[NOTA PREVIA: Texto e imagen preparados especialmente por Shangay Lily para dosmanzanas.com. Agredecemos su confianza en esta web para contar más detalles sobre su comentada visita al programa que presenta Cristina Tárrega en Telemadrid]

“Hola Shangay, soy la Tárrega. ¿Cómo estás mi amor? Te llamo porque me han dicho aquÃ, en la redacción, que has amenazado en tu página de Internet, o algo asÃ, con contar nuestra discusión después del programa y yo les he dicho: ‘no, Shangay es mi amigo y nunca contarÃa una conversación privada’… ¿verdad, mi amor, que tú no contarÃas una conversación que tuvimos en privado?â€? La llamada llegó una semana después de mi polémico paso por Telemadrid.
Inmediatamente me sentà como uno de esos jornaleros de la España profunda sutilmente amonestado por el cacique del pueblo con ese aire de paternalismo amenazante que da la prepotencia. Mi estupor la animó a seguir con su discurso: “Porque tú ante todo eres mi amigo. Uno de mis amigos más queridos e Ãntimos. Por eso te traje al programa, como amigo, y serÃa una pena que por algo asà dejásemos de llamarnos y quedar para contarnos nuestras cosasâ€?. Yo no salÃa de mi asombro: “Cristina, es la primera vez que me llamas y nunca hemos quedado para contarnos nada…â€? Tan atónito estaba que ni siquiera le recordé que, en realidad, al programa me habÃa llevado porque se les habÃa caÃdo el invitado de esa noche y su directora de contenidos, confesa seguidora de mis Teledivarios, me llamó desesperada para que les hiciese el favor. Pero mi falta de recriminaciones no impidió que mi queridÃsima amiga del alma siguiese bajando el listón (hacÃa rato que lo tenÃamos que marcar con tiza de bajo que estaba) para ver hasta donde estaba dispuesto yo a rebajar mis principios: “TenÃas que haberme dicho que ibas a romper la foto. Lo habrÃamos consultado y seguramente te habrÃamos dejarlo hacerlo… de hecho, te invito a venir en enero a hablar de manipulación… siempre y cuando no cuentes nada de nuestra conversación privadaâ€?. ¿Aparecer en su programa a cambio de mi silencio? “Pues mira, Cristina, ya veremos. Pero ya que estamos, sà que hay algo que me gustarÃa que hicieses por mà ahora: ¿podrÃas dejar de decir esa gracieta de ‘maricón me suena a bóveda’? Lo has repetido ya hasta el aburrimiento y es bastante homófobo y ofensivoâ€?.
“Pues lo pienso seguir haciendo, porque es una palabra muy fea que me suena muy antipática… ¿Me estas acusando de homofobia, cariño? Porque mis mejores amigos son gays… vamos, yo he sido tan defensora de los gays que aún recuerdo cuando me criticaron por ir en una carroza del Orgulloâ€?. Lo peor de la homofobia es que personas como Cristina están convencidas de que son el epÃtome de la tolerancia y la heroicidad cuando se están beneficiando personalmente de nuestras luchas. Pero lo que esconde esa supuesta homo-filia es una aberrante homofobia. No voy a continuar con la narración de la conversación que entró en vÃa muerta a más velocidad que el encefalograma de Federico J. Losantos o de Cristina López Schlichting. Lo que sà que voy a hacer es escribirle esta carta abierta a todas las Cristinas Tarregas de este mundo que ejercen una homofobia aplastante disfrazándola de amistas y cariño hacia sus súbditos “mariquitasâ€? (esa palabra tan degradante sà que les gusta porque les da una posición hegemónica de perdona-vidas que les hace sentir magnánimas).
Querida Cristina Tárrega,
Si maricón suena a bóveda, tú suenas a sótano. Esos sótanos oscuros en los que las familias guardaban los secretos de los que se avergonzaban sin razón. Esos sótanos en los que tantos dictadores han encerrados a los homosexuales de sus patrias para que no se vea como se pudren de asco. Esos sótanos en los que no hay eco y todo suena a oprimido, a vergüenza, a escondido, a muerto.
Si maricón suena a bóveda, tú suenas a muro. Esos muros con los que escondieron nuestros sueños. Esos muros que sepultaron nuestras vidas y nos aislaron de nuestras familias, de nuestros amigos, de nuestro entorno, de nuestra sociedad que no querÃa tenernos tan cerca. Muros que se construyeron con mentiras, disimulo y negación para obligarnos a negar nuestra hermosa realidad: amor. Muros que nos encerraron en ghettos de soledad impuesta a base de silencio. Muros de aislamiento por ser diferentes a vosotros.
Si maricón suena a bóveda, tú suenas a cueva. Esas cuevas a las que los reaccionarios quieren volver para dominar la tribu de nuevo y regirse por la más salvaje ley de violencia: la ley del más bruto (que no del más fuerte). Esas cuevas en las que las mentiras cuelgan como estalactitas y el miedo es la única norma de convivencia. Esas cuevas de las que se expulsaba, a la heladora tundra, a los que se comportaban de un modo diferente. Cuevas sembradas de hipocresÃa que impide decir la verdad: ¡qué oscura y frÃa es esta cueva! Cuevas que los primitivos tardaron tanto en abandonar porque estaban muy ocupado matando a los diferentes, los inusuales, los que se atrevieron a pensar diferente al grupo y salir a las praderas (seguramente un maricón o una bollera de Cromagnon harta de tanta cueva).
Si maricón suena a bóveda, tú suenas a callejón. Esos callejones oscuros en los que pateabais a mis hermanos por amar a otros hermanos. Esos callejones de atrás en los que os comportabais de una forma muy distinta a la que mostrabais en vuestras hipócritas fachadas. Esos callejones a los que nos vimos obligados a condenar nuestro afecto, nuestras caricias de amor, nuestros gestos de ternura, nuestra vida emocional. Callejones que vosotros ocultasteis para poder apedrearnos, insultarnos, degradarnos, humillarnos, odiarnos minutos antes de ir a misa a congratularos por vuestro amor cristiano.
Si maricón suena a bóveda, tú suenas a mausoleo. Esos mausoleos que glorificaron las mentiras de la familia heterosanta. Esos mausoleos elevados a mayor gloria de la tribu patrilineal que convirtió a las mujeres en máquinas de procrear y a los hijos en propiedades. Esos mausoleos que se construyeron para recordar a todos que la familia heterosexual machista era la única manera de (no) amar. Esos mausoleos que les negasteis a los que vivieron el amor que sà se atrevió a decir su nombre.
Si maricón suena a bóveda, tú suenas a confesionario. Esos armarios de hipocresÃa en los que habéis susurrado vuestras miserias durante siglos porque carecÃais de la valentÃa de mis hermanos que amaron a pesar de las terribles consecuencias. Esas maquinas de reprimir y enseñar a odiar nuestra naturaleza. Esos armarios de hipocresÃa en los que cocinasteis ese ridÃculo concepto de “pecadoâ€?. Casualidades, todo lo que no hiciese más rico a los señores patriarcales o sirviese a sus intereses tribales era considerado “pecadoâ€?.
Pero, sobre todo, si maricón suena a bóveda, ya era hora. Ya era hora de que las bóvedas de vuestras grandiosas iglesias, esas que supuestamente levantasteis por amor hacia Cristo —y que en realidad se levantaron al odio y al miedo a alguien a quien habéis inventado—, se llenasen de palabras que también vosotros, pÃos hipócritas invasores, habÃais inventado para decir a escondidas, en callejones oscuros en los que se pateaba a mis hermanos cuyo único delito habÃa sido amar, en sótanos en los que negabais la vida a mis hermanos cuyo único delito habÃa sido amar, en muros en los que fusilasteis a mis hermanos cuyo único delito habÃa sido amar, en cuevas en las que encerrasteis a mis hermanos cuyo único delito habÃa sido amar . Porque, por desgracia, palabras como maricón, bollera, tortillera o travelo no suenan a bóveda, suenan a sótanos, a miedo, a odio, a pedrada, a cuchillo, a persecuciones, a dolor, a sufrimiento, a vergüenza… por eso os jode tanto que pueda sonar en una de vuestras hipócritas bóvedas. Pero nosotros no tenemos nada de lo que avergonzarnos asà que a partir de ahora nuestro nombre va a sonar en vuestras bóvedas, vuestros colegios, vuestras avenidas, vuestros monumentos, vuestros santuarios a la represión. Porque maricón suena a héroe. A valiente. A libertad. A alegrÃa. Y a futuro.
Y por eso, permÃteme que te diga que si maricón suena a bóveda, tú suenas a homofobia. Querida Cristina.
Shangay Lily
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