En la sección «La columna de LucÃa EchebarrÃa» del Diario ADN, aparece esto que paso a copiar directamente, me ha dejado algo estupefacto.
«Me presento: Me llamo LucÃa, tengo perro, soy asmática y por supuesto no fumo. Ayer quedé para tomar un café con otro no fumador. La cita era en la boca del metro cercana a mi casa, asà que agarré al perro y me fui dando un paseo. Nevaba y hacÃa un frÃo de los de cortar el aire.
Comparada con nuestra búsqueda de local que nos acogiera, lo del Santo Grial fue un juego de niños. En todo bar, cafeterÃa o restaurante de la zona nos encontrábamos con el mismo cartelito: Se permite fumar. Y debajo un dibujito de un perro al que le cruza una lÃnea roja: no se permiten perros.
Se me viene a la cabeza el recuerdo de un café muy moderno, muy fashion y muy gay y, sobre todo, muy enooorme, que está por la zona. Supongo que dejarán entrar perros por aquello de lo moderno y lo gay (los gays que yo conozco tienen perro todos, y las lesbianas gatos, el tema darÃa para otro artÃculo que no es el de hoy). Y debe de tener zona de no fumadores puesto que alberga más de cien metros.
Allá que vamos. Nuestro gozo en un pozo. Los dos cartelitos en la puerta.
Indignada, le monto la bronca a un camarero con más pluma que un almohadón caro. Intento negociar: Yo no denunciaré al local si dejan entrar al perro. Pero al camarero le pagan 500 euros al mes, y sin contrato, asà que la suerte del local, lógicamente, se la refanfinfla.
Dijo Pascal que las cuerdas que amarran el respeto son cuerdas de necesidad. Me parece que en esta ciudad ya las han desamarrado. Me lo estoy viendo venir. Cualquier dÃa las utilizan para colgar a alguien.»
Ahora resulta que soy Lesbiana, tengo gata. Por lo demás… juzgar vosotros mismos.