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Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor

Mil nubes
Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor
Julián Hernández
Mexico 2003

Tras cinco años de rodaje y un montón de dificultades para su estreno comercial, el reconocimiento con el Teddy de Oro en el festival de Berlín de 2003 (y otro montón de premios más) consiguieron sacar del armario a este homenaje al cine de Fassbinder, de Pasolini (sobre todo «El evangelio según san Mateo»), de Kar Wai, de Almodóvar, de Derek Jarman: casi una enciclopedia de cine gay. Una cuidada estética en blanco y negro, encuadres imposibles, desenfoques, zooms, neorrealismo, nouvelle vague, expresionismo, Antonioni, Ripstein, el indio Fernández… Indefectiblemente tanta erudición resulta algo pretenciosa e impersonal.

“Mil nubes� cuenta la historia de un chaval que deambula por las calles de México D.F. (curiosamente silenciosas y vacías) buscando el amor perdido (que encontró en un ligue furtivo que duró 48 horas y que le enseñó a amar a Sara Montiel y le dejó una carta para descifrar), guiado por una serie de personajes que le salen al paso y que le van contando sus propias experiencias (fabulosas las interpretaciones femeninas, con Perla de la Rosa o Clarisa Rendón ).

Un México de zonas de ligue al aire libre entre tapias desconchadas, de billares llenos de humo y hombres demasiado machos que buscan la ocasión propicia para meterse en algún trastero, en alguna calleja sin salida, en algún coche, mientras Saritísima canta durante todo el metraje «Nena, me decías loco de pasión…«, de «El ultimo cuplé«.

Y el absoluto apasionamiento, casi idolatra, que el director siente por el actor protagonista (Juan Carlos Ortuño), con esos giros de 720º alrededor de su rapada cabeza (creo que el récord lo ostentaba Brian de Palma), de cuya piel no deja ni un sólo centímetro a la imaginación del espectador, y esa obsesión fetichista por su cogote, a lo Hitchcock. En cualquier caso, la película merece la pena, aunque esté algo lastrada por su esteticismo estomagante y por un guión flojito a base de monosílabos. Quizá en una próxima ocasión, una vez demostrada la cantidad de cine que Hernández ha visto y aprendido, pueda realizar algo nuevo partiendo de tan interesantes premisas.

Vergüenza y esplendor, vergüenza y esplendor,
Mil nubes de paz cercan el cielo,
amor, jamás acabarás de ser amor.
(Pier Paolo Pasolini)

3 estrellas

elputojacktwist

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