lunes, agosto 17, 2026
InicioDulce equilibrio inestable

Dulce equilibrio inestable

Un miembro de una Asociación de Gays, Lesbianas y Transexuales nos ha hecho llegar el siguiente texto.

Leedlo un par de veces, merece la pena.

Gracias, Robin.


DULCE EQUILIBRIO INESTABLE

Alguna vez en nuestra vida, todos hemos sentido que nuestros cimientos se tambaleaban. Nuestras ideas preconcebidas, nuestros apoyos, nuestras bases mismas se sacudían como si de un terremoto se tratara y nos mantenemos en un equilibrio inestable, impropio de nuestras ordenadas y previsibles vidas. Este tipo de situaciones suelen ocurrir después de desastres inesperados, como la pérdida de un familiar querido, la ruptura de una relación, el despido de un trabajo que nos gustaba… Nos sentimos tan solos y tan abandonados que no encontramos a nadie que comprenda nuestra turbación, nuestro dolor y nuestras angustias ante una situación que se nos escapa de las manos, que se nos escurre entre los dedos y que arrasa con todo lo que encuentra a su paso.

Y probablemente eso sea lo que más nos asusta y preocupa, el sentirnos tan abandonados y tan solos que no seamos capaces de ver la luz al final del camino. Y alguien perdido, la mayoría de las veces prefiere sentarse y llorar que seguir adelante y buscar la senda desaparecida. O tal vez nos da miedo encontrar otra vía que nos deje en un destino diferente, mejor o peor, pero diferente del que esperábamos. Y puede que volvamos a asustarnos. Volvemos al miedo, a la esencia primordial que nos recuerda que somos animales únicamente con una capacidad cerebral algo superior y un pulgar oponible. Y el miedo nos hace ser conscientes de lo frágiles y débiles que somos pese a nuestra soberbia superioridad. Y entonces es cuando nuestros cimientos se tambalean.

En la Edad Antigua siempre se interpretaban los terremotos como la furia de algunos dioses provocando temblores de tierra. Loki en la mitología nórdica, Poseidón en la griega… La furia de la naturaleza asociada al humor de seres superiores. Y lo mismo ocurre con nuestros propios terremotos internos. Sin embargo nuestros “diosecillos� interiores son mucho más personales, más nuestros. Y cada uno de nosotros los disfrazamos a nuestro gusto, diciéndonos a nosotros mismos que son las circunstancias ajenas las que nos han llevado a esa situación, que nosotros sólo somos entes pasivos que sufren las consecuencias. Pero no es así. Nuestros actos, nuestras decisiones, muchas veces nos colocan en posiciones difíciles que nos hacen revisar nuestro decálogo moral, nuestra misma esencia sin que haya sido necesaria una influencia externa para mortificarnos ni alterarnos.

Y aún así nos rebelamos. Preferimos mantenernos en el dulce equilibrio inestable en el que nos encontramos antes que enfrentarnos a nuestros miedos y temores más profundos, a los problemas que tenemos frente a nosotros, posiblemente a nosotros mismos. Tomar decisiones nos aterra y nos parece algo imposible. Y siempre culpamos a nuestros “diosecillos� para librarnos de la culpa, para acallar nuestra conciencia y las dudas que nos acosan sin descanso.

Saquemos al héroe de leyenda que todos llevamos dentro, pongámosle en la mano la espada de nuestro valor y vistámoslo con la armadura de nuestra fuerza interior. Lancémoslo a la lucha contra los dioses con pies de barro, contra los monstruos que se ocultan en nuestra sombra, pero sin olvidarnos de que, cuando levantemos la visera del yelmo, posiblemente nos encontraremos con nuestro propio rostro, con nosotros mismos, nuestro peor enemigo y nuestro mejor aliado.

RELATED ARTICLES

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Most Popular

Recent Comments