jueves, agosto 20, 2026
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Benedicto XVI ordena cardenal a Antonio Cañizares, el homófobo y reaccionario arzobispo de Toledo

Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo, ya es nuevo cardenal.

Benedicto XVI le ordenó ayer, junto a otros catorce nuevos cardenales, en una ceremonia en el Vaticano, en la que se le impuso el anillo cardenalicio.

Cañizares es uno de los representantes del «ala dura» (suponiendo que haya una blanda) de la Conferencia Episcopal Española. En los últimos meses han sido habituales sus salidas de tono y sus injerencias en la vida política española.

Fue uno de los altos miembros de la Iglesia Española que se manifestó por las calles de Madrid, de forma insólita, para protestar contra el matrimonio entre homosexuales, en aquella funesta manifestación del autodenominado Foro de la Familia.

Por aquellas fechas también pidió a todos los políticos católicos que votaran en contra de aquella reforma legal, y calificó de atentado contra la democracia y la familia aquella aprobación.

Pero Cañizares lo mismo habla de familia, que de política autonómica o de teatro. Es un hombre versátil, locuaz, amigo de los micrófonos y las portadas.

Recientemente, aludiendo al Estatut, pronunció una frase de reminiscencias falangistas, al afirmar que «España es una unidad de destino«, poco antes de poner el país en manos de la Inmaculada Concepción para evitar que su amenazada unidad se quebrante. Quizá haya sido el subconsciente, quién sabe.

La última boutade del nuevo cardenal se produjo cuando criticó, seguramente sin haberla visto, la obra de Leo Bassi La revelación, que se iba a representar en un Festival de Teatro Independiente de Toledo. La gran influencia política de Cañizares quedó patente, ya que tras sus palabras, el Ayuntamiento de Toledo (PP) y la Junta de Castilla-La Mancha (PSOE) retiraron automáticamente su apoyo y subvención al citado festival.

La delegación española que ha acompañado a Cañizares a Roma estaba encabezada por la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, y contaba con destacados políticos como José Bono, �ngel Acebes, Francisco Camps o José María Barreda.

Y es ahí donde se produce la gran paradoja del fin de semana.

¿Todo vale, señora Fernández de la Vega, por mejorar las relaciones con un Estado -el Vaticano- que lleva años inmiscuyéndose en las política interna de un Estado soberano -España- sin ningún pudor?

¿Somos o no somos un país aconfesional? ¿Tiene algo que ver la visita de Benedicto XVI dentro de unos meses a Valencia y un supuesto interés electoralista por apaciguar los ánimos?

¿Por qué a algunos nos da vergüenza ver ese apoyo complaciente a un personaje que en los últimos meses nos ha insultado, despreciado y vilipendiado una y otra vez?

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