lunes, agosto 10, 2026
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En honor de los que se fueron

Campaña personal contra el VIH/SIDA

Era Junio de 1981 cuando en una revista saltaba la alarma: un paciente homosexual había contraido una rara enfermedad que sólo afectaba a pacientes inmunodeprimidos. A los pocos meses el pánico se apoderaba de todo el mundo al descubrir que los casos se sucedían y siempre entre la comunidad gay. No tardó mucho en saberse que «aquello» que estaba atacando a los maricones empezaba a atacar también a heroinómanos, hemofílicos y haitianos. ¿Un ataque bacteriológico para eliminar a las minorías de la época en los EE.UU? En 1983, dos años después de que al «bicho» que traía de cabeza a la ciencia se le diera el nombre de «Síndrome De Inmunodeficiencia Adquirida», se conocía el primer caso de contagio heterosexual y la teoría de la conspiración comenzaba a caer en picado; o no era cierta o algo había fallado. Sin embargo, conspiración aparte, seguía sin conocerse el causante de ese terrible síndrome que condenaba a muerte a quien se infectaba.

El siguiente paso fue buscar el agente causante, si es que lo había. En 1986, el profesor Luc Montagnier descubre rastros de actividad bioquímica de un virus en un ganglio extirpado a un paciente con SIDA. Gracias al decubrimiento hecho años atrás por Robert Gallo, Montagnier llega a la conclusión de que es un retrovirus. Tras muchas idas y venidas, ese mismo año, un equipo de virólogos aceptan que dicho retrovirus es el causante del SIDA y lo llaman VIH: Virus de la Inmunodeficiencia Humana. A partir de ese momento la enfermedad será llamada VIH/SIDA, dejando la segunda parte del nombre para aquellos casos en los que la inmunodepresión sea ya un hecho y la primera parte para definir a aquellos pacientes que presentaban anticuerpos. Ahora solo quedaban dos cosas: encontrar el origen y crear la vacuna.

Retrato de Gaetan DugasGaetan Dugas era un auxiliar de vuelo homosexual que reconoció ser muy promiscuo. Se le apodó Paciente 0. Durante años se le ha demonizado por haber contribuido a la rápida extensión del virus, olvidándose que gracias a sus confesiones y sinceridad, se pudo tener una cierta idea de que mecanismos utilizaba el virus para propagarse y frenar su contagio en la medida de lo posible. Gracias al virus encontrado en su sangre y en la de otros cuarenta pacientes de diversas partes del mundo se comprobó que era muy similar al SIV (Virus de la Inmunodeficiencia del Simio). Actualmente la comunidad científica acepta que el origen está en el SIV, del que el VIH es un descendiente. Así que ya tan solo nos queda un paso: encontrar la vacuna que ponga fin a la agonía.

Por ahora, lamentablemente, aún no se ha encontrado la vacuna que frene el virus. Lo máximo que tenemos a nuestra disposición es una mezcla de medicamentos, conocidos como antirretrovirales, que ayudarán a que el desarrollo de la enfermedad sea algo más lento de lo habitual a cambio, muchas veces, de dolorosos efectos secundarios. A pesar de todo la ciencia sigue interesada en esta epidemia y no deja de buscar solución, aunque es dificil con los pocos medios de los que disponen. Es necesario avanzar en su investigación y en una fecha tan marcada como este día, en el que se cumplen veinticinco años de su descubrimiento, deberíamos alzar todos la voz y no bajarla hasta lograr que los gobiernos se preocupen de subvencionar mejores investigaciones.

Mientras tanto, está en nuestras manos y no en las de los que se fueron evitar la propagación de la enfermedad y la discriminación que lleva emparejada. Me sigue aterrando el bicho y en gran medida se debe al desconocimiento que de él tengo. Por eso me he permitido hacer un resumen no tan breve de su historia, para que nos demos cuenta todos, de alguna manera, de que seguimos en las mismas. Considero muy importante que aprendamos todo lo que podamos acerca de esta enfermedad y que ayudemos a prevenirla no solo teniendo buenas conductas sexuales e higiénicas, sino educando a los jóvenes y a los no tan jóvenes, pues cada vez la franja de infectados es menor entre la juventud.

Por último quisiera dar las gracias a todos aquellos que luchan día a día por encontrar una solución y sobre todo, a aquellos que están infectados, los que conviven con la enfermedad a diario y que, en vez de hundirse, demuestran una fortaleza moral única en su lucha activa. Que conozcamos el máximo posible sobre el VIH/SIDA (incluso las teorías que niegan las realidades científicas establecidas) y que luchemos contra él, no solo es un homenaje a nuestra salud y nuestra vida, sino que es un homenaje muy especial y muy merecido a aquellos que han muerto para que nosotros ahora estemos en alerta.

En honor de los que se fueron, recordemos el drama que comenzó aquel mes de Junio de 1981.

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