
Quinceañera
Richard Glatzer y Wash Westmoreland
EEUU (2005)
Hace unos dÃas dosmanzanas os informaba del estreno de esta pelÃcula. Promocionada como la nueva sorpresa del cine latino desde «Las mujeres de verdad tienen curvas«, yo he sido uno de los incautos en creérmelo, y me alegro por ello. Porque de cine latino tiene lo que “Próximo oriente» de Colomo de cine hindú. Y es que según avanza el metraje va pasando de ser una pelÃcula sobre mexicanos en Los Angeles a una reivindicación de la diferencia con todas las de la ley.
No es sólo la extraña sensación de ver que el director (los directores en este caso) se ceban en el aspecto más kitsch de las fiestas de quinceañeras (y lo digo yo, que vivo en un barrio en el que los domingos por la tarde salir a la calle y toparte con una tarta rosa tamaño castillo de Blancanieves es todo uno) Es que los directores adoran lo que están filmando: esas familias gigantescas, esas cocinas llenas de mujeres que parlotean, esa mezcla de lenguajes, cultura, religión. Es que resulta que la historia gay se acaba apropiando de la cinta, dejando de la lado la excusa de la celebración de la quinceañera: en media hora los tres personajes «diferentes» de la pelÃcula se han ido a vivir juntos: la chica embarazada y virgen, el chaval que se lo ha montado con la pareja gay vecina y que se ha enamorado de uno de los dos y el tÃo abuelo, un personaje bellÃsimo y emocionante, todo un ejemplo de sabidurÃa, comprensión y amor a los demás.
Y al final, yo que me he metido a ver esta peli casi de rebote, resulta que los directores no sólo no son latinos, si no que son los responsables de «The fluffer«, aquella historia de un chico encargado de «estimular» (que fino estoy) a un actor porno antes de las escenas. Según cuentan ellos mismos, viven en un barrio (Echo Park) ocupado por mexicanos que empiezan a ser vÃctimas de la especulación inmobiliaria. Fascinados por la celebración del paso a la madurez de las chicas y, (no creo que me equivoque) por la belleza y virilidad de los machitos mexicanos, decidieron rodar esta historia casi sin moverse de su casa, recibiendo en todo momento el apoyo de la comunidad latina.
Casi que no quiero contar más cosas, sólo que la historia del chico homosexual (Jesse GarcÃa, un tÃazo para perder la cabeza) es absolutamente atÃpica y perfecta, que es imposible no enamorarse de la chica virgen (Emily RÃos) y que el tÃo abuelo (Chalo González) se convierte, desde que aparece con su carrito vendiendo por las calles, en ese tÃo abuelo que todos querrÃamos haber tenido. Música, morbo, humor, lágrimas ¿se puede pedir más?.
Premio del jurado y premio del público en el festival de Sundance 2006: corre a verla (imprescindible en versión original), empieza el año con buen pie.
