ParÃs. Un dÃa de otoño, a media mañana. Cementerio de Père-Lachaise. FrÃo, pero no mucho, hojas por el suelo.
Entre los (pocos) turistas que intentan saciar su mitomanÃa buscando la tumba de ‘celebridades’ de talla universal, casi todos acuden a este rincón de los rincones para dar su pequeño homenaje al genial escritor irlandés Oscar Wilde, sÃmbolo de tantas y tantas cosas.
Entre la sobriedad y la, en ocasiones, aparente uniformidad de ciertas tumbas, la de Wilde es de las que destacan.
El gris imperante, envuelto entre hojas caÃdas, se rompe cuando se llega a la suya. Besos. Cientos de besos. ¿Miles de besos? Marcas de carmÃn, o no, que se repiten, acompañadas de mensajes en varios idiomas.
Y es que su tumba es una tumba diferente, como no podÃa ser de otra forma.
— Además de la tumba de Oscar Wilde, en el cementerio de Père-Lachaise de ParÃs se pueden visitar tumbas de personalidades de la cultura universal como Molière, Frederic Chopin, Simone Signoret, Marcel Proust o Jim Morrison, asà como la de Edith Piaf (‘Ma vie en rose’) o monumentos conmemorativos de los franceses asesinados y torturados en el horror de los campos de concentración nazis.