista de extrema derecha Pilar Urbano era noticia hace un mes por un libro titulado “La Reina muy de cerca�, en el que se vierten las polémicas opiniones de la Reina de España sobre temas tan delicados como el aborto, la eutanasia y el matrimonio homosexual, entre otros. Tras el escándalo mediático originado por el libro, la Casa Real se ve obligada a precisar que dichas opiniones se han hecho en el ámbito privado y no corresponden “con exactitud� a la opinión de SM la Reina.

Ahora que a todos se nos ha pasado un poco la indignación inicial que nos produjo el libro, podemos aproximarnos al tema con un poco más de objetividad. A mí me vienen a la cabeza una serie de pensamientos:

Uno. La reina cayó en la trampa que le tendió su “amiga� Pilar Urbano, quien utilizó su indudable habilidad periodística para llevarla al terreno de su moralidad ultraconservadora, sin sospechar que en el libro se transcribirían las opiniones regias, también ultraconservadoras, sin pasarlas por el filtro del sentido común democrático.

Dos. La reina se equivocó al confiar en Pilar Urbano y la Casa Real se equivocó al permitir que el libro se publicase. Las galeradas estuvieron en palacio tres días: la Casa Real debió calibrar el impacto de las opiniones de la Reina, no ceder a la presión de la editorial y de la periodista, e impedir que el libro se publicase en los términos en que se hizo.

Tres. Aunque “La Reina muy de cerca� contiene las verdaderas opiniones de doña Sofía, sonsacadas hábilmente por la depredadora Pilar Urbano, la Casa Real debió desautorizar el libro categóricamente y sin fisuras una vez publicado, y no con la irritante tibieza con que lo hizo, porque su contenido no es sólo políticamente incorrecto, además es ofensivo e hiriente para muchos españoles, y en un tema así no cabe andarse con medias tintas. Si Pilar Urbano fue desleal con la Reina, ya que publicó lo que al parecer eran unas confidencias y no unas declaraciones, la Reina debería haber limpiado su imagen desautorizando personalmente, y con rotundidad, a la periodista. Mientras no haya una contundente desautorización de “La Reina muy de cerca�, daremos por bueno su contenido.

Cuatro. Con la publicación del libro la reina se ha ganado absurdamente la antipatía, cuando no la enemistad, de muchos españoles. “Los gays no deberían sentirse orgullosos de su orientación� “si todos los heterosexuales nos manifestásemos atascaríamos Madrid�, asevera la Reina. ¿Es tan simple doña Sofía que no entiende que la celebración del Orgullo es un símbolo de los derechos conseguidos tras siglos de brutal represión y a la vez una reivindicación de los derechos que aún nos quedan por conseguir? ¿Necesitan una manifestación así los heterosexuales?

Cinco. El libro contiene unas opiniones tan inoportunas y ajenas al siglo XXI, que ha dañado internacionalmente la imagen de nuestra Monarquía. El prestigioso International Herald Tribune, llevaba una gran foto de Doña Sofía a la portada de su edición impresa el pasado 18 de noviembre, con este titular a tres columnas: “A royal pain for the Spanish monarchy� (Un dolor real para la monarquía española). La noticia, que es extensa y bastante dura, se hace eco, una por una, del rosario de las controvertidas opiniones de la Reina; también menciona la metedura de pata (sic) de doña Sofía al decir que no entiende por qué los “gays están orgullosos de serlo� y habla de cómo se ha manchado la imagen de discreción que ha caracterizado siempre a la monarquía española.

Seis. Un apunte puramente político: La reina, al rechazar el matrimonio homosexual, se alinea políticamente con un partido, el PP, que lo tiene recurrido ante el Tribunal Constitucional.

Siete. A los que piensan que la ciudadana Sofía tiene todo el derecho del mundo a dar su opinión sobre lo divino y lo humano, capitaneados por Pilar Urbano, experta en arrimar el ascua a su sardina, cabría preguntarles: ¿Habrían opinado lo mismo si la ciudadana Sofía hubiese estado a favor de la eutanasia, el aborto y el matrimonio gay?

Ocho. Es evidente que quien más se ha perjudicado en esta triste historia es la propia Reina, y por extensión la Corona. Y quien más se ha beneficiado del entuerto es Pilar Urbano, que ha obtenido una doble victoria. Primero: hincharse a vender libros – los contables del Opus Dei deben estar echando humo estos días -, y ya sabemos lo importante que es el dinero para muchas personas. Segundo: ha conseguido poner en boca de la mismísima Reina de España toda la roña ideológica y los prejuicios homófobos que ella misma abandera; y realmente sólo le ha faltado incorporar a doña Sofía al club de las metáforas (una manzana y una pera, una ardilla y un loro… como símiles de la unión entre dos personas del mismo sexo). Sólo nos cabe felicitarle por la maniobra.

Nueve. Quienes siempre hemos pensado que la Monarquía Constitucional es un sistema político acartonado y anacrónico, y que es un monumental disparate heredar la jefatura del Estado como quien hereda una cubertería de plata, ahora, tras conocer las opiniones regias, tenemos un motivo más para reafirmarnos en nuestras posiciones.

Rafael Rodríguez.

El maleficio de la belleza

h1 Saturday, November 29th, 2008

el grito en el cielo

De un tiempo a esta parte, he ido adquiriendo el hábito de ir al gimnasio a diario, motivado, primordialmente, por el interés (se diría incluso que siento cierta necesidad) de tener un cuerpo con el que sentirme contento, a gusto: es decir, uno que siga los cánones estéticos actuales mayormente aceptados. Si bien me parece que la hipermasculinidad ha ido evolucionando, en parte, hacia un tipo de cuerpo igualmente acostumbrado a los sudores y sufrimientos del gimnasio pero de siluetas mucho más proporcionadas, también ha ido surgiendo –o se ha ido perdiendo el miedo a reconocer- otros cánones alternativos. Así, al cachitas de turno con pinta de adolescente o personaje de líneas definidas y brazos firmes de cabeza rapada y barba cuidada le han aparecido serios competidores: están los osos, los chubbies, y un sinfín más de variantes que no conozco y que, por eso, incluso confundo.

El caso es que debido a unos motivos de salud que me han mantenido fuera del gimnasio por un mes y medio, y que ahora otro diagnóstico me obligará a alejarme del gimnasio en poco tiempo a lo largo de otro mes y pico –y que seguramente aprovecharé para tomarme un descanso también en este blog, porque me aconsejan tranquilidad y reposo absoluto, pero que no vaya a pensar nadie que es una operación a vida o muerte-, y sí, me siento culpable. Porque estaba consiguiendo mis objetivos a base de dieta, ejercicio duro y sudor. Y sí, también empezaba a comprobar como el comportamiento de diversas personas cambiaba al verme –y no, no era por la novela, porque ni siquiera saben que escribo.

I., un buen amigo mío con un cuerpazo de portada de revista deportiva, afirma que la actitud de varias personas que antes de convertirse en semejante chulazo no le habían prestado ningún tipo de atención, comenzó a cambiar cuando vio signos evidentes de que debajo de su camiseta se escondía todo un festín de músculo conseguido a base de sufrir en el gimnasio.

Y eso te duele en el alma, afirma, porque eres más que un pedazo de músculo. Y es cierto. Siempre es triste cuando se te reduce a un rasgo físico, cuando pasan por alto todo lo demás. Y os aseguro que I., tiene cosas buenas para dar, tomar y regalar, pero no le voy a hacer publicidad que bastante tiene ya con su perfil. I., va incluso un poco más allá y se pregunta, a lo mejor retóricamente, si la necesidad que sentía de ir al gimnasio no era tanto personal como, precisamente, para propiciar “esa� situación. Algunas personas inseguras –entre las que me incluyo-, para conseguir aceptarse a sí mismas, necesitan la opinión de los demás. Y si ésa es la de estar cachas, parecer jóvenes e ir siempre depilados, la interiorizamos y, supongo, no nos sentiremos bien hasta ver cumplido nuestro objetivo.

Las personas somos capaces de generar deseo mucho más allá de nuestra adecuación física a un determinado cánon estético. Lo que me preocupa es que esta adecuación, a veces, a lo mejor reafirma lo superficial, lo fácil, la fatal de esfuerzo y la necesidad de una satisfacción inmediata que, la mayoría de las veces, nos impide encontrarnos con el tipo de personas que andamos buscando y que casi siempre identificamos cuando ya es demasiado tarde.

Sobre la visibilidad y la rabia que no debe cegarnos

h1 Saturday, November 29th, 2008

Una carta en dosmanzanas

Hace unos días, concretamente el 23 de noviembre seguí con interés la entrada publicada en ‘Dos manzanas’ por Rafael Rodríguez titulada ‘Sobre la visibilidad’, junto con todos los comentarios que suscitó. Al final terminé enfadándome bastante, por el tono del enfrentamiento entre algunos de los seguidores del blog. Creo que cualquiera que sea nuestra postura debemos siempre defenderla sin caer en provocaciones y no entrar al trapo de aquellos que, incluso compartiendo con nosotros orientación sexual, intentan dinamitar los pequeños avances que vamos consiguiendo en la comunidad LGTB con argumentos prestados por la derecha. En aquel momento yo mismo me dirigí a los participantes en el debate con un comentario en que preguntaba cómo creían que debía sentirse alguien que, quizá con dudas al respecto, accediera al blog en busca de ayuda o información y viera como las gastamos los gays y lesbianas entre nosotros. De alguna manera me gustaría explicar nuestra rabia a este personaje hipotético y seguramente perplejo.

Supongo que la razón por la que la cuestión del armario provoca tanta ‘rabia’ en las personas que nos decantamos del lado de la visibilidad es porque de alguna manera nos sentimos ‘mutilados’ en nuestra afectividad. No olvidemos que una gran parte de nuestro desarrollo afectivo tiene lugar durante la adolescencia, pero a muchos de los homosexuales de mi edad nos quitaron la adolescencia. A mí ‘me sacaron del armario’ a los diecisiete años, y los dos o tres años posteriores fueron de tal oscuridad, de tal silencio, que necesariamente aquellos años tienen que haber afectado a mi afectividad. Soy homosexual, tengo 37 años y estoy casado. Tanto mi familia y amigos como mi entorno laboral y social saben de mi orientación sexual. Por lo tanto podría decirse que estoy fuera del armario y sin embargo, en términos de visibilidad afectiva, aún tengo que luchar para mostrarme tal y como soy. En muchas ocasiones cuando estoy con mi marido en un lugar público y deseo darle un beso, la primera reacción es contenerme y tengo que hacer un esfuerzo consciente por superar esa barrera y darle el beso. Y no acaba aquí la cosa, el armario nos afecta incluso en nuestra relación con los heterosexuales, coartando nuestra afectividad en mayor o menor medida. A menudo me he sorprendido lamentando que tal o cuál amigo hetero es mucho más afectuoso conmigo de lo que yo soy con él, supongo que me retraigo tratando de protegerme de los ataques de homofobia que incluso los heteros más ‘gay-frienly’ tienen de vez en cuando. Hace algunos años me dedicaba a la enseñanza y mis alumnas y alumnos eran adultos. Jamás le di a ningún alumno ni una palmadita en la espalda, era como vivir en un estado continuo de doble personalidad que, aceptémoslo, me degradaba en cuanto a que no me dejaba desarrollar libremente mi personalidad. Esto es así, y todo lo demás son gaitas. Cada vez que soy capaz de darle un beso en público a mi marido es como si descubriera de pronto una pierna o una mano que no he usado durante mucho tiempo, y junto a la alegría por descubrirla va indefectiblemente la rabia por el tiempo que he vivido ignorándola o escondiéndola. Cada vez que un hetero, o lo que es peor, un homosexual, te pide que lleves tu homosexualidad con discreción, en el ámbito ‘de lo privado’, es como si te pidiera que te sentaras en una silla de ruedas o te amputaras un brazo.

Ser ‘discretamente gay’ no es posible sin mentir, o al menos sin agachar la cabeza y no responder cada vez que se produce un brote de homofobia alrededor nuestra. Y esto sucede muchas veces. No sólo los ataques violentos son actos de homofobia. También esa típica tibieza de algunos que no tienen nada en contra de las parejas gay pero sí contra el matrimonio o la adopción. También la libertad que algunos se toman cuando, nada más enterarse de que eres gay, se creen en el derecho de preguntarte por los pelos y señales de tu vida sexual, como si sólo los homosexuales tuviéramos vida sexual (pero ésta es otra cuestión). Esa actitud, si no es homofobia, al menos es desconocimiento y torpeza, y conviene atajarla nada más se produce. Pero claro, si lo haces ya no eres ‘discretamente gay’, te conviertes en un gay ‘molesto’. Conviene además preguntarse, ¿eres indiscreto o te exhibes simplemente por comportarte con arreglo a tu personalidad y tu estilo de vida? Personalmente no considero que un hetero que conduce un monovolumen lleno de niños esté haciendo alarde de nada o esté exhibiendo su heterosexualidad. Simplemente se comporta con arreglo a como es. Un ferviente católico que lleva una medalla con un crucifijo probablemente está haciendo alarde de su fe, pero a mi no me molesta (otra cosa es que el crucifijo esté en una escuela pública), así que ¿por qué debo yo dejar de poner una bandera gay en el balcón de mi casa? Sólo porque los signos más evidentes de heterosexualidad formen parte de la cultura dominante, no significa que no sean signos, susceptibles de ser interpretados y de que se les asigne un determinado contenido social e ideológico. Sólo porque los signos de mi estilo de vida homosexual no formen parte de la cultura dominante no significa que al mostrarlos haga alarde de nada o desafíe a nadie. Aquellos a quienes molestan dichos signos de mi homosexualidad, ya sea un beso, un determinado atuendo o una determinada palabra, son los que tienen un problema de aceptación de la realidad, y francamente, yo no estoy dispuesto a ‘mutilar’ ni la más mínima parte de mi ser para que ellos puedan dormir tranquilos en un mundo como Dios manda. Ahora bien, y volviendo al principio del artículo, tampoco voy a discutir con estas personas, ni voy a entrar al trapo de las majaderías que puedan decirme. A pesar de sus muchas carencias, la sociedad en la que vivimos tiene muchas maneras de expresarse y de luchar. Podemos tener un blog, podemos asociarnos, podemos integrarnos en un partido político, elaborar propuestas y presentarlas a las distintas autoridades para que las aprueben o no. Pero por favor, no gastemos nuestras energías en discusiones estériles con personas que no están dispuestas a escuchar. Sería un flaco favor a nuestra lucha, a aquellos por los que luchamos, a los que son, a los que fueron, a los que están por venir.

Raúl Madrid

La Comunidad de Madrid debe tomar la iniciativa en la lucha solidaria contra el VIH-SIDA

h1 Saturday, November 29th, 2008

iu Comunidad de MadridDe nuevo, el calendario nos sitúa en el 1 de Diciembre, y desde Izquierda Unida queremos rendir un homenaje a las personas fallecidas por el VIH y homenajear a los colectivos y organizaciones por la lucha contra la pandemia que sigue sesgando la vida de cientos de miles de personas en todo el mundo. Por este motivo, portamos el lazo rojo de la solidaridad, solicitando responsabilidad, asistencia y solidaridad para las personas que conviven con el VIH.

A lo largo del año 2008, según ONUSIDA, el estado mundial de la pandemia del SIDA arroja un mapa desigual, con avances en la reducción de número de fallecimientos y de nuevas infecciones, pero también con focos nuevos de extensión de infecciones y con una estabilización de la pandemia a niveles inaceptablemente altos.

En nuestro país, a pesar del descenso a lo largo del pasado año 2007 de nuevos casos de Sida en un 17% respecto al año anterior, se alcanzan los mayores porcentajes de nuevas transmisiones de nuestro entorno, junto a Italia, Francia y Reino Unido, siendo el compartimiento de jeringuillas por consumidores de heroína la principal vía de transmisión del virus en España y en Portugal.

De alguna manera, el hecho real y objetivo de determinados avances terapéuticos y médicos en la vida de las personas infectadas por el VIH/SIDA ha generalizado la falsa opinión de que se trata de una enfermedad crónica más y eso se ha traducido en una disminución de la alerta y prevención en las prácticas de riesgo. Se ha bajado la guardia. Por este motivo, desde IU reivindicamos la necesidad de modificar el mensaje de prevención, teniendo en cuenta esta nueva realidad del VIH/SIDA.

Centrando la atención en lo que vivimos día a día y nos queda más cerca, la Comunidad de Madrid acoge el 24% de casos de SIDA del Estado. Sin embargo, nuestra región dista mucho de ser un referente y una vanguardia en el impulso de políticas efectivas que, desde la prevención a la asistencia médica y social, ejemplifiquen un compromiso solidario en esta materia.

Muy al contrario, este año 2008 ha venido suponiendo un giro de tuerca en la progresiva desatención política sobre VIH/SIDA por parte de la Comunidad de Madrid, cuya escalada de deterioro, desmantelamiento y privatización de la Sanidad pública madrileña tiene graves efectos, también, en la lucha contra el VIH/SIDA.

La eliminación por decreto de la Dirección General de Alimentación y Salud Pública y del Instituto de Salud Pública el pasado mes de abril ha fragmentado sus competencias privándolas de una visión social integral de la salud y condenándolas a un papel asistencial más residual. Ello implica un riesgo para las estrategias de prevención de la transmisión del VIH, de lucha contra la discriminación y de atención integral de las personas afectadas, tanto aquellas que dependen directamente de la administración como de las que ésta lleva a cabo conjuntamente con ONG’s.

El Plan de Actuaciones frente al VIH-SIDA en la Comunidad de Madrid 2005-2007 no ha sido evaluado a su finalización ni se han dado los pasos necesarios para la elaboración de un Plan que lo sustituya. Un ejemplo de la triste desidia autonómica de la que también son muestras la reducción y gestión caótica de las subvenciones para proyectos de prevención, o el reciente caso de la guía estigmatizadora y prejuiciosa de prevención del VIH/SIDA elaborada para adolescentes por el hospital público regional Carlos III.

La Comunidad de Madrid debe dar pasos efectivos y tomar la iniciativa para, junto a los colectivos afectados y en coordinación con otras administraciones generar políticas valientes, creíbles, eficaces y verdaderamente comprometidas para abordar este desafío.

Por todo ello, ante el 1 de Diciembre de 2008, desde Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid exigimos un Gran Pacto Regional sobre VIH-SIDA en torno a los siguientes puntos:

1. Impulso de un nuevo Plan Integral de Intervenciones frente al VIH-SIDA con una financiación digna y suficiente, la participación de los colectivos y ONGs, que recoja las recomendaciones presentadas en su día a la Oficina Regional de SIDA desde la sociedad civil, y de cuya implantación y resultados den cuentas anualmente sus máximos responsables ante la Asamblea de Madrid.
2. La recuperación en el organigrama político sanitario de la Comunidad de una Dirección General de Salud Pública que reagrupe las competencias en esta materia para coordinar eficazmente las actuaciones frente al VIH-SIDA.
3. Garantías efectivas en la asistencia sanitaria y acceso a retrovirales a todas las personas afectadas, incluidos extranjeros, refugiados e inmigrantes. Ahora más que nunca, es necesario. Tres de cada cuatro diagnósticos nuevos corresponde a un inmigrante.
4. Creación de campañas institucionales creíbles y constantes que lleguen a toda la población y cuenten con suficientes recursos para desarrollarse en medios de comunicación, lugares públicos y centros educativos.
5. La inmediata paralización de la puesta en marcha de registros de identificación de personas con VIH-SIDA, ya que los censos destinados al control de las causas del VIH deben realizarse de tal manera que se respete en todos los sentidos la confidencialidad de los datos de las personas afectadas.
6. El fomento y accesibilidad a la prueba rápida de VIH-SIDA de manera anónima y gratuita, y una más eficaz distribución de preservativos a la población general localizándolos en centros educativos, dependencias públicas, centros sociales y juveniles, locales privados de ocio, etc.
7. La mejora de los medios asistenciales y ayudas existentes en los servicios y prestaciones sociales para las personas infectadas, a través de una evaluación global de su situación personal que incluya de manera decisiva un informe psicosocial y no sólo indicativos médicos.
8. La presión a las multinacionales farmacéuticas, en el ámbito de las relaciones internacionales, abriendo líneas de cooperación al desarrollo centradas en la fabricación y distribución de medicamentos genéricos para el Tercer Mundo.

Como primer paso efectivo, Izquierda Unida llevará estas reivindicaciones a la Asamblea de Madrid buscando el apoyo del resto de fuerzas parlamentarias regionales para que el lazo rojo de la solidaridad se despliegue en forma de iniciativa política y compromiso institucional común. Además, IU-CM participará en el tradicional acto in memoriam con la colocación de un gran lazo rojo en la Puerta de Alcalá, que tendrá lugar mañana, domingo 30 de noviembre, a las 21 horas.

Quantum of Context

h1 Friday, November 28th, 2008

Una carta en dosmanzanas

Bárbara, de apellido esa verdura que tiene tan mala pinta pero que hervida o a la plancha está muy buena, Broccoli ha dicho que un Bond negro alomojó pero que un Bond gay ni pensarlo ni imaginarlo. Donde se demuestra que para quedar como una Reina no hace falta llamarse Sofía.

El caso es que a mi Bond me gusta, y me gusta mucho más desde que Daniel Craig, el actor con cara de pato, lo interpreta. Su flexibilidad felina es mucho más atractiva que la elegancia de Pierce Brosnan o la faz inexpresiva de Roger Moore, y se entronca con la clase adquirida, arribista y canalla de Sean Connery y, además, es un actor bastante bueno. Se necesita método cuando se pone a salir del agua en plan ursuloandress con su bañador azul enfundando su culo (¡y que culo!) sin parecer un pornstar cualquiera a punto de fundido y felación en la siguiente escena, o cuando le torturan los testículos, desnudo todo su ciclado cuerpecito, en la penúltima saga de la pelicula, sin que parezca que Catalina Video se ha querido pasar al territorio Falcon (Nota: para los elitistas que se perdieron Casino Royale, para los devoradores de cine iraní que miraron con desdén la cartelera, para los amantes de cine chino de interminables escenas ¡corred, corred, m ….alditos, que está en el videoclub!) De hecho las declaraciones de Bárbara Broccoli vienen en cierta manera a responder al propio Craig que, demostrando una mente abierta digna del mejor perfil de gaydar, dijo que no le importaría tener una trama homosexual, entiendo que con él mismo involucrado, porque sino dime tú que gracia. La Broccoli ha pensado y ha dicho que no vamos a perturbar a los heteros que van a ver Bond con que si Bond resulta que ahora le da a pelo y a lana. ¡Como se nota que Bárbara Bróccoli no visita el bakala! Ni el gaydar -que sería más el perfil de su público- tampoco.

Sin embargo, yo si veo a Bond, Craig Bond teniendo una aventura en el lado salvaje. Es más, me parecería positivo que una persona que es atlética, fría, elegante, que conduce coches deportivos y que lleva una vida activa y llena de aventuras, y que es deseado por todas las mujeres de la película se diera un garbeo por esa acera que cantaba Lou Reed, incluso con un coro de chicas negras, porque no. Y lo veo positivo como reivindicación de la B de los LGTB, que se llevan palos desde el pelo y desde la lana. Ocasiones no le faltan, porque sus compis del M-16 están, la mayoría de ellos, bastante potentes. Incluso podría aprovechar la reciente orden del Servicio Secreto Británico de reclutar espias LGB y darle una vuelta de tuerca incluyendo un espía T que se incorpora a una misión de Bond tras unos años apartado del servicio. Un antiguo compañero de Bond, que lo salva en multitud de ocasiones y que se resiste a la seducción de Bond solo para revelarle al final quien es ella en realidad, porque M no le ha dicho nada (en parte porque no puede y en parte para darle una lección)

Sin embargo, le ruego a la señora Broccoli que si ha reflexionado sobre sus declaraciones tras leer estas humildes líneas, que no vaya al rollo maricón-afeminado-amargado-que-destruye-el-mundo, con ambientes recargados,mucho leopard print, decadente y elegante, mucho pan de oro, mucho terciopelo granate, cojin y plumas y con muerte terrible y horrorosa y muy en el tópico, pero que no resultaría nada original. Además para eso ya salió Madonna como profesora de esgrima, que no era mala, pero era lo más aproximado que ha salido a un LGTB en las últimas películas de Bond (si excluimos las tan heterosexuales consideraciones de que M/Judi Dench tiene pinta de lesbiana porque, claro, una mujer en un puesto tan importante sólo puede ser lesbiana)

En otro orden de cosas, aunque seguimos con Bond, estábamos un amigo y yo discutiendo una posible traducción para Quantum of Solace. Llegamos a la conclusión que sería El mínimo consuelo . Siendo quantum la mínima energía requerida para la transmisión de algo y solace consuelo, la combinación arriba señalada no suena, en español, para nada, como una película de Bond, sino como una checa de festival de arte y ensayo, con subtitulos en francés y luego subtitulos en español. La verdad es para ese título Bond necesitaría una trama un poco más complicada.

En realidad, la frase viene de un relato corto del propio Ian Fleming, donde Bond y el consul de las Bahamas se preguntaban cual era la cantidad mínima de afecto, consuelo, cariño que se necesitaba para que una relación se mantuviera. Nada que ver con una película de Bond, como ya he dicho, pero si mucho con la relación que determinados colectivos gays mantienen con un partido de actuaciones tan homófobas como el PP. Porque la pregunta que surge es evidente ¿que quantum of solace es necesario para mantener una relación tan heterofriendly que casi te empuja de nuevo dentro del armario, con un partido que niega la igualdad con los homosexuales, en tema de matrimonio, que ha votado contra la inclusión del ILGA como observador de la ONU, que ha nombrado a Dimas Cuevas para un cargo de coordinación regional, que ha comparado los matrimonios entre personas del mismo sexo con uniones entre distintos tipos de animales, algunos de cuyos cargos se han negado a cumplir la ley y que ha interpuesto un recurso de constitucionalidad?

Quizá sea que se nos escapa el contexto. Contexto es una palabra que se descolgó de la boca de Cospedal cuando trató de justificar a Dimas Cuevas. Este el mismo Dimas Cuevas que hizo chascarrillos sobre el menú de una boda entre mujeres o que considera que los homosexuales no son aptos para adoptar a sus hijos; aunque a este respecto entiendo que Dimas Cuevas está equivocado: sus hijos, por el mero hecho de su progenitor, son niños con necesidades especiales, es cuestión de encontrar una familia que piense de manera racional para los tiempos que corren. Y además contexto es una palabra fantástica para volver a Bond y a un argumento a su altura. Por ejemplo, la atractiva y contradictoria vicepresidenta de un partido político -en la oposición- de un país latinoamericano ha nombrado a un articulista aparentemente inofensivo para un puesto importante, después de que este consiguiera ser nombrado senador de su país. Al senador plumilla quieren que le caiga la del pulpo por unas frases que soltó en el periódico de su Departamento sobre tortillas, lesbianas, bollos de crema, adopción y mediopensionistas. Cuando Cos …. digo, la vicepresidenta del partido político se lo explica a Bond y a su compañer@ (el agente trans doble cero, con todos los gadgets de Bond, faltaría más) que en realidad a esas frases les faltan un quantum of context el agente trans le da una gofetá que la estampa contra el escritorio.

Y es lo que tienen las películas de Bond. Que son muy violentas y se organizan unos pifostios muy chungos, precisamente por la falta de ese Quantum of Context. O el Mínimo Contexto.

Como dijo el sucesor del lider inmarcesible: “Jesús, ¡que tropa!”

Enrique Olcina Juliá

Otro uno de diciembre

h1 Thursday, November 27th, 2008

Una carta en dosmanzanas

Se acerca el uno de diciembre, lo que significa es que, durante unos días, los medios se harán eco de la pandemia que azota la humanidad. Habrá quienes se centren en aspectos más médicos, habrá quienes entren el analizar el día a día de un seropositivo, y quienes cedan un hueco para analizar la desastrosa situación que vive �frica. Un día más, como todos los señalados en el calendario, por una causa. Seguro que hay quienes piensan eso, pero creo que este es uno de los temas que merece más atención y no quedar como un anecdotario, al menos para mí no lo hará.

Quizás deba explicar mi relación con el todo lo relacionado al VIH y al SIDA, una relación peculiar porque los dos tenemos la misma edad, nacimos a la vez, el mismo año, bueno, yo le gané unos meses, pero lo cierto es que jamás viví esa época en la que el sexo a pelo entre dos hombres era posible sin tener que pasar luego meses en vela pensando en sí lo tendré o no. Puede que muchos lo vean como una marcianada, pero las campañas anti-sida marcaron mi infancia. Y una de las que más me llegó fue aquella en la que un profesor hurgando en los vestuarios encontraba un preservativo y al preguntar de quien era todo el colegio se levantaba a grito asegurando que era su posesión. Valiente anuncio, que por un lado me demuestra que nos hemos vuelto un poco mojigatos, y por otro me despertó algo más que la curiosidad. No me acuerdo que edad tendría yo, aunque seguro que Piaget no me habría dado aún la capacidad de razonar en abstracto, pero aquellos alumnos revelándose ante la represión de un profesor, ante esa manera de analizar las bolsas y echando en cara que alguien de los presentes follaban, y todos se levantan diciendo que son ellos (o mejor dicho, asumían que iban a follar porque el preservativo estaba aún en su envase). Rebeldía junto a sexo seguro, el uso del preservativo era un valor. Eso sí era una campaña. Luego siguieron otras poco memorables, aunque recuerdo una en la que aparecían una cantidad de aves increíble que igualaban una gallina a una prostituta dejando a mi candidez con la incógnita de lo que para mí no tenía sentido.

Pero no bastaba. Sabía de sobra todos los métodos de evitar el contagio como un papagayo, pero eso sólo, como un papagayo. Nada más. Así que me puse a prueba y di un paso más. Quería saber qué era realmente el sida y como lo vivían aquellas personas que lo habían contraído por lo que en mi segundo año de prácticas cuando aún estaba en la diplomatura elegí trabajar en una asociación antisida, llegando a estar un año, 9 meses más de lo que me pedía la obligación formal. Y tropecé con una realidad dura, de doble, e incluso triple exclusión social, puesto que la asociación con la que colaboraba trabajaba, sobre todo, que no exclusivamente, con aquellas personas abandonadas y que representan (representaban?) en mayor porcentaje de infectados en la zona, es decir, drogadictos, como se les etiquetaba. Allí me enfrenté a los seropositivos, personas que desaparecían de las campañas de prevención, pero que eran reales; superé miedos y comencé a trabajar no por, sino con ellos. Fue un año agridulce, con momentos felices y otros que nos recordaban que la muerte estaba los planes de algunos, con una salud más delicada. También encontré lo+ positivo, una revista que me acercó a testimonios de primera mano de personas de todas las condiciones y me ayudó plantearme debates que quedaron plasmados en distintos trabajos, de manera que hubo trabajos sobre integración laboral, maternidad, parejas serodiscordantes, etc.

Y hasta hoy. He seguido vinculado con el tema, desde el activismo LGTB con campañas centradas en distintos colectivo así como formación de grupos potentes a nivel nacional que me han puesto más al día, ya no en teoría, que para eso está la información, sino en trato humano, en prevención y cómo llegar a ciertos colectivos. No escribo esto para ponerme medallas, pues ni quiero ni me lo merezco, sino para dar la visión de alguien que nació, como decía aquella canción, en los tiempos del sida, y no se ha acostumbrado a ello, sino que sabe que hay que seguir luchando. Y como muestra, y fin de esta reflexión que comparto con vosotros, mi primer intento de tesis doctoral sobre motivos por los que seguía existiendo un grado alto de contagio entre HSH (como se dice ahora) que retomaré en cuanto termine con la que tengo ahora entre manos.

Deabrutxiki

Homofobia ‘liberal’ (y 5)

h1 Tuesday, November 25th, 2008

EntendámonosAl empezar esta serie expresaba yo cierta incomodidad ante el término homofobia liberal –que, decía, me sonaba a oxímoron– para reconocer a continuación que si con él quiere aludirse a la homofobia que realmente ha existido y existe aún en los sistemas en que se ha pretendido concretar el pensamiento liberal, entonces no cabe duda de que su uso está justificado.

Me parece importante, sin embargo, señalar las profundas contradicciones existentes entre esta homofobia liberal y los principios básicos del liberalismo, de la democracia liberal, establecidos hace más de dos siglos. No podemos olvidar que cuando gais y lesbianas planteamos nuestras reivindicaciones ante la sociedad, con el objetivo de que se nos reconozcan iguales derechos y libertades que al resto de la ciudadanía, lo que reivindicamos no es que con nosotros se haga una excepción ad hoc para integrarnos socialmente, ni menos aún para obtener una posición de privilegio; simplemente exigimos que se nos aplique de forma consecuente también a nosotros esos mismos principios que, como hemos visto a lo largo de esta serie de artículos, se supone que están en la base de los modernos sistemas democráticos de Occidente. Que no se nos excluya ni margine; que no se nos discrimine ni segregue.

La homofobia liberal no es –y así lo hemos constatado en las columnas anteriores– una ideología coherente: no es coherentemente liberal. A propósito de ella dice Alberto Mira, en De Sodoma a Chueca, que “la nueva apariencia de liberalismo es fácil de adoptar, incluso para los homófobos más recalcitrantes”. “Apariencia de liberalismo”, en efecto. ¿Y qué se esconde, entonces, detrás de la careta? No hace falta ser muy agudo para sospechar de la homofobia de siempre, la tradicional de Occidente, la de matriz judeocristiana. Y tampoco resulta difícil confirmar nuestra sospecha en el caso de las manifestaciones más duras de homofobia que encontramos en las democracias occidentales, esto es, en aquellas sociedades donde se ha perseguido legalmente la homosexualidad, o la sodomía. Lo vimos en la segunda parte de esta serie por lo que respecta a los Estados Unidos de América, pero ya anteriormente nos habíamos ocupado de otros casos similares, como la Gran Bretaña o la República Federal de Alemania (ver la columna “Holocausto/s (1)”). En estos países eran –son– muy patentes las raíces cristianas de la homofobia institucionalizada.

En el caso de la laica República Francesa, en cambio, o incluso en el de la secularizada España de hoy, puede resultar a priori menos verosímil que la tradicional homofobia cristiana –católica, en estos lugares– se halle detrás de un discurso, el de la ‘homofobia liberal’, que se presenta con frecuencia como tolerante, moderno y hasta científico. Sin embargo, ya vimos que Daniel Borrillo señalaba cómo el discurso de la homofobia liberal a la francesa “sobrentiende la idea de que en la homosexualidad hay algo nefasto que necesita permanecer escondido”. ¿Y esa idea, de dónde habrá salido? Difícilmente podemos obviar, al intentar responder a esta pregunta, el hecho de que la cultura cristiana plurisecularmente dominante en Occidente ha estado inoculando –en la teoría o en la práctica– esa misma noción en nuestras sociedades desde la Edad Media, y sigue aún empeñada en ello. Por otro lado, probablemente no debamos aceptar sin más como plenamente consecuente esa laïcité que la Francia actual ha heredado de la Tercera República de finales del siglo XIX y principios del XX: como señala el filósofo francés Michel Onfray (ver la columna “Antifísicos y pseudolaicos”), “la laicización de la moral judeocristiana corresponde muy a menudo a la reescritura inmanente de un discurso trascendente”; o en otras palabras: “Con un lenguaje racional [o pretendidamente tal, podría matizarse] (…), la quintaesencia de la ética judeocristiana persiste” en “los manuales de moral de las escuelas republicanas”. Los efectos de esta engañosa laicización perduran aún en nuestro propio tiempo: así hallamos, por ejemplo, que en 1990, “en Francia, el procurador general del Tribunal de Casación invocaba la ‘moral tradicional’ para denegar derechos a las parejas del mismo sexo”, según recoge Borrillo en su ensayo Homofobia.

El discurso homofóbo pretendidamente liberal es además el disfraz lingüístico idóneo, en sociedades que se ven a sí mismas como laicas o secularizadas, para hacer más presentables –más digeribles– unos prejuicios que de hecho responden a creencias de tipo religioso. Por ello no sorprende reconocer a menudo, entre quienes aparecen como referentes públicos de la homofobia liberal, a individuos y entidades cuya vinculación con las cúpulas religiosas y/o la ortodoxia que éstas predican es patente e incluso estrecha; y no podemos olvidar que las grandes religiones monoteístas y cuanto gravita a su alrededor (organizaciones, medios de comunicación, partidos políticos…) son hoy el principal soporte de la homofobia en las democracias liberales de Occidente. Así pues, nada tiene de casual que entre las declaraciones que una periodista del Opus Dei atribuye a la reina de España pueda encontrarse, junto a una expresión de libro de la homofobia liberal, la peculiar aseveración de que “Se ha de enseñar religión en los colegios, al menos hasta cierta edad: los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida”. Sentencia reveladora de toda una visión del mundo que, desde luego, se halla muy lejos de los parámetros del liberalismo, de la modernidad o del pensamiento racionalista e ilustrado.

En definitiva, la exclusión de las personas homosexuales de esa igualdad de derechos y libertades que los textos fundacionales del liberalismo proclaman desde hace más de dos siglos para todo ser humano y todo ciudadano, y la consiguiente inferiorización retórica, jurídica y social de gais y lesbianas, constituyen una deplorable anomalía en el funcionamiento de las modernas democracias de Occidente. Anomalía detrás de la cual no podemos dejar de percibir la interferencia de un sistema de creencias dogmático que no sólo es preliberal, sino que históricamente ha representado el principal obstáculo para la implantación y el desarrollo en nuestras sociedades de las ideas liberales. La homofobia liberal es, pues, reaccionaria en realidad, mientras que la lucha por los derechos LGTB forma parte del esfuerzo por continuar desarrollando y aplicando, en este siglo XXI, unas ideas cuya actualidad -cuya pertinencia para nuestro tiempo- pone de manifiesto el hecho mismo de que aún hoy sea necesario luchar por ellas.

Nemo

“Homofobia ‘liberal’ (1)” aquí.
“Homofobia ‘liberal’ (2)” aquí.
“Homofobia ‘liberal’ (3)” aquí.
“Homofobia ‘liberal’ (4)” aquí.

Otras columnas de la sección “Entendámonos” aquí.

Sobre la visibilidad

h1 Sunday, November 23rd, 2008

Contra naturaRaúl Portero, mi compañero de columna de los sábados, escribía hace un par de semanas un interesante artículo titulado: “C. y el armarizado�. Un tal C. le espetaba a Raúl que parecía que estuviese dentro del armario, y le daba una serie de razones como no pisar locales de ambiente, tratar de disimular la pluma, tener gustos musicales fuera de la norma rosa o no haberle oído nunca decir a nadie que era gay. Raúl, ante el ataque de C., sostiene que nadie tiene la obligación de ir diciendo a todo el mundo que es gay o lesbiana, porque la orientación sexual de cada persona pertenece al ámbito privado. Y da un paso más allá al afirmar que incluso las personas que están dentro del armario merecen nuestro respeto, porque cada uno tiene unos factores personales que le pueden llevar a tomar una decisión así.

Disfruté leyendo su artículo porque, a parte de compartir su punto de vista, hace tiempo me pasó algo parecido a lo que a él le ocurrió con el misterioso C. Un tal J.C. dijo, a mis espaldas, que yo no aceptaba mi homosexualidad y que actuaba como si estuviese dentro del armario. Como J.C., el pobre, era border line, nunca me interesé demasiado por conocer sus argumentos, pero me imagino que estarían a la altura intelectual de los de C. Después de todo lo que hemos pasado, ¿cómo puede aún haber gente que no respete el modo de vida de los demás?

Yo siempre he sostenido, y lo he hecho también en este foro, que el mejor antídoto contra la homofobia es la visibilidad, mostrarnos cada uno como modelo de normalidad en nuestro entorno, para que nuestros vecinos y conocidos nos pongan cara y se den cuenta de que somos tan respetables como ellos, porque la orientación sexual es tan irrelevante para juzgar a una persona como el color de la piel. Pero la visibilidad es una opción, no una obligación. Yo no creo que una persona que le incomode contar que es gay en el trabajo, por ejemplo, tenga la obligación moral de hacerlo para fomentar la visibilidad. Y quien dice en el trabajo dice a sus vecinos, conocidos e incluso amigos y familia. ¿Tantos siglos padeciendo la intolerancia y ahora vamos a ser intolerantes con nuestros semejantes? ¿Tenemos que tener todos vocación de activistas? Yo creo que no, y no sólo por los factores personales de cada persona, sino por el simple y puro derecho que tiene cada individuo a decidir lo que hace con su vida, sin necesidad de dar explicaciones a nadie, por supuesto respetando la libertad y los derechos de los demás.

Realmente es un ejercicio muy interesante leer los comentarios que se hacen en DM a las noticias y artículos. “C. y el armarizado� tuvo grandes adhesiones y grandes rechazos. Alguien lo critica diciendo que en el armario se está por miedo; y probablemente tiene razón, pero es que no todos somos igual de valientes, y con los que aún no han tenido el coraje de salir del armario, con los menos “valientes�, sería mejor tratar de empatizar y de entender sus motivos antes que usar el desdén, tal vez así podríamos ayudarles en el caso de que quisieran ser ayudados. Otra persona dice que si todos hubiésemos llevado nuestra orientación sexual al ámbito privado no habríamos alcanzado los derechos que hoy disfrutamos. Tiene razón, pero aquí también cabe la argumentación anterior: no todo el mundo tiene el mismo coraje. No exagero si digo que los primeros activistas del movimiento gay, los que se jugaban el pellejo en las manifestaciones de los años setenta, me parecen héroes. Pero es que no todos somos héroes.

Encontramos el paradigma de la visibilidad en un gesto tan cotidiano como ir de la mano con tu pareja por la calle. Los que lo hacen realizan una labor encomiable, porque acercan la normalidad de la homosexualidad a la gente, pero no debemos caer en la simpleza de llamar “armarizados� a los que no les apetece hacerlo.

Rafael Rodríguez.