
Por razones obvias, Pepe Isbert no podrá ponerse solemne desde el balcón del Ayuntamiento de Valencia como en la mÃtica pelÃcula de Berlanga, Bienvenido Mr. Marshall… Seguro que Rita es una digna sucesora.
Y es que la próxima visita de Benedicto XVI a Valencia con motivo del Encuentro Mundial de las Familias (de las únicas que conciben, por supuesto), va tomando aire de autoparodia hispánica.
Andan por ahà la Generalitat Valenciana y Moncloa dándose de tortas por ver quién recibe más y mejor, con mayor protagonismo, al insigne y cuasi-octogenerario turista alemán. Y en medio de esa pugna por ver quién acapara más flashes y quien se coloca en la foto más cerca de Benedicto, han decidido que la distancia más corta entre dos puntos es la lÃnea recta.
Que constituyen un grupo de trabajo técnico para preparar todos los fastos y las luces de bohemia que acompañarán la visita de dos dÃas (8-9 julio) del Papa a Valencia.
Y es difÃcil pasar por alto la importancia que Moncloa está concediendo a esta visita tras las últimas tensiones con la Iglesia Católica, tras medidas tan atacadas como el matrimonio entre homosexuales.
Hace unos dÃas, MarÃa Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno, acompañó a Antonio Cañizares, homófobo y reaccionario arzobispo de Toledo, en su nombramiento como cardenal en Roma. Fernández de la Vega no fue parca en elogios ante tan, a menudo, siniestro y polémico personaje.
Y no todo vale. Porque los pasos dados por este Gobierno en favor de la igualdad y para acabar con desigualdades históricas forman parte de sus grandes méritos, pero parece que últimamente lo que más interesa es esa famosa y electoralista foto con Ratzinger en Valencia.
Somos muchos los que nos sentimos a menudo atacados e insultados por este tipo de individuos. Por eso nos gustarÃa que se le recibiera como a un Jefe de Estado más, sin tanto bombo y platillo, sin tantas concesiones a la galerÃa, sin tanto despliegue de medios, sin pensar tanto en lavar la imagen ante el electorado católico o conservador.
Que uno, si se pasa, puede caer en la caricatura. Berlanga ya lo sabÃa. Mr. Marshall pasó de largo, pero Mr. Ratzinger amenaza con quedarse. Dos dÃas, concretamente.