sábado, agosto 15, 2026
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En memoria de los que lucharon

Las asociaciones de lesbianas y gays llevan tiempo trabajando en un reconocimiento legal y social de una realidad que no por oculta ha sido inexistente. Mujeres y hombres que cansados de ser pisoteados y sabedores de que la igualdad se consigue desde la lucha, han salido a la calle durante años en manifestaciones, conversaciones con políticos, apariciones en medios de comunicación, intentando mostrar la naturalidad con la que los derechos sociales son pasados por alto, consiguiendo una sociedad con ciudadanos de primera y de segunda. Mujeres y hombres que han hecho el esfuerzo de ser visibles en su entorno: familias, amigos, compañeros de trabajo; mujeres y hombres que han sido insultados por el mero hecho de defender unos valores de igualdad que, casualmente, nuestra nombrada Constitución defiende desde el primero de sus artículos.

Por suerte y gracias a estas personas, las cosas han cambiado. Vivimos en un momento en el que no podemos dejar de alegrarnos y maravillarnos de la situación de tranquilidad social que se vive en este tema. Y así las cosas se han relajado hasta volvernos de nuevo burgueses y acomodados en nuestra situación. Ya no hay nada que temer porque no hay noticias de homosexuales apaleados por grupos de skins, ni (salvando las distancias de los ultracatólicos) insultos evidentes e impunes, ni se encarcela a nadie por besar a su pareja en la calle, sea del mismo sexo o no. Los seres humanos olvidamos tan rápidamente las adversidades que a veces incluso nos ponemos una venda delante de los ojos para no ver los pequeños rescoldos de las hogueras de la inquisición que aún quedan encendidas.

Cada vez va siendo más evidente en los chicos y chicas jóvenes, y también en gente de mayor edad, que la ficticia libertad que creemos disfrutar nos hace ser despreocupados y confiados. Ya no hay nada por lo que luchar, hemos conseguido hasta casarnos, aunque será para que se casen otros, porque conmigo no va, dicen algunos; hemos conseguido que se nos deje de llamar “maricones�por la calle, aunque a mí, como no tengo pluma, tampoco me preocupa mucho, dicen otros; hemos conseguido… ¿Hemos? Qué cómodo es utilizar un plural cuando la victoria está en nuestras manos (otra vez el maldito plural), cuando lo que queda es recoger los frutos del esfuerzo de otros, cuando ya podemos asomar la cabeza después de que el huracán haya pasado de largo. Y no sólo eso, sino que además, dada nuestra naturaleza destructiva, nos volvemos en contra de aquellos que hicieron lo que buenamente sabían para conseguir todas esas necesidades innecesarias para algunos, criticando que son grupos elitistas que no aceptan a cualquiera, que son grupos oscuros donde el sexo está oculto en cada rincón, que son grupos politizados que buscan un buen puesto al lado del gobernante de turno… Y por eso es mejor no acercarse a ellos que, al fin y al cabo, bastante felices son con sus cosas de reivindicaciones, de actos públicos y de salidas en los medios. A mí que me den un bar de ambiente donde poder ligar, un grupo de amigos con los que salir de marcha y (cruzando los dedos) salud para no tener que enfrentarme a la terrible enfermedad de la que ya casi nadie se preocupa.

Esta es la filosofía de mucha gente que ahora disfruta de unos derechos por los que apenas han luchado, ya no porque no han podido, sino porque resultaba más cómodo ver cómo llovía desde el otro lado del cristal. Pero de la gente que se mojaba, es mejor reírse, por ilusos y por no haber cogido siquiera un paraguas. Aunque de las razones para no mojarse también sería interesante hablar más adelante, ¿no?

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