Otro gay en la familia

h1 Escrito el 30-12-2008 por Raul Madrid

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Un chico de diecisiete años al que aún no se le ha conocido una novia, y que en lugar de salir con los amigos los fines de semana se refugia en su habitación, leyendo y conectándose a internet. Ese chico taciturno que incomoda a veces con su mirada pensativa, que vive como vuelto de espaldas… ¿Os suena? Seguro que sí. Ese chico cuya existencia solía provocar una epidemia de ceguera entre sus seres más próximos, ese chico que a menudo provocaba el silencio con su entrada en una habitación. Es curioso que ese chico, esa chica, sigan existiendo a pesar del aumento de información, a pesar de que un porcentaje cada vez mayor de padres y madres saben (en teoría) qué hacer y a dónde acudir si presienten que tienen un hijo homosexual o una hija lesbiana. Resulta triste y descorazonador darse cuenta de cómo, a pesar de lo mucho que hemos avanzado en la normalización del hecho homosexual, el silencio y la ceguera de los padres continúan siendo las paredes del armario para muchos chicos y chicas jóvenes. Que esto siga sucediendo hoy en día, en un contexto social en el que casi todo el mundo tiene algún familiar o amigo, alguien más o menos cercano que es homosexual o lesbiana, da qué pensar. ¿No será que aquellos que dicen comprendernos y aceptarnos en realidad y llegado el caso no confían en nosotros?

Tengo un amigo gay cuyo sobrino tiene ‘todas las papeletas’ para ser homosexual, y aún así, en casa de mi amigo no se ha hablado aún del tema. A pesar de que cada vez se hace más patente que algo pasa con el chico, sus padres no han hablado con mi amigo, ni por supuesto con el chico, y el chico a su vez no habla con nadie. ¿No os parece que hay algo que huele a podrido en esta situación? Mi amigo, al que llamaré Pablo, me confesó el otro día su miedo a la reacción de su familia si al final se confirma que el chico es gay. Y es que mi amigo ha sido siempre abierto con él, y le ha llevado consigo a muchos viajes y excursiones, a conciertos o al cine, porque el chico se prestaba. Lo habría hecho igual con sus otros sobrinos y sobrinas, pero no se prestaban como éste, ya que tenían aficiones más acordes con su edad, sobre todo los chicos, bastante aficionados al fútbol y otros deportes. Y Pablo, convencido de que algún día su hermana vendrá a reprocharle, ha dejado de preguntarle cómo le va al chico en el Instituto, si ha empezado a salir, si necesitará algún dinero para sus gastos… Alguna vez su hermana se quedó en silencio y estuvo a punto de empezar a hablar cuando entró el marido y volvió a callar, y a Pablo le pareció que se le había quedado algo dentro. Así que al cabo de un montón de años, Pablo se ha metido en otro armario. Y en cuanto al sobrino, al miedo de decir que es homosexual tenemos que añadir el miedo a lo que puedan decir de su tío, al que quiere como a un padre.

¿Será que el odio es como la energía? ¿Será que permanece como ésta, y que cada manifestación de homofobia que logramos combatir da paso a una nueva? Será que cada nudo que logramos destensar acaba tensando la cuerda en otra parte? Lo digo porque Pablo, que estuvo en un calabozo por homosexual –acusado por sus padres-, parecía que lo había conseguido. Tras años de esfuerzo en los que tuvo que demostrar más de lo que suele pedírsele a un heterosexual, había conseguido liberarse a sí mismo del resentimiento y perdonar a su familia, y volver a construir una sincera relación fraternal con sus padres y hermanos. Espero de corazón que continúe siendo así, pero tengo mis dudas. Y es que considero que su inquietud a este respecto es fundada. Algo me dice que en el caso de Pablo y en cada caso similar hay muchas posibilidades de que surjan actitudes homófobas. No sé cómo lo veis, pero algo me dice que, en una familia homoparental, si el hijo resulta ser gay, porque puede pasar, porque es algo natural, la homofobia saldrá. Y habrá más de uno, incluso alguno de los que ‘tienen muchos amigos homosexuales’ que abra su bocaza para decir ‘ya lo sabía’ o para dejar maliciosamente en el aire algo como ‘a saber lo que hacían con el niño, a saber lo que ese niño ha visto’.

Me pregunto –y me preguntaré siempre, me temo que en esto me voy a repetir mientras dure la andadura de esta columna- si los que tanto critican la homosexualidad so pretexto de proteger la familia se dan cuenta del daño enorme e irreparable que han causado y siguen causando a muchas familias, como la de mi amigo Pablo.

Raúl Madrid.


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10 comentarios en “Otro gay en la familia”

  1. Por desgracia, parece que nunca se puede un@ relajar, la homofobia se cuela en cada estrecho (nunca mejor dicho) resquicio que deja la convivencia y ensucia cada vez que puede. Confiemos en quienes comprenden nuestra situación poniéndose en ella y defendámonos sin vacilación de los que pretenden herirnos por deporte.
    Feliz año nuevo a tod@s.


  2. Me ha llegado mucho el caso que nos has contado, es muy triste que siempre tengamos que estar demostrando a los demás (familia, amigos, compañeros de trabajo, etc) lo que a otras personas se les presupone. Es un esfuerzo extra que llevo realizando pocos meses, pero que me cansa ya.


  3. Si hacen daño, Raúl, o no son conscientes o en caso de serlo piensan el venenoso “es por su bien” (cuando en realidad es por el suyo, egoísta a tope). En cuanto a tu amigo, ¿porqué ese miedo por tener el chaval “todas las papeletas”? Joer, es que la culpa que nos han inoculado cual veneno sigue con su ponzoña tan arraigada que en cualquier momento nos puede dar un brote. Vamos es mi opinión. ¿Y no podría hablar tu amigo con su sobrino? Porque si el chaval es gay y ve como su tío se retrae le dará como más palo, ¿no? Hay que echar un cable (o al menos intentarlo), aunque uno se equivoque. Creo que siempre es mejor equivocarse que no hacer nada.


  4. En relación a lo que comentas, hace poco vi un anuncio televisivo de la ILGA que trataba de combatir la homofobia y el rechazo a la adopción homoparental de una manera bastante torpe: un chico joven, sentado a la mesa con sus padres (a los que sólo vemos en escorzo) y visiblemente nervioso, se dispone a “confesarles” su “secreto”: es heterosexual. Entonces descubrimos que la pareja, que en un principio presuponíamos hetero, está formada por dos hombres. El eslogan elegido al finalizar el spot, que trata de dar la vuelta a la ya clásica escena de salida del armario, no puede ser más inapropiado si lo que se busca es el apoyo a la adopción homosexual: “Los hijos de parejas gays no tienen porque ser también homosexuales (o algo así)”. Y así estamos: para que la sociedad bienpensante y cateta no se ponga nerviosa necesita ser convencida mediante anuncios chorras de que lo de ser marica no se pega, y desde las asociaciones gays, en vez de coger el toro por los cuernos y decir “Y si nuestros hijos también son gays ¿qué pasa?”, les siguen el juego a su homofobia y se lanzan, supongo que inconscientemente, mensajes del tipo: “Oye, tranquilos, que aunque con nosotros ya no hay nada que hacer, prometemos que los niños que adoptemos no van a terminar corriendo por la acera equivocada”. En fin…


  5. Muchas gracias por tu carta, Raúl :)

    La situación que comentas es la misma de siempre, la que hemos vivido cada uno de nosotros, pero actualizada al momento actual. Quizás es que cuando sales totalmente del armario, tienes la falsa percepción de que el resto haya hecho también lo mismo. O quizás sea que muy pocas veces nos preocupamos por este tipo de situaciones, y preferimos mirar a otro lado que “revivir” nuestra salida del armario ayudando a ese chico, porque estamos más ocupados ligando y viviendo nuestra propia vida.

    En cualquier caso, de nuevo, gracias por la carta. Y si lo que buscabas era una respuesta, en mi opinión lo que hay que hacer es hablar con el chico, y darle via libre para poder contactar contigo, para que pueda preguntarte sus dudas y contarte sus intimidades.

    Feliz año… esperemos que para todos :)


  6. Hola a todos, gracias por vuestros comentarios. Estoy de acuerdo con vosotros, Desporrotamiento y Noelius. Lo mejor sería hablar con el chico, pero por lo que sé, ha entrado en una fase de negación y ahora aprovecha cualquier ocasión para sacar todo un despliegue de ‘pluma hetero’ que tiene toda la pinta de ser un disfraz (eso, cuando es fingido, se nota). En fin, supongo que tarde o temprano alguien hablará con él. Espero que les vaya bien en 2009, y a todos nosotros. Feliz año a todos :)


  7. Jejejejejeje. Me ha encantado lo de “pluma hetero”, apuntado queda.


  8. ¡La memoria!…. Feliz año a todos/as, que el próximo 2.009 sea un poquito mejor que 2.008, un gran abrazo.


  9. yo llevo toda la vida haciendo todo lo legalmente posible para que alguno de mis trece sobrinos sea homosexual, pero no hay forma.


  10. Muy buen artículo, Raúl. En la última frase creo que pones el dedo en la llaga: es precisamente de aquellos que predican que hay que proteger el matrimonio y la familia (excluyendo o inferiorizando a los que construimos las personas homosexuales) de quienes habría que proteger en realidad a los matrimonios y a las familias, si se aspira a que estas instituciones estén al servicio del desarrollo en libertad de las personas, en lugar de servir como instrumentos de opresión e injusticia homófobas.











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