Loros, ardillas y otros monstruos

h1 Escrito el 03-01-2009 por dosmanzanas

Las f√°bulas del loro y la ardilla

Los ni√Īos se arremolinaron sentados a los pies de la abuela. Sonia contempl√≥ despacio a sus nietos: dos ni√Īas y un ni√Īo. Marta, la m√°s peque√Īa, era la segunda hija de su hijo Javier y de √Ālvaro y, aunque le avergonzaba reconocerlo, era su favorita. Apenas un mes hac√≠a de su cuarto cumplea√Īos y era dif√≠cil sustraerse al brillo de cacao de su piel, a la carita redonda de ojos rasgados y a la cadencia dulzona de su voz que acentuaba su eterna sonrisa. Rosa ‚ÄĒen honor a la otra madre de Javier‚ÄĒ era la hermana mayor de Marta, ten√≠a siete a√Īos, era rubia, altiva como una diosa, un poco marisabidilla, a decir de su abuela Sonia, y se pasaba el d√≠a d√°ndole patadas al bal√≥n y diciendo que de mayor quer√≠a ser como Beckham. Javier y √Ālvaro no deseaban m√°s hijos y menos un var√≥n. ¬ęEs que los hombres son tan complicados¬Ľ, dec√≠a siempre √Ālvaro si le preguntaban.

Luego estaba Jorge, una dulzura t√≠mida de seis a√Īos, rodeado de mu√Īecas, peluches y libros ‚ÄĒhab√≠a aprendido a leer a los cuatro a√Īos‚ÄĒ. Hablaba poco, pero cuando lo hac√≠a sus sentencias sonaban como inapelables √≥rdenes investidas de autoridad. Sus padres, Mar√≠a ‚ÄĒla otra hija de Rosa y Sonia‚ÄĒ y Alejandro, llevaban un par de a√Īos d√°ndole vueltas a la idea de traerle un hermanito. ¬ęPero es que con la jodida hipoteca¬Ľ, se quejaba Mar√≠a amargamente.

Sonia levant√≥ la cabeza y observ√≥ a Rosa trajinando en la cocina. Juntas desde hac√≠a m√°s de treinta a√Īos, aunque en la vida de las dos siempre hubo sitio para otros, Sonia se preguntaba c√≥mo iba a superar si un d√≠a Rosa se marchaba o se mor√≠a. ¬ęDios no lo quiera¬Ľ, a√Īad√≠a siempre Sonia sin importarle su ateismo declarado.

‚ÄĒ¬ŅQuer√©is que os cuente una historia?

‚ÄĒS√≠, s√≠, venga ‚ÄĒdijo Marta y acompa√Ī√≥ sus palabras de peque√Īos tirones del borde de la falda de su abuela

‚ÄĒ¬ŅUn cuento? ‚ÄĒpregunt√≥ Jorge.

‚ÄĒNo, una historia que pas√≥ de verdad, hace muy poco, aunque parece que es una historia de hace mucho, mucho tiempo, de cuando conoc√≠ a la abuela Rosa, y aqu√≠ todo estaba prohibido y hab√≠a que hacer lo que ordenaba un militar que gan√≥ una guerra.

‚ÄĒEntonces es como ahora: pap√° y mam√° siempre andan d√°ndome √≥rdenes y t√ļ y la abuela Rosa lo mismo ‚ÄĒreplic√≥ Jorge.

Sonia le miró sin saber qué contestarle o pensando que contestara lo que contestara su nieto acabaría por rebatírselo, que quizás, si por algunos fuera, las cosas no habrían cambiado tanto.

‚ÄĒ¬ŅY por qu√© mejor no jugamos un rato al f√ļtbol con la Wii? ‚ÄĒpregunt√≥ Rosa, removi√©ndose inquieta.

‚ÄĒPorque a tu abuela Rosa no le gusta que, o te pases el d√≠a delante de la pantalla, o corriendo detr√°s de un bal√≥n. Adem√°s, vamos a comer en cuanto ella acabe de hacer la comida, que sabes que se enfada si se le enfr√≠a despu√©s de haber pasado el trabajo de cocinarla.

‚ÄĒVenga abuela, cu√©ntanos la historia ‚ÄĒinsisti√≥ Marta con otros cuantos tironcitos de la falda.

‚ÄĒ√Črase una vez, no importa el cuando porque hay historias en las que el tiempo no importa, que en un pa√≠s exist√≠a una familia que viv√≠a en un palacio y que todos les llamaban reyes. Para ser rey y vivir en la opulencia‚Ķ

‚ÄĒ¬ŅQu√© es eso de la olencia, abuela? ‚ÄĒpregunt√≥ Marta.

‚ÄĒOpulencia, tonta ‚ÄĒdijo Jorge‚ÄĒ. Tener muchas cosas, muchos juguetes, todas las mu√Īecas que quieras‚Ķ

‚ÄĒS√≠, Jorge, es tenerlo todo o todo lo que desees; pero no hace falta que insultes a tu prima, que no es tonta sino m√°s peque√Īa‚Ķ Bueno, y si no os call√°is y me dej√°is nos tendremos que sentar a comer sin que os cuente toda la historia.

¬ĽLos reyes lo ten√≠an todo y para ser rey, o de su familia, hab√≠a que ser hijo de otros reyes o de sus hijos, que les llamaban pr√≠ncipes o princesas, o infantes o infantas, seg√ļn un sistema muy largo de contar y que ni siquiera yo me s√© bien, O ten√≠an que ser sus maridos o esposas. Para que lo entend√°is mejor; si quieres ser arquitecto o m√©dico o futbolista ‚ÄĒSonia mir√≥ a Rosa y la ni√Īa sonri√≥‚ÄĒ tienes que estudiar, sacar buenas notas, practicar mucho; pero para ser rey o reina no es necesario, no hay ex√°menes ni es el m√°s listo del pa√≠s el que lo es.

¬ĽY en ese mismo pa√≠s hab√≠a otra gente que eligi√≥ como trabajo meterse en la vida de los dem√°s, salir en televisi√≥n o en las revistas diciendo que juanito o juanita tiene novia o que no la tiene o que tiene novio, o que tiene novia y novio; gente que no le importa mentir o insultar, que le da igual si hacen da√Īo o no‚Ķ

‚ÄĒ¬ŅPersonas malas?

‚ÄĒS√≠, Marta, personas muy malas.

‚ÄĒPero, abuela, as√≠ son los programas de la tele, menos los dibujos o las pelis. Papi dice que en la tele s√≥lo echan basura. Ya nos sabemos la historia, mejor jugamos a la Wii.

‚ÄĒRosa, esa no es la historia, esos son los personajes, vale‚Ķ, pero si quer√©is me callo.

‚ÄĒNo abuela, cuenta, cuenta ya ‚ÄĒdice Marta.

‚ÄĒPues √©rase una vez una reina, una abuela reina, que ten√≠a por amiga a otra se√Īora que era de esos que se meten en la vida de la gente (ella dec√≠a que era periodista), y las dos se pusieron a hablar, mejor dicho, la periodista le hac√≠a preguntas y la reina contestaba, y con eso la periodista iba a escribir un libro. Bueno, pues estaban sentadas en una habitaci√≥n grande, llena de cuadros y muebles caros y muchas cortinas, que estaba en el palacio donde viv√≠a la reina. Y la habitaci√≥n ten√≠a una ventana que daba a un jard√≠n enorme, lleno de √°rboles, y, como hac√≠a buen tiempo, la ventana estaba abierta, y en uno de los √°rboles, en una rama que estaba muy cerca de la ventana, hab√≠a un loro y una ardilla, los dos juntos mirando a las dos mujeres y oyendo lo que dec√≠an. Pero ellas, la reina y la periodista no ve√≠an a los dos animalitos, s√≥lo hablaban y beb√≠an de unas tazas con dibujos dorados, muy caras. Entonces la periodista le pregunt√≥ a la reina por la familia, qu√© opinaba ella de que se casaran dos hombres (como tus pap√°s, Marta) y de que tuvieran hijos, y la reina se qued√≥ pensando, dio un sorbo de su taza, se limpi√≥ los labios muy digna, con la punta de una servilleta llena de bordados y dijo: ¬ęPues que no es natural, lo natural es que sean un hombre y una mujer, ¬Ņno? Porque un loro y una ardilla no van a ser un matrimonio, no van a formar una familia¬Ľ. Entonces el loro y la ardilla, que segu√≠an en el √°rbol, se miraron. Llevaban muchos a√Īos viviendo juntos, la ardilla le descubri√≥ un d√≠a, el loro andaba perdido, se hab√≠a escapado de su jaula, pero apenas era capaz de volar y, como estaba acostumbrado a que le pusieran la comida, no sab√≠a c√≥mo buscar granos u otras cosas que comer. La ardilla le ayud√≥, le part√≠a las c√°scaras de las nueces y le daba a comer el fruto, y se enamor√≥ de su bonito plumaje de colores y del penacho panki de su cabeza. El loro tambi√©n se enamor√≥ de ella, nunca hab√≠a visto un pelaje tan agradable, tan suave que daba gusto restregar su cara contra √©l‚Ķ Y ahora esas mujeres dec√≠an que no eran normales, que era unos monstruos, que no eran una familia‚Ķ

‚ÄĒ¬°A comer todos, que se enfr√≠a! ‚ÄĒllam√≥ la abuela Rosa desde la puerta de la cocina.

‚ÄĒVamos ‚ÄĒdijo Sonia y se levant√≥.

Jorge y Rosa salieron corriendo para llegar primero y elegir sitio en la mesa. Marta dio un par de tirones de la falda de su abuela, para llamar su atención y dijo:

‚ÄĒAbuela, ¬Ņsi a m√≠ me gustan m√°s el loro y la ardilla que esas dos se√Īoras tambi√©n soy un monstruo?

Javier Luque

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Esta f√°bula formar√° parte del libro que estamos preparando con “Las f√°bulas del loro y la ardilla”. ¬ŅQuieres que tu f√°bula forme parte del libro? Env√≠anos tu f√°bula, ¬Ņa que est√°s esperando?


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4 comentarios en “Loros, ardillas y otros monstruos”

  1. Bonita historia. ME ha encantado el cuento.


  2. :)


  3. que cuento m√°s bonito


  4. Precioso. No lo pude leer antes pero merecio la pena.











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