
Pequeña Miss Sunshine (EEUU, 2006)
Jonathan Dayton, Valerie Faris
Muy recomendable y positiva apologÃa del fracaso, en esta sociedad que hemos convertido en un concurso de belleza continuo (según las pocas palabras que dice el hijo mudo de la familia Hoover), con todas esas pelÃculas de siesta dominguera en las que el equipo de hockey sobre patines acaba ganado, y el protagonista se lÃa con la ganadora del concurso de belleza y encima ganan la competición de cante y baile. Ganar, ganar y ganar. Por eso nos hemos convertido en una sociedad de insatisfechos.
Y de ahà el valor de una pelÃcula como ésta, porque el verdadero mérito de Pequeña Miss Sunshine consiste en ser pequeña y en no haber ganado el Oscar a mejor pelÃcula (como pasó en 2006 con Brokeback Mountain, demostrando en su momento que Hollywood sigue siendo homófobo, y demostrando ahora que EEUU no es para los perdedores). Y es que el mensaje de esta fantástica pelÃcula se reduce a: vale, muy bien, somos unos frikis y unos fracasados, estamos gordos o flacos, somos homosexuales o heterosexuales, nuestras casas son una mierda y la ropa de marca nos sienta fatal, cantamos de pena y somos feÃsimos pero somos felices, porque hemos aprendido a vivir con lo que tenemos, a regodearnos en nuestro fracaso, a disfrutar de nuestro sufrimiento y a sacar cosas creativas y originales de él.
En la pelÃcula se habla de Proust, que comentó (no se si es apócrifa la cita) que los años felices de su vida fueron años perdidos. Otro gran fracasado que consiguió escribir la mejor novela de todos los tiempos.
Una ama de casa que no puede con la vida (fantástica Toni Colette), un padre con un método para encontrar el éxito en nueve pasos (Greg Kinnear, perfecto), una niña algo gordita que quiere ser una reina de la belleza en Redondo Beach (Abigail Breslin), un adolescente que sueña con ser piloto (Paul Dano, absolutamente adorable a pesar de su aparente frialdad), el tÃo homosexual enamorado de su alumno (un irreconocible Steve Carrell, en un personaje inspirado en ¿Nanni Moretti?), el abuelo heroinómano (Alan Arkin, Oscar al mejor actor secundario): todos van fracasando según avanza la pelÃcula. Por momentos, el ritmo se vuelve trepidante, la pelÃcula se convierte en una road movie con escenas de absoluto esperpento a lo Kusturica (o incluso a lo Berlanga).
Imprescindible, emocionante, didáctica, divertidÃsima: para verla y verla y verla.
